martes, 9 de agosto de 2011

De políticos, funcionarios y demás

Este no es un blog sobre política. O no pretendía serlo. La gente huye de la política. Es pestilente. Oportunista. Corrupta.

Interesarse por la política es hoy en día raro. No nos interesa, es más, tratamos de distanciarnos, es mejor mantenerse lejos, incluso aprovechamos la mas mínima oportunidad para manifestar en público nuestro desapego. Frases como "yo paso de la política", "soy apolítico" o "los políticos son todos iguales" son el pan de cada día en cualquier conversación, en el bar, en el trabajo.

Frases manidas, torpes, propias de un discurso impuesto por otros y digerido sin masticar. Porque la política puede ser eso, no seré yo quien arranque de las mentes ajenas un prejuicio tan cómodo. Los prejuicios son cómodos, constituyen un mullido cojín en el que apoyar la cabeza y echarse a dormir. Porque no hay que pensar. No hay que discernir. No hay que discriminar, filtrar, matizar.

Dejémoslo así, la política puede ser eso, pero nadie me puede arrebatar que también es otra cosa: mi niña tendrá o no plaza de guardería pública, podré ir al médico la semana que viene o dentro de dos porque la lista de espera es larga, iré a ver a mis padres por la autovía o recorriendo una carretera de mala muerte, mi madre disfrutará de una pensión digna, que ha trabajado para ello o sobrevivirá con una pensión de mierda, a mi marido se le quema la tienda, los bomberos tardan 20 minutos o 2 horas, mi hermana está en paro y en el pueblo no hay empresas donde trabajar, los precios de mis hortalizas no me dan para pagar a los peones, no hay trabajo en el manipulado porque no entra género, los pepinos españoles están contaminados. Pues sí amigos, eso también es política.

Es incluso política lo que está sucediendo en mi empresa, la Diputación Provincial de Almería. 98 personas que están trabajando desde 2007 la mayoría (el resto desde 2005) han visto como se paraliza la oferta de empleo público (cuyas plazas están ocupando desde esa fecha) de hoy para mañana y se les lanza el mensaje de que hay que reestructurar la Diputación. Hay muchos funcionarios. Esto nos lleva al segundo tema preferido para arreglar España.

No da esta entrada para abordar tan jugoso tema. Yo misma me avergüenzo de algunos compañeros y compañeras (soy de esa casta, sí, lo confieso), tenemos una responsabilidad hacia el deber público, que es sagrada. También me avergüenzo de muchos empleados de banca, repartidores de butano, peluqueras, camareros de bares de tapas, fruteros que te dan gato por liebre, albañiles que no saben un carajo y fontaneros que te cobran un riñón y no te arreglan el puto grifo. Porque digo yo que ellos también tendrán una responsabilidad, si no sagrada, al menos ética, hacia sus empresas, clientes y demás, oye y no voy yo por ahí diciendo que los empleados de banca son torpes como un cerrojo ni los repartidores de butano unos ordinarios ni las peluqueras unas chochonas que te tienen toda la tarde ni los fruteros unos sinvergüenzas ni los albañiles unos chapuceros ni los fontaneros unos ladrones.

A lo que voy, que recorten o favorezcan el empleo público es también política. Que no se nos olvide. Que haya más o menos funcionarios implican que si mi hijo se ha abierto la cabeza lo atiendan antes o después en urgencias. Que en clase haya 25 alumnos o 35. Que en un centro de servicios sociales me atiendan a la semana o al mes. Y si entre quienes me leen (que espero que seáis muchos) hay alguna iluminada que piensa que las privatizaciones son la solución, que mire por ahí, que vea cómo funcionan los servicios que están privatizados y luego me refute el argumento. Ni siquiera le pido que mire el coste de tales servicios, solo su funcionamiento.

Así pues, un aviso para navegantes, o mejor dicho, un poema erróneamente atribuido a Bertolt Brecht (es de Martin Nieomeller):

Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas
no protesté
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Desde aquí mi apoyo y solidaridad con mis compañeras y compañeros interinos y contratados de la Diputación de Almería, que todos los días van a su trabajo a desempeñarlo con profesionalidad y honradez.

Hasta la semana que viene.

2 comentarios:

  1. Belén: Podrán arrancar todas las flores pero no impedir la primavera... Algún día no muy lejano el conjunto del personal apagará la tele y se pondrá a leer (te), y a partir de ahí empezarán a pensar que la politica es algo tan serio que no se puede dejar en manos de los profesionales. Sigue así.

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  2. Bueno, sencillamente suscribo todo lo que has escrito. Es tan simple como eso.
    Cuanto más se desprecie la política, más arribistas llegarán a ella y menos personas querrán acercarse a prestar un servicio público para que lo desollen por el simple hecho de comprometerse con la comunidad.

    Te sigo, me ha gustado tu blog.
    Un beso.

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