viernes, 25 de mayo de 2012

Dadme cretinos optimistas

-         Dadme cretinos optimistas – decía un político a Juan de Mairena -, porque ya estoy hasta los pelos del pesimismo de nuestros sabios. Sin optimistas no vamos a ninguna parte.
-         ¿Y qué diría usted de un optimismo con sentido común?
-         ¡Ah, miel sobre hojuelas! Pero ya sabe usted lo difícil que es eso, amigo Mairena.

“Juan de Mairena” (Antonio Machado)

Hola de nuevo:

            Estos días estoy leyendo un libro que los gerentes de servicios sociales, José Manuel y demás “moscas”, suelen citar con frecuencia en sus escritos: Juan de Mairena, de Antonio Machado.

            No había leído apenas nada de Machado (poemas sueltos y poco más); es una pena pero, en muchas ocasiones, los libros “de lectura obligada” en los institutos resultan un verdadero coñazo cuando una es adolescente y a todo dice que no porque sí. Luego, más vieja y más paciente, les das una segunda oportunidad y esos mismos libros que antes te parecían soporíferos ahora te cautivan. El pobre Machado constituía parte de la lectura apestosa de mis tiempos de instituto, tiempos en los que prefería leer a Bukowski, ¡ja! menudo inconsciente Bukowski y menuda inconsciente yo.

             Juan de Mairena me está resultando un libro apasionante por la sabiduría que derrochan sus páginas. Muchos pasajes me han llamado la atención, pero he querido resaltar el párrafo que encabeza la entrada porque hoy quiero divagar sobre el optimismo.

            Qué cómodo es ser pesimista. Ser pesimista es navegar siempre con el viento a favor porque es más fácil acertar que las cosas no van a salir de maravilla. Lo confieso: los pesimistas me ponen de mala baba. Bueno, me ponen más nerviosa los cínicos, me parece que los cínicos son cómodos con habilidad para no parecerlo; cómodos que se limitan a ver los toros desde la barrera.

            Hay filósofos que sostienen que el optimismo no es más que una mirada ingenua de la realidad. Hace tiempo leí en El País una entrevista a una filósofa ¿francesa? que hacía una crítica encendida del optimismo; venía a decir que las posturas optimistas restan capacidad de crítica. Bueno, creo que decía eso porque no me acuerdo bien y por más que busco en el google no encuentro el jodío artículo.

            Posiblemente la mujer ésta tenga sus razones, pero yo sostengo que hoy más que nunca es necesaria una cierta dosis de optimismo. La puñetera crisis nos tiene tan obsesionados que no somos capaces de pensar en otra cosa. No se piensa en otra cosa, no se habla de otra cosa, no se escribe otra cosa (no sé si has observado que se publican menos libros, aparecen menos tesis doctorales…). Ya sé que todo esto lo explica Maslow estupendamente, pero a pesar de ello yo misma tengo que realizar un titánico esfuerzo cada semana para huir de la crisis, el pesimismo y la indignación, y eso que me propuse crear el blog para hablar de Trabajo Social y teorizar un poco, dentro de “mis cortas luces” (expresión de mi tierra que me encanta).

            El pesimismo parece inevitable, lo sé. Tengo una compañera de trabajo que se ha propuesto no ver más el telediario porque no soporta tanta mala noticia. La verdad es que la entiendo. Te sientas después de un día de curro y sale Soraya, con cara de presidenta de hermandad universitaria americana (no puedo, no puedo verla ni a ella ni a Montoro el gremlim) y te pone Soraya el cuerpo malo. Porque Mariano, el presidente de España digo, está tan perdido que ya podían reponer el programa de Lobatón para ver si él lo encuentra.

            A lo que voy. Que sí, que el pesimismo es casi obligado en estos tiempos, pero me preocupa mucho la desesperanza que está generando. Ayer un cliente me contó que no sabe para qué seguir luchando, si al menos tuviese la esperanza de encontrar empleo, pero, claro, con 48 años y con pocos estudios adonde va, así que se encierra en su casa, a darle vueltas a todo. Y la verdad es que hacer una relectura de su situación a lo Walt Disney es una gilipollez, pero ponernos a llorar con él tampoco le ayuda, creo yo. Me indigna profundamente (más bien me cabrea que te cagas) que una persona con 25 años de vida laboral tire la toalla. Pienso que no debemos los profesionales permitir esto. Lo creo así. Y debemos establecer los mecanismos terapéuticos que podamos en la medida de nuestras posibilidades para intentar evitar que estas personas se rindan, carajo.

