domingo, 25 de diciembre de 2011

Instrucciones para 2012

Instrucciones para un feliz 2012 para la ciudadanía en general:

1. No escuchar la radio.
2. No leer la prensa (incluyendo el Marca y el AS)
3. No ver el telediario.
4. Si accidentalmente aparece en TV Rajoy y/o sus muñecos, cambiar de canal.
5. No consumir, por si te bajan el sueldo (más). Ahorrar compulsivamente en el colchón. No en los bancos.
6. Atrincherarse de víveres y articulos de primera necesidad a principio de mes.
7. No usar el coche a menos que sea ESTRICTAMENTE necesario.
8. NO pedir factura, si podemos evitarlo, y pagar en b (que en España es tradición). Viene el IVA y asusta a niños y mayores.
9. Atiborrarse de programas humorísticos.
10. Tener siempre a mano en nuestra discoteca los éxitos de Georgie Dann.

Instrucciones para un feliz 2012 para trabajadores sociales:

1. Las anteriormente citadas y:
2. No hablar con otros trabajadores sociales sobre la situación social.
3. No entrar en redes sociales.
4. No leer blogs como éste.
5. No acudir a manifestaciones, caceroladas ni demás.
6. No intentar explicar a la ciudadanía lo que está pasando. No lo entenderían.
7. No justificar las decisiones de arriba, tampoco discutirlas.
8. Apuntarse a yoga, pilates o meditación zen.
9. Tener siempre en un cajón del despacho una botella de Marie Brizard y una caja de Sumial.
10. Repetir cada día: "No todo está perdido. Siempre nos quedará Cáritas".

Que nadie diga que no está avisado.

No hay forma de que me invada el espíritu navideño, coñe, con lo que me gusta a mí un abeto con sus bolas y sus guirnaldas...

Hasta la semana que viene.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Redes y trincheras

Hola de nuevo:

Esta semana me he puesto a escribir pronto. Llega la Navidad, esto es: comidas de todo tipo, compras y tardes en coma (tras las comilonas) en el sofá acompañada de mi inseparable amigo Almax, que el día que me entere yo de que lo retiren porque descubran que es malo para el bazo, o algo así, me tiro dislocada a las farmacias que me va la vida en ello, igualico que hizo la madre de un amigo mío cuando quitaron el Optalidón.

Con todo esto de la crisis y los recortes pienso, como mucha gente, que es muy importante articular las acciones ciudadanas y sociales a través del trabajo en red. Esto es una obviedad. En una conversación entre compañeros trabajadores sociales o en otros grupos ciudadanos todo el mundo se muestra de acuerdo con este sentir: hay que sumar y no restar y demás, afirma toda aquella persona que está implicada en mejorar la situación. Lo que me preocupa y me lleva a escribir sobre este asunto es la dificultad de llevar la idea a la práctica.

Pertenezco a algunos colectivos y he asistido en reuniones diversas al debate, absurdo en mi opinión, sobre si para tal acción se debe llamar a cual asociación o no porque nos van a identificar con cierta ideología o cierta actitud. También observo una tendencia en los colectivos, que me molesta sobremanera, a evitar un debate si éste puede resultar polémico, y me molesta porque evitar debatir genera en aquellos que quieren hacerse escuchar mucha frustración y en muchas ocasiones el abandono. Otra cosa es que el resultado del debate, es decir, los acuerdos, no sean de nuestro agrado, aquí, amigos, mandan las mayorías, a excepción de que se persiga el consenso a toda costa, lo que es harina de otro costal. Eso no me preocupa, es muy difícil estar de acuerdo con todos en todo, pertenecer a colectivos implica una actitud flexible.

Pero volviendo al tema del trabajo en red, me resulta sorprendente que a los propios trabajadores sociales nos cueste tanto trabajo conectar con otros colectivos; tan obcecados estamos en defender nuestra trinchera que a lo mejor resulta que estamos todos pegando tiros desde el mismo lado y no nos hemos dado ni cuenta.

Y creo que aquí los colegios profesionales tienen una responsabilidad importante. La defensa de la profesión es una labor fundamental, pero no lo es menos la defensa de la ciudadanía y ello pasa por ser capaces de visibilizarnos como grupo en acción y ser capaces de aunar esfuerzos con otros; para ello, es hora de aparcar egos, intereses espurios y remangarnos, con valentía. Lo que debe importarnos es articular un mensaje claro que llegue a la ciudadanía, removiendo conciencias y generando opinión. Y es esta lucha creo que todos los brazos son pocos si empujamos en la misma dirección. Lo demás, es más de lo mismo. Y necesitamos articular otra cosa, o al menos imaginarla.
 
Hasta la semana que viene.
(Dedicado a María, la madre de Rita)

lunes, 12 de diciembre de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos subjetivos? (Parte II)

Hola de nuevo:

            Lo prometido es deuda. Además de sufrir un horrible disgusto con mi Madrid (Mouriño de los c….), esta semana he estado leyendo artículos sobre derechos humanos, derechos subjetivos y demás; la verdad es que es interesante, aunque en ocasiones me he perdido un poco ya que los asuntos de corte jurídico me gustan tanto como clavarme alfileres en el ojo…

            Me parece importante comenzar diferenciando entre derechos humanos, derechos subjetivos y derechos de la personalidad. Según la ONU, los derechos humanos son aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna. Son independientes de factores particulares como el estatus, sexo, orientación sexual, etnia o nacionalidad; y son independientes o no dependen exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente, por lo que se consideran fuente del Derecho, en concreto la denominada derecho natural. Son además atemporales e independientes de los contextos sociales e históricos. Legalmente, se reconocen en el Derecho interno de numerosos Estados y en tratados internacionales.

            Al hablar de derechos humanos, se suele distinguir entre derechos de primera, segunda y tercera generación. Siguiendo a Roberto González Álvarez, en su artículo “Aproximaciones a los Derechos Humanos de Cuarta Generación”, el creador de la noción generacional de los derechos humanos es el checoslovaco, ex Director de la División de Derechos Humanos y Paz de la UNESCO, Karel Vasak, quien introdujo el concepto de las tres generaciones de los derechos humanos en su conferencia para el Instituto Internacional de Derechos Humanos, en Estrasburgo en 1979. La primera generación, denominada de los derechos civiles (derechos a la vida, integridad física y moral, dignidad, justicia, igualdad y libertad en sus diferentes manifestaciones individuales de pensamiento, conciencia, religión, opinión, expresión y movimiento) y políticos (derechos a participar en la organización estatal, elegir y ser elegido y agruparse políticamente). Derechos estos que son limitantes del poder estatal frente al individuo, como consecuencia de la idea de libertad, del pensamiento de la ilustración, de la teoría del contrato social y de sus incitadas revoluciones burguesas del siglo XVIII, su consagración más encumbrada está en los artículos 3-21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

            La segunda generación, denominada de los derechos económicos (derechos a la propiedad individual y colectiva, y seguridad económica), sociales (derechos a la alimentación, trabajo, seguridad social, salario justo y equitativo, descanso, sindicalización, huelga, salud, vivienda y educación) y culturales (derechos a la participación en la actividad cultural, beneficiarse con la ciencia y tecnología, e investigación científica). Estos derechos son consecuencia de la idea de igualdad universal nacida del pensamiento humanista y socialista del siglo XIX, sustitutiva del Estado Liberal por el Social de Derecho que se proyecta a garantizarlos ante las desigualdades socialmente exhaladas. Se hallan consagrados en los artículos 22-27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

            La tercera generación, denominada de los derechos de la solidaridad (v. gr. derechos a la paz, desarrollo económico, libre determinación de los pueblos, medio ambiente sano, patrimonio cultural, justicia transnacional; así como los derechos del consumidor, de los niños y de los ancianos). Esta generación, que data de la segunda mitad del siglo pasado, es consecuencia de una fraternal respuesta a factores discriminatorios (económicos, raciales, culturales, religiosos, etcétera) o necesidades futuras en riesgo (medio ambiente sano) de grupos humanos universalizados en tiempo y espacio motivados por una exigencia común: actuar impulsados por el valor solidaridad. Aquí el concepto humanidad se arropa de libertad, civilidad y calidad de vida globales.

            Se comienza a hablar de una cuarta generación de derechos humanos, en los que tendrían cabida derechos que no pueden ser encuadrados aún (bioética, por ejemplo) y reivindicaciones futuras.

            Según la Prof. Elvira Villalobos de González, podemos considerar los derechos de la personalidad como el conjunto de derechos fundamentales que protegen los bienes constitutivos del núcleo más íntimo del ser humano. Son derechos  que le son necesarios  para lograr sus fines y que, en consecuencia, le pertenecen por el solo hecho de ser persona. Se diferencian de los derechos humanos en que éstos protegen los derechos humanos en general, desde la vida y la salud hasta los derechos políticos y sociales, como el derecho de voto y el de ser oído en juicio. Los derechos de la personalidad constituyen un núcleo íntimo de derechos de la persona,  como el derecho al nombre, al honor y a la fama, a la imagen, a la intimidad, etc. La diferencia, por tanto, se encuentra en que los derechos de  la personalidad se ubican en la esfera de mayor intimidad de las personas.

