jueves, 15 de diciembre de 2011

Redes y trincheras

Hola de nuevo:

Esta semana me he puesto a escribir pronto. Llega la Navidad, esto es: comidas de todo tipo, compras y tardes en coma (tras las comilonas) en el sofá acompañada de mi inseparable amigo Almax, que el día que me entere yo de que lo retiren porque descubran que es malo para el bazo, o algo así, me tiro dislocada a las farmacias que me va la vida en ello, igualico que hizo la madre de un amigo mío cuando quitaron el Optalidón.

Con todo esto de la crisis y los recortes pienso, como mucha gente, que es muy importante articular las acciones ciudadanas y sociales a través del trabajo en red. Esto es una obviedad. En una conversación entre compañeros trabajadores sociales o en otros grupos ciudadanos todo el mundo se muestra de acuerdo con este sentir: hay que sumar y no restar y demás, afirma toda aquella persona que está implicada en mejorar la situación. Lo que me preocupa y me lleva a escribir sobre este asunto es la dificultad de llevar la idea a la práctica.

Pertenezco a algunos colectivos y he asistido en reuniones diversas al debate, absurdo en mi opinión, sobre si para tal acción se debe llamar a cual asociación o no porque nos van a identificar con cierta ideología o cierta actitud. También observo una tendencia en los colectivos, que me molesta sobremanera, a evitar un debate si éste puede resultar polémico, y me molesta porque evitar debatir genera en aquellos que quieren hacerse escuchar mucha frustración y en muchas ocasiones el abandono. Otra cosa es que el resultado del debate, es decir, los acuerdos, no sean de nuestro agrado, aquí, amigos, mandan las mayorías, a excepción de que se persiga el consenso a toda costa, lo que es harina de otro costal. Eso no me preocupa, es muy difícil estar de acuerdo con todos en todo, pertenecer a colectivos implica una actitud flexible.

Pero volviendo al tema del trabajo en red, me resulta sorprendente que a los propios trabajadores sociales nos cueste tanto trabajo conectar con otros colectivos; tan obcecados estamos en defender nuestra trinchera que a lo mejor resulta que estamos todos pegando tiros desde el mismo lado y no nos hemos dado ni cuenta.

Y creo que aquí los colegios profesionales tienen una responsabilidad importante. La defensa de la profesión es una labor fundamental, pero no lo es menos la defensa de la ciudadanía y ello pasa por ser capaces de visibilizarnos como grupo en acción y ser capaces de aunar esfuerzos con otros; para ello, es hora de aparcar egos, intereses espurios y remangarnos, con valentía. Lo que debe importarnos es articular un mensaje claro que llegue a la ciudadanía, removiendo conciencias y generando opinión. Y es esta lucha creo que todos los brazos son pocos si empujamos en la misma dirección. Lo demás, es más de lo mismo. Y necesitamos articular otra cosa, o al menos imaginarla.
 
Hasta la semana que viene.
(Dedicado a María, la madre de Rita)

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