jueves, 28 de junio de 2012

Día del Orgullo Gay

Hola de nuevo:

             Creo que he tenido conciencia de ser lesbiana desde que era un coco. De chica (tendría unos 7 años) le dije un día a mi madre que cuando fuese grande nunca iba a fumar ni tampoco me iba a casar. Lo primero lo he mantenido y lo segundo espero incumplirlo (esto va por ti, amorcito, quiero el anillo y toda la parafernalia).

            Asumir la homosexualidad supone un proceso complejo. Desde los cero años te dejan crecer el pelo a lo Pantoja (aunque todos los días chilles como Maria Callas cuando te peinan), te plantan en las manos la muñeca, el biberón, el carrito, te ponen una falda de tablas, te llenan la cabeza de odiosos lazos, te dicen que no te manches (los niños sí pueden) y te ponen a jugar a las casicas. Da igual que tú mates por darle patadas a un balón, quieras un coche teledirigido o te fascine apedrear gatos, afición ésta que solía practicar a la vuelta del colegio y que fui dejando por el qué dirán.
           
Tampoco es fácil vivir fuera del armario. La salida es horrenda en la mayoría de las ocasiones y a veces ni siquiera sales sino que te sacan a empujones, como me sucedió a mí, al pobre Ricky Martin y a tanta gente que, en muchas ocasiones, ni siquiera ha hecho el proceso de re-conocerse como homosexual. No era mi caso, pero en el armario vivía feliz en el anonimato y fuera la verdad es que la cosa está jodida. Pongo un ejemplo. Mucha gente tiene una conocida lesbiana lo mismo que tiene un bolso de Carolina Herrera, un ipad o un Mini descapotable. Pongámonos en situación:

-         ¡¡Tía, tengo una compañera en el trabajo que es lesbiana!!.
-         Joder, qué oficina más moderna tienes.

(Podemos sustituir el término lesbiana por gótica, vegana, seguidora de la cábala, albina o dominatrix…)

Po zí Amparo, en el momento en que la gente se entera de tu orientación sexual, ésta pasa a ser una marca de identidad que, por supuesto, va acompañada del paquete de estereotipos que te puedes imaginar. Y no creas que es una cuestión de gente mayor, qué va, el más moderno te sale con lo de “¿Quién hace de hombre y quien de mujer?”. A mí me gusta contestar: “nos vamos alternando”. Ainss.

Por otra parte también es destacable el grupo de gente que te dice: “ay hija, si los homosexuales ya no están discriminados, mira Jesús Vázquez y el de los Morancos y todo…”. A éstos les recuerdo el Caso Arny y les digo que el PP tiene recurrida la ley de matrimonios homosexuales en el Constitucional, pero ni por esas. Por cierto, ¿qué más les dará a los del PP que ni en eso tranquilos nos van a dejar, coñe?

Afortunadamente también hay personas como mi familia; ellos nunca me preguntaron por este tema, simplemente lo asumieron con la naturalidad que pudieron porque soy su hija, hermana, cuñada, tía y me quieren y ya está. También están mis compañeros del trabajo, que jamás han hecho una broma de mal gusto y que han integrado el tema sin más, preocupándose por mí cuando he tenido alguna ruptura y ofreciéndome su apoyo, y, por supuesto, están mis amigos.

No es tan fácil vivir fuera del armario. Todos los días libras pequeñas guerras que para los heterosexuales son invisibles. Y los que están dentro tampoco lo tienen fácil para salir porque la discriminación persiste rebelde bajo la piel de esta sociedad. El Día Internacional del Orgullo Gay es un buen momento para denunciarlo. Y para nosotros es un día muy especial, nos sirve para recordar que en 1969  hubo un grupo de valientes en Nueva York que se enfrentaron a la policía para hacer valer su dignidad (pride, que en español tiene un significado más de dignidad que de orgullo, sería más correcto traducirlo así).

Porque me siento orgullosa, o mejor, digna por lo que soy, hoy quiero decir que soy homosexual, que he construido mi propia familia y que ésta es tan familia como cualquier otra. Y diré algo más: si creen algunos que eso me lo van a arrebatar, van listos. Estamos preparados para la batalla. A la hora de luchar, los que conformamos el colectivo LGTBI les llevamos tela de ventaja.

