viernes, 27 de enero de 2012

El humor

Hola de nuevo:

En estos momentos de huracán tijeretil peperiano se hace difícil encontrar momentos en el trabajo proclives a la carcajada o al menos a la sonrisa. A mí me gusta mucho reirme e intento encontrar en cada situación la parte humorística, eso me ha congraciado con muchas personas y, como es natural, me ha enemistado con alguna que otra, afortunadamente suelo salir bien parada en mis payasadas con los clientes, me dan bola porque me conocen y eso es un alivio.

Cuando conseguí mi primer trabajo en servicios sociales comunitarios mi tarea fue sustituir a una compañera en baja maternal, muy experta y con muchos años en la zona. Yo era una especie de animalillo salvaje, con muy buena voluntad y muy pocas luces. Tuve que entrevistar junto con la psicóloga del equipo a una familia que ahora calificaría como multiproblemática, pero que en ese momento me pareció simplemente graciosa.

Tengo que aclarar que la psicóloga del equipo era una consumada terapeuta sistémica y yo el único sistema que conocía era el sistema métrico decimal. La entrevista comenzó con las consabidas preguntas circulares y tal y tal; yo no entendía a qué tanto rodeo y tanta milonga e iba interviniendo con puntualizaciones del tipo "dígale a su marido que no le pegue al niño", "vaya mala suerte ha tenido usted". En cada una de mis brillantes puntualizaciones la psicóloga me propinaba una patada en la espinilla por debajo de la mesa, por lo que intuí que algo no estaba haciendo bien...

En fin, la señora, además, era un prodigio en el dominio de la lengua de Cervantes y describió a su hijo como "droguista y efrénico" entre muchas otras perlas. A mí cada vez me costaba más aguantarme la risa y llegó un momento en que no pude más y comencé a reir en un total desenfreno. Sorprendentemente, al verme reir, la mujer me dijo "es normal que usted se ría con el cuadro flamenco que tengo, me da risa hasta a mí" y comenzó a reírse conmigo. Y así terminó la entrevista. Pobre la psicóloga, a punto de estrangularme...

Posteriormente he ido aprendiendo a reirme de mi misma y con la gente (con más acierto) en mi actuación profesional y ello me ha ayudado mucho en la relacion. Considero que el humor juega un papel muy importante en nuestro trabajo: con las familias es una herramienta para relajar el ambiente, para relativizar los problemas y para que te observen desde un punto de vista menos rígido y a mí me ayuda a sobrellevar el dolor que me causa la observación y la implicación en el sufrimiento ajeno. Es por eso que me preocupa constatar que cada día me río menos en el trabajo y además me cabrea que esta situación de mierda me esté quitando hasta el sentido del humor. Me niego, coño.

Por eso he sacado de la estantería un librito que compré hace unos años, escrito por dos trabajadores sociales franceses, Thierry Darnaud y Guy Hardy. Lleva por título "Pequeño glosario para el uso del trabajador social" pero en realidad es una guía para que los clientes aprendan a interactuar con nosotros y da consejos para las entrevistas.

El libro se ha escrito con mucha ironía y alguna compañera a la que se lo he prestado ha llegado a picarse incluso por la ironía que destila, pero yo lo recomiendo porque es muy mordaz, aquí va una muestra de los consejos:

“El rol del trabajador social no es precisamente ayudarlo aunque pretenda hacérselo creer. No olvide nunca que él tiene la misión y está esencialmente allí para que usted acepte lo que
él le va a proponer.”


Y puestos a recomendar, os recomiendo para el fin de semana que os alquiléis en un videoclub (que es como conseguimos todos las pelis) alguna película de mucha risa, que es como me gusta llamar a las comedias y con vuestro /a churri de turno y unas palomitas os olvidéis del mundo. Me gustó especialmente "Un funeral de muerte" (británica) y una desconocida, pero muy graciosa "El favor" (argentina).

