domingo, 25 de diciembre de 2011

Instrucciones para 2012

Instrucciones para un feliz 2012 para la ciudadanía en general:

1. No escuchar la radio.
2. No leer la prensa (incluyendo el Marca y el AS)
3. No ver el telediario.
4. Si accidentalmente aparece en TV Rajoy y/o sus muñecos, cambiar de canal.
5. No consumir, por si te bajan el sueldo (más). Ahorrar compulsivamente en el colchón. No en los bancos.
6. Atrincherarse de víveres y articulos de primera necesidad a principio de mes.
7. No usar el coche a menos que sea ESTRICTAMENTE necesario.
8. NO pedir factura, si podemos evitarlo, y pagar en b (que en España es tradición). Viene el IVA y asusta a niños y mayores.
9. Atiborrarse de programas humorísticos.
10. Tener siempre a mano en nuestra discoteca los éxitos de Georgie Dann.

Instrucciones para un feliz 2012 para trabajadores sociales:

1. Las anteriormente citadas y:
2. No hablar con otros trabajadores sociales sobre la situación social.
3. No entrar en redes sociales.
4. No leer blogs como éste.
5. No acudir a manifestaciones, caceroladas ni demás.
6. No intentar explicar a la ciudadanía lo que está pasando. No lo entenderían.
7. No justificar las decisiones de arriba, tampoco discutirlas.
8. Apuntarse a yoga, pilates o meditación zen.
9. Tener siempre en un cajón del despacho una botella de Marie Brizard y una caja de Sumial.
10. Repetir cada día: "No todo está perdido. Siempre nos quedará Cáritas".

Que nadie diga que no está avisado.

No hay forma de que me invada el espíritu navideño, coñe, con lo que me gusta a mí un abeto con sus bolas y sus guirnaldas...

Hasta la semana que viene.

jueves, 15 de diciembre de 2011

Redes y trincheras

Hola de nuevo:

Esta semana me he puesto a escribir pronto. Llega la Navidad, esto es: comidas de todo tipo, compras y tardes en coma (tras las comilonas) en el sofá acompañada de mi inseparable amigo Almax, que el día que me entere yo de que lo retiren porque descubran que es malo para el bazo, o algo así, me tiro dislocada a las farmacias que me va la vida en ello, igualico que hizo la madre de un amigo mío cuando quitaron el Optalidón.

Con todo esto de la crisis y los recortes pienso, como mucha gente, que es muy importante articular las acciones ciudadanas y sociales a través del trabajo en red. Esto es una obviedad. En una conversación entre compañeros trabajadores sociales o en otros grupos ciudadanos todo el mundo se muestra de acuerdo con este sentir: hay que sumar y no restar y demás, afirma toda aquella persona que está implicada en mejorar la situación. Lo que me preocupa y me lleva a escribir sobre este asunto es la dificultad de llevar la idea a la práctica.

Pertenezco a algunos colectivos y he asistido en reuniones diversas al debate, absurdo en mi opinión, sobre si para tal acción se debe llamar a cual asociación o no porque nos van a identificar con cierta ideología o cierta actitud. También observo una tendencia en los colectivos, que me molesta sobremanera, a evitar un debate si éste puede resultar polémico, y me molesta porque evitar debatir genera en aquellos que quieren hacerse escuchar mucha frustración y en muchas ocasiones el abandono. Otra cosa es que el resultado del debate, es decir, los acuerdos, no sean de nuestro agrado, aquí, amigos, mandan las mayorías, a excepción de que se persiga el consenso a toda costa, lo que es harina de otro costal. Eso no me preocupa, es muy difícil estar de acuerdo con todos en todo, pertenecer a colectivos implica una actitud flexible.

Pero volviendo al tema del trabajo en red, me resulta sorprendente que a los propios trabajadores sociales nos cueste tanto trabajo conectar con otros colectivos; tan obcecados estamos en defender nuestra trinchera que a lo mejor resulta que estamos todos pegando tiros desde el mismo lado y no nos hemos dado ni cuenta.

Y creo que aquí los colegios profesionales tienen una responsabilidad importante. La defensa de la profesión es una labor fundamental, pero no lo es menos la defensa de la ciudadanía y ello pasa por ser capaces de visibilizarnos como grupo en acción y ser capaces de aunar esfuerzos con otros; para ello, es hora de aparcar egos, intereses espurios y remangarnos, con valentía. Lo que debe importarnos es articular un mensaje claro que llegue a la ciudadanía, removiendo conciencias y generando opinión. Y es esta lucha creo que todos los brazos son pocos si empujamos en la misma dirección. Lo demás, es más de lo mismo. Y necesitamos articular otra cosa, o al menos imaginarla.
 
