viernes, 27 de julio de 2012

¡Viva la Marea Naranja, Paquiiiiiiiiiiito!

Hola de nuevo:

            Qué época nos está tocando vivir…Ni siquiera durante el verano hay tregua; hasta esa tradición “sagrada”, tan española, que consiste en quedarnos en stand by veraniego ha profanado Mariano Manostijeras y su prima la de riesgo, que digo yo que cuando llegue a mil puntos explotará España o algo así ¿no?

            Una situación tan grave requiere medidas excepcionales, por ejemplo: yo pido que, en lugar de Soraya, para anunciar los tradicionales recortes semanales pongan a King África ¿te imaginas la marcha? Empezaría la rueda de prensa con ¡boooooooomba! ¡Estos recortes son una BOM-BA!. Y continuaría con ¡Otra subida del IVA Paquiiiiiiiiiiiiiiiiiiiito! Todo eso, claro, con un corillo de dos tiíllas en bikini detrás; mira tú, para eso si pueden coger a algunas del PP, se me ocurre Cospedal y Andrea Fabra. España lo que es arreglarse no se arreglaba, pero, ¡qué telediarios, madre…!

            (Creo que a estas alturas mis idas de olla no son ninguna novedad. Continuemos)

            Al margen de lo mala-malísima que está la cosa, repito, hay motivos para la esperanza y no estoy loca. La gente parece que despierta de su letargo y comienza a salir a la calle. La Marea Naranja es una buena prueba de ello. No he querido dedicarle ninguna entrada a la Marea porque ya tienes, a través del  face buena cuenta de su evolución (¡no me digas que no tienes facebook, no quiero escucharlo!). También han informado otros compañeros blogueros sobre el colectivo de una forma más sensata que yo. Lo que te quiero transmitir en la entrada de hoy son mis sensaciones durante la manifestación del día 19 de julio, ya en frío.
             
            Vivo a 40 kilómetros de la capital así que cada vez que hay manifestación realizo un agradable ritual. Ducha, camiseta naranja planchada (no por mí, ejem), pancarta, móvil para las fotos, dinerillo para el parking y hale, al coche. Recogemos a familiares o amigos porque la gasolina está muuuuuy cara y hay que rentabilizar. 

            Una vez en Almería y con el coche en el parking (plazas libres, ¡bien!), sacamos nuestras pancartas del maletero y hale, a Puerta Purchena ¡qué ambiente en las calles, cuánta pancarta! No hay pan para tanto chorizo, que el próximo parao sea un diputao, recortes no, juventud sin futuro sin miedo…Ríos de personas de distinta condición, de distinto origen y con diferentes problemas, pero ciudadanos y ciudadanas cabreados como yo, que han salido de sus casas a mostrar su indignación, a decir que están hasta el jopo, en resumen.

Al llegar al punto de encuentro de la olilla naranja ¡qué sorpresa, cuánta camiseta! (nuestro Consejo se lo ha currado enviándolas tan rápido). Y lo mejor, dentro de las camisetas, personas a las que hace mil que no veía, dispersos como estamos los trabajadores de Diputación por esta bendita provincia; al saludarnos, abrazos, de esos que damos apretando, besos... "¡te has cortado el pelo!", "te presento a mi marido, él va de verde porque es maestro", "esta es mi hermana, la que se ha quedado en paro, fíjate qué mal, con un niño chico", "¿tu hija ya está estudiando la carrera?", "¡hombre, los psicólogos también estáis aquí!". Cientos de conversaciones se entrecruzan con el ruido de fondo de los megáfonos, los silbatos y los cláxones de los coches y me ríen los huesos, que decimos por aquí, al observar la escena haciendo alguna que otra foto. Estoy muy contenta.

           Tras una hora de espera, debido a la cantidad tan bestial de almerienses que se han echado a la calle, podemos salir, aunque la cabeza de la mani haya llegado, no importa. No somos muchos, pero somos muuuy ruidosos porque estamos motivadísimos, unos por ser su primera experiencia, otros porque por fin canalizan su rabia de forma cívica y algunas, como yo, al recordar con nostalgia que un día se matricularon en la universidad con la firme intención de cambiar el mundo.

             Entre risas, bailes y consignas a grito pelado bajamos los 800 metros del Paseo; al llegar al final, a la Plaza de las Velas, contemplo las sonrisas de amigos y compañeros al despedirnos con la complicidad de quien ha compartido un ratico bueno; "¡oye, que para la próxima tenemos que estar más organizados!, ¡necesitamos una pancarta y un megáfono!", "- ¿quién se toma una caña?, - ojalá, tenemos que volver al pueblo".  Y nos volvemos al pueblo, con las pancartas medio rotas, afónicas, sudorosas, exhaustas y felices, dejando atrás la maravillosa estampa que forman la Alcazaba y la Bahía.

             Aquí me despido. Nos vemos pronto. Te dejo una canción,  muy reciente, del artistazo Antonio Carmona, es de su último disco que lleva por título "De noche". Que la disfrutes.

  
             

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