jueves, 28 de julio de 2011

El verano y la desconexión

Es curioso el efecto que el verano produce en los ritmos laborales e intelectuales. Ayer, fregando platos, que es la única actividad doméstica que me gusta hacer aparte de poner la lavadora (que nadie me visite sin avisar...) le daba vueltas a la cabeza sobre varios temas que me rondaban para escribir en el blog; pensaba sobre el Trabajo Social y el lenguaje -uf, qué muermo, la gente lo va a leer y va a pensar que es un peñazo-, pensaba sobre el poder de las etiquetas -pero si esto es otro coñazo, la gente va a pensar que este blog es una continua queja sobre el colectivo- y pensaba también escribir sobre un blog que conocí a través del facebook, lo escribe una mujer que se dedica a la prostitución y me dejo k.o. (por cierto, ellas prefieren ser denominadas trabajadoras del sexo y lo abrevian "TS", curiosa coincidencia...)

En fin, todos los temas que me venían a la cabeza me resutaban "poco veraniegos". En verano, todo se paraliza, la gente no quiere oir historias dramáticas ni ver telediarios de ambiente somalí, no me busques para reuniones que no es momento, yo ya veré a partir de septiembre, etc. etc.

Y digo yo que por qué no empieza el año en septiembre y no en enero, sería mucho mejor porque así no tendríamos dos momentos "propósito-nueva-temporada", que en mi caso son:

- Ponerme a dieta y lo más importante, acabarla.
- Leerme una serie de libros de esos que no te puedes morir sin leer, o que si no te los lees eres una palurda: "El tambor de hojalata" (jodido niño, no pasé de la página 30), "Ulises" (James Joyce, panzada de escribir te diste para que la historia dure 24 horas), "Memorias de Adriano" (el mismo efecto que a mi madre le produjo "Cinco horas con Mario", nena no me traigas más libros cansinos de estos) y por último y no menos importante: el puñao de Rusos, todos una maravilla dicen (y seguro que es cierto, si no no lo dirían) pero excepto el principio de "Ana Karenina" (¿se escribe así?) no hubo pantalones con ninguno...

Pero me despisto del tema, el verano, que nos atonta o quizá nuestros bombardeados-saturados-hiperactivos cerebros necesiten un botón de "stand by" (o como se diga en español), el caso es que se nos pone el cuerpo trivial, y tan trivial me he puesto yo que, sin más, me despido de quien me lea (que para eso me he puesto un contador de visitas) sin más nada que me quede en mi cerebro que no sea la barbacoa del finde.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 20 de julio de 2011

¿Conocemos realmente a nuestros clientes?

Llevo 9 años, si no me equivoco, trabajando en los servicios sociales comunitarios de Berja. Llevo los mismos años atendiendo a una familia, de éstas a las que nos gusta llamar "en desventaja social" (esto da para otra entrada en el blog, me lo apunto). Me habré entrevistado con ellos en unas 40 ó 50 ocasiones y les he tramitado multitud de cosas.

Es tanta la confianza que me une a esta familia que les pedí un favor: he tenido el placer (sí, sí, el placer), de contar con Beatriz, una alumna en prácticas, durante 80 horas. Esta chica tenía que entrevistar a una familia para su formación y me pareció positivo que entrevistase a ésta en concreto porque, además de que me lo permitieron gustosamente, se trata de la "típica familia gitana" con toda la carga de prejuicios que rondan por nuestro imaginario. Mi objetivo oculto era que consiguiese ver lo mucho que esta familia atesora detrás del estereotipo que ella seguramente se formaría al hablar con ellos. El objetivo que le marqué a Beatriz era la tramitación de documentación, muy alejado de mi pretensión real.

En esa entrevista el marido contó a Beatriz (entre otras cosas) que los fines de semana, como no tenían dinero para ir de tapas o salir, se iba con sus dos hijas a pasear en bici, además le explicó que estaba ahorrando para comprar una tarta a su mujer por su 45º cumpleaños y también le comentó que él era el que le cortaba el pelo a su hija mayor.

En 9 años de trabajo, jamás escuché a este hombre narrar estos detalles de su vida cotidiana; sé que muchos pensaréis que es normal porque nuestras entrevistas están centradas en la resolución de un problema y que, además, el tiempo con el que contamos es escaso. Todo eso es cierto pero también es triste.