Hasta la semana que viene.
(Dedicado a María, la madre de Rita)

lunes, 12 de diciembre de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos subjetivos? (Parte II)

Hola de nuevo:

            Lo prometido es deuda. Además de sufrir un horrible disgusto con mi Madrid (Mouriño de los c….), esta semana he estado leyendo artículos sobre derechos humanos, derechos subjetivos y demás; la verdad es que es interesante, aunque en ocasiones me he perdido un poco ya que los asuntos de corte jurídico me gustan tanto como clavarme alfileres en el ojo…

            Me parece importante comenzar diferenciando entre derechos humanos, derechos subjetivos y derechos de la personalidad. Según la ONU, los derechos humanos son aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna. Son independientes de factores particulares como el estatus, sexo, orientación sexual, etnia o nacionalidad; y son independientes o no dependen exclusivamente del ordenamiento jurídico vigente, por lo que se consideran fuente del Derecho, en concreto la denominada derecho natural. Son además atemporales e independientes de los contextos sociales e históricos. Legalmente, se reconocen en el Derecho interno de numerosos Estados y en tratados internacionales.

            Al hablar de derechos humanos, se suele distinguir entre derechos de primera, segunda y tercera generación. Siguiendo a Roberto González Álvarez, en su artículo “Aproximaciones a los Derechos Humanos de Cuarta Generación”, el creador de la noción generacional de los derechos humanos es el checoslovaco, ex Director de la División de Derechos Humanos y Paz de la UNESCO, Karel Vasak, quien introdujo el concepto de las tres generaciones de los derechos humanos en su conferencia para el Instituto Internacional de Derechos Humanos, en Estrasburgo en 1979. La primera generación, denominada de los derechos civiles (derechos a la vida, integridad física y moral, dignidad, justicia, igualdad y libertad en sus diferentes manifestaciones individuales de pensamiento, conciencia, religión, opinión, expresión y movimiento) y políticos (derechos a participar en la organización estatal, elegir y ser elegido y agruparse políticamente). Derechos estos que son limitantes del poder estatal frente al individuo, como consecuencia de la idea de libertad, del pensamiento de la ilustración, de la teoría del contrato social y de sus incitadas revoluciones burguesas del siglo XVIII, su consagración más encumbrada está en los artículos 3-21 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

            La segunda generación, denominada de los derechos económicos (derechos a la propiedad individual y colectiva, y seguridad económica), sociales (derechos a la alimentación, trabajo, seguridad social, salario justo y equitativo, descanso, sindicalización, huelga, salud, vivienda y educación) y culturales (derechos a la participación en la actividad cultural, beneficiarse con la ciencia y tecnología, e investigación científica). Estos derechos son consecuencia de la idea de igualdad universal nacida del pensamiento humanista y socialista del siglo XIX, sustitutiva del Estado Liberal por el Social de Derecho que se proyecta a garantizarlos ante las desigualdades socialmente exhaladas. Se hallan consagrados en los artículos 22-27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948.

            La tercera generación, denominada de los derechos de la solidaridad (v. gr. derechos a la paz, desarrollo económico, libre determinación de los pueblos, medio ambiente sano, patrimonio cultural, justicia transnacional; así como los derechos del consumidor, de los niños y de los ancianos). Esta generación, que data de la segunda mitad del siglo pasado, es consecuencia de una fraternal respuesta a factores discriminatorios (económicos, raciales, culturales, religiosos, etcétera) o necesidades futuras en riesgo (medio ambiente sano) de grupos humanos universalizados en tiempo y espacio motivados por una exigencia común: actuar impulsados por el valor solidaridad. Aquí el concepto humanidad se arropa de libertad, civilidad y calidad de vida globales.

            Se comienza a hablar de una cuarta generación de derechos humanos, en los que tendrían cabida derechos que no pueden ser encuadrados aún (bioética, por ejemplo) y reivindicaciones futuras.

            Según la Prof. Elvira Villalobos de González, podemos considerar los derechos de la personalidad como el conjunto de derechos fundamentales que protegen los bienes constitutivos del núcleo más íntimo del ser humano. Son derechos  que le son necesarios  para lograr sus fines y que, en consecuencia, le pertenecen por el solo hecho de ser persona. Se diferencian de los derechos humanos en que éstos protegen los derechos humanos en general, desde la vida y la salud hasta los derechos políticos y sociales, como el derecho de voto y el de ser oído en juicio. Los derechos de la personalidad constituyen un núcleo íntimo de derechos de la persona,  como el derecho al nombre, al honor y a la fama, a la imagen, a la intimidad, etc. La diferencia, por tanto, se encuentra en que los derechos de  la personalidad se ubican en la esfera de mayor intimidad de las personas.