            El derecho subjetivo, según el Prof. Francisco Puy, es la facultad jurídica consistente en el poder individual de exigir un comportamiento conforme al ordenamiento vigente. Es habitual escucharnos a los trabajadores sociales decir que el mayor avance de la "Ley de Dependencia" es que “garantiza un derecho subjetivo de ciudadanía”. Ello viene a ilustrar la definición del Prof. Puy: esta ley permite a los individuos catalogados como dependientes reclamar el derecho a la atención en los tribunales si éste se vulnera, lo que no ocurre en el resto de legislación española existente en materia de servicios sociales. La coletilla “de ciudadanía” significa que para poder acceder a los beneficios que la ley contempla uno debe ostentar la condición de ciudadano, en este caso a través de la residencia legal en España por un período superior a 5 años.

            Podemos afirmar entonces que la citada ley no garantiza el disfrute de derechos de la personalidad porque, además de la condición inherente de persona, es necesaria la condición de “dependiente” y de “ciudadano”.

           Es fundamental, para concluir, garantizar a través de la promulgación de leyes que vengan a garantizar el ejercicio de los derechos subjetivos que tanto tiempo venimos reclamando desde nuestro colectivo: derecho a una renta mínima universal, a recibir servicios sociales y demás. Este debe ser nuestro horizonte. La crisis no puede ser una excusa para amputar (más) el estado de bienestar. No debemos permitirlo. Es un imperativo ético garantizar la protección jurídica de los derechos de las personas. Ahí debemos centrar nuestra lucha

Hasta la semana que viene.
           

sábado, 3 de diciembre de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos? (Parte I)

Hola de nuevo:

Tengo la costumbre de levantarme con la radio. No me gusta el "pipipipí" del despertador, me parece odioso, prefiero que me despierte una voz humana, aunque sea la de Francino diciendo que la prima de riesgo está bailando lambada con el déficit europeo en la disco eurozona. Que digo yo que maldita la hora en que oímos hablar de la prima de riesgo, que seguro que si es prima de alguien es de Angela Merkel.

Hay noticias que al escucharlas te mosquean, otras te indignan, algunas te entristecen y muy pocas hacen que, al escucharlas, algo se retuerza en tu estómago. Ayer tuve que escuchar de la boca del citado locutor la siguiente noticia: "En un hotel de Canarias dos camareras de hotel han sufrido amagos de infarto porque tienen sólo 2 minutos para arreglar cada una de las habitaciones del hotel. Las camareras del hotel son cronometradas".

No pude reprimir las lágrimas camino al trabajo pensando en esas mujeres; soy consciente de que este blog está tomando un rumbo a medio camino entre "Estrenos TV", "Vivir cada día", "Candy Candy", "Mundo Obrero" y apuntes de una Mary Richmond demenciada. Me da igual. Me da exactamente igual. Este mundo se ha vuelto completamente loco ¿por qué tendría que estar cuerda?

Y esta noticia me trae a la cabeza la entrañable imagen de nuestras dos autoridades sindicalistas, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez (que hace gala de su nombre, que acertados estuvieron los padres) en la sede del PP; no alcanzo a entender qué fue lo que les llevó a ir allí cuando Rajoy ni siquiera ha sido investido. ¿Y estos son los que van a proteger los derechos de mujeres y hombres trabajadores como las camareras del hotel canario? Ay omá.

Vivimos unos años negros, en los que se están aplastando derechos cuya promulgación ha costado el esfuerzo, y, en ocasiones, la vida de muchas personas valientes, que tanto lucharon para que hoy dejemos que nos los quiten con tanta impunidad, es que no doy crédito. Y por eso mismo es necesario que todos tengamos muy claro de qué hablamos cuando hablamos de derechos y cómo se traduce el disfrute de los mismos en nuestra vida diaria. Que se lo pregunten si no a los millones de estadounidenses que no tienen acceso a la sanidad (un buen momento para volver a ver "John Q", con Denzel Washington, menuda película).

Por todo ello me he decidido a dedicar este puente a estudiar esto de los derechos, los derechos subjetivos y demás, para después colgarlo en el blog, bueno, no soy tan friki, también organizo una barbacoa, veré a mi Madrid, cuidaré las macetas, pasearé a mi Nikita y me daré una vuelta con mi sobrina a buscar regalos de navidad baraticos, oye, que en la lucha social y obrera también se fuma.

Hasta la semana que viene (que traeré la tarea hecha).

domingo, 27 de noviembre de 2011

De 15-M, DRY, consensos, disensos, mayorías y otras hierbas...

Hola de nuevo:

Por fin (y digo por fin) la pesadilla se ha hecho realidad. Me voy a reprimir una vez más y voy a dedicar la entrada de esta semana a hablar de otra cosa que no sean las elecciones, pero no me he podido resistir a insertar esta viñeta del genial Manel Fontdevila, publicada en el diario Público, que ilustra muy bien cuál es mi sensación en estos momentos.

Esta semana estoy haciendo un curso de formación de formadores con la idea de poder compaginar el trabajo con temas docentes, imagino que los que seáis funcionarios, mileuristas y demás ya estaréis barajando, al igual que yo, el pluriempleo, que es lo que vamos a terminar haciendo muchos al paso que lleva la nómina, que tienen los del PP una fijación con el tema con más peligro que un bautizo de Gremlims, omá...

Durante un descanso del mentado curso estuvimos hablando sobre el movimiento 15-M y vino el tema a cuento porque en ese momento estábamos tratando el consenso en los grupos, yo aproveché y le pregunté al "maestro" (me encanta esa palabra) que si era recomendable, en un grupo, intentar llegar por todos los medios al consenso o quedarse en las mayorías; tengo que decir que el resto de alumnos me miró con cara de "asesinos-psicópatas-cuidao-con-la-tía-repelente" porque querían irse a fumar.

Me contestó que el consenso era, en grupos numerosos, un error, y puso al 15 M como ejemplo; básicamente él vino a decir que el consenso es alcanzable (y deseable) en grupos pequeños con unos objetivos muy claros y concisos. En grandes organizaciones se requiere el juego de mayorías-minorías porque es la única manera de que exista eficacia y operatividad en sus acciones. Este asunto, además, es una de las razones que él esgrimía para vaticinarles un futuro más bien negro.

Es interesante reflexionar sobre esto de las mayorías y las minorías y los consensos y estaba yo tan feliz divagando sobre el tema con el docente cuando el asunto tomó un giro que no me gustó nada: el 15-M en sí.

Me preocupó que algunos compañeros del curso afirmaran que el movimiento no tiene validez porque no se consigue nada saliendo a la calle y haciendo asambleas esperpénticas. Al margen del "folklore" de las asambleas y demás, el simple hecho de que la ciudadanía salga a la calle a opinar, debatir y protestar me parece un avance importantísimo en una sociedad abotargada y preocupada por el "furgol" y el "sálvame deluxe", y creo además que al movimiento se le están exigiendo unos niveles, por decirlo así, que no se le han exigido ni de lejos a los distintos partidos políticos en toda la democracia.

Ignoro cuál será el futuro de estas organizaciones, pero desde mi pequeño ciberespacio les deseo lo mejor. Les necesitamos (y mucho).

Hasta la semana que viene

PD.: Por favor, llegad al final de la página que todas las semanas inserto "buena publicidad".

sábado, 19 de noviembre de 2011

Llegar a viejo

Es sábado y jornada de reflexión ¡qué descanso!

Me parece una idea muy buena lo de la jornada de reflexión. Hay quienes opinan que esto de dejarnos un día para pensar es tratarnos cómo si fuéramos tontos, pero es que yo creo que ya nos tratan cómo si fuéramos tontos todos los días del año, por lo que no veo la diferencia.

Me parece una idea tan buena que yo también voy a reflexionar, y no sobre política, o mejor dicho, sobre partidos políticos. Voy a reflexionar sobre la vejez. Y os preguntaréis por qué. Pues os contesto. Porque ser viejo hoy en día, me parece una soberana putada. Todos los días lo observo en mi trabajo. Me parece obsceno cómo tratamos a la gente mayor: hijos, nietos, profesionales, sobrinos, clase política y demás ralea…

Pendulamos entre la conmiseración y el desprecio, entre la pena y la rabia por lo que nos han hecho o lo que no nos han hecho y tendrían que haber hecho. Es despreciable.

Mañana, sin ir más lejos, tendré que asistir al espectáculo lamentable del hijo mascullando por tener que llevar a su madre a votar, que es uno de los derechos fundamentales de los españoles, o de la hija llevando a rastras a su padre a votar, con el sobre preparado por ella, ignorante el anciano de cual será la opción que deposite en la urna, y qué más da, el viejo qué sabe...

Me asquea profundamente esta sociedad que es capaz de emocionarse porque la Pantoja va a ser abuela y es incapaz de reaccionar cuando se descubre que en una residencia maltratan a los ancianos.

Me jode que los hijos no entiendan que son sus padres los que los han puesto en el mundo y los que se han encargado de que hoy disfruten la vida que tienen.

Me indigna que la clase política trate a las personas mayores como si fuesen gilipollas.

Me cabrea que la vejez dé grima ¡todos vamos a ser viejos, coñe! y ya veremos si nos gusta que nos traten como a apestados.

Me altera que se juegue con las pensiones, que es el pan que tienen y con el que están manteniendo a las hordas de desempleados de este país.

Me aterra que juguemos con la ley de dependencia.

