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Carmen

Este libro surge de un encuentro. Del día en que mi amiga Nuria y yo nos paramos a hablar con una mujer que mendigaba en una calle de Sevilla, y de todo lo que vino después. Es, ante todo, una crónica personal que relata un viaje hacia un mundo que yo desconocía: el de la extrema pobreza y el endemoniado laberinto burocrático por el que se hace pasar a los más necesitados.


Lo prometido es deuda. Anuncié en una entrada anterior, titulada Reactividad, que escribiría dos sobre los libros Silencio administrativo y Lectura fácil y heme aquí con la primera de ellas, dedicada al librito de Sara Mesa (digo librito por su tamaño, como todos los de la colección Nuevos cuadernos Anagrama).

Leer libros sobre los servicios sociales vistos desde fuera duele. La mayoría de quienes ocupan por turnos el otro lado de la mesa lo están pasando muy mal y el sistema no está contribuyendo a paliar su sufrimiento. Esto es así. Me permito ser taxativa porque no está el patio pa farolillos. O quizá sí. En fin,…
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Intrusismo

Llevo un tiempo preocupada por el auge de los gurús de la autoayuda en general y de la intervención familiar en particular: Hermanos mayores, supernanis y jueces entrañables se han lanzado a dar consejos sobre cómo educar a la infancia. Es curioso que ninguno de ellos se ha preocupado acerca de la manera en que se debe atender a las personas mayores. En fin. El caso es que van apareciendo personajes que, en paquetes previamente preparados y diseñados para ser consumidos, nos venden la solución a los problemas educativos por un precio proporcional al de su fama televisiva.

Yo no creo que un juez no deba opinar sobre diversos temas. Al contrario, es interesante conocer la opinión que las personas profesionales de la justicia tienen sobre los problemas sociales, por poner un ejemplo. La cosa se tuerce cuando se pierde la perspectiva y se opina como experto de temas que se desconocen porque la consecuencia es que lo que se ofrecen son soluciones simples a cuestiones muy complejas que no s…

Abrazos

Somos tendentes a fustigarnos bastante tanto hacia dentro como hacia fuera. No conozco otra profesión que trabajando con "material tan sensible e intenso", derrochando en la mayoria de las veces tanta humanidad y cercanía, se le mime y automime tan poco. 
Las palabras con las que empieza esta entrada son de Chelo, una lectora de este blog. Escribía un comentario al hilo de mi anterior entrada, que trataba sobre la reactividad con la que a veces nos tomamos desde el trabajo social las opiniones ajenas. El comentario de Chelo (del que he colocado solo un fragmento) me dio mucho que pensar así que hoy, festivo en Andalucía, me decido a escribir sobre ello bajo el sol de un febrero demasiado caluroso incluso para Almería.
Son varias las compañeras que me piden que escriba sobre aquello que hacemos bien porque opinan, como Chelo, que nos fustigamos demasiado, y es verdad, no hay más que comprobarlo haciendo el ejercicio de recordar aquellos casos que tuvieron un buen final y aquell…

Reactividad

Recientemente se han publicado dos libros que según parece zarandean el andamiaje de esto que venimos llamando políticas sociales: Lectura fácil, de Cristina Morales, premio Herralde de novela de 2018, y Silencio administrativo, de Sara Mesa, que forma parte de la fantástica colección Nuevos Cuadernos Anagrama


Digo según parece porque los he comprado, pero no he tenido tiempo de leerlos aún. Me interesa mucho Lectura fácil porque es una novela sobre la discapacidad intelectual, terreno apasionante en el que me embarqué hace un año. En las entrevistas que le he escuchado a la autora denoto rechazo hacia la figura de las trabajadoras sociales, o al menos hacia la que aparece en este libro. En mi caso esto no supone ningún problema, aunque he de reconocer que sí he observado cierta hostilidad en otras compañeras de servicios sociales, no necesariamente trabajadoras sociales, ante libros como estos.
A mi juicio las profesiones de ayuda en general acusan dos males endémicos: el corporativi…

No le dí nada

Suelo salir temprano a trabajar para evitar el tráfico de la autovía que me lleva hasta Almería. Normalmente llego pronto al garaje que alquilé para evitar el tedioso ritual de las cien vueltas buscando aparcamiento. Mientras camino deprisa hacia el trabajo me pongo los auriculares para terminar de escuchar Hoy por hoy. Voy pensando en mis cosas con la cabeza gacha para evitar el contacto visual que a esas horas no ando yo muy interactiva. Ensimismada y protegida por mi aislamiento ocular y auditivo me dirigía, todavía de noche, por la calle casi vacía hacia el Instituto Almeriense de Tutela cuando un chico me llamó la atención.

Casi me asustó porque se me acercó a una distancia más próxima de lo habitual para un desconocido, supongo que al comprobar que no lo oía. Era un chico de unos treinta años y aspecto completamente normal, posiblemente uno entre quienes nos dirigimos a las muchas oficinas de la Diputación de Almería, sin embargo me preguntó con la cara completamente desencajada…

Mató un gato: Matagatos

El otro día regresábamos la psicóloga del Instituto Almeriense de Tutela y yo de una reunión con otro organismo bastante contrariadas porque en la revisión de uno de nuestras personas tuteladas salió a colación una pelea que provocó hace un año. A pesar de que ha sido su única pelea y de que es un buen chico, afectuoso y educado, el sambenito de agresivo ha quedado grabado a fuego en los profesionales que lo atienden. De hecho se refieren a él como el de la pelea.

¿Ves, Belén? ¡Siempre estamos igual, mató un gato, matagatos! se quejaba mi compañera y con razón. Tendemos a recordar con mucha más claridad las palabras o acciones negativas que las positivas; las primeras quedan fijadas en la historia personal para siempre y son incluso descritas con inexplicable obstinación en informes que de mano en mano van como la falsa moneda. Da igual que se produjese hace un año o diez, nuestro tutelado es y será para ese organismo el de la pelea.


Supongo que se trata de algún sesgo cognitivo, aunqu…

Y ahora qué

A estas alturas a las andaluzas y andaluces nos toca asumir que vamos a ser gobernadas por un tripartito de derechas. Sabíamos que el susanato tenía los días contados, sabíamos, al menos en Almería, que Vox despegaría (como sabemos que despegarán en el resto del territorio español) y sabíamos que por llegar a San Telmo el Partido Popular daría lo que fuera ¿Y ahora qué?
Por lo pronto van reapareciendo como el Guadiana las plataformas y asociaciones fantasmas, satélites de un PSOE herido de muerte. Es previsible teniendo en cuenta que se avecina el mayor ERE de la historia de Andalucía. Al menos ahora señalarán los errores que antes aplaudían, valga como muestra la ley de servicios sociales, una ley aprobada en 2016 con los votos de la derecha y el incomprensible apoyo de PODEMOS. Una ley a la que este tripartito no cambiará una sola coma porque no es necesario para desplegar sus políticas neoliberales y ultraconservadoras en el sector.
Ahora todos aquellos que guardaban un silencio at…