            El derecho subjetivo, según el Prof. Francisco Puy, es la facultad jurídica consistente en el poder individual de exigir un comportamiento conforme al ordenamiento vigente. Es habitual escucharnos a los trabajadores sociales decir que el mayor avance de la "Ley de Dependencia" es que “garantiza un derecho subjetivo de ciudadanía”. Ello viene a ilustrar la definición del Prof. Puy: esta ley permite a los individuos catalogados como dependientes reclamar el derecho a la atención en los tribunales si éste se vulnera, lo que no ocurre en el resto de legislación española existente en materia de servicios sociales. La coletilla “de ciudadanía” significa que para poder acceder a los beneficios que la ley contempla uno debe ostentar la condición de ciudadano, en este caso a través de la residencia legal en España por un período superior a 5 años.

            Podemos afirmar entonces que la citada ley no garantiza el disfrute de derechos de la personalidad porque, además de la condición inherente de persona, es necesaria la condición de “dependiente” y de “ciudadano”.

           Es fundamental, para concluir, garantizar a través de la promulgación de leyes que vengan a garantizar el ejercicio de los derechos subjetivos que tanto tiempo venimos reclamando desde nuestro colectivo: derecho a una renta mínima universal, a recibir servicios sociales y demás. Este debe ser nuestro horizonte. La crisis no puede ser una excusa para amputar (más) el estado de bienestar. No debemos permitirlo. Es un imperativo ético garantizar la protección jurídica de los derechos de las personas. Ahí debemos centrar nuestra lucha

Hasta la semana que viene.
           

sábado, 3 de diciembre de 2011

¿De qué hablamos cuando hablamos de derechos? (Parte I)

Hola de nuevo:

Tengo la costumbre de levantarme con la radio. No me gusta el "pipipipí" del despertador, me parece odioso, prefiero que me despierte una voz humana, aunque sea la de Francino diciendo que la prima de riesgo está bailando lambada con el déficit europeo en la disco eurozona. Que digo yo que maldita la hora en que oímos hablar de la prima de riesgo, que seguro que si es prima de alguien es de Angela Merkel.

Hay noticias que al escucharlas te mosquean, otras te indignan, algunas te entristecen y muy pocas hacen que, al escucharlas, algo se retuerza en tu estómago. Ayer tuve que escuchar de la boca del citado locutor la siguiente noticia: "En un hotel de Canarias dos camareras de hotel han sufrido amagos de infarto porque tienen sólo 2 minutos para arreglar cada una de las habitaciones del hotel. Las camareras del hotel son cronometradas".

No pude reprimir las lágrimas camino al trabajo pensando en esas mujeres; soy consciente de que este blog está tomando un rumbo a medio camino entre "Estrenos TV", "Vivir cada día", "Candy Candy", "Mundo Obrero" y apuntes de una Mary Richmond demenciada. Me da igual. Me da exactamente igual. Este mundo se ha vuelto completamente loco ¿por qué tendría que estar cuerda?

Y esta noticia me trae a la cabeza la entrañable imagen de nuestras dos autoridades sindicalistas, Ignacio Fernández Toxo y Cándido Méndez (que hace gala de su nombre, que acertados estuvieron los padres) en la sede del PP; no alcanzo a entender qué fue lo que les llevó a ir allí cuando Rajoy ni siquiera ha sido investido. ¿Y estos son los que van a proteger los derechos de mujeres y hombres trabajadores como las camareras del hotel canario? Ay omá.

Vivimos unos años negros, en los que se están aplastando derechos cuya promulgación ha costado el esfuerzo, y, en ocasiones, la vida de muchas personas valientes, que tanto lucharon para que hoy dejemos que nos los quiten con tanta impunidad, es que no doy crédito. Y por eso mismo es necesario que todos tengamos muy claro de qué hablamos cuando hablamos de derechos y cómo se traduce el disfrute de los mismos en nuestra vida diaria. Que se lo pregunten si no a los millones de estadounidenses que no tienen acceso a la sanidad (un buen momento para volver a ver "John Q", con Denzel Washington, menuda película).

Por todo ello me he decidido a dedicar este puente a estudiar esto de los derechos, los derechos subjetivos y demás, para después colgarlo en el blog, bueno, no soy tan friki, también organizo una barbacoa, veré a mi Madrid, cuidaré las macetas, pasearé a mi Nikita y me daré una vuelta con mi sobrina a buscar regalos de navidad baraticos, oye, que en la lucha social y obrera también se fuma.

Hasta la semana que viene (que traeré la tarea hecha).