Y me sorprende que ellos no hayan hecho su propio 15 M para decir que ya está bien. Porque ya está bien.

Ahora que somos todos tan modernos y tan alternativos, sería hora de que nos acordáramos de ellos también en las pancartas de las manifestaciones. Aunque sea por puro egoísmo.

Aviso para navegantes: todos seremos viejos.


Hasta la semana que viene (si es que España continúa en el mapa)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Placeres cotidianos


«Comencemos por aclarar la antigua confusión que se da entre el hombre que ama la erudición y el hombre que ama la lectura, y señalemos cuanto antes que no existe conexión de ninguna especie entre los dos. El erudito es un entusiasta sedentario, concentrado, solitario, que busca en los libros en su afán por descubrir una determinada pizca de verdad, en la cual ha puesto todo su empeño y todo su corazón. Si la pasión de la lectura lo conquista, sus ganancias menguan y se le escurren entre los dedos. Por otra parte, un lector ha de poner coto al deseo de aprender ya desde el comienzo; si el saber se le pega, excelente, pero ir en busca del saber, leer de acuerdo con un sistema, convertirse en especialista, o en una autoridad, es algo que tiene todas las trazas de acabar con lo que preferimos considerar como una pasión más humana, una pasión por la lectura pura y desinteresada.»

               Horas en una biblioteca, Virginia Woolf

Hola de nuevo:

            Es sábado (por fin), estoy cansada. La semana ha sido dura en el trabajo y la campaña me está empezando a crispar los nervios. Me agota pensar, sufrir, actuar y, sobre todo, aguantar dentro del tren, es que cada vez me gusta menos la dirección que toma el maquinista y no hay ninguna estación en la que me apetezca bajar.

            Menos mal que a pesar de todo lo malo, aún nos quedan placeres maravillosos y de fácil disfrute. Es curioso, no sé si vosotros habréis experimentado la sensación de recuperar las cosas sencillas, yo la estoy sintiendo estos meses. Suena cursi, lo sé, pero es la verdad. Por razones diversas, estoy más tiesa que la mojama, que decimos por aquí cuando el dinero escasea. Ello me ha empujado a retomar aficiones que nunca debí abandonar, como la de pasear, además, ahora lo hago con mi perrita; me gusta que sea ella la que decida el ritmo y la dirección del paseo, parándose a olisquear las cacas perrunas más atractivas del barrio y dejando cartas de amor en forma de pipí. Mi Nikita es así, escatológica pero muy romántica.

            También he recuperado la pasión por la lectura. Y me estoy dejando llevar en cada libro: si me gusta, sigo leyendo, si no me gusta, lo dejo. Creo que eso es lo primero que deberían transmitirnos en el colegio: leer con libertad. En su día intenté hincarle el diente, digo el ojo, a varios de los libros que no te puedes morir sin leer. Menuda plasta. Antes, si no conseguía leerme alguno de los “libros imprescindibles”, lo sufría en silencio como las hemorroides. Ahora me he enfrentado a mis fantasmas, puedo levantarme en cualquier club de lectura y decir: “Hola, soy Belén y no me he leído el Ulises de James Joyce” y todos me contestarían “Hola Belén, no estás sola”.

            Curiosamente, he experimentado lo contrario con un libro que también se me había atragantado: “Memorias de Adriano” de Marguerite Yourcenar. Lo intenté, cuando era joven y estúpida y me pareció un muermo impresionante. Ahora he retomado su lectura, ya vieja (e igualmente estúpida) y me está pareciendo un ejercicio de filosofía y pasión por la escritura precioso. Tengo que decir que no es un libro fácil, pero la autora usa las palabras de una manera que me parece muy evocadora. Que me está encantando, vaya.

            Dice la gente que sabe sobre Trabajo Social que es bueno alejarse de la literatura profesional. Estoy de acuerdo. Alejarse de los temas en los que estamos inmersos todos los días nos ayuda a ver el mundo con otros ojos. Y como ejemplo, os copio un fragmento del citado libro, en el que el protagonista explica que los seres humanos somos complejos, algo con lo que tenemos que lidiar los trabajadores sociales todos los días. Espero que os guste. Me voy a seguir leyendo.

            Hasta la semana que viene.

“Diversos personajes reinaban en mí sucesivamente, ninguno por mucho tiempo, pero el tirano caído recobraba rápidamente el poder. Albergaba así al oficial escrupuloso, fanático de disciplina, pero que compartía alegremente las privaciones de la guerra con sus hombres; al melancólico soñador de los dioses, al amante dispuesto a todo por un instante de vértigo, al joven teniente altanero que se retira a su tienda, estudia sus mapas a la luz de la lámpara, sin ocultar a los amigos su desprecio por la forma en que van las cosas, y al estadista futuro. Pero tampoco olvidemos al innoble adulador, que para no desagradar consentía en emborracharse en la mesa imperial, al jovenzuelo que opinaba sobre cualquier cosa con ridícula seguridad; al conversador frívolo, capaz de perder a un buen amigo por una frase ingeniosa; al soldado que cumplía con precisión maquinal sus bajas tareas de gladiador. Y mencionemos también a ese personaje vacante, sin nombre, sin lugar en la historia, pero tan yo como todos los otros, simple juguete de las cosas, ni más ni menos que un cuerpo, tendido en su lecho de campaña, distraído por un olor, ocupado por un aliento, vagamente atento a un eterno zumbido de abeja”.

Memorias de Adriano (Marguerite Yourcenar)  

domingo, 6 de noviembre de 2011

Siempre se puede hacer algo

Hola de nuevo:

Acaba de comenzar la campaña electoral. Nos esperan 15 días de siestas interrumpidas por el "parán-parán-parararán" del PP o el "chan-chaaaan" del PSOE, bramando desde los altavoces de los coches electorales. Que digo yo que si esta gente es que no pega la pestañada del mediodía. Es un ritual tedioso, la verdad. Como el hecho de abrir tu buzón y encontrártelo atascado de propaganda electoral. ¿No se ha legislado sobre las bolsas de plástico?. Pues que se legisle también sobre el uso del papel en las campañas electorales, coñe, que el bosque amazónico está cada vez más desertizado.

Pero más tedioso me resulta escuchar a los filósofos / as de cafetería que, descubriendo la pólvora, sentencian: "lospolíticossontodosiguales", "yonopiensoiravotarporquepaqué" o "loquequierenesllenarselabarriga", y que me decís de "todossonunosladrones". Po zí, Amparo, todos serán unos ladrones y eso, pero por si alguien no se ha enterado, ir a votar o no, no va a impedir que sigan siéndolo, creo yo.

Es normal que la gente sienta hartazgo. Es normal que la gente no viva las campañas electorales con interés. Y es normal que haya desconfianza hacia la clase política.

Lo que no me parece normal es que haya gente que, ante la situación en la que vivimos, se cruce de brazos. No me parece normal que haya gente que se quede en su casa, refunfuñándole al presentador del telediario.  No me parece normal que haya gente para quien el 15 M es una gilipollez, la militancia política también es una estupidez, por supuesto la implicación en asociaciones una pérdida de tiempo, el voluntariado es de tontos y la pertenencia a colegios profesionales un despilfarro. Y de los sindicatos ni hablamos. No me parece normal que la gente diga que no se puede hacer nada. Siempre se puede hacer algo.

Ser escéptico es fácil. Y cómodo. Y si además se es cínico, aún mejor. Situarse por encima de los demás, sobre el mullido cojín de la indiferencia es una opción válida, pero no es ética, máxime, si sobre ese cojín nos dedicamos a dar lecciones. El movimiento se demuestra andando. Me da igual hacia adonde. Me parece respetable que la gente considere que la salida está en el Partido Popular. Me parece respetable que la gente quiera eliminar el senado y haga campaña para no votar. Me parece respetable que la gente se sume a movimientos religiosos y me parece respetable que la gente haga asambleas en la calle. Incluso me parece respetable que la gente participe a través de internet.

Lo que no me parece respetable, amigos y amigas, es pretender que sean otros quienes solucionen nuestros problemas. En estos tiempos, la implicación en la sociedad no es una elección, es un deber. En tu mano está elegir cómo, pero si quieres que las cosas cambien, apaga la tele y ponte las pilas. Y si no estás dispuesto a hacer nada, al menos cállate y déjanos a los demás desayunar en paz. ¡Hombre ya!

Hasta la semana que viene (eso espero)

lunes, 31 de octubre de 2011

Los universitarios tenían razón

Hola de nuevo:

Por fin he podido hacer uso de mi ordenador después de un fin de semana sin él, ya que mi sobrina, de 13 años, se ha atrincherado en mi despacho para sus twitter, tuentis y demás, por otra parte la pobre se ha tenido que tragar el fútbol, las noticias y los documentales de la tele por lo que tampoco era cuestión de dejarla sin vía de escape posible, no sea que no quiera quedarse más y pierda yo mi papel de tía-canguro-que-me-deja-hacer-lo-que-yo-quiera, papel éste que me ha dado muchas satisfacciones y las que vendrán.

En otro orden de cosas, como dicen en los telediarios, hace tiempo que quiero tratar un tema que a todas nos preocupa y sufrimos en silencio, mismamente como las hemorroides: el título de grado en Trabajo Social, o más concretamente, el acceso al grado para los diplomados.

