viernes, 28 de septiembre de 2012

La responsabilidad política del Trabajo Social, Parte 1 (amenazo con una segunda parte)

Hola de nuevo:

Hace semanas que tengo ganas de hablarte sobre el libro cuya portada tienes a tu derecha. He intentado hacerlo pero no he podido porque los temas se agolpan dándose topetazos unos a otros dentro de mi cabeza como adolescentes en concierto de Death Metal.

Me pasa esto porque últimamente es como si le hubiesen dado cuerda a la realidad. Me explico: antes de Mariano (en adelante a. M.), cuando éramos un país casi normal, pasaban cosas tales como recortes, corrupciones, follones y demás, pero de vez en cuando. Es decir, aunque se producían escándalos, nos duraban más, como la peseta. Ahora, gracias a Mariano y sus muñecos, los españolitos-itas vamos de sobresalto en sobresalto. ¡Vamos, que los jueves por la noche yo me acuesto como si acabara de ver Cuarto Milenio!. Bueno, la verdad es que Fátima Báñez y las Caras de Bélmez son casi lo mismo.

A lo que voy. Esta semana "pegaría" hablar del 25 S y de que los Superdisturbios tienen más peligro que un bautizo de Gremlims. No lo voy a hacer por tres razones, la primera, porque si toco el tema me desquicio y digo más de un disparate. En segundo lugar, porque el infra-ser de Rajoy no me va a imponer los temas y en tercer lugar porque ellos quieren que nos dediquemos a despotricar, no a pensar y mucho menos a leer.

¿He dicho infraser? No te digo...

Hace poco me leí este libro: Ética, teoría y técnica. La responsabilidad política del Trabajo Social, escrito por seis autoras, cuya dirección corre a cargo de mi admiradísima Teresa Zamanillo. Tengo que decir que a Teresa (la nombro así para que parezca que la conozco personalmente, pero no es el caso) prefiero escucharla que leerla. Ambas cosas son altamente recomendables, pero su lectura no es fácil porque parte de un conocimiento tan profundo sobre ciencias sociales que los que somos menos instruidos podemos perdernos de vez en cuando. Su redacción tampoco es muy coloquial que digamos, ¡coñe, que a veces puede ser un ladrillo! Trabajo Social con Grupos y Pedagogía Ciudadana, muy bueno por cierto, da para echar el verano.

A pesar de ello, si la leemos con atención y sobre todo, con detenimiento, es una fuente de conocimientos (no lo arregles Belén, después de lo dicho dudo que a Teresa le apetezca conocerme. Sigamos).

El libro lo escribe con cinco autoras más, cada una escribe uno de los seis capítulos; esto de los libros corales no me seduce demasiado, en cada capítulo se tiende a recapitular lo dicho ya. Prefiero los libros escritos por una sola persona.

Aún así, el libro me ha gustado mucho. Voy a tratar de explicar cuales son las ideas fundamentales que en él se exponen:

1. La responsabilidad política de los trabajadores sociales proviene de una actitud vital crítica y de un posicionamiento profesional ético que tiene que imbuir todo nuestro desempeño profesional.

2.  Pensar en la ética únicamente desde la práctica profesional, es decir, la casuística, supone olvidar las dimensiones teleológicas (relativas a los fines) y deontológicas (relativas a los deberes) de la profesión y nos sitúa, por tanto, en un ejercicio desprovisto de intencionalidad transformadora.

3.  La transformación social parte también del empoderamiento de la ciudadanía a través del trabajo comunitario.

Debemos entender la implicación política de la que hablan las autoras como la asunción de responsabilidades como ciudadanos y como profesionales en la vida pública; recordemos que el origen etimológico de política es ordenamiento de la ciudad. Creo firmemente, descubriendo la pólvora, que uno de los males de esta sociedad es que los ciudadanos hemos pasado de ser actores de la vida pública a espectadores de las idas y vueltas de los partidos políticos. Así nos va.