Feliz Día del Orgullo Gay. A todos.

Hasta la semana que viene. 

PD. Altamente recomendable el libro "Homosexualidad y Trabajo Social" de nuestro colega Ángel Maroto.

viernes, 22 de junio de 2012

Berja

Hola de nuevo:

Llevo 11 años trabajando en Berja. Es un pueblo al pie de la Alpujarra Almeriense cuyo nombre proviene del latín Virgis, que significa “Vergel”, por la cantidad de agua que corre bajo sus campos y que propicia un maravilloso paisaje rural.

Berja es un pueblo con una realidad social dura. A medio camino entre el Poniente Almeriense y la Alpujarra, perdió el tren de la agricultura intensiva (aunque haberla, hayla) y del turismo rural, que tan buenos frutos les ha dado “a los pueblos de más arriba” (Laujar, Fondón…). Un tren perdido "gracias" a la labor de los diferentes gobiernos municipales, preocupados más por la consabida política de pan y circo que por generar futuro para sus ciudadanos. El resultado es un municipio con una alta tasa de paro, escasos yacimientos laborales y una gran parte de su ciudadanía atenazada por el inmovilismo y la cultura de la pobreza; en resumen, desesperanzada. El trato con ellos no es, digámoslo así, fácil.

La crisis ha supuesto el mazazo final. Antes iba a los barrios a hacer visitas domiciliarias y las calles estaban vacías, si acaso algún niño en bici, que, al verme, huía despavorido porque a esas horas tenía que estar en el colegio. Hoy el panorama es desolador, sobre todo en el Cerro de San Roque: hordas de hombres, jóvenes y mayores, llenan las esquinas y sentados en las aceras se lamentan, retroalimentándose en la apatía. Los más atrevidos aprovechan mi paso para preguntarme si hay ayudas, si hay algo para ellos. Niego con la cabeza, les sonrío y continúo mi camino subiendo las cuestas del cerro, bajo el sol abrasador del inicio del verano.

Al día siguiente, a primera hora, veo la hoja de las citas. “Dios mío, otra vez fulanica, seguro que viene otra vez con el mismo cuento” me digo. “Y encima también tengo al pesado que quiere que le haga tal chanchullo, ojalá no venga…”. Pero no, acude a verme, y efectivamente quiere que le haga tal chanchullo. Acabo de atender y tengo que hacer visitas, “qué calor, y además a estas horas me voy a encontrar a todo el barrio-¿vienes a ver las casas?, pasa y ve la mía que está que se viene abajo-”. Estoy cansada.

Llevo 11 años trabajando en Berja. Es un pueblo al pie de la Alpujarra Almeriense cuyo nombre proviene del latín Virgis, que significa “Vergel”, por la cantidad de agua que corre bajo sus campos y que propicia un maravilloso paisaje rural.

Berja es un pueblo con una orografía montañosa. Algunos de los barrios del municipio se asientan sobre sus cerros. El agua corre risueña por debajo de sus calles y se asoma, cristalina, a través de sus más de veinte fuentes. Salgo a hacer visitas; los naranjos, álamos, los pocos parrales que quedan y las flores del camino me inundan la vista de verde. Es casi verano: los márgenes de las estrechas carreteras, por las que circulo a toda velocidad, se llenan de amapolas, vinagreras y margaritas silvestres.

Hace calor, tengo sed. Paro el coche en la Fuente del Oro y bebo agua, muy fresca. Aprovecho para echarme agua en la cara y me sale al paso “mi” Lola:
- ¿Dónde vas, Belén, por aquí?
-  Ya ves Lola, a ver a una mujer que está malilla...
-  Yo sí que estoy mala y no me han dado la dependencia, ¡claro, como no me quejé cuando vino la muchacha!
- ¡Calla ya Lola, que estás hecha una niña a tus 67 años, viniendo por agua a la fuente!
- ¡Ay Belén, qué ganas de chiste tienes siempre! Mira que te diga ¿puedo pedir la dependencia otra vez cuando me opere de la rodilla?
- Claro Lola, pero cuando acabes la rehabilitación. Pide número y lo vemos en el despacho.
- Mu bien bonica. Ten cuidao con la cuesta que resbala mucho.
- Adiós guapa.

