sábado, 27 de agosto de 2011

No todo está perdido

Esta semana me he retrasado. Me propuse escribir en el blog todos los martes o miércoles y además pretendía que las entradas tratasen sobre Trabajo Social porque me parece, insisto, que los profesionales escribimos muy poco, generamos muy poco debate y además somos poco aventureros en esto de las nuevas tecnologías.

Así, tan estupenda yo, me subo en mi coche para ir al trabajo, pongo la radio y comienzo a darle vueltas al tema sobre el que quiero escribir esta semana. En esto el tiíllo (me encanta esta palabra tan de mi tierra) de la radio va y suelta, por ejemplo, que el Gobierno va a reformar la Constitución para ponerle techo al gasto público. Al escuchar esta noticia me pasa una cosa que dicen siempre en mi casa: se me pone una gaseosa en el estómago que no me deja concentrarme en mi tema, que yo he venido aquí a hablar de mi libro, coñe. Sigamos... podría hablar de los derechos subjetivos y de cómo es posible que haya trabajadores sociales que abogan encubiertamente por una vuelta a la beneficencia. En esto, otra vez el tiíllo: "El Papa Benedicto dieciséis aboga en la Jornada Mundial de la Juventud por el matrimonio y afirma que la homosexualidad es una enfermedad y que blabla...". ¡Cagoen...! ¿Y si quito la radio y pongo música? Pues va a ser mejor porque se me está poniendo un cuerpo guerrillero que cuando abra la puerta del centro en lugar de decir "buenos días" voy a decir "uenoía" que es lo que digo cuando estoy cabreada, más que nada para no parecer Pérez Reverte.

En fin, que cada día desayunamos con una noticia cada vez más desesperanzadora. Las radios, televisiones, prensa y demás emiten un discurso cada vez más apocalíptico, discurso que está calando en la gente, en los compañeros y compañeras de mi centro, en las familias que atendemos, en la mía propia. Y esto me parece preocupante, quiero decir, la situación ya es de por sí preocupante, pero el discurso que está calando en la sociedad me parece aún peor; peor porque creo, como habré dicho en otras ocasiones (porque soy muy repetida) que es intencionado pero también porque está generando en la gente una alarmante actitud de brazos caídos.

Familias trabajadoras, luchadoras, dignas (todas lo son, se me entienda...), que han ido por la vida con la cabeza alta y las manos destrozadas por el trabajo duro llegan al centro mendigando ayudas económicas, porque las necesitan pero también (y no es excluyente) porque ya no ven salida ¿para qué ir al SAE?¿para qué echar curriculos?¿para qué salir a buscar trabajo un día detrás de otro? No hay soluciones.

Pues yo creo que sí. Creo que este país no necesita contención del gasto sino inversión pública responsable, creo que este país no necesita que los políticos le digan a los curritos que se aprieten el cinturón, los curritos (y curritas) necesitan soluciones, tampoco necesita este país trabajadores sociales que les digamos a las familias que se ajusten (ellos ya lo saben), este país necesita trabajadores sociales que den un mensaje esperanzador, que den apoyo afectivo, que ofrezcan alternativas (las pocas que haya), que les digan a las familias que no todo está perdido. Es muy fácil ser un pájaro de mal agüero. Pero no es responsable. El ejercicio de responsabilidad hoy es el aliento, el empujón, la mano, no al cuello sino tendida. Para hablar de apocalipsis ya tenemos a los tertulianos de la mañana. Seamos responsables, al menos los profesionales, que para eso nos pagan (cada vez menos).