            A lo mejor podríamos sentarnos con los compañeros y compañeras a quejarnos sí, pero después a aportar soluciones y a intentar vislumbrar la luz al final del túnel, que digo yo que no nos va a tener el Gobierno toda la legislatura con el Manolo Blahnik digo el zapato en el cuello ¿no? 

            Y mira tú, qué coincidencias. Tengo un calendario de Quino y el chiste que aparece en el día de hoy es éste, que pone fin a mi divagación de hoy. Espero que te guste.

            Hasta la semana que viene
            (Hollande, si estás entre nosotros, manifiéstate)


                       
           


viernes, 18 de mayo de 2012

El cliente no siempre tiene la razón

Hola de nuevo:

            El pasado viernes tomé la determinación de escribir, en adelante, en este día de la semana.  Los viernes ve una las cosas con una perspectiva diferente; la llegada del fin de semana resta importancia a las cosas malas y amplifica las buenas, al menos esa es mi sensación.

            Escribir hoy ha sido una buena decisión. Esta semana he tenido un serio altercado con unos clientes en el que terminé conminándolos a que salieran del despacho y, presa de un ataque de furia a lo Increíble Hulk (o La Masa, que es el nombre que tenía el muñeco de la serie que veía de chica), me puse a escribir el mismo día que cogí el cabreo monumental. Menos mal que no publiqué la entrada; destilaba tanta rabia que al releerla me dije “Virgen, si parezco Herman Tesch o como se escriba (por dios, qué nombre…)”

            Me parece muy importante intentar ser autocrítica y trato, en la medida en que mi ego me lo permite, analizar mi actuación profesional para mejorar, pero, sobre todo, para re-conocerme como herramienta terapéutica y poder así conocer mejor a quien tengo enfrente. Así, más tranquila, me he parado hoy a interpretar mi reacción y, sobre todo, a averiguar qué fue lo que me mosqueó tanto para que perdiera el control de la situación y no fuese la trabajadora social la que hablase sino la persona, si es que es posible separar una cosa de la otra.

             En primer lugar, sigo cabreada con la familia. Sin ánimo de aburrirte con detalles, se trata del típico caso de “no-me-hago-responsable de mi familiar, pero cuando la administración toma medidas, entonces, y solo entonces, vengo-exigiendo-que-se-me-tenga-en cuenta-que-para-eso-soy-el-familiar”. Y he tomado conciencia de lo mucho que me afectan los casos en los que hay un componente de irresponsabilidad, sobre todo cuando esa irresponsabilidad va acompañada de una dosis de exigencia de supuestos derechos. Que mira tú, qué bien nos hemos aprendido todos nuestros derechos de ciudadanía y tal y tal, pero el día que la maestra explicó los deberes de los españoles, todos hicimos “rabona” (en el Poniente Almeriense no ir a clase).

            En segundo lugar, sigo cabreada conmigo misma por no haber sido capaz de controlarme y haber hablado con frialdad ártica; mira que normalmente tengo auto control, que si no a más de uno que llega enarbolando la Constitución Española y el BOJA le hubiera yo cogido por el cuello igualico que coge Homer al niño, carajo.

            En tercer lugar, me surgen muchas dudas sobre hasta qué punto hemos de aguantar los funcionariovagomaleantes a ciertos individuos, y más concretamente tengo dudas sobre qué cantidad de improperios y chulerías hemos de soportar. Que sí, que el respeto es fundamental, que somos servidores públicos, que la gente está muy nerviosa y además con motivos, pero tampoco somos sacos de boxeo, hombre.

            Después de darle muchas vueltas llego a la conclusión de que no debí perder el control, pero tampoco fue tan grave: no les grité, no les insulté, les insté a que formularan una reclamación si no estaban de acuerdo con mi intervención y además les di la información que me pidieron. Y también creo que esta preocupación es sana, en su justa medida, que quisiera yo ver a otros profesionales con pajas mentales como ésta un viernes por la tarde, en lugar de estar pescando, leyendo, paseando o tomando copazos tras unas cervezas con los compañeros, un poner.