Llego a la casa a la que voy. Espero que la auxiliar de ayuda a domicilio, con la que he quedado, para presentarla, llegue. Aquí viene, andando de otro domicilio, sudorosa y sonriente. Entramos a la casa, qué fresquito aquí dentro…

-¡Carmen, soy Belén, la asistenta, vengo con la auxiliar para que empiece hoy!
- Pasad “padentro” que estoy en el patio.

Termino rápido para que las dos se vayan conociendo y me marcho con una bolsa de naranjas que la anciana se ha empeñado en darme. Me ha alegrado mucho ver el rostro iluminado de Carmen al presentarle a la auxiliar de ayuda a domicilio. No quiere salir de su casa, sus hijos viven fuera de Berja, en pisos, ella no es de vivir en un piso, sin sus vecinas, sus macetas y su perrillo se moriría de tristeza.

De camino al centro de servicios sociales, me voy parando con el coche en mitad de la calle. Los coches que esperan detrás no me pitan. Me paro con vecinos, cliente míos en su inmensa mayoría; me gastan bromas, me preguntan cómo estoy. Yo en cambio, me pregunto cómo les queda amabilidad, ganas de bromear. Cómo me tratan tan bien a pesar de lo que están pasando y de lo poco que les puedo ofrecer. Y me siento mal. Mal por no querer levantarme para ir a trabajar, mal por odiar esta profesión en muchas ocasiones y mal por atrincherarme en el despacho otras tantas.

Llevo 11 años trabajando en Berja. Es un pueblo al pie de la Alpujarra Almeriense cuyo nombre proviene del latín Virgis, que significa “Vergel”, por la cantidad de agua que corre bajo sus campos y que propicia un maravilloso paisaje rural.


Hasta la semana que viene.


(Dedicado a Beatriz, catalana de nacimiento y virgitana por voluntad propia.
Bea, no permitas que los recortes te roben la sonrisa...)
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viernes, 15 de junio de 2012

¡Al rico Código Deontológico, que lo traigo fresco, oiga...!

Hola de nuevo:

Aleluya. Parece ser que por fin nos hemos dado cuenta de que hay que movilizarse y la llamada "Marea Naranja" se extiende allende el territorio español como azafrán por paella dominical. En Almería estamos en ello, búscanos en facebook "Marea Naranja Almería".

Pero no es mi intención hablar sobre este tema, del que supongo que facebook y demás te tendrán al tanto. Mi entrada de hoy quiero dedicarla al nuevo Código Deontológico de la profesión, que acaba de aprobar el Consejo General, tras un intenso trabajo con los diferentes colegios profesionales. Buena labor la que han realizado las compañeras y compañeros, sí señor.

Me he leído los dos Códigos (también me leí en su día El Código Da Vinci, un "best seller" ¡ja!) y he realizado una breve comparativa; la verdad es que el antiguo, aprobado en 1999 no respondía a la realidad actual, tal y como se explica en su preámbulo: "El desarrollo de nuestra profesión a lo largo de estos años, puso de manifiesto la necesidad de adaptar el código deontológico a las nuevas realidades sociales, a los nuevos usos de las tecnologías de la información y la comunicación y a las nuevas circunstancias legislativas del siglo XXI".

La estructura es bastante más sencilla y se organiza en torno a cinco capítulos. Del primero, destacar que el Art. 5, que es el que define el Trabajo Social, será modificado porque la FITS tiene previsto realizar una nueva definición del Trabajo Social (espero que más operativa que la existente, que no hay quien la explique y menos quien la memorice, omá).

El Capítulo II contiene los principios de la profesión; me gusta mucho la manera en que se han distribuido y redefinido. Dichos principios se agrupan en dos categorías: principios básicos y principios generales. Los principios básicos son:

1.- Dignidad. La persona humana (¿hay otras clases de personas? bueno sí, Rato, Botín, Esperanza Aguirre...), única e inviolable, tiene valor en sí misma con sus intereses y finalidades.
2.- Libertad. La persona, en posesión de sus facultades humanas, realiza todos los actos sin coacción ni impedimentos.
3.- Igualdad. Cada persona posee los mismos derechos y deberes compatibles con sus peculiaridades y diferencias.