Beatriz me recordó, sin saberlo, que si queremos acompañar a nuestras familias en un proceso de cambio real, es hora de que empecemos a bucear en las potencialidades de las familias y de aprender a mirarlas diferente. Beatriz supo observar con la mirada libre; ella me ayudó a limpiar primero mi "armario" para poderle transmitir después y agradezco enormemente que quisiera hacer las prácticas conmigo porque me permitió desandar para rehacer el camino. Ahora me toca a mí aprender a ver a mis familias con otros ojos. Ese es mi reto. El vuestro: aceptad alumnas en prácticas, es una exigencia del código deontológico y una experiecia altamente gratificante, si estamos dispuestas a embarcarnos.

Hasta la próxima semana.

miércoles, 13 de julio de 2011

El Trabajo Social debe tomar la calle (y la red)

Primavera de 2011. El movimiento 15 M toma las calles. Se publican los libros "¡Indignaos!", de Stéphane Hessel y "¡Reacciona!" (VV.AA.). Manifestaciones, caceroladas, asambleas callejeras, convocatorias virtuales, facebook, twitter; algo parece cambiar en esta sociedad mercantilista dispuesta a fagocitarse. ¿Es realidad o un anuncio de Bennetton o Calvin Klein? me pregunto cuando veo por televisión las calles llenas de gente sin trabajo, sin futuro y, sobre todo sin miedo. La verdad, no lo termino de creer.

Eufórica, me meto en internet, me agrego a todos los grupos, me informo de cuales son los puntos reivindicativos de los movimientos que se van creando. ¡Hay que hacer algo, no sé, irse a las acampadas, a las manifestaciones, tirar huevos a los escaparates de los bancos, no sé, algo!. Lo que la gente cuenta en la tele me es tan familiar que me duele oirlo (porque trato de anestesiarme y no escucharlo) porque todos los días tengo que escuchar historias en mi despacho que son incluso peores. Todos los días emito la misma respuesta, automática en muchas ocasiones, preparada para evitar los gritos, la recriminación, tengo que protegerme, no puedo soportarlo, es demasiado.

Pero ahora todo va a cambiar. Y el colectivo de trabajadores sociales tiene mucho que decir. Somos, por desgracia, observadores privilegiados de la injusticia. Me pongo manos a la obra. Si no hago algo me sentiré una mierda. Crearé una comunidad a través de facebook, ¡hay que hacer algo, coño!, contactaré con el Colegio, hablaré con los compañeros, enviaré correos, pero, excepto unas pocas personas, nadie responde. ¿A lo mejor es que no están ahí? quizá son sólo hologramas de sí mismos, o puede que se hayan vaciado, sí, será eso, el ejercicio del Trabajo Social cada día te vacía; tenemos que ir llenando el alma en la gasolinera porque con cada entrevista, con cada visita, nos vamos vaciando ¡cuidado, hay algunas trabajadoras sociales que se han vaciado por completo!. Ya no son trabajadoras sociales, hablan como si lo fueran, tratan de comportarse como si lo fueran. Pero no pueden. Se vaciaron. Todo está perdido para ellas. Son sólo zombis. ¡Tengo que cambiar de estrategia! ¡He de buscar entre aquellas trabajadoras sociales a las que les queda algo de fe!, pero ¿donde estáis?. No os encuentro. Me siento tan sola.

jueves, 7 de julio de 2011

Comienza mi aventura

Escribir es un acto de afirmación personal pero también de exposición a los demás; un trabajador social al que admiro, Ángel Maroto, dijo una vez que a los pájaros no se les pregunta por qué cantan, cantan porque tienen una melodía que cantar y por ello tampoco debemos preguntarnos "por qué escribir", si lo hacemos es porque tendremos algo dentro que necesitamos expulsar, a veces de forma torpe o abrupta.

En mi caso, tengo el defecto de aturdir a todo aquel ser humano que se cruce en mi existencia con un torrente de palabras e ideas más o menos conectadas entre sí; padezco incontinencia verbal y parece ser que la palabra hablada no es suficiente para sentir que me expreso al mundo. Por otra parte, también me someto al escarnio ajeno, por lo que creo que el mundo y yo estamos empatados.

Ví una película en la que una chica se proponía escribir una receta cada día en un blog que tenía una duración de un año, yo seré más modesta, me propongo escribir una reflexión cada semana.

Algunas veces, más bien la mayoría, estas reflexiones versarán sobre trabajo social, otras serán solo retazos de experiencias vitales en la línea torpe y desordenada que me caracteriza. De cualquier forma, espero que estés ahí para leerlas y, si nos vemos en los bares, me digas: "Belén, cada día estás peor".

Hasta el próximo jueves.