En 1993 acabé la carrera y, por estas cosas que todos conocemos acerca del divorcio entre la universidad y el ejercicio profesional, no conseguía captar en toda su esencia el asunto del “Plan Bolonia”. Intuía que algo olía mal en Dinamarca cuando los universitarios en masa se estaban manifestando hace unos pocos años y sus portavoces quejándose de la que se nos venía encima (ahora me he dado cuenta) en los escasos medios que les dieron esa posibilidad.

Continué en mi estado de feliz ignorancia al respecto hasta que, amigos y amigas, llegó el grado y con él la posibilidad de realizar algún curso puente que me diese acceso al grado desde la diplomatura, al igual que muchos de mis compañeros y compañeras de distintas promociones. Comencé a mirar en las diferentes universidades españolas las distintas posibilidades y entonces me topé de bruces con la triste realidad universitaria actual, a saber: la nueva estructura universitaria ha cambiado a un concepto más “empresarial” por decirlo de una manera sutil (que si no me lío y termino cagándome en Angela Merkel).

La nueva estructura universitaria la tenéis en este enlace, del espacio europeo de educación superior, y es bastante fácil de entender, hasta para un trabajador social: http://www.eees.es/es/eees-estructura-antigua-estructura-nueva-eees.

El resultado de “la adecuación a Europa” es que estudiar se ha encarecido ostensiblemente; subir cada escalón de la carrera universitaria supone un pastón, si has tratado de acceder al grado desde la diplomatura lo habrás podido comprobar, además, como decía, se está abriendo la puerta de la universidad a las empresas, imagínate lo que viene detrás (ríete de Halloween o de Walking Dead)

Por otra parte, el nivel es cada vez más bajo, entre otras cosas porque las facultades las conforman un clan de elegidos (salvando MUY honrosas excepciones) en el que es imposible entrar y que están totalmente ajenos a la realidad profesional (volvemos al divorcio entre disciplina y profesión); yo lo he podido comprobar de primera mano leyendo algunos libros de la UNED, que directamente tienen contenidos que no se ajustan a la realidad (“Servicios Sociales y Dependencia”, un hit en la materia); claro, teniendo en cuenta que hay docentes que lo mismo te escriben sobre dependencia que sobre supervisión que sobre trabajo social comunitario que sobre política social, pues igual te fríen una camisa que te planchan un huevo.

Resumiendo, que si queremos acceder al título de grado nuestras universidades, muy preocupadas por darnos a los diplomados una solución, ya se están frotando las manos y haciendo cálculos para que pasemos por caja, que para eso la mayoría somos funcionarios y tenemos “güenas” nóminas, los compañeros y compañeras que trabajan en precario o ni siquiera trabajan esos que se olviden, que los bancos no esperan (ni cinco minutos) y además comer es lo primero.

Los universitarios tenían razón (como siempre), esto del plan Bolonia es un timo más de la “maravillosa” Unión Europea y sus dirigentes, tan progresistas ellos y tan preocupados por el europeo de a pie: ¡me cago en la Unión Europea y en Angela Merkel! (lo siento, es que no me puedo reprimir).

Hasta la semana que viene.

domingo, 23 de octubre de 2011

Café para todos ¿y por qué no?

Hola de nuevo. Es domingo y por fin he tenido un rato para ponerme a escribir. Esta semana he sido una tardona porque he estado ocupada con varias cosas que me han robado la concentración necesaria para abordar el tema de hoy; amigo o amiga cibernauta, no desesperes, hoy no voy a despotricar sobre la crisis y las decisiones políticas, y eso que no me faltan motivos porque en Diputación de Almería ya se están dando pasos cortos pero seguros por parte del equipo de gobierno para privatizar los servicios y blablabla (¡tranquila Belén, el Madrid ganó ayer, ahora un trago de whisky y un sumial y como nueva!)

Como iba diciendo, creo que es interesante abordar un tema poco tratado en la política social española y es el debate entre servicios sociales universales y servicios sociales selectivos. Me parece interesante porque en estos tiempos asisto con mucha frecuencia a conversaciones entre compañeras sobre si los servicios sociales deben ser accesibles para toda la población o solo para las personas con más necesidades sociales. Antes de elaborar un posicionamiento al respecto he tratado de documentarme y, como siempre, internet es una fuente inagotable de recursos.

He encontrado dos autores cuyos artículos me han parecido bastante esclarecedores al respecto, uno es Manuel Moix Martínez, de lectura muy recomendable en general, que escribió un artículo en la revista del consejo, titulado "Servicios Sociales Universales y Servicios Sociales Selectivos" (número 72 de la revista). También encontré un artículo de Diego Hernández, profesor de ingeniería de sistemas de la Universidad Nacional de Colombia, cuyo enlace tienes aquí: http://www.docentes.unal.edu.co/dfhernandezl/docs/.

Moix define universalidad como el principio según el cual los servicios sociales deben ser accesibles gratuitamente a todos los ciudadanos con independencia de los ingresos. Por selectividad entiende el principio en virtud del cual los servicios sociales deben dirigirse solamente a los llamados "económicamente débiles", esto es, a los que acrediten la falta de medios económicos para subvenir a sus necesidades.

Ambos autores son partidarios de la opción universalista, Hernández explica para defender su postura que el universalismo representa un enfoque redistributivo, que parte de que el bienestar social es una institución muy importante en la sociedad, que proporcionas servicios fuera del mercado (el selectivismo presta servicios a aquellos a los que el mercado no se los puede proporcionar), no reconociendo un límite fijo para los compromisos del bienestar público ya que los derechos de ciudadanía deben ser garantizados incondicionalmente al igual por ejemplo, que los derechos de propiedad, tan ampliamente defendidos en el estado liberal.

Y continúa exponiendo que este modelo tiene tres características que lo convierten en la opción más transformadora:

1. El bienestar del individuo es responsabilidad del colectivo social, sin paliativos.
2. Las preferencias en relación con las mercancías no es lo único que genera bienestar en el individuo.
3. Bajo este paraguas, el estado promoverá mecanismos de amplia solidaridad social en razón a que la clientela de la política social (y en este caso los servicios sociales) es toda la población.

Hernández crítica al selectivismo argumentando que "ésta es una política ideada como un compromiso para facilitar la soberanía del mercado, en virtud del papel limitado que juega el gobierno en la distribución del bienestar.  Sistemas marginales de bienestar que, por lo tanto, tienden a ser dirigidos hacia aquellas personas o humanos residuales que son incapaces de auto-ayudarse. En consecuencia, los límites para los compromisos sociales son muchos, y el Estado termina suscribiéndose al clásico énfasis sobre las soluciones de mercado y la auto-independencia de los individuos.

Una segunda característica de este modelo de política social es la estratificación, es decir, la dimensión del estatus entre los ciudadanos. El modelo residual promueve la estigmatización social que consiste en baja autoestima e inseguridad al sentirse incapaz de incorporarse al mercado y tener que acudir a los limitados beneficios de la política social.

La tercera característica es precisamente que los programas sociales son temporales y están limitados a los recursos presupuestados y las prioridades que el gobierno defina. La cobertura no se basa en la necesidad sino en el mínimo de hogares para quienes alcance la cantidad presupuestada.  Los programas diseñados bajo el selectivismo están sujetos a la comprobación de medios lo cual conduce a los problemas de la trampa de la pobreza. Las personas valoran la posibilidad de obtener por ejemplo un empleo frente a la probabilidad de perder el subsidio, lo que hace que el individuo deba decidir entre aceptarlo o perder el subsidio con las consecuencias sociales que ello implica".

Por tanto, si todas las niñas y niños tienen derecho a la educación gratuita, todas las personas tienen acceso a la sanidad y también a que los bomberos apaguen nuestros incendios, los barrenderos barren todas las calles con la misma asiduidad (en teoría, en El Ejido solo las calles del centro), ¿por qué no puede haber servicios sociales para todos?, ¿por qué no podemos generar derechos subjetivos de ciudadanía?, ¿acaso no vemos que generar servicios sociales solo para pobres es generar rechazo en la clase media?, ¿no hemos visto los efectos tan positivos que la ley de dependencia ha generado en la opinión de la ciudadanía?. Y me pregunto ¿qué favor hacemos los profesionales al sistema siendo los primeros que lo ponemos en cuestión?. Un sistema que, en tiempos de crisis, está siendo el único capaz de generar empleo.

En fin, que si me preguntan que si estoy a favor del café para todos diré que sí. El mío con leche y azúcar, por favor.

Hasta la semana que viene.

martes, 11 de octubre de 2011

Quiero ser perroflauta

Hola de nuevo, vaya semana caliente llevamos y eso que no ha hecho más que empezar: declaraciones de Duran y Lérida, que escribo así por si me lee (no caerá esa breva) para que le dé escozor o algo ver su nombre escrito en la bajuna e ignominiosa lengua de Cervantes; sueldos vitalicios de directivas de entidades bancarias (¿y eso no es delito ni nada por el estilo?) y usuarios de los servicios sociales cada vez más desesperados, con las ayudas económicas "en stand by", que para el caso es como decirle a la gente "búscate la vida", pero sin el cómo. Bueno, siempre nos quedará Cáritas...