Hasta la semana que viene
(prometo hablar de Trabajo Social, palabrita del Niño Jesús)

miércoles, 17 de agosto de 2011

Servicios Sociales, Somalia y dolor

El verano es, junto con la navidad, una época propicia para los reencuentros. El otro día quedé con una amiga a la que veo muy poco porque vivimos muy lejos la una de la otra. Ella es bioquímica y trabaja como investigadora, por mi parte me gano la vida en los servicios sociales comunitarios, así, cuando nos preguntamos por el rumbo de nuestros respectivos trabajos, ambas tenemos que hacer un esfuerzo por hacernos entender mínimamente. Seré sincera, más bien es ella la que tiene que hacer el esfuerzo; confesaré que todas-absolutamente-todas las asignaturas de ciencias del instituto o:

A) Fueron aprobadas vía copiado de mi amiga Rocío (las chuletas que me hacía ella no las entendía)
Ó
B) Me quedaron para septiembre para recogijo de mi madre (¡otro dineral en clases particulares!, la niña me va a enterrar blablabla)

Por lo que mi pobre amiga por fin ha tirado la toalla y simplemente se dedica a preguntar por mi trabajo; me preguntaba al respecto por el efecto que la crisis económica ha tenido en los servicios sociales comunitarios. De pronto me ví soltándole una improvisada conferencia que es la que me ha llevado a escribir la reflexión de hoy.

Le expliqué que, a mi entender, la crisis económica, además del efecto devastador que ha tenido (y tiene) para las familias, ha puesto a prueba la capacidad de resistencia del colectivo de trabajadores sociales. Y es que con mucha razón dice un trabajador social al que admiro, Luis Barriga, que esta profesión es, por definición, ansiógena. Es muy complicado mantener el equilibrio que requiere, de una parte, ser empática con las familias y saber situarse cerca de su sufrimiento (más en estos momentos) y, por otra, tomar distancia, ser profesional y además protegerse del daño que genera asistir al dolor ajeno y de las secuelas que quedan tras la relación profesional. Ser resolutiva y cálida a la vez es francamente difícil.

Esta conclusión me traslada a un artículo que leí el otro día en un blog sobre África. Se llama (el blog) "Por fin en África" (os pongo el enlace por si queréis leer el artículo http://porfinenafrica.blogspot.com/2011/08/ayudamos-o-perjudicamos-africa.html). Es interesante este artículo en el que la autora se pregunta sobre la ayuda a Somalia. Ella viene a decir que una de las causas por la que ayudamos tan poco a Somalia es porque consideramos dicho país "una causa perdida". Vemos en la tele imágenes tan dolorosas que sentimos una punzada en el estómago, se nos hace un nudo en la garganta o bien optamos por apagar la tele. Cualquier cosa menos "tragarnos" las imágenes" sin sentir. Es duro sentir dolor.

Es por eso que la gente se "anestesia". Vivimos "drogados" ante las imágenes de Somalia. Es demasiado sufrimiento, los periodistas deberían prepararnos para tales visiones, no pueden limitarse a emitirlas sin más, deben al menos avisarnos para darnos tiempo a apagar la televisión o para pertrecharnos con el traje de la resignación.

Trabajar en servicios sociales (y creérselo) duele, a veces, vivir también duele a veces, muchas, pero el dolor significa que estás viva; la resignación, el desánimo, cerrar los ojos es morir un poco. Yo prefiero estar viva, así que cuando aparezca Somalia en las noticias prometo no cerrar los ojos. Aunque me duela.

Hasta la semana que viene.

https://www.msf.es/colabora/donativos-socios/refugiados5?gclid=CJi74aC41qoCFUcMfAodsguX6A
(Una posibilidad entre muchas de ayudar a esta gente)

martes, 9 de agosto de 2011

De políticos, funcionarios y demás

Este no es un blog sobre política. O no pretendía serlo. La gente huye de la política. Es pestilente. Oportunista. Corrupta.

Interesarse por la política es hoy en día raro. No nos interesa, es más, tratamos de distanciarnos, es mejor mantenerse lejos, incluso aprovechamos la mas mínima oportunidad para manifestar en público nuestro desapego. Frases como "yo paso de la política", "soy apolítico" o "los políticos son todos iguales" son el pan de cada día en cualquier conversación, en el bar, en el trabajo.