El libro también señala algo que me preocupaba enormemente con anterioridad: la aversión de los trabajadores sociales y profesionales de lo social hacia la política. Es como si fuese chapapote. En el momento en que muestras ciertas tendencias ideológicas estás estigmatizada; no digamos si militas en algún partido. Entonces directamente estás contaminada. No eres objetiva. Cuando me lo dicen, yo siempre pronuncio la famosa frase de no me acuerdo quien: como soy sujeto, soy subjetivo, si fuese objeto sería objetivo, asumiendo el riesgo de quedar como una "repelente niña vicente".

Y como, además de sujeta, soy partidaria de la implicación política en sentido estricto, dedicaré el próximo escrítulo a defender esta postura (no me negarás el valor torero, eh), siempre y cuando a Mariano no se le ocurra esta semana alguna cosilla de interés, entre Cohiba y Cohiba. Mientras tanto, te enlazo, por si te interesa, este artículo de Teresa Zamanillo y Maribel Martín Estalayo, sobre el tema.

Yo me quedo preparándome para enfrentarme a los superdisturbios, al escrítulo de la próxima semana, a la posible aparición en la pared de mi dormitorio de la cara de Fátima Báñez, a mi vuelta al trabajo o a lo que presagie el vuelo de la gaviota... con este vídeo.

Hasta la semana que viene.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Lo que es legal no siempre es justo (el ejemplo de Rosa Parks)

Hola de nuevo:

Con la batucada naranja aún resonando en mi cabeza y los colores del 15 S en mi retina, adapto mis ojos con apatía al blanco y negro más bien NO-DO de la realidad. La euforia post-manifestación se ha desintegrado en la antimateria, así, a lo ¡chas y aparezco a tu lado!, gracias, como siempre, a lo mismo, y, lo peor, a los mismos.

Esta vez los agraciados han sido mis quince compañeras y compañeros de los Equipos de Tratamiento Familiar. Para quienes no conozcan el tema, los Equipos de Tratamiento Familiar son equipos interdisciplinares que trabajan con familias con menores en situación de riesgo y suponen un peldaño intermedio entre los servicios sociales comunitarios y los servicios de protección de menores.

Estos equipos realizan una importante y difícil labor. Importante porque atienden a familias que están al borde de la exclusión o de la retirada de sus hijos o ambas cosas. Difícil porque sufren el "efecto sandwich" propio de aquellos que realizan prevención secundaria: reciben presiones por parte de los servicios sociales comunitarios, deseosos como estamos de "endosarles" las familias y por parte del Servicio de Protección de Menores al que las retiradas de menores le producen sarpullido.

Diputación de Almería mantiene estos equipos, cinco, en municipios de menos de veinte mil habitantes, con la financiación que reciben a través del convenio con la Junta de Andalucía. Teniendo en cuenta que el convenio no cubre la totalidad de los sueldos, históricamente la Diputación ha mantenido la buena práctica de igualar los sueldos de estos equipos a los del resto de compañeros de la casa, dado que todos somos hijos e hijas de la ley de bases.

Pero la creatividad desconoce fronteras y la lucha partidista aún menos. Se tenía que renovar el convenio y la Diputación ha aprovechado la coyuntura para atacar a la Junta por deberles dinero del convenio anterior. Amenazaron incluso con echar a los equipos si no se les pagaba antes del día 20, fecha de renovación de los contratos. La Junta pagó. Ya les habían bajado el sueldo a la firma del convenio anterior, un 37 %. Ahora un 15 % más. Sí, sí, no me he vuelto loca; quizás no esté dando el dato exacto, pero es que no lo tienen ni ellos (los trabajadores, digo).

Se les citó ayer, dia 20. Se les explico que la Diputación no podía hacer frente a tanto gasto. Se les dió una hora para decidir. Si firmaban, aceptaban las condiciones. Si no firmaban, estaban renunciando a un contrato, por lo que ni siquiera podían acogerse a la prestación por desempleo, es decir, el paro de toa la vida.