Todo ello con el murmullo creciente de fondo de la manifestación del próximo sábado, organizada, como todos sabemos, por un grupo de perroflautas de la extrema izquierda que quieren desestabilizar el sistema para introducir las subversivas ideas marxistas-leninistas que les dictan las hordas comunistas (eso más o menos imagino que dirá la COPE; no la escucho porque no la pillo en la radio, una pena).

Los llamados perroflautas, esos impresentables del 15 M, han conseguido al ritmo del bongo y la flauta dulce que los más poderosos se paren a observar que aquí abajo nos encontramos unos infraseres quienes, los más privilegiados, tenemos que levantarnos por la mañana para trabajar, y otros no tienen que madrugar porque no tienen trabajo adonde ir. Los llamados perroflautas, entre cartón y carton de Don Simón, que parece ser lo único que ingieren, han conseguido que por fin la ciudadanía se pare a pensar que a lo mejor es obsceno que haya personas que tengan que meterse en un contenedor para comer mientras los banqueros pagan equipos de fórmula 1. Y los llamados perroflautas también han destapado la mediocridad y la corrupción de la clase política, incapaz de gestionar mínimamente los problemas de este país. En definitiva, los llamados perroflautas han dicho alto y claro que no somos mercancía en manos de políticos y banqueros.

Los llamados perroflautas nos han sacado los colores a muchos colectivos profesionales que hace mucho tiempo debíamos hacernos echado a la calle y no lo hemos hecho. Por eso y por muchas cosas más, yo de mayor quiero ser perroflauta... ¿una monedita?.

Hasta la semana que viene.

martes, 4 de octubre de 2011

¿Se puede ser trabajadora social y de derechas?

Hola de nuevo, por fin os escribo desde mi nuevo despacho; de sus cuatro paredes, dos son ventanales abiertos desde donde puedo observar los tejados y el cielo de mi pueblo que hoy es una ciudad. Dice un amigo mío, más fino que yo, que desde mi terraza se divisa el "skyline" de mi ciudad, este privilegio es uno de los muchos que tiene vivir en pueblos, una se puede costear esta vista, prohibitiva en ciudades grandes al menos para los sufridos empleados públicos (otros no tienen ni ventanas por dónde mirar...).

Suelo debatir en muchas ocasiones con amigas mías, también trabajadoras sociales, sobre la relación entre trabajo social y política, o más bien, sobre si se puede ser trabajadora social y de derechas. Mis amigas, en especial una, argumentan que no es posible puesto que los partidos de derecha se basan en el individualismo y en la capacidad del ser humano para salir adelante por sus propios medios, además de que las políticas sociales que ellos plantean son residuales ya que no tienen en el horizonte una sociedad igualitaria.

A mí me gusta ejercer de abogada del diablo y argumento (porque además lo pienso así) que es posible ejercer esta profesión siendo de derechas, de hecho hay compañeras y compañeros que lo son. Creo que este debate encierra dos cuestiones previas que deben ser aclaradas: en primer lugar, los compañeros y compañeras de ideología conservadora no lo expresan en alto por varias razones, la profesión ha nacido y ha evolucionado en un contexto, digamos, progresista, y se sienten en minoría.

Por otra parte, creo que la derecha española es muy poco madura y conserva demasiados posos del franquismo, además, la prioridad de la derecha española ha sido aglutinar ideas más o menos homogéneas en torno a una idea de España, esto me lleva a sostener que no ha habido un debate ideológico en su seno en cuanto a la posición sobre política social, más bien se han dedicado a esgrimir "lo social" como arma electoral. Quiero decir con esto, que las compañeras y compañeras que se sienten de derechas, ni siquiera tienen elaborado un discurso ideológico en la materia porque ni siquiera cuentan con referentes en nuestro país (los pocos que intentaron tener un discurso social acabaron como el rosario de la aurora, que se lo digan a Manuel Pimentel).

Y trasladando esta cuestión al plano de lo epistemológico, es evidente que la naturaleza del Trabajo Social está claramente relacionada con la cuestión del objeto, quiero decir que si en las ciencias sociales está admitido que una disciplina puede contemplar diferentes objetos, la visión del trabajo social tiene todo que ver con la concepción del trabajo social en sí. Resumiendo, cada uno de nosotros acomoda su idea del Trabajo Social a nuestra propia cosmovisión, que incluye la ideología, que no la adscripción a un partido en concreto.

Por todo ello considero que es positivo que haya compañeras y compañeras con distintas tendencias ideológicas, lo que me parece realmente peligrosa es la actitud de aquellos que se definen como "apolíticos" o "sin ideología". Una puede no tener ninguna tendencia partidista, pero la ideología viene en el paquete, amigos. Y una persona sin ideología (cualquiera) es un barco a la deriva. Alguien (no recuerdo quien) dijo una vez que cuando se acaba la ideología, llegan los totalitarismos. Que razón tenía.

Hasta la semana que viene (seguro).

viernes, 23 de septiembre de 2011

Nuestros derechos (también)

Hola de nuevo a quienes aún estéis ahí. Disculpad la tardanza en escribir, es que estoy de mudanza y no he tenido conexión hasta hoy. El mono lo he pasado como he podido, con sudores, escalofríos y demás, pero, por fin, tengo internet, aunque es un modem usb de los c... más lento que el caballo del malo; he llamado a orange y una aterciopelada voz latina me ha dicho que "la semana que viene le darán línea y blabla, sra. Navarro". Brrrr... (Si alguna de vosotras nunca ha tenido problemas con la compañía de internet o el teléfono móvil, es un buen momento para que nos ilumine a los demás con su sabiduría...)
A lo que vamos. He podido, por fin, entrar a la pagina del Consejo (el nuestro, el de trabajadores sociales, vaya) y me ha alegrado descubrir que la FITS (Federación Internacional de Trabajadores Sociales, si no eres "uno de los nuestros") ha elaborado una carta de derechos de los trabajadores sociales, que pego a continuación.

"La Carta de Derechos resume el apoyo que los trabajadores sociales necesitan para actuar con seguridad y asegurar el mejor resultado posible para los usuarios de sus servicios.
Los trabajadores sociales tienen el derecho a:
1. Lugares de trabajo saludables y seguros, libres de abuso.
2. Capacitar a los usuarios de los servicios.
3. Hablar y participar en la acción social.
4. Desarrollar relaciones profesionales con los usuarios del servicio.
5. Vías de progreso en la profesión que mantienen la práctica.
6. Oportunidades para un aprendizaje permanente.
7. Calidad de la supervisión y apoyo cuando las cosas vayan mal.
8. Líneas claras de responsabilidad y autoridad.
9. Cargas de trabajo razonables y protección contra el “burnout” (síndrome de desgaste profesional).
10. Trabajo de forma crítica, reflexiva y creativa.
11. Defensa y lobby de los usuarios del servicio.
12. Asesoramiento y representación.
13. Asumir riesgos razonables.
14. Pertenecer a una asociación profesional.
15. Buenas condiciones de trabajo y salarios dignos.
16. Respeto de nuestra ética profesional.
17. Contribuir a la Política de desarrollo."
Al margen de la traducción realizada (me da que está cogida con pinzas) es una buena noticia que los trabajadores sociales también reivindiquemos nuestros propios derechos, además de los de la ciudadanía. El origen religioso (judeocristiano) y voluntarista de la profesión, sumado al hecho de que el trabajo social es una profesión de mujeres, creo que ha contribuido a que en nuestra profesión se relacione la reivindicación con la queja y, por tanto, nos dediquemos a trabajar duro y darnos con el cilicio, o quejarnos, pero en la cafetería, como decía Luis Barriga tan acertadamente. De hecho, estoy convencida de que aguantamos situaciones que cualquier otro colectivo habría tachado ya como abuso.

Por ello, me congratulo por la elaboración de esta carta, aunque, con la que está cayendo, más vale que no caiga en manos de políticos ávidos de ganar elecciones a costa de machacar la imagen de los empleados públicos, no vayamos a darles ideas...

Hasta la semana que viene.

lunes, 12 de septiembre de 2011

Una más entre nosotras

Hoy es un día muy especial para mí. He recibido una llamada que me ha hecho mucha ilusión, proveniente de María, una amiga mía de 21 años que me ha llamado para comunicarme que acaba de aprobar su último examen de la aún diplomatura de Trabajo Social, en fin, que ya es Trabajadora Social (al menos eso dirá en su diploma, el empleo tendrá que buscarlo con ahínco).

Me siento feliz por ella porque creo que será una estupenda profesional. María es una persona inteligente, empática, generosa y honesta y considero que hoy más que nunca es necesario para la profesión que se nutra de personas como ella, que crean que pueden ayudar a los demás a mejorar sus condiciones de vida y que puedan contribuir a la transformación social. Las nuevas profesionales deben estar preparadas, al menos con su actitud, para atender a una masa de personas en situación de pobreza como no se había visto desde hace 50 años, siento enormemente ser tan agorera pero creo que es así.

Recuerdo que María tenía muchas dudas sobre si matricularse o no en Trabajo Social. No sabía si sería capaz de soportar convivir con tanto problema, tanta necesidad, tanto dolor; yo le dije lo que le digo siempre a la gente cuando me pregunta: hay dolor en nuestra profesión, pero también hay grandes (y pequeñas) satisfacciones y hay que aprender a vivir en esa dinámica; un día sufres, otro te alegras, pero es que la vida también es así, lo más importante es creer que lo que haces sirve para algo y levantarte por la mañana creyendo que vas a desempeñar un trabajo que es importante.