Sobre los principios generales, que son 17, subrayar la diferenciación entre individualización y personalización, que me parece muy interesante ya que el primer término se refiere a la relación teniendo en cuenta las particularidades de cada persona y el segundo exige reconocer el valor de la persona no como objeto de la intervención, sino como sujeto. También me ha parecido destacable la diferenciación entre autonomía y autodeterminación, muy en boga en los libros de ética (¡cómo me ha quedao, madre!).

El Capítulo III , por su parte, hace referencia a los derechos y deberes de los trabajadores sociales, diferenciando tres aspectos:
  • Con la persona usuaria.
  • Con otros profesionales.
  • Con las instituciones.
Aquí debo hacer una objeción, o, más bién, una sugerencia: ¿Cuándo vamos a sustituir el término usuario? Me parece de lo más inadecuado, otro día explico por qué, que si no me voy por los cerros de Úbeda (preciosa ciudad con iglesia renacentista y todo).

Lo mejor, a mi juicio, del Código nuevo se contiene en el Capítulo IV La confidencialidad y el secreto profesional itachaaan!. Aquí clasifica los deberes (ojéalo, está muy bien) y además se ha afinado bastante en lo que respecta al secreto profesional,  sobre todo en lo referente a los supuestos de exención, y completa este apartado con un pequeño modelo de resolución de dilemas éticos, por así decir, que es este:

Artículo 55.- En caso de duda en la aplicación de los principios y supuestos antes indicados para la ruptura del secreto profesional se atenderá jerárquicamente a los siguientes principios:
a. Prioridad de protección de los derechos fundamentales de la persona usuaria o terceros especialmente protegidos por la Ley.
b. Principio de seguridad.
c. Principio de libertad de decisión.


Para finalizar, el Capítulo V regula las Comisiones Deontológicas, otro aspecto que echo mucho en falta en el desempeño diario y que me parece fundamental en nuestra profesión.

Lo dicho. Me parece un buen trabajo, exceptuando algún matiz. Ahora lo que toca es imprimirlo y tenerlo a mano en el despacho. Recomendaré a mis compañeros de fatigas que se lo lean para comentarlo después. En mi centro, de vez en cuando, nos reunimos para dirimir algún problema de tipo ético, considero que es una buena praxis que te propongo que pruebes.

Hale, soy una campeona, me he empapado el código, he escrito el blog y he sobrevivido a una semana más del larrrrgo Año Mariano, tal y como dice una persona (humana) que me lee. Po zí, creo yo que me merezco una cervecica; afortunadamente mi dietista (sí, lo confieso, estoy a dieta) no sabe ni que el blog existe, que si se entera de que bebo a escondidas ¡boooomba!

Hasta la semana que viene.

viernes, 8 de junio de 2012

Caras y "Cruces"

Hola de nuevo:

            El pasado 4 de junio el Consejo General del Trabajo Social recibió la Cruz de Oro de la Solidaridad Social en el Palacio de la Zarzuela de manos de la reina doña Sofía, si no has visto la noticia, pulsa aquí.

            Si llego a ser yo la encargada de recoger el premio me hubiese quedado “con la boca doblá” por decir a la Reina: “¿majestad, no le entran a usted ganas de volverse para Grecia con la horda de vagos y chorizos que tiene por familia? Es que a mí doña Sofía es la única de la familia que me cae bien, tan peinada, tan vegetariana ella y tan ecológica; oye, hasta ha adoptado hace unas semanas a una perrilla, Paquita, en la Feria de Animales de Madrid (notición del telediario: sin comentarios). A la pregunta, la Reina creo que me hubiese contestado “bien, gracias”, para mí que éstos ni escuchan lo que les preguntan en las recepciones.

            Al conocer esta noticia a través del correo electrónico experimenté una sensación agridulce: me alegra profundamente que la labor del colectivo sea reconocida y por otra parte no me siento merecedora, por la parte que me toca, de tal reconocimiento. Tras darle algunas vueltas a estas sensaciones la noticia me ha suscitado reflexiones varias, en esta entrada trataré de explicar algunas de ellas.

