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Los universitarios tenían razón

Hola de nuevo:

Por fin he podido hacer uso de mi ordenador después de un fin de semana sin él, ya que mi sobrina, de 13 años, se ha atrincherado en mi despacho para sus twitter, tuentis y demás, por otra parte la pobre se ha tenido que tragar el fútbol, las noticias y los documentales de la tele por lo que tampoco era cuestión de dejarla sin vía de escape posible, no sea que no quiera quedarse más y pierda yo mi papel de tía-canguro-que-me-deja-hacer-lo-que-yo-quiera, papel éste que me ha dado muchas satisfacciones y las que vendrán.

En otro orden de cosas, como dicen en los telediarios, hace tiempo que quiero tratar un tema que a todas nos preocupa y sufrimos en silencio, mismamente como las hemorroides: el título de grado en Trabajo Social, o más concretamente, el acceso al grado para los diplomados.

En 1993 acabé la carrera y, por estas cosas que todos conocemos acerca del divorcio entre la universidad y el ejercicio profesional, no conseguía captar en toda su esencia el asunto del “Plan Bolonia”. Intuía que algo olía mal en Dinamarca cuando los universitarios en masa se estaban manifestando hace unos pocos años y sus portavoces quejándose de la que se nos venía encima (ahora me he dado cuenta) en los escasos medios que les dieron esa posibilidad.

Continué en mi estado de feliz ignorancia al respecto hasta que, amigos y amigas, llegó el grado y con él la posibilidad de realizar algún curso puente que me diese acceso al grado desde la diplomatura, al igual que muchos de mis compañeros y compañeras de distintas promociones. Comencé a mirar en las diferentes universidades españolas las distintas posibilidades y entonces me topé de bruces con la triste realidad universitaria actual, a saber: la nueva estructura universitaria ha cambiado a un concepto más “empresarial” por decirlo de una manera sutil (que si no me lío y termino cagándome en Angela Merkel).

La nueva estructura universitaria la tenéis en este enlace, del espacio europeo de educación superior, y es bastante fácil de entender, hasta para un trabajador social: http://www.eees.es/es/eees-estructura-antigua-estructura-nueva-eees.

El resultado de “la adecuación a Europa” es que estudiar se ha encarecido ostensiblemente; subir cada escalón de la carrera universitaria supone un pastón, si has tratado de acceder al grado desde la diplomatura lo habrás podido comprobar, además, como decía, se está abriendo la puerta de la universidad a las empresas, imagínate lo que viene detrás (ríete de Halloween o de Walking Dead)

Por otra parte, el nivel es cada vez más bajo, entre otras cosas porque las facultades las conforman un clan de elegidos (salvando MUY honrosas excepciones) en el que es imposible entrar y que están totalmente ajenos a la realidad profesional (volvemos al divorcio entre disciplina y profesión); yo lo he podido comprobar de primera mano leyendo algunos libros de la UNED, que directamente tienen contenidos que no se ajustan a la realidad (“Servicios Sociales y Dependencia”, un hit en la materia); claro, teniendo en cuenta que hay docentes que lo mismo te escriben sobre dependencia que sobre supervisión que sobre trabajo social comunitario que sobre política social, pues igual te fríen una camisa que te planchan un huevo.

Resumiendo, que si queremos acceder al título de grado nuestras universidades, muy preocupadas por darnos a los diplomados una solución, ya se están frotando las manos y haciendo cálculos para que pasemos por caja, que para eso la mayoría somos funcionarios y tenemos “güenas” nóminas, los compañeros y compañeras que trabajan en precario o ni siquiera trabajan esos que se olviden, que los bancos no esperan (ni cinco minutos) y además comer es lo primero.

Los universitarios tenían razón (como siempre), esto del plan Bolonia es un timo más de la “maravillosa” Unión Europea y sus dirigentes, tan progresistas ellos y tan preocupados por el europeo de a pie: ¡me cago en la Unión Europea y en Angela Merkel! (lo siento, es que no me puedo reprimir).

Hasta la semana que viene.

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