            Pero la moraleja más importante que extraigo de este incidente, que hoy te quiero trasladar es la siguiente: por mucho que lo diga el marketing, no es verdad, el cliente no siempre tiene la razón.

            Hasta la semana que viene.

viernes, 11 de mayo de 2012

Me encanta que los viernes salgan bien

Hola de nuevo:

            Esta semana estoy contentilla, hombre. Empezó fatal, pero hoy viernes, un chaval gitano de mi zona, absentista en su día, ha firmado los papeles para estudiar cocina en Almería. La limpieza de choque de la que os hablaba la semana pasada va viento en popa gracias a mis tres heroínas y los camiones del ayuntamiento están retirando la basura que es un contento, aunque me da que algún operario se está acordando de mi madre y de mi casta al completo. La familia está colaborando ¿qué más puedo pedir? Solo el Consejo de Ministros me puede joder el viernes pero creo que con lo de Bankia ya están entretenidos y yo, además, no pienso entrar al trapo, que luego me sube la tensión.

            Tropelías peperianas aparte, esta semana quería hablaros de una iniciativa en la que estoy muy interesada y que seguro conoceréis. Se trata de la Iniciativa Popular Legislativa que ha puesto en marcha la Plataforma de Afectados por las Hipotecas y que tiene por objeto “que, ante una ejecución hipotecaria, las personas puedan liquidar su deuda con la entrega de la vivienda y volver a empezar de nuevo. La solución que se propone en la presente Iniciativa Legislativa Popular es hacer de la dación en pago retroactiva la fórmula preferente para la resolución de este conflicto: en el caso de que el bien ejecutado sea la vivienda habitual, su adjudicación por parte de la entidad financiera supondrá el pago de la deuda, extinguiéndose totalmente la misma junto con los intereses y costas. La extinción de la deuda comportará por efecto de la ley la extinción de cualquier tipo de fianza o aval”. El texto entrecomillado lo he sacado literal de la página web, que es esta: http://www.quenotehipotequenlavida.org/.

            Para ello se está realizando una recogida de firmas que se trasladarán al Congreso y así presionar para que se modifique la Ley Hipotecaria. Lo que propone exactamente la iniciativa es (vuelvo a cortar y pegar):

            1.  Dación en pago con efectos retroactivos: Se llama dación en pago al hecho de entregar la vivienda a la entidad financiera con la que se tiene la hipoteca a cambio de quedar libre de toda deuda.
            2.  Paralización de los desahucios: Siempre que se trate de la vivienda habitual y el impago del préstamo hipotecario sea debido a motivos ajenos a la propia voluntad.
            3.  Alquiler Social: El ejecutado tendrá derecho a seguir residiendo en la vivienda pagando un alquiler no superior al 30% de sus ingresos mensuales por un período de 5 años.

            Al igual que muchos de los que estáis leyendo esto, me ha tocado asistir como trabajadora social entre impotente e indignada al vergonzoso espectáculo de los desahucios, que es simple y llanamente el nombre técnico para poner a las familias en la calle. Familias, la mayoría, que han pagado su hipoteca religiosamente durante muchos años, años en los que el banco no se acordó de ellos ni para regalarles un juego de ollas, coñe; bueno, si se acordó de ellos, para ofrecerles préstamos y prestamillos sin tener en cuenta ni siquiera si los podrían pagar. Pues bien, esas familias que han pagado su casa durante 10, 15 años, se ven ahora acosadas (y lo digo literalmente) por directores de banco imberbes pero implacables, que no digo yo que no haya ningún director de banco “güeno”. Los buenos por desgracia están, en su mayoría, jubilados o reemplazados por otros con más tragaderas y menos escrúpulos.

            Y porque es una injusticia con mayúsculas lo que está sucediendo con respecto a los desahucios y demás, me alegra mucho que se estén promoviendo iniciativas para parar esta sangría. La de la Asociación de Directoras y Gerentes me parece sencillamente genial, por su atrevimiento y su calado, si no la conocéis, no dejéis de leerla y por supuesto apoyarla, este es el enlace a la página.