Por mi parte, pienso contar a mis amigos la última en el trabajo. Verídico. Llama una mujer por teléfono y dice: "haced algo con mi madre. Tiene hidrógenes"

Feliz fin de semana. Hasta la semana que viene.

jueves, 19 de enero de 2012

En defensa de quienes nos defienden

Hola de nuevo:

Esta semana he tenido un pequeño retraso motivado por una gripe que, cual decreto ley, me ha pillado por sorpresa y me ha tenido fuera de combate unos días, aún me estoy recuperando; eso me pasa por decir en una entrada anterior que no pensaba darme de baja. Los poderes destructores del robot Mariano XG3 y su ultra rayo pp gafe han ganado la batalla al robot Mazinger Belén Z, y mira que activé el escudo protector del instituto de investigaciones perroflaúticas...

Y había pensado yo, tan cándida, en recomendaros un librito humorístico que tiene unos años y que me gusta bastante, pero tengo que relegar esta recomendación en favor de una noticia que no por esperada es menos indignante: el Ayuntamiento de Marbella ha despedido a José Manuel Ramírez Navarro después de 18 años como funcionario de dicha discoteca de verano dicho ayuntamiento, para ver la noticia, pincha aquí.

Amigo o amiga lector del blog, si no sabes quien es este hombre, una de dos, o no trabajas en lo social o eres muy joven, así que te lo presento. José Manuel, a quien no tengo el placer de conocer personalmente, es trabajador social, presidente de la Asociación de Directores y Gerentes de Servicios Sociales, ha escrito numerosas publicaciones, es un reconocido formador, y lo más importante, es una persona a la que le honran dos cosas: haber sido uno de los impulsores de lo que hoy, mejor dicho, ayer eran los servicios sociales en este país y además luchar denodadamente por garantizar derechos de ciudadanía, lucha cuyo premio ha sido una patada de su empresa tras 18 años de trabajo y unas oposiciones aprobadas.

(Aquí empiezo a ponerme de mala hostia, estás a tiempo de cerrar la página)

Pero no es mi intención en este momento recitar la Elejía a Ramón Sijé porque afortunadamente la mayoría de nosotros conocemos a José Manuel y su trayectoria lo describe por sí sola y además estoy segura de que saldrá adelante porque iniciativa y talento no le falta. Lo que me cabrea en este asunto son tres cuestiones, a saber: la impunidad con la que un ayuntamiento puede poner de patitas en la calle a un funcionario que ha cumplido con su trabajo, la diana que esta Asociación tiene sobre su cogote y la poca repercusión de la noticia en "nuestros medios".

Que un ayuntamiento eche a un funcionario, sin más, me llena de vergüenza e insatisfacción y creo que debería ser motivo de reflexión, yo ya tengo la mía pero me la dejo para el final.

Que esta asociación tenga una diana en el cogote da una idea de la calidad democrática de esta España mía esta España mía esta España nuestra. Como para hacerle la prueba del algodón, oiga.

Que haya tenido tan poca repercusión la noticia (página web del consejo, facebook de los colegios, etc. etc.) quiero achacarlo a una decisión de la Asociación o del propio José Manuel para no pringar a nadie más; espero estar en lo cierto porque si la cuestión no es esa, algo huele mal en Dinamarca.

Y la reflexión que hago tras esta noticia es solo una. Si en lugar de cuatro gatos que denuncian desmanes en materia de servicios sociales y ponen la cara estuviesemos unos cuantos más, habría resultado más difícil acertar el tiro. Y llegados a este punto, amigos TS, tenemos dos opciones: especular sobre los enemigos que José Manuel se habrá creado para que le haya sucedido esto, postura muy acorde con nuestra tradicional envidia nacional hacia los que destacan, o remangarnos de una puta vez y tirarnos a la calle a defender los derechos de la ciudadanía y los nuestros, carajo, que no sé a qué estamos esperando.

Hasta la semana que viene.

