jueves, 5 de julio de 2012

Un año de blog

Mi Nikita y yo. Autorretrato.
“Escribir es un acto de afirmación personal pero también de exposición a los demás; un trabajador social al que admiro, Ángel Maroto, dijo una vez que a los pájaros no se les pregunta por qué cantan, cantan porque tienen una melodía que cantar y por ello tampoco debemos preguntarnos "por qué escribir", si lo hacemos es porque tendremos algo dentro que necesitamos expulsar, a veces de forma torpe o abrupta.

En mi caso, tengo el defecto de aturdir a todo aquel ser humano que se cruce en mi existencia con un torrente de palabras e ideas más o menos conectadas entre sí; padezco incontinencia verbal y parece ser que la palabra hablada no es suficiente para sentir que me expreso al mundo. Por otra parte, también me someto al escarnio ajeno por lo que creo que el mundo y yo estamos empatados”.


            Así comenzaba mi aventura un jueves (como hoy) 7 de julio de 2011 como escritora a través de esta maravilla de la tecnología que es Internet (¡citándome a mi misma, los vellos como escarpias...!)

            Empecé a escribir con mucho miedo: al ridículo, a comprometerte a escribir todas las semanas, que te obliga a sentarte frente al temido folio en blanco, sí o sí. A mí me ayudó mucho un truco bastante conocido y simple, que consiste en escribir toda la entrada de corrido, sin pensar y sin corregir, para que fluya nuestra faceta más creativa y, posteriormente, regresar al ordenador y corregir lo escrito. Eso hace que te sueltes y además genera constancia y rutina, aspectos fundamentales para alguien que quiera escribir más o menos en serio, como es mi caso.

            Escribir también te obliga a ralentizar el ritmo del pensamiento. Cuando hablamos, pensamos poco y rápido, al menos yo. La escritura implica detenerse y escoger cuidadosamente las palabras para poder describir con exactitud lo que queremos decir.
           
Por otra parte, al igual que le ocurre a mi ciber amigo Joaquín Santos (cuyo blog no debes dejar de leer), el blog ha sido una estupenda excusa para conectar con otras personas que sienten o piensan lo mismo que yo, y/o con muchas otras que tienen una inquietud increíble por hacer de este mundo algo mejor que lo que se encontraron. Esta aventura me ha dado, por tanto, muchas satisfacciones.

            Pero si hay algo que tengo que agradecer al blog es la posibilidad de reconciliarme con mis fantasmas, que no aspiro yo a exorcizarlos (llevan demasiados años conmigo). Sobre todo el fantasma de la quemazón profesional. La crisis nos tiene a todo el colectivo de trabajadores sociales literalmente achicharrados, tanto, que a veces me resulta misión imposible escribir sobre otra cosa que no sean los puñeteros recortes.

            A veces he regresado del trabajo pensando en determinadas intervenciones que he realizado sin pestañear y sólo al relatarlas en el blog he tenido conciencia real de la trascendencia de las mismas y de lo importante que es no dejarse llevar por dicha quemazón.

La reflexión, o mejor, la introspección es fundamental para caer en la cuenta de los muchos errores que cometo en el trabajo, aunque eso me haga escribir más de una vez con lágrimas en los ojos (soy de lágrima fácil, tipo Candy Candy). En ese momento, tras emitir un teatral suspiro para que me oigan, suele llegar mi Nikita, la cojo en brazos y sigo escribiendo a la vez que ella me lametea el brazo o me obstaculiza la pantalla, mirándome con ojos tipo Platero...

              He perdido el miedo a escribir. Y es difícil tener ideas nuevas cada semana, en eso suelo pedir ayuda. En la elección de temas y la corrección recibo la ayuda de mi pareja, que además frena mis intentos de despotricar sistemáticamente contra todo aquello que se me pone por delante. Ella me anima en esto de la escritura pero también me critica duramente para que no se me suba el pavo, ejem, ejem…

            Pues sí amigos, escribir no es tan difícil (otra cosa es escribir bien, madre...). Implicarse a través de la red tampoco. Cada vez hay más compañeras y compañeros que se están animando a crear su propio blog: Nacho Santás, Rafael Arredondo, Begoña García, Pedro Celiméndiz, Jaime García  y otros cuyo nombre completo no he conseguido encontrar en la red (disculpadme). Incluso hay quien se ha atrevido con un semanario sobre Trabajo Social como Pedro Arambarri y con la recopilación de recursos sobre Trabajo Social como Juanma Gil. En mi página podrás encontrar enlaces a las suyas. Si tienes alguna página, no dudes en escribirme y la inserto. Y si te pica el gusanillo, anímate, no hay crítico más cruel que uno mismo, te lo digo por experiencia. Crear un blog es gratis y bastante fácil. Es una manera de hacernos escuchar. La voz de los trabajadores sociales es, hoy más que nunca, necesaria.      

Son tiempos duros. Son tiempos convulsos. Decretazos en dependencia. Despidos. Privatizaciones. Copagos y repagos. Ajustes. Vivir por encima de...(dicen chorizos, sinvergüenzas y mangantes de guante blanco).¿Hasta cuanto o cuando podemos resistir la ciudadanía? ¿Somos zanahoria, huevo o café? Yo más bien creo que somos chicle.

A través de un blog, en la red, en la calle, en el trabajo, es tiempo de movilizarse, es tiempo de escribir, es tiempo de actuar.
           
Hasta la semana que viene.

(Amparo Uribe y Alicia Muñoz, GRACIAS infinitas por leerme y animarme desde el principio…)

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5 comentarios:

  1. Feliz cumpleaños. Ahora me toca felicitarte a mí. Y como se suele decir. Y que cumplas muchos más...Un beso.

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  2. Gracias a tí, por despertarme nuevas inquietudes, incluso por incrementar mis dilemas eticos. Chica, eres una mina. Como siempre, maestra, todo un placer.

    Felicidades por ese primer añito de blog!!!

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  3. ENHORABUENA POR EL BLOG BELEN... CADA SEMANA ESPERO SUS ENTRADAS. UN ABRAZO

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  4. Gracias Belén. Seguir tu blog y leer tus comentarios resulta muy sugerente. A cumplir unos cuantos años más.

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  5. Pablo muchas gracias por tus amables palabras, sobre todo teniendo en cuenta que se me ha olvidado nombrarte y eso que leo tu blog asiduamente. No tengo perdón. Un abrazo desde Almería.

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