Frases manidas, torpes, propias de un discurso impuesto por otros y digerido sin masticar. Porque la política puede ser eso, no seré yo quien arranque de las mentes ajenas un prejuicio tan cómodo. Los prejuicios son cómodos, constituyen un mullido cojín en el que apoyar la cabeza y echarse a dormir. Porque no hay que pensar. No hay que discernir. No hay que discriminar, filtrar, matizar.

Dejémoslo así, la política puede ser eso, pero nadie me puede arrebatar que también es otra cosa: mi niña tendrá o no plaza de guardería pública, podré ir al médico la semana que viene o dentro de dos porque la lista de espera es larga, iré a ver a mis padres por la autovía o recorriendo una carretera de mala muerte, mi madre disfrutará de una pensión digna, que ha trabajado para ello o sobrevivirá con una pensión de mierda, a mi marido se le quema la tienda, los bomberos tardan 20 minutos o 2 horas, mi hermana está en paro y en el pueblo no hay empresas donde trabajar, los precios de mis hortalizas no me dan para pagar a los peones, no hay trabajo en el manipulado porque no entra género, los pepinos españoles están contaminados. Pues sí amigos, eso también es política.

Es incluso política lo que está sucediendo en mi empresa, la Diputación Provincial de Almería. 98 personas que están trabajando desde 2007 la mayoría (el resto desde 2005) han visto como se paraliza la oferta de empleo público (cuyas plazas están ocupando desde esa fecha) de hoy para mañana y se les lanza el mensaje de que hay que reestructurar la Diputación. Hay muchos funcionarios. Esto nos lleva al segundo tema preferido para arreglar España.

No da esta entrada para abordar tan jugoso tema. Yo misma me avergüenzo de algunos compañeros y compañeras (soy de esa casta, sí, lo confieso), tenemos una responsabilidad hacia el deber público, que es sagrada. También me avergüenzo de muchos empleados de banca, repartidores de butano, peluqueras, camareros de bares de tapas, fruteros que te dan gato por liebre, albañiles que no saben un carajo y fontaneros que te cobran un riñón y no te arreglan el puto grifo. Porque digo yo que ellos también tendrán una responsabilidad, si no sagrada, al menos ética, hacia sus empresas, clientes y demás, oye y no voy yo por ahí diciendo que los empleados de banca son torpes como un cerrojo ni los repartidores de butano unos ordinarios ni las peluqueras unas chochonas que te tienen toda la tarde ni los fruteros unos sinvergüenzas ni los albañiles unos chapuceros ni los fontaneros unos ladrones.

A lo que voy, que recorten o favorezcan el empleo público es también política. Que no se nos olvide. Que haya más o menos funcionarios implican que si mi hijo se ha abierto la cabeza lo atiendan antes o después en urgencias. Que en clase haya 25 alumnos o 35. Que en un centro de servicios sociales me atiendan a la semana o al mes. Y si entre quienes me leen (que espero que seáis muchos) hay alguna iluminada que piensa que las privatizaciones son la solución, que mire por ahí, que vea cómo funcionan los servicios que están privatizados y luego me refute el argumento. Ni siquiera le pido que mire el coste de tales servicios, solo su funcionamiento.

Así pues, un aviso para navegantes, o mejor dicho, un poema erróneamente atribuido a Bertolt Brecht (es de Martin Nieomeller):

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas
no protesté
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Desde aquí mi apoyo y solidaridad con mis compañeras y compañeros interinos y contratados de la Diputación de Almería, que todos los días van a su trabajo a desempeñarlo con profesionalidad y honradez.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Eligiendo ser puta

"La víctima del abolicionismo de la prostitución es diferente, entre otras razones, porque para el abolicionismo de la prostitución sobre las que se proyecta su acción "salvadora" son un mero instrumento o intermediario al que deshumaniza so pretexto de que el objetivo abolicionista es atacar la esencia misma de la comunidad, para obtener su destrucción y su sustitución por la estructura social y política que la ideología abolicionista quiere"
Montse Neira

La persona que ha escrito estas líneas es prostituta o, como prefieren denominarse ellas, trabajadora del sexo. Es también licenciada en sociología, estudios que inició y terminó con posterioridad al ejercicio de la prostitución. Se llama Montse Neira y tiene un blog cuya referencia indicaré al final de mis líneas.