PD. La que habla no soy yo, es la fiebre.

martes, 10 de enero de 2012

La relación de ayuda

Hola de nuevo:

Hoy no he ido a trabajar, y no porque haya caído enferma (Mariano, ya te dije que te ibas a quedar con las ganas), es mi perra la que ha tenido un accidente doméstico por el que le han cosido y vendado la patita y he tenido que quedarme para vigilar su evolución. Es curiosa la mezcla de sensaciones que estoy experimentando con el accidente: pena al ver cómo mi Nikita ha perdido su vitalidad habitual, lamiéndose su patilla y culpa por sentirme tan apenada: es un animal y todo eso, pero igualmente me siento muy triste.

Pienso que somos muy tacaños los humanos con esto de los sentimientos, parece que solo es lícito querer a un determinado número de gente, en orden: familia, luego amigos, y hacia los compañeros de trabajo mejor sólo cierto apego; también es aconsejable sentir dolor por un determinado número de cosas, como si un dolor desplazase a otros. Por ejemplo, la gente me dice con cierta frecuencia: "la perra está muy consentida ¿no te da cargo de conciencia con la de niños que hay pasando hambre?". Pues no. No me da cargo de conciencia porque los niños que pasan hambre igualmente me duelen y trato de ayudarlos de la manera que mejor puedo, y ello no debiera ser obstáculo para sentir amor por mi perra también, qué coñe.

Así pues, paso la soleada mañana alternando ojeadas al bichucho con la búsqueda de libros en internet sobre la relación de ayuda en Trabajo Social. Este interés por retomar la relación de ayuda me surge observando-me en el despacho al entrevistarme con los clientes. Trato de imaginar que soy una tercera persona que observa, cual terapeuta sistémico, desde un figurado espejo, el proceso relacional entre TS y cliente y últimamente me veo, digamos, rígida, estereotipada, fría y poco empática. "No money-no help".

(Entiendo que en estos momentos pienses que estoy como una regadera, pero no desesperes, sigue leyendo).

Me da que estamos los trabajadores sociales sufriendo un proceso de bloqueo con esto de la crisis; son tantos los problemas y tan escasas las posibilidades de respuesta material que hay momentos que no sabemos ni qué decir, tan grande la herida y tan pequeña la tirita. Error.

No descubro nada al afirmar que los trabajadores sociales somos expertos en lo que se refiere a la relación. Ninguna otra profesión de ayuda ha contribuido tanto como la nuestra a hacer de la relación un fin en sí misma. Malcolm Payne escribía en su fantástico libro "Teorías contemporáneas del Trabajo Social", que la relacion es uno de los aspectos que constituyen la esencia de la profesión.

La relación puede (y debe ser) una importante herramienta en nuestro proceso de acompañamiento a las familias; ni todas las demandas son de carácter económico, como bien sabemos, ni la gente espera de nosotros que nos convirtamos en un cajero automático. Los clientes necesitan ser escuchados, hoy más que nunca, y necesitan, además de lo obvio y fundamental, encontrar escucha activa, apoyo y un punto de vista diferente. Pienso que debemos ser capaces en este momento de ejercer un doble papel, de escucha y apoyo en los despachos y de reivindicación y lucha fuera de ellos. Es complicado, lo sé, pero ya sabemos que en nuestro negocio, nada es fácil.

Con los recortes, la moratoria de la ley de dependencia y demás, no tendremos recursos pero tendremos tiempo. Aprovechémoslo. Abramos el oído a las familias. Trabajemos la relación de ayuda y el acompañamiento. Aunque nos duela. No es malo sentir dolor. Ni por una perra. Eso significa que estamos vivos y que este mundo cruel y desalmado no ha conseguido volvernos insensibles.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 4 de enero de 2012