            La iniciativa de la PAH, sin ser tan ambiciosa, es un magnífico comienzo. Por mi parte, he solicitado ser fedataria (persona autorizada a recoger firmas) en esta iniciativa, he solicitado también a mi colegio profesional que se implique (creo que están por la labor) y a mis compañeros del trabajo también les he metido caña para que colaboren recogiendo firmas en el centro.

            Así pues, ya véis, estoy entregaíca a la causa hipotecaria y además ocupada, así no tengo malas ideas como poner verde al PP o reírme de la familia real, que ya me ha advertido mi sabia madre: “cuidao con lo que pones en el interné que te vas a buscar la ruina”, amén de preguntarme: “¿eso que escribes lo leen tus jefes…?”.

            Estoy contenta, si señor, por haberme activado, sentirme útil, porque la semana termina mejor de lo que empezó y porque es viernes, soleado viernes…

            ¡Towandaaaaaaa!

            Hasta la semana que viene.

lunes, 7 de mayo de 2012

Tipos de ascos

Hola de nuevo:

Hoy acabo de llegar a casa con ganas de quitarme en el ascensor los tenis (zapatillas deportivas en Almería), la camiseta, el pantalón y hasta el sujetador y las bragas. No es que me haya dado por convertirme en stripper (aunque con mi esbelta silueta lo tendría bien fácil) es que acabo de supervisar el inicio de una limpieza de choque en una vivienda donde acabo de prescribir el servicio de ayuda a domicilio.

A las personas que tengáis la inmensa suerte de desconocer en qué consiste una limpieza de choque, os diré que se trata de una limpieza a fondo que incluye, en la mayoría de las ocasiones, la colocación de un contenedor para la ingente cantidad de basura, fumigación y pintura. Esta limpieza se suele realizar en viviendas que no cumplen condiciones mínimas de salubridad. Dichas casas me producen un asco literal, físico, horrendo; al salir de ellas quiero lavarme o rascarme o quitarme la ropa o todo a la vez. Este asco lo acabo de bautizar asco de tipo 1 (náusea).

Las personas que se encuentran en esta lamentable situación no reúnen un perfil idéntico, vamos, que no todas son personas con síndrome de diógenes ni trastornos de tipo psicótico; de hecho la persona que habita esta vivienda no padece ningún trastorno mental, tampoco está aislada, ni tiene animales. Es simplemente autoabandono. Asi, sin más.

Que haya personas que, tras años de abandono, lleguen a esta situación sin que familia, instituciones ni vecinos líen el 2 de mayo es como para hacer examen de conciencia, cada uno desde la responsabilidad que la sociedad le encomienda. Esta pasividad me produce un asco del tipo 2 (vergüenza) a pesar de que yo misma he de apechugar con la parte que me toca, que no es poca.

Ha sido necesario encomendar la tarea a tres auxiliares de ayuda a domicilio: una directamente o se corta las venas o se las deja largas y dos auxiliares pueden acabar para el arrastre. Pues eso, que son tres auxiliares, aunque más bien son tres heroínas las que han acometido la tarea. Y, curiosamente, una de ellas es polaca, la otra es ecuatoriana y la tercera es cubana (son las que han aceptado el trabajo). Es lo que tiene que vengan los extranjeros a quitarnos el trabajo a los españoles. Asco número 3 (indignación).

Estas auxiliares van a cobrar la friolera de cinco euros y pico la hora por sacar la inmundicia, exponerse a enfermedades de todo tipo y sobreponerse a la flora y fauna que se puedan encontrar. Y lo han hecho pertrechadas de gorro (caen cucarachas que anidan en las paredes), guantes y una sonrisa detrás de la mascarilla que la coordinadora de la empresa les ha obligado a ponerse. Con una disposición a prueba de balas han llegado, puntuales, a las cuatro de la tarde a su cita y posiblemente a las ocho y media que son en este preciso momento estén finalizando la jornada que comenzaron a las 8 de la mañana.

Mientras tanto la empresa que las contrata percibe 13 euros por cada hora de servicio. Y Florentino Pérez, su jefe, ficha jugadores de "jurgol" y aplaude la reforma laboral. Este es el asco número 4 (rabia). Qué ascazo de empresa y qué orgullo de trabajadoras. Esta trabajadora social se quita el sombrero ante vosotras, aunque le caiga alguna cucaracha que otra. No es el peor de los ascos.