Es por eso que hoy me siento feliz por mi amiga pero también por la profesión; hemos reclutado a una buena persona y eso siempre es motivo para alegrarse. María, sé que encontrarás empleo muy pronto y sé que mejorarás a las personas que se crucen en tu camino.

Bienvenida.

Hasta la semana que viene.

domingo, 4 de septiembre de 2011

El poder del lenguaje

Qué importantes son las palabras: definen nuestro estado de ánimo, identifican con exactitud objetos, sensaciones, colores, sabores... Las palabras también sirven para identificar aspectos relacionados con el desempeño profesional y engloban lo que se denomina jerga profesional. Jerga profesional: Léxico específico de una determinada profesión o actividad, no siempre al alcance de la colectividad. A las palabras que componen este léxico se les conoce como tecnicismos (Lourdes Domenech y Ana Romeo "El lenguaje jergal", Página web http://www.materialesdelengua.org).

El Trabajo Social, como profesión que es, también tiene sus propios tecnicismos. Palabras tales como usuario, riesgo social, exclusión, desventaja social, intervención, recurso, comunitario... son de uso corriente en nuestros despachos y se supone que son la muestra de nuestra competencia profesional.

En mi caso, doy mucha importancia al lenguaje, incluyendo los tecnicismos; opino que el lenguaje es una herramienta muy potente para transformar la realidad y, seamos francos, es también una herramienta muy eficaz para adquirir y mantener el poder, tal es así que es, como decía unas líneas más arriba, son una muestra de saber profesional. De hecho, desde el punto de vista sociológico, una de las condiciones que debe reunir una ocupación para convertirse en profesión es producir una jerga propia.

Dándole yo vueltas a esto de la jerga entre trabajadores sociales, hay dos cosas que me llaman poderosísimamente la atención: una, que la mayoría de los términos que empleamos son, semánticamente, negativos (observad los que he citado arriba "al abaleo") y la otra, lo poco que hemos reflexionado sobre el significado de los mismos.

Con respecto a mi observación primera, la cosa tiene cierta lógica. Los trabajadores sociales, no nos engañemos, desempeñamos nuestro trabajo en el ámbito de la necesidad  y el problema (que no es lo mismo, que se lo digan a Cristina de Robertis, su lectura es obligada) y ello genera que las palabras que usemos para describir nuestra realidad sean, necesariamente, negativas. Esto me lleva a pensar que quizá sea el momento de darle la vuelta a nuestro calcetín y empezar a pensar en palabras tales como posibilidades, potencialidades, resiliencia, mejora y demás.

Pero lo que me preocupa realmente es lo poco que reflexionamos sobre los términos que utilizamos a diario. Por ejemplo, usuaria; "Belén es usuaria mía". Yo pregunto: ¿por qué usuaria, por qué no cliente, o ciudadana, o administrada?. Pero aún más preocupante es el uso indiscriminado de "familia multiproblemática" o "familia desestructurada"; ¿nos hemos parado a pensar lo que supone denominar a una familia como "multiproblemática"?. No quiero renegar de la taxonomía, sólo digo que para etiquetar (lo que es necesario en muchas ocasiones) hay que hacerlo con exactitud y, en el caso de personas, con respeto, o al menos, con rigor.

Creo que tenemos una tarea pendiente y es re-pensar nuestro propio lenguaje. Repensar el lenguaje es repensar la praxis y, en definitiva, mejorar nuestra profesión y a nosotras mismas.

Hasta la semana que viene.

sábado, 27 de agosto de 2011

No todo está perdido

Esta semana me he retrasado. Me propuse escribir en el blog todos los martes o miércoles y además pretendía que las entradas tratasen sobre Trabajo Social porque me parece, insisto, que los profesionales escribimos muy poco, generamos muy poco debate y además somos poco aventureros en esto de las nuevas tecnologías.

Así, tan estupenda yo, me subo en mi coche para ir al trabajo, pongo la radio y comienzo a darle vueltas al tema sobre el que quiero escribir esta semana. En esto el tiíllo (me encanta esta palabra tan de mi tierra) de la radio va y suelta, por ejemplo, que el Gobierno va a reformar la Constitución para ponerle techo al gasto público. Al escuchar esta noticia me pasa una cosa que dicen siempre en mi casa: se me pone una gaseosa en el estómago que no me deja concentrarme en mi tema, que yo he venido aquí a hablar de mi libro, coñe. Sigamos... podría hablar de los derechos subjetivos y de cómo es posible que haya trabajadores sociales que abogan encubiertamente por una vuelta a la beneficencia. En esto, otra vez el tiíllo: "El Papa Benedicto dieciséis aboga en la Jornada Mundial de la Juventud por el matrimonio y afirma que la homosexualidad es una enfermedad y que blabla...". ¡Cagoen...! ¿Y si quito la radio y pongo música? Pues va a ser mejor porque se me está poniendo un cuerpo guerrillero que cuando abra la puerta del centro en lugar de decir "buenos días" voy a decir "uenoía" que es lo que digo cuando estoy cabreada, más que nada para no parecer Pérez Reverte.

En fin, que cada día desayunamos con una noticia cada vez más desesperanzadora. Las radios, televisiones, prensa y demás emiten un discurso cada vez más apocalíptico, discurso que está calando en la gente, en los compañeros y compañeras de mi centro, en las familias que atendemos, en la mía propia. Y esto me parece preocupante, quiero decir, la situación ya es de por sí preocupante, pero el discurso que está calando en la sociedad me parece aún peor; peor porque creo, como habré dicho en otras ocasiones (porque soy muy repetida) que es intencionado pero también porque está generando en la gente una alarmante actitud de brazos caídos.

Familias trabajadoras, luchadoras, dignas (todas lo son, se me entienda...), que han ido por la vida con la cabeza alta y las manos destrozadas por el trabajo duro llegan al centro mendigando ayudas económicas, porque las necesitan pero también (y no es excluyente) porque ya no ven salida ¿para qué ir al SAE?¿para qué echar curriculos?¿para qué salir a buscar trabajo un día detrás de otro? No hay soluciones.

Pues yo creo que sí. Creo que este país no necesita contención del gasto sino inversión pública responsable, creo que este país no necesita que los políticos le digan a los curritos que se aprieten el cinturón, los curritos (y curritas) necesitan soluciones, tampoco necesita este país trabajadores sociales que les digamos a las familias que se ajusten (ellos ya lo saben), este país necesita trabajadores sociales que den un mensaje esperanzador, que den apoyo afectivo, que ofrezcan alternativas (las pocas que haya), que les digan a las familias que no todo está perdido. Es muy fácil ser un pájaro de mal agüero. Pero no es responsable. El ejercicio de responsabilidad hoy es el aliento, el empujón, la mano, no al cuello sino tendida. Para hablar de apocalipsis ya tenemos a los tertulianos de la mañana. Seamos responsables, al menos los profesionales, que para eso nos pagan (cada vez menos).

Hasta la semana que viene
(prometo hablar de Trabajo Social, palabrita del Niño Jesús)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Servicios Sociales, Somalia y dolor

El verano es, junto con la navidad, una época propicia para los reencuentros. El otro día quedé con una amiga a la que veo muy poco porque vivimos muy lejos la una de la otra. Ella es bioquímica y trabaja como investigadora, por mi parte me gano la vida en los servicios sociales comunitarios, así, cuando nos preguntamos por el rumbo de nuestros respectivos trabajos, ambas tenemos que hacer un esfuerzo por hacernos entender mínimamente. Seré sincera, más bien es ella la que tiene que hacer el esfuerzo; confesaré que todas-absolutamente-todas las asignaturas de ciencias del instituto o:

A) Fueron aprobadas vía copiado de mi amiga Rocío (las chuletas que me hacía ella no las entendía)
Ó
B) Me quedaron para septiembre para recogijo de mi madre (¡otro dineral en clases particulares!, la niña me va a enterrar blablabla)

Por lo que mi pobre amiga por fin ha tirado la toalla y simplemente se dedica a preguntar por mi trabajo; me preguntaba al respecto por el efecto que la crisis económica ha tenido en los servicios sociales comunitarios. De pronto me ví soltándole una improvisada conferencia que es la que me ha llevado a escribir la reflexión de hoy.

Le expliqué que, a mi entender, la crisis económica, además del efecto devastador que ha tenido (y tiene) para las familias, ha puesto a prueba la capacidad de resistencia del colectivo de trabajadores sociales. Y es que con mucha razón dice un trabajador social al que admiro, Luis Barriga, que esta profesión es, por definición, ansiógena. Es muy complicado mantener el equilibrio que requiere, de una parte, ser empática con las familias y saber situarse cerca de su sufrimiento (más en estos momentos) y, por otra, tomar distancia, ser profesional y además protegerse del daño que genera asistir al dolor ajeno y de las secuelas que quedan tras la relación profesional. Ser resolutiva y cálida a la vez es francamente difícil.

