viernes, 8 de junio de 2012

Caras y "Cruces"

Hola de nuevo:

            El pasado 4 de junio el Consejo General del Trabajo Social recibió la Cruz de Oro de la Solidaridad Social en el Palacio de la Zarzuela de manos de la reina doña Sofía, si no has visto la noticia, pulsa aquí.

            Si llego a ser yo la encargada de recoger el premio me hubiese quedado “con la boca doblá” por decir a la Reina: “¿majestad, no le entran a usted ganas de volverse para Grecia con la horda de vagos y chorizos que tiene por familia? Es que a mí doña Sofía es la única de la familia que me cae bien, tan peinada, tan vegetariana ella y tan ecológica; oye, hasta ha adoptado hace unas semanas a una perrilla, Paquita, en la Feria de Animales de Madrid (notición del telediario: sin comentarios). A la pregunta, la Reina creo que me hubiese contestado “bien, gracias”, para mí que éstos ni escuchan lo que les preguntan en las recepciones.

            Al conocer esta noticia a través del correo electrónico experimenté una sensación agridulce: me alegra profundamente que la labor del colectivo sea reconocida y por otra parte no me siento merecedora, por la parte que me toca, de tal reconocimiento. Tras darle algunas vueltas a estas sensaciones la noticia me ha suscitado reflexiones varias, en esta entrada trataré de explicar algunas de ellas.

            Como decía, no me siento merecedora de la distinción; yo no formé parte de la creación y consolidación del sistema público de servicios sociales ni de ninguna otra lucha social en el pasado. Actualmente tampoco he salido a la calle detrás una pancarta a defender el sistema público de servicios sociales (la problemática de sanidad y educación es reivindicada en todos los ámbitos por todo el mundo, por algo será), no he organizado ni asistido a ningún foro de debate sobre los recortes, ni he conectado con los movimientos sociales para explicar lo que nos está pasando, no he denunciado ni dentro ni fuera del trabajo, exceptuando el blog, aquellas medidas que han pisoteado los derechos de la ciudadanía. Ese premio no es, por tanto, para mí.

            Doy mi enhorabuena por la concesión de la citada cruz a la Asociación de Gerentes de Servicios Sociales, a Patrocinio de las Heras, a la que además se le ha otorgado otra distinción, a Natividad de la Red, a Elvira Cortajarena, a Teresa Zamanillo, a Lourdes Gaitán, a Dolors Colom, a Silvia Navarro y a otras trabajadoras sociales que injustamente seguro se me olvida nombrar. Desde lo académico o desde el ejercicio en cargos de responsabilidad, han hecho de esta profesión lo que hoy es.

            Pero, sobre todo, doy la enhorabuena a tantas y tantas trabajadoras sociales anónimas que, superando los 50 años de edad, aún tienen fuerzas y ganas de defender la profesión y a la ciudadanía; desde su anonimato, durante los años 80 pusieron en pie lo que hoy tenemos y hoy día siguen creyéndose esto del Trabajo Social. Ellas son las verdaderas premiadas.

            Nosotras, las jóvenes (o no tan jóvenes, lo digo por mí) somos las responsables de tomar el relevo. No tienen que dárnoslo, tenemos que pedirlo. El Trabajo Social va inexorablemente asociado a la existencia del Estado de Bienestar. Es importante recordarlo. ¿Podemos seguir viviendo de las rentas? Las compañeras y compañeros de Castilla la Mancha, Aragón, Cataluña, Las Palmas, Málaga o Madrid han dado motivos para la esperanza con sus iniciativas. Ojalá cada vez seamos más.

            Nuestras predecesoras actuaron en su momento, el que les correspondía; este es el nuestro. De ti y de mí depende que dentro de 20 años el presidente de la III República Española nos otorgue otro reconocimiento similar o por el contrario la ciudadanía ni nos recuerde siquiera.

            Hasta la semana que viene.


(Dedicado con todo mi cariño a dos trabajadoras sociales de Almería que son muy merecedoras de este premio:  Concha Márquez y Pilar de la Torre)

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