            Como decía, no me siento merecedora de la distinción; yo no formé parte de la creación y consolidación del sistema público de servicios sociales ni de ninguna otra lucha social en el pasado. Actualmente tampoco he salido a la calle detrás una pancarta a defender el sistema público de servicios sociales (la problemática de sanidad y educación es reivindicada en todos los ámbitos por todo el mundo, por algo será), no he organizado ni asistido a ningún foro de debate sobre los recortes, ni he conectado con los movimientos sociales para explicar lo que nos está pasando, no he denunciado ni dentro ni fuera del trabajo, exceptuando el blog, aquellas medidas que han pisoteado los derechos de la ciudadanía. Ese premio no es, por tanto, para mí.

            Doy mi enhorabuena por la concesión de la citada cruz a la Asociación de Gerentes de Servicios Sociales, a Patrocinio de las Heras, a la que además se le ha otorgado otra distinción, a Natividad de la Red, a Elvira Cortajarena, a Teresa Zamanillo, a Lourdes Gaitán, a Dolors Colom, a Silvia Navarro y a otras trabajadoras sociales que injustamente seguro se me olvida nombrar. Desde lo académico o desde el ejercicio en cargos de responsabilidad, han hecho de esta profesión lo que hoy es.

            Pero, sobre todo, doy la enhorabuena a tantas y tantas trabajadoras sociales anónimas que, superando los 50 años de edad, aún tienen fuerzas y ganas de defender la profesión y a la ciudadanía; desde su anonimato, durante los años 80 pusieron en pie lo que hoy tenemos y hoy día siguen creyéndose esto del Trabajo Social. Ellas son las verdaderas premiadas.

            Nosotras, las jóvenes (o no tan jóvenes, lo digo por mí) somos las responsables de tomar el relevo. No tienen que dárnoslo, tenemos que pedirlo. El Trabajo Social va inexorablemente asociado a la existencia del Estado de Bienestar. Es importante recordarlo. ¿Podemos seguir viviendo de las rentas? Las compañeras y compañeros de Castilla la Mancha, Aragón, Cataluña, Las Palmas, Málaga o Madrid han dado motivos para la esperanza con sus iniciativas. Ojalá cada vez seamos más.

            Nuestras predecesoras actuaron en su momento, el que les correspondía; este es el nuestro. De ti y de mí depende que dentro de 20 años el presidente de la III República Española nos otorgue otro reconocimiento similar o por el contrario la ciudadanía ni nos recuerde siquiera.

            Hasta la semana que viene.


(Dedicado con todo mi cariño a dos trabajadoras sociales de Almería que son muy merecedoras de este premio:  Concha Márquez y Pilar de la Torre)

viernes, 1 de junio de 2012

Objeción de conciencia, brotes verdes y otras hierbas

Hola de nuevo:

            Ayer, a las tres y pico de la tarde, me encontraba yo en mi despacho recuperando horario, sola como la una; último día del mes, que si no, me cogen a las tres en “pierdeliebre”, que para eso una es funcionaria y tiene que llevar con orgullo la fama. En fin, que con los pajarillos como fondo y la tranquilidad que (normalmente) se respira en el entorno rural a esas horas, me puse a cumplimentar un PIA.

            Para quienes no sepan qué es un PIA, me explico: un PIA, más concretamente, un Programa Individual de Atención, es el documento donde los trabajadores sociales volcamos la intervención con una persona en situación de dependencia y se prescribe el recurso en cuestión entre las opciones que el paradisíaco catálogo de dependencia ofrece, cada vez más, gracias a Marianico el facha.

            La persona en situación de dependencia cuyo PIA estaba realizando es un niño pequeño con una problemática familiar importante y una madre abnegada por ofrecer lo mejor a su hijo, como tantas y tantas, y no por ello menos reseñable. El “pitufo” ha sido valorado como dependiente severo nivel 1 y la familia necesita la PECEF como agua de mayo.