Hasta la semana que viene.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Día 1 de mayo, Día del Trabajo

Hola de nuevo:

Ayer día 1 de mayo, día del trabajo, tuve la suerte de poder celebrar que tengo uno. Este día, curiosamente, siempre me trae el recuerdo de mi infancia. Yo siempre he sido muy independiente por lo que de chica me encantaba fantasear sobre lo que sería tener trabajo y, lo más importante, un sueldo para gastármelo en aquello que me diera la gana, no los seis duros que mis "rácanos" padres me daban de paga, seis duros de los cuales uno tenía que echar al cestillo de la iglesia (aquí lo del cepillo no se estila). Echaba el duro en la cesta con la misma alegría con la que Woopi Goldberg entrega un cheque a las monjas en el final de "Ghost"; creo que a partir de desprenderme de mi duro se gestó mi cariño hacia lo religioso en general y lo católico en particular.

Pero quería hablar del trabajo. Yo tengo mucho que agradecerle al mío. Todos los días tengo experiencias buenas y por supuesto malas, pero ambas me hacen crecer enormemente como persona, además de proporcionarme el sueldo con el que de chica soñaba.

Dice mi admirado Luis Barriga que el Trabajo Social es una profesión ansiógena. Es cierto, pero precisamente, la cercanía con las personas, que es la que genera, entre otras cosas, la ansiedad, es la misma cercanía que nos permite observar las facetas más íntimas de las personas, sobre todo en el momento en que se acercan a nosotros, que es normalmente el período que más vulnerables se sienten.

Menudo momento para hablar de vulnerabilidad. Ninguna época y, qué coño, ningún gobierno en la historia reciente ha golpeado de una manera tan despiadada a la clase trabajadora, tanto, tanto y tanto y con tanta virulencia que nos ha dejado desmoralizados, desesperanzados, vacíos. Literalmente machacados.

Todos los días atiendo a un chorreo de personas desempleadas que acuden, derivadas por el INEM, para solicitar ayuda económica porque allí nada más les pueden ofrecer. Personas que te enseñan vidas laborales de 20, 25, 30 años con los ojos empañados en lágrimas, pero tratando de aguantar el tipo porque son madres, padres de familia (o no, tanto da) que nunca se han visto en esta situación y les avergüenza derrumbarse delante de una desconocida que incluso puede ser más joven que ellos.

Y esa desconocida, ridícula, pone cara de póquer porque no sabe qué decir, no sabe cómo dar apoyo a ese hombre de 55 años, grande, rudo, triste y enfadado, con las manos llenas de callos, la piel curtida por el sol de Almería y las tripas negras, que decimos por aquí. A esa mujer de 46, trabajando desde los 19 en el manipulado, con las manos operadas de túnel carpiano por tantos miles de kilos de verdura como han pasado por ellas, harta de echar curriculum en almacenes donde ni siquiera se lo aceptan porque ya tienen el cupo más que completo. Esa desconocida se siente una pieza más de un engranaje que no funciona. Y se siente mal. De nada sirve pero se siente mal. Mal por no tener respuestas, mal por quejarse de que le han bajado el sueldo, mal por ser funcionaria, mal por sentirse atacada, mal por no saber hacer las cosas mejor y mal por limitarse, rígida, a escuchar detrás de una mesa.

Y ayer día del trabajo, esa desconocida, esta que os escribe, ni siquiera tenía ganas de manifestarse. De lo único que tenía ganas ayer y tengo ganas hoy es de mandar a la mierda a Rajoy, a Merkel, a Sarkozy, a los bancos, a los economistas, a la monarquía, a los especuladores, defraudadores y a todos aquellos sinvergüenzas con nombres y apellidos que han causado que haya gente inocente luchando por su supervivencia porque ellos han jugado con este país como si España fuese la bolita de la ruleta del Casino de Torrelodones.

Lo siento amigos, esta semana me siento reactiva. No me quedo con las ganas. En nombre de mis clientes que son sus ciudadanos y en el mío propio, que también lo soy, el día 1 de mayo, todos los anteriormente mencionados, y alguno más, vayánse a la mierda. Así de claro.

Hasta la semana que viene.