Esta conclusión me traslada a un artículo que leí el otro día en un blog sobre África. Se llama (el blog) "Por fin en África" (os pongo el enlace por si queréis leer el artículo http://porfinenafrica.blogspot.com/2011/08/ayudamos-o-perjudicamos-africa.html). Es interesante este artículo en el que la autora se pregunta sobre la ayuda a Somalia. Ella viene a decir que una de las causas por la que ayudamos tan poco a Somalia es porque consideramos dicho país "una causa perdida". Vemos en la tele imágenes tan dolorosas que sentimos una punzada en el estómago, se nos hace un nudo en la garganta o bien optamos por apagar la tele. Cualquier cosa menos "tragarnos" las imágenes" sin sentir. Es duro sentir dolor.

Es por eso que la gente se "anestesia". Vivimos "drogados" ante las imágenes de Somalia. Es demasiado sufrimiento, los periodistas deberían prepararnos para tales visiones, no pueden limitarse a emitirlas sin más, deben al menos avisarnos para darnos tiempo a apagar la televisión o para pertrecharnos con el traje de la resignación.

Trabajar en servicios sociales (y creérselo) duele, a veces, vivir también duele a veces, muchas, pero el dolor significa que estás viva; la resignación, el desánimo, cerrar los ojos es morir un poco. Yo prefiero estar viva, así que cuando aparezca Somalia en las noticias prometo no cerrar los ojos. Aunque me duela.

Hasta la semana que viene.

https://www.msf.es/colabora/donativos-socios/refugiados5?gclid=CJi74aC41qoCFUcMfAodsguX6A
(Una posibilidad entre muchas de ayudar a esta gente)

martes, 9 de agosto de 2011

De políticos, funcionarios y demás

Este no es un blog sobre política. O no pretendía serlo. La gente huye de la política. Es pestilente. Oportunista. Corrupta.

Interesarse por la política es hoy en día raro. No nos interesa, es más, tratamos de distanciarnos, es mejor mantenerse lejos, incluso aprovechamos la mas mínima oportunidad para manifestar en público nuestro desapego. Frases como "yo paso de la política", "soy apolítico" o "los políticos son todos iguales" son el pan de cada día en cualquier conversación, en el bar, en el trabajo.

Frases manidas, torpes, propias de un discurso impuesto por otros y digerido sin masticar. Porque la política puede ser eso, no seré yo quien arranque de las mentes ajenas un prejuicio tan cómodo. Los prejuicios son cómodos, constituyen un mullido cojín en el que apoyar la cabeza y echarse a dormir. Porque no hay que pensar. No hay que discernir. No hay que discriminar, filtrar, matizar.

Dejémoslo así, la política puede ser eso, pero nadie me puede arrebatar que también es otra cosa: mi niña tendrá o no plaza de guardería pública, podré ir al médico la semana que viene o dentro de dos porque la lista de espera es larga, iré a ver a mis padres por la autovía o recorriendo una carretera de mala muerte, mi madre disfrutará de una pensión digna, que ha trabajado para ello o sobrevivirá con una pensión de mierda, a mi marido se le quema la tienda, los bomberos tardan 20 minutos o 2 horas, mi hermana está en paro y en el pueblo no hay empresas donde trabajar, los precios de mis hortalizas no me dan para pagar a los peones, no hay trabajo en el manipulado porque no entra género, los pepinos españoles están contaminados. Pues sí amigos, eso también es política.

Es incluso política lo que está sucediendo en mi empresa, la Diputación Provincial de Almería. 98 personas que están trabajando desde 2007 la mayoría (el resto desde 2005) han visto como se paraliza la oferta de empleo público (cuyas plazas están ocupando desde esa fecha) de hoy para mañana y se les lanza el mensaje de que hay que reestructurar la Diputación. Hay muchos funcionarios. Esto nos lleva al segundo tema preferido para arreglar España.

No da esta entrada para abordar tan jugoso tema. Yo misma me avergüenzo de algunos compañeros y compañeras (soy de esa casta, sí, lo confieso), tenemos una responsabilidad hacia el deber público, que es sagrada. También me avergüenzo de muchos empleados de banca, repartidores de butano, peluqueras, camareros de bares de tapas, fruteros que te dan gato por liebre, albañiles que no saben un carajo y fontaneros que te cobran un riñón y no te arreglan el puto grifo. Porque digo yo que ellos también tendrán una responsabilidad, si no sagrada, al menos ética, hacia sus empresas, clientes y demás, oye y no voy yo por ahí diciendo que los empleados de banca son torpes como un cerrojo ni los repartidores de butano unos ordinarios ni las peluqueras unas chochonas que te tienen toda la tarde ni los fruteros unos sinvergüenzas ni los albañiles unos chapuceros ni los fontaneros unos ladrones.

A lo que voy, que recorten o favorezcan el empleo público es también política. Que no se nos olvide. Que haya más o menos funcionarios implican que si mi hijo se ha abierto la cabeza lo atiendan antes o después en urgencias. Que en clase haya 25 alumnos o 35. Que en un centro de servicios sociales me atiendan a la semana o al mes. Y si entre quienes me leen (que espero que seáis muchos) hay alguna iluminada que piensa que las privatizaciones son la solución, que mire por ahí, que vea cómo funcionan los servicios que están privatizados y luego me refute el argumento. Ni siquiera le pido que mire el coste de tales servicios, solo su funcionamiento.

Así pues, un aviso para navegantes, o mejor dicho, un poema erróneamente atribuido a Bertolt Brecht (es de Martin Nieomeller):

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas
no protesté
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Desde aquí mi apoyo y solidaridad con mis compañeras y compañeros interinos y contratados de la Diputación de Almería, que todos los días van a su trabajo a desempeñarlo con profesionalidad y honradez.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Eligiendo ser puta

"La víctima del abolicionismo de la prostitución es diferente, entre otras razones, porque para el abolicionismo de la prostitución sobre las que se proyecta su acción "salvadora" son un mero instrumento o intermediario al que deshumaniza so pretexto de que el objetivo abolicionista es atacar la esencia misma de la comunidad, para obtener su destrucción y su sustitución por la estructura social y política que la ideología abolicionista quiere"
Montse Neira

La persona que ha escrito estas líneas es prostituta o, como prefieren denominarse ellas, trabajadora del sexo. Es también licenciada en sociología, estudios que inició y terminó con posterioridad al ejercicio de la prostitución. Se llama Montse Neira y tiene un blog cuya referencia indicaré al final de mis líneas.

Conocí el blog a través de una campaña que el colectivo hetaira está realizando para mejorar sus condiciones laborales (http://actuable.es/peticiones/pide-la-ministra-leire-pajin-escuche-las-trabajadoras-2)  y entré en su blog casi por casualidad y, tengo que decirlo, con mucho morbo por averiguar qué era lo que podía escribir una prostituta.

Lo primero que me llamó la atención es el rigor con el que esta señora escribe y lo segundo que me sorprendió fue la lucidez con la que argumenta su derecho a ofrecer servicios sexuales y cobrar por ello. Leí el proceso por el que ella había decidido abrir el blog y curiosamente lo hizo tras asistir a unas jornadas sobre prostitución de corte abolicionista en las que se sintió vejada por el trato que recibió de las "defensorasdelosderechosdelasmujeres".

La lectura del blog de Montse me retrotrajo a unas jornadas del mismo tema a las que asistí hace unos años y, salvando las distancias ya que yo no me dedico a la prostitución, las intervenciones de algunas eminencias tales como Lidia Falcón directamente me pusieron los vellos como escarpias. También vino un experto (alemán creo) cuya ponencia versó sobre el porno y su tratamiento del tema hizo que me levantase de la silla y me marchase a dar un paseo. Yo soy consumidora de porno y no negaré que tiene sus muchas sombras por la manera en que en muchas ocasiones se "cosifica" a las mujeres, pero de ahí a pedir su ilegalización me parece cuanto menos demagógico.

He tratado muchas veces de entender la postura abolicionista con respecto a la prostitución, he hablado con mujeres que opinan así pero por más que lo intento no consigo encajar el abolicionismo con el principio de autodeterminación del trabajo social, es que no hay manera.

Dice el Artículo 17 del Código Deontológico español: El diplomado en trabajo social/asistente social debe respetar las opiniones, criterios y decisiones que el usuario/cliente tome sobre su propia existencia, aunque no los comparta.

Considero que la autonomía es la base de la libertad individual, un ser libre es un ser que puede elegir, para poder elegir hay que ser responsable para asumir las propias elecciones, en este contexto, una mujer, sin presiones de proxenetas ni influenciada por adicciones o cualquier otro elemento, debe poder tomar decisiones ya que, tal y como escribe Damián Salcedo el individuo es soberano sobre sí mismo, sobre su cuerpo y sobre su mente (Salcedo, 1999).

La postura abolicionista se sustenta, desde mi punto de vista, en un error de bulto que consiste en negar la libertad de elección a las trabajadoras del sexo, y, lo más grave, negarla por creer que por sus circunstancias no están legitimadas para tomar decisiones. Es cierto que muchas mujeres "venden" su cuerpo porque las circunstancias las empujan a ello pero no lo es menos que muchas otras lo hacen porque simplemente quieren.

Ilegalizar la prostitución me parece absurdo. Exigir a una mujer que deje de ejercer la prostitución me parece tan legítimo como exigir a muchas de nuestras clientes que dejen a sus parejas porque no les convienen. No somos sus madres. No somos policías. Afortunadamente. Somos, o deberíamos ser, acompañantes en el camino. Determinadas actitudes no acercan, separan. Determinadas actitudes no ayudan, dañan. Determinadas actitudes no curan, destruyen.