            La PECEF es la prestación económica por cuidados en el entorno familiar. ¡Sí, esa! ¡Esa que los trabajadores sociales hemos prescrito sin ton ni son y que ha llevado al país a la ruina! ¿Ah, pero no lo sabías? A este país no lo ha llevado a la ruina los bancos ni el ladrillo ni la corrupción ni los mercados ni nada de eso. A este país lo ha llevado a la ruina la ley de la dependencia; ¡se me olvidaba!, y las prestaciones a los parados, todos trabajando y cobrando el paro, eso, eso es lo que ha llevado a la ruina a este país (lo tristísimo de este discurso es escucharlo en boca de trabajadores sociales…)

            Hecha esta aclaración, continúo con la exposición del caso: la familia, por diversas circunstancias, necesita la PECEF como el comer. La cantidad que se percibe en concepto de PECEF depende de tres cuestiones: el grado y nivel de dependencia, los ingresos de la persona dependiente y la intensidad de los cuidados (en horas diarias). Y ahí es dónde voy.

            Resulta que ahora, según una norma que aún no he visto en ningún BOE ni BOJA, se nos dice desde la Junta de Andalucía a los trabajadores sociales que no podemos establecer (escribir, vamos) en el PIA que la intensidad de los cuidados es completa (aunque realmente sea así) en personas con un grado II nivel 1, como mi “pitufo”, con lo cual, la familia no recibirá la cuantía completa de la prestación aunque los cuidados se presten durante todo el día.

            Conforme iba redactando el diagnóstico, me iba entrando una mala hostia importante y además me surgieron los siguientes interrogantes:

  • ¿Cómo es posible que la Junta pueda establecer criterios “alegales”?
  • ¿Cómo es posible que esta medida se ponga en marcha para todo el mundo y no se contemplen excepcionalidades?
  • ¿Cómo es posible que alguien se crea que en Andalucía no hay recortes?
  • ¿Cómo le explico yo esto a esta familia?
            Y lo que más me cabrea: ¿Quién es la Junta para decirme a mí (o a cualquier otra TS, vaya) lo que tengo que poner? ¿No es el PIA una recomendación? Pues que resuelvan ellos lo que consideren oportuno. Es más, sigo dándole vueltas al tema y caigo en que “¿a algún médico le dice la Junta lo que tiene que poner en un informe?”

            Sigo dándole vueltas (madre mía, cada vez más enerrrvada yo sola en el centro) ¿no hacen los farmacéuticos objeción de conciencia cada vez que les sale del ibuprofeno? ¿no hacen también los médicos antiabortistas (entre otros) objeción de conciencia?¿no se van a declarar los enfermeros insumisos con respecto a la atención a inmigrantes? Pues entonces…

            Entonces ¿por qué no hacemos objeción de conciencia los trabajadores sociales contra aquellas medidas que vulneran nuestro código deontológico? ¿por qué no somos capaces de declararnos insumisos ante aquellas políticas que atentan contra la ciudadanía?. O, al menos, ¿no podemos limitarnos a prescribir recursos con criterios profesionales y que otros arreglen lo que no hemos roto?

            Dijo Malcolm Payne “tres fuerzas crean y transforman el Trabajo Social: la institución, el cliente y el propio trabajador social”, sé que nos debemos al cliente e igualmente nos debemos a la institución, pero cuando ésta pierde la capacidad de gestionar para la ciudadanía, deja de servir al ciudadano para servir a sus propios intereses.

      Es por eso que propongo que comencemos a plantearnos la objeción de conciencia en determinadas circunstancias, sobre todo con el código deontológico en la mano. El ejemplo que he puesto para ilustrar esto quizá no sea el más adecuado. Este niño, que me da un beso cada vez que me ve porque es así de simpático, vivirá feliz y protegido reciba su madre más o menos prestación por cuidados. Si hay algo grande en esta Andalucía mía y tuya son sus ciudadanos, sus familias. Ahí estarán, como siempre, haya ley de dependencia o no.

      Al fin lo han dicho los colegios profesionales en el foro de Cádiz (creía que me jubilaba sin escucharlo), debemos luchar contra los recortes. Bueno, al menos es un comienzo…Como diría Elena Salgado (¿no es ahora consejera de Endesa?), se observan brotes verdes, bueno, más bien negros, hoy es viernes, viernes negro para los servicios sociales, pero soleado, prometedor, ansiado viernes.

Hasta la semana que viene.


Dedicado a “Agustina de Aragón”, aunque sea educadora social (nadie es perfecto)