Conocí el blog a través de una campaña que el colectivo hetaira está realizando para mejorar sus condiciones laborales (http://actuable.es/peticiones/pide-la-ministra-leire-pajin-escuche-las-trabajadoras-2)  y entré en su blog casi por casualidad y, tengo que decirlo, con mucho morbo por averiguar qué era lo que podía escribir una prostituta.

Lo primero que me llamó la atención es el rigor con el que esta señora escribe y lo segundo que me sorprendió fue la lucidez con la que argumenta su derecho a ofrecer servicios sexuales y cobrar por ello. Leí el proceso por el que ella había decidido abrir el blog y curiosamente lo hizo tras asistir a unas jornadas sobre prostitución de corte abolicionista en las que se sintió vejada por el trato que recibió de las "defensorasdelosderechosdelasmujeres".

La lectura del blog de Montse me retrotrajo a unas jornadas del mismo tema a las que asistí hace unos años y, salvando las distancias ya que yo no me dedico a la prostitución, las intervenciones de algunas eminencias tales como Lidia Falcón directamente me pusieron los vellos como escarpias. También vino un experto (alemán creo) cuya ponencia versó sobre el porno y su tratamiento del tema hizo que me levantase de la silla y me marchase a dar un paseo. Yo soy consumidora de porno y no negaré que tiene sus muchas sombras por la manera en que en muchas ocasiones se "cosifica" a las mujeres, pero de ahí a pedir su ilegalización me parece cuanto menos demagógico.

He tratado muchas veces de entender la postura abolicionista con respecto a la prostitución, he hablado con mujeres que opinan así pero por más que lo intento no consigo encajar el abolicionismo con el principio de autodeterminación del trabajo social, es que no hay manera.

Dice el Artículo 17 del Código Deontológico español: El diplomado en trabajo social/asistente social debe respetar las opiniones, criterios y decisiones que el usuario/cliente tome sobre su propia existencia, aunque no los comparta.

Considero que la autonomía es la base de la libertad individual, un ser libre es un ser que puede elegir, para poder elegir hay que ser responsable para asumir las propias elecciones, en este contexto, una mujer, sin presiones de proxenetas ni influenciada por adicciones o cualquier otro elemento, debe poder tomar decisiones ya que, tal y como escribe Damián Salcedo el individuo es soberano sobre sí mismo, sobre su cuerpo y sobre su mente (Salcedo, 1999).

La postura abolicionista se sustenta, desde mi punto de vista, en un error de bulto que consiste en negar la libertad de elección a las trabajadoras del sexo, y, lo más grave, negarla por creer que por sus circunstancias no están legitimadas para tomar decisiones. Es cierto que muchas mujeres "venden" su cuerpo porque las circunstancias las empujan a ello pero no lo es menos que muchas otras lo hacen porque simplemente quieren.

Ilegalizar la prostitución me parece absurdo. Exigir a una mujer que deje de ejercer la prostitución me parece tan legítimo como exigir a muchas de nuestras clientes que dejen a sus parejas porque no les convienen. No somos sus madres. No somos policías. Afortunadamente. Somos, o deberíamos ser, acompañantes en el camino. Determinadas actitudes no acercan, separan. Determinadas actitudes no ayudan, dañan. Determinadas actitudes no curan, destruyen.

Y el lenguaje, tan revelador, resume esta reflexión en una palabra. Yo la incluyo en mi imaginaria caja de herramientas de la acción social: otredad: condición de ser otro. Otro distinto a mí, contrario a mí, incomprensible e inaccesible pero libre, al fin y al cabo.

Hasta la semana que viene.

Blog de Montse: http://prostitucion-visionobjetiva.blogspot.com/