Lo básico

Hola de nuevo:
Hay un chiste de Mafalda que dice que el nuevo año es como una libreta nuevecita con todas sus hojas en blanco, lástima que haya tantos codos rozando el tintero… Qué genio este Quino.
Eso es más o menos lo que yo siento en estos momentos, quiero empezar con buen pie y nada mejor que hacerme una lista con propósitos que pienso cumplir, que sí, que los pienso cumplir, al menos el primero: “Mariano Rajoy, no me vas a amargar la existencia todos y cada uno de MIS largos días de TU gobierno y pienso contener las ganas que tengo de traquetearte en directo o en su defecto insultarte a través de este blog. Quiero ser una persona sana y equilibrada”.
Dicho esto, quiero detenerme esta semana en una de las medidas con las que nuestro cuarteto de Ministros tuvo a bien obsequiarnos la entrada del año, que digo yo que podrían haberse esperado un poco a que se nos pasase la resaca de la nochevieja, que yo encendí la tele, fue ver la noticia y empinarme los restos del Anna de Codorniu que ni gas le quedaba.
Como digo, me ha llamado especialmente la atención ésta:
“Congelación de la tasa de reposición de los empleados públicos en todas las Administraciones públicas excepto en el caso de los funcionarios docentes, sanitarios, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y de los cuerpos destinados a la inspección tributaria y laboral que podrá llegar hasta el 10%”.
Y no porque las otras no fuesen llamativas: congelación de la dependencia, funcionarios, impuestos, IRPF, que vaya si lo eran, sino por lo que entiende el Gobierno por personal de servicio básico que debe ser sustituido, veamos: los docentes, sí, los sanitarios, también, las fuerzas y cuerpos son también importantes, que hay mucho perroflauta manifestándose y mucho chorizo suelto, pero la cosa se pone interesante: “los cuerpos destinados a la inspección tributaria y laboral”. ¿Qué os parece?, pues lo que yo digo, que hay mucho vago, mucho maleante y mucho defraudador y hacienda somos todos pero unos más que otros y además que la gente es muy sinvergüenza que trabaja y cobra el paro y eso nos está llevando a la ruina y no los millones que se lleva Urdangarín, Botín, Gürtel, los rescates bancarios, los políticos corruptos y demás ralea.
Y me surge además una pregunta: ¿qué pasa con los servicios sociales?¿no somos un servicio “básico”?, pues que alguien, del Gobierno a ser posible, me aclare si atender a un menor que está siendo maltratado por sus padres es básico, si intervenir cuando una anciana se muere por falta de atención es básico, si proteger los derechos de una persona con discapacidad porque le están robando su patrimonio es básico, si tratar a una persona devastada por la droga es básico, si procurar una ayuda económica a una familia que va a ser embargada es básico, si actuar en un caso de Diógenes es básico, si intervenir para tratar de frenar el absentismo escolar es básico y si escuchar a una mujer y tratar de evitar que sea asesinada por su pareja es básico, por poner algunos ejemplos.
Pues sí, amigos, esto es parte de lo que hacemos los servicios sociales, esto y mucho más, que parece que antes de la “Ley de Dependencia” no existíamos. Estábamos aquí, gestionando mucho con muy poco, con una red precaria en profesionales pero densa en implicación, llegando a pueblos y pedanías donde ni siquiera llegan los consultorios de salud, atendiendo urgencias cuando ni siquiera somos considerados servicio de urgencias. Esa es la realidad, señores del Gobierno. A lo mejor es que nunca ninguno de ustedes nos ha necesitado, pero siempre hemos estado ahí. Ahora, que no somos considerados un servicio “básico”, es posible que si uno de nosotros enferma lo que nuestras familias encuentren cuando nos necesitan sea una silla vacía. Y es posible que la medida suponga un ahorro, pero mi madre me enseñó que el ahorro comienza por lo superfluo; es que mi madre, como los servicios sociales, aprendió a gestionar mucho con muy poco.
Es evidente, los servicios sociales somos un servicio básico para aquellos políticos que creen que la prioridad es el bienestar de la ciudadanía, si la prioridad es el déficit, ni la sanidad, ni la educación, ni los servicios sociales pueden ser importantes. Así las cosas, mi otro propósito para año nuevo es no caer enferma; pero no te confundas Mariano, que la silla de mi despacho no estará vacía, pero me tendrás también en la calle, diciéndote clarito que para nosotros, los profesionales de servicios sociales lo básico son las personas.

Hasta la semana que viene.