Y el lenguaje, tan revelador, resume esta reflexión en una palabra. Yo la incluyo en mi imaginaria caja de herramientas de la acción social: otredad: condición de ser otro. Otro distinto a mí, contrario a mí, incomprensible e inaccesible pero libre, al fin y al cabo.

Hasta la semana que viene.

Blog de Montse: http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/

jueves, 28 de julio de 2011

El verano y la desconexión

Es curioso el efecto que el verano produce en los ritmos laborales e intelectuales. Ayer, fregando platos, que es la única actividad doméstica que me gusta hacer aparte de poner la lavadora (que nadie me visite sin avisar...) le daba vueltas a la cabeza sobre varios temas que me rondaban para escribir en el blog; pensaba sobre el Trabajo Social y el lenguaje -uf, qué muermo, la gente lo va a leer y va a pensar que es un peñazo-, pensaba sobre el poder de las etiquetas -pero si esto es otro coñazo, la gente va a pensar que este blog es una continua queja sobre el colectivo- y pensaba también escribir sobre un blog que conocí a través del facebook, lo escribe una mujer que se dedica a la prostitución y me dejo k.o. (por cierto, ellas prefieren ser denominadas trabajadoras del sexo y lo abrevian "TS", curiosa coincidencia...)

En fin, todos los temas que me venían a la cabeza me resutaban "poco veraniegos". En verano, todo se paraliza, la gente no quiere oir historias dramáticas ni ver telediarios de ambiente somalí, no me busques para reuniones que no es momento, yo ya veré a partir de septiembre, etc. etc.

Y digo yo que por qué no empieza el año en septiembre y no en enero, sería mucho mejor porque así no tendríamos dos momentos "propósito-nueva-temporada", que en mi caso son:

- Ponerme a dieta y lo más importante, acabarla.
- Leerme una serie de libros de esos que no te puedes morir sin leer, o que si no te los lees eres una palurda: "El tambor de hojalata" (jodido niño, no pasé de la página 30), "Ulises" (James Joyce, panzada de escribir te diste para que la historia dure 24 horas), "Memorias de Adriano" (el mismo efecto que a mi madre le produjo "Cinco horas con Mario", nena no me traigas más libros cansinos de estos) y por último y no menos importante: el puñao de Rusos, todos una maravilla dicen (y seguro que es cierto, si no no lo dirían) pero excepto el principio de "Ana Karenina" (¿se escribe así?) no hubo pantalones con ninguno...

Pero me despisto del tema, el verano, que nos atonta o quizá nuestros bombardeados-saturados-hiperactivos cerebros necesiten un botón de "stand by" (o como se diga en español), el caso es que se nos pone el cuerpo trivial, y tan trivial me he puesto yo que, sin más, me despido de quien me lea (que para eso me he puesto un contador de visitas) sin más nada que me quede en mi cerebro que no sea la barbacoa del finde.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Conocemos realmente a nuestros clientes?

Llevo 9 años, si no me equivoco, trabajando en los servicios sociales comunitarios de Berja. Llevo los mismos años atendiendo a una familia, de éstas a las que nos gusta llamar "en desventaja social" (esto da para otra entrada en el blog, me lo apunto). Me habré entrevistado con ellos en unas 40 ó 50 ocasiones y les he tramitado multitud de cosas.

Es tanta la confianza que me une a esta familia que les pedí un favor: he tenido el placer (sí, sí, el placer), de contar con Beatriz, una alumna en prácticas, durante 80 horas. Esta chica tenía que entrevistar a una familia para su formación y me pareció positivo que entrevistase a ésta en concreto porque, además de que me lo permitieron gustosamente, se trata de la "típica familia gitana" con toda la carga de prejuicios que rondan por nuestro imaginario. Mi objetivo oculto era que consiguiese ver lo mucho que esta familia atesora detrás del estereotipo que ella seguramente se formaría al hablar con ellos. El objetivo que le marqué a Beatriz era la tramitación de documentación, muy alejado de mi pretensión real.

En esa entrevista el marido contó a Beatriz (entre otras cosas) que los fines de semana, como no tenían dinero para ir de tapas o salir, se iba con sus dos hijas a pasear en bici, además le explicó que estaba ahorrando para comprar una tarta a su mujer por su 45º cumpleaños y también le comentó que él era el que le cortaba el pelo a su hija mayor.

En 9 años de trabajo, jamás escuché a este hombre narrar estos detalles de su vida cotidiana; sé que muchos pensaréis que es normal porque nuestras entrevistas están centradas en la resolución de un problema y que, además, el tiempo con el que contamos es escaso. Todo eso es cierto pero también es triste.

Beatriz me recordó, sin saberlo, que si queremos acompañar a nuestras familias en un proceso de cambio real, es hora de que empecemos a bucear en las potencialidades de las familias y de aprender a mirarlas diferente. Beatriz supo observar con la mirada libre; ella me ayudó a limpiar primero mi "armario" para poderle transmitir después y agradezco enormemente que quisiera hacer las prácticas conmigo porque me permitió desandar para rehacer el camino. Ahora me toca a mí aprender a ver a mis familias con otros ojos. Ese es mi reto. El vuestro: aceptad alumnas en prácticas, es una exigencia del código deontológico y una experiecia altamente gratificante, si estamos dispuestas a embarcarnos.

Hasta la próxima semana.

miércoles, 13 de julio de 2011

El Trabajo Social debe tomar la calle (y la red)

Primavera de 2011. El movimiento 15 M toma las calles. Se publican los libros "¡Indignaos!", de Stéphane Hessel y "¡Reacciona!" (VV.AA.). Manifestaciones, caceroladas, asambleas callejeras, convocatorias virtuales, facebook, twitter; algo parece cambiar en esta sociedad mercantilista dispuesta a fagocitarse. ¿Es realidad o un anuncio de Bennetton o Calvin Klein? me pregunto cuando veo por televisión las calles llenas de gente sin trabajo, sin futuro y, sobre todo sin miedo. La verdad, no lo termino de creer.

Eufórica, me meto en internet, me agrego a todos los grupos, me informo de cuales son los puntos reivindicativos de los movimientos que se van creando. ¡Hay que hacer algo, no sé, irse a las acampadas, a las manifestaciones, tirar huevos a los escaparates de los bancos, no sé, algo!. Lo que la gente cuenta en la tele me es tan familiar que me duele oirlo (porque trato de anestesiarme y no escucharlo) porque todos los días tengo que escuchar historias en mi despacho que son incluso peores. Todos los días emito la misma respuesta, automática en muchas ocasiones, preparada para evitar los gritos, la recriminación, tengo que protegerme, no puedo soportarlo, es demasiado.

Pero ahora todo va a cambiar. Y el colectivo de trabajadores sociales tiene mucho que decir. Somos, por desgracia, observadores privilegiados de la injusticia. Me pongo manos a la obra. Si no hago algo me sentiré una mierda. Crearé una comunidad a través de facebook, ¡hay que hacer algo, coño!, contactaré con el Colegio, hablaré con los compañeros, enviaré correos, pero, excepto unas pocas personas, nadie responde. ¿A lo mejor es que no están ahí? quizá son sólo hologramas de sí mismos, o puede que se hayan vaciado, sí, será eso, el ejercicio del Trabajo Social cada día te vacía; tenemos que ir llenando el alma en la gasolinera porque con cada entrevista, con cada visita, nos vamos vaciando ¡cuidado, hay algunas trabajadoras sociales que se han vaciado por completo!. Ya no son trabajadoras sociales, hablan como si lo fueran, tratan de comportarse como si lo fueran. Pero no pueden. Se vaciaron. Todo está perdido para ellas. Son sólo zombis. ¡Tengo que cambiar de estrategia! ¡He de buscar entre aquellas trabajadoras sociales a las que les queda algo de fe!, pero ¿donde estáis?. No os encuentro. Me siento tan sola.

jueves, 7 de julio de 2011

Comienza mi aventura

Escribir es un acto de afirmación personal pero también de exposición a los demás; un trabajador social al que admiro, Ángel Maroto, dijo una vez que a los pájaros no se les pregunta por qué cantan, cantan porque tienen una melodía que cantar y por ello tampoco debemos preguntarnos "por qué escribir", si lo hacemos es porque tendremos algo dentro que necesitamos expulsar, a veces de forma torpe o abrupta.

En mi caso, tengo el defecto de aturdir a todo aquel ser humano que se cruce en mi existencia con un torrente de palabras e ideas más o menos conectadas entre sí; padezco incontinencia verbal y parece ser que la palabra hablada no es suficiente para sentir que me expreso al mundo. Por otra parte, también me someto al escarnio ajeno, por lo que creo que el mundo y yo estamos empatados.

Ví una película en la que una chica se proponía escribir una receta cada día en un blog que tenía una duración de un año, yo seré más modesta, me propongo escribir una reflexión cada semana.

Algunas veces, más bien la mayoría, estas reflexiones versarán sobre trabajo social, otras serán solo retazos de experiencias vitales en la línea torpe y desordenada que me caracteriza. De cualquier forma, espero que estés ahí para leerlas y, si nos vemos en los bares, me digas: "Belén, cada día estás peor".

Hasta el próximo jueves.