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Café para todos ¿y por qué no?

Hola de nuevo. Es domingo y por fin he tenido un rato para ponerme a escribir. Esta semana he sido una tardona porque he estado ocupada con varias cosas que me han robado la concentración necesaria para abordar el tema de hoy; amigo o amiga cibernauta, no desesperes, hoy no voy a despotricar sobre la crisis y las decisiones políticas, y eso que no me faltan motivos porque en Diputación de Almería ya se están dando pasos cortos pero seguros por parte del equipo de gobierno para privatizar los servicios y blablabla (¡tranquila Belén, el Madrid ganó ayer, ahora un trago de whisky y un sumial y como nueva!)

Como iba diciendo, creo que es interesante abordar un tema poco tratado en la política social española y es el debate entre servicios sociales universales y servicios sociales selectivos. Me parece interesante porque en estos tiempos asisto con mucha frecuencia a conversaciones entre compañeras sobre si los servicios sociales deben ser accesibles para toda la población o solo para las personas con más necesidades sociales. Antes de elaborar un posicionamiento al respecto he tratado de documentarme y, como siempre, internet es una fuente inagotable de recursos.

He encontrado dos autores cuyos artículos me han parecido bastante esclarecedores al respecto, uno es Manuel Moix Martínez, de lectura muy recomendable en general, que escribió un artículo en la revista del consejo, titulado "Servicios Sociales Universales y Servicios Sociales Selectivos" (número 72 de la revista). También encontré un artículo de Diego Hernández, profesor de ingeniería de sistemas de la Universidad Nacional de Colombia, cuyo enlace tienes aquí: http://www.docentes.unal.edu.co/dfhernandezl/docs/.

Moix define universalidad como el principio según el cual los servicios sociales deben ser accesibles gratuitamente a todos los ciudadanos con independencia de los ingresos. Por selectividad entiende el principio en virtud del cual los servicios sociales deben dirigirse solamente a los llamados "económicamente débiles", esto es, a los que acrediten la falta de medios económicos para subvenir a sus necesidades.

Ambos autores son partidarios de la opción universalista, Hernández explica para defender su postura que el universalismo representa un enfoque redistributivo, que parte de que el bienestar social es una institución muy importante en la sociedad, que proporcionas servicios fuera del mercado (el selectivismo presta servicios a aquellos a los que el mercado no se los puede proporcionar), no reconociendo un límite fijo para los compromisos del bienestar público ya que los derechos de ciudadanía deben ser garantizados incondicionalmente al igual por ejemplo, que los derechos de propiedad, tan ampliamente defendidos en el estado liberal.

Y continúa exponiendo que este modelo tiene tres características que lo convierten en la opción más transformadora:

1. El bienestar del individuo es responsabilidad del colectivo social, sin paliativos.
2. Las preferencias en relación con las mercancías no es lo único que genera bienestar en el individuo.
3. Bajo este paraguas, el estado promoverá mecanismos de amplia solidaridad social en razón a que la clientela de la política social (y en este caso los servicios sociales) es toda la población.

Hernández crítica al selectivismo argumentando que "ésta es una política ideada como un compromiso para facilitar la soberanía del mercado, en virtud del papel limitado que juega el gobierno en la distribución del bienestar.  Sistemas marginales de bienestar que, por lo tanto, tienden a ser dirigidos hacia aquellas personas o humanos residuales que son incapaces de auto-ayudarse. En consecuencia, los límites para los compromisos sociales son muchos, y el Estado termina suscribiéndose al clásico énfasis sobre las soluciones de mercado y la auto-independencia de los individuos.

Una segunda característica de este modelo de política social es la estratificación, es decir, la dimensión del estatus entre los ciudadanos. El modelo residual promueve la estigmatización social que consiste en baja autoestima e inseguridad al sentirse incapaz de incorporarse al mercado y tener que acudir a los limitados beneficios de la política social.

La tercera característica es precisamente que los programas sociales son temporales y están limitados a los recursos presupuestados y las prioridades que el gobierno defina. La cobertura no se basa en la necesidad sino en el mínimo de hogares para quienes alcance la cantidad presupuestada.  Los programas diseñados bajo el selectivismo están sujetos a la comprobación de medios lo cual conduce a los problemas de la trampa de la pobreza. Las personas valoran la posibilidad de obtener por ejemplo un empleo frente a la probabilidad de perder el subsidio, lo que hace que el individuo deba decidir entre aceptarlo o perder el subsidio con las consecuencias sociales que ello implica".

Por tanto, si todas las niñas y niños tienen derecho a la educación gratuita, todas las personas tienen acceso a la sanidad y también a que los bomberos apaguen nuestros incendios, los barrenderos barren todas las calles con la misma asiduidad (en teoría, en El Ejido solo las calles del centro), ¿por qué no puede haber servicios sociales para todos?, ¿por qué no podemos generar derechos subjetivos de ciudadanía?, ¿acaso no vemos que generar servicios sociales solo para pobres es generar rechazo en la clase media?, ¿no hemos visto los efectos tan positivos que la ley de dependencia ha generado en la opinión de la ciudadanía?. Y me pregunto ¿qué favor hacemos los profesionales al sistema siendo los primeros que lo ponemos en cuestión?. Un sistema que, en tiempos de crisis, está siendo el único capaz de generar empleo.

En fin, que si me preguntan que si estoy a favor del café para todos diré que sí. El mío con leche y azúcar, por favor.

Hasta la semana que viene.

Comentarios

  1. Servicios Sociales para tod@s, sin duda alguna, seleccionar usuarios traerá como consecuencia guetos sociales, y volver a la beneficencia, yo un cortado por favor¡¡¡

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