Mis catorce  compañeras y compañeros (más la única que tiene el puesto fijo) están atravesando un infierno laboral y personal. No pueden hacer nada, dicen los sindicatos, porque todo es legal.

La reforma laboral es legal. Los sueldos de asesores, gerentes de empresas públicas y demás chupópteros son legales. El recurso contra la ley homosexual es legal. El rescate es legal. La inyección a Bankia es legal. La subvención a la iglesia es legal. La manipulación mediática es legal. La acumulación de sueldos de Cospedal es legal. Todo es legal. Hasta la llegada de Hitler al poder en 1933 fue legal.

Será legal pero no es justo. No lo es. Efectivamente, mis catorce compañeros no podrán litigar por su sueldo, pero no es justo. No es justo que en una misma administración haya trabajadores de primera y de segunda. No es justo que gente preparada y formada cobre una miseria (tampoco lo es que la cobren los obreros, ojo). No es justo.

También hubiese sido legal suspender el convenio y que esas familias que son atendidas por estos equipos desde hace años pasasen a ser atendidas por los servicios sociales comunitarios. ¡Un momento! he dicho la palabra mágica: familia. ¿Son esas las familias que tanto defiende y por las que MA-TA el Partido Popular?. Pero esa es otra historia, y debe ser contada en otra ocasión. Lo que me trae hoy aquí es una reflexión que seguramente tú también habrás hecho: porque lo legal no siempre es lo justo ha llegado el momento de dar un paso al frente. O luchamos juntos, o nos ahorcan por separado. A menos, claro, que tengamos los ovarios el valor de Rosa Parks. Yo no lo tengo y por eso te ruego que salgas a la calle conmigo.

Y lo mejor ¿qué pasaría si todos nos convirtiéramos en Rosa Parks?


Fragmento de la entrevista a Federico Mayor Zaragoza en el programa "Salvados"
(13/05/12)

viernes, 14 de septiembre de 2012

Una de censura

            Ayer tenía planeado ir a Madrid por convicción. Creo, desde la ética profesional y desde mi actitud personal ante la vida, que es obligado denunciar y tratar de evitar el desguace del Estado de Bienestar y el retroceso de los derechos de la ciudadanía. Sobran argumentos. Compañeros y compañeras, intelectuales, periodistas y ciudadanos con sentido común (el menos común de los sentidos) ofrecen miles de razones a diario; no es necesario, por tanto, que yo las repase aquí.

            Esta tarde me voy a Madrid con mucha rabia dentro. Estoy indignada. Estoy muy enfadada porque justo ayer el personal del Centro de Servicios Sociales Alpujarra recibimos una “llamada de atención”. Una llamada del Área de Servicios Sociales de la Diputación de Almería conminándonos a no realizar ninguna acción reivindicativa en horas de trabajo. Ni pancartas, ni carteles en el interior del centro, ni concentraciones ni camisetas. Así de claro.

            Nos han visto. No tenemos escapatoria. Han entrado en las redes sociales y nos han visto: en manifestaciones, en concentraciones y en comentarios, mostrando nuestra opinión. Nos han visto.

            Lo que no sé es si han visto a mi compañera educadora haciendo talleres a las siete de la tarde. Tampoco sé si han visto a las auxiliares administrativas realizando funciones de conserjes, a la conserje haciendo funciones de limpiadora, al trabajador social arreglando una puerta que estaba rota o cambiando una bombilla porque los de mantenimiento no llegaban, al psicólogo haciendo de guarda de seguridad y al personal en bloque descargando paquetes de folios, haciendo traslados, arreglando el centro en navidad, además de hacer un fondo común para comprar mantecados y ponerlos en la recepción, qué carajo, es navidad.

            Tampoco sé si habrán visto a una cliente mía, X, de una familia desestructurada, que me dice que su hijo es un buenísimo jugador de baloncesto y no tiene dinero para enviarlo a la escuela municipal deportiva porque cuesta 150 euros. Ni sé si habrán visto a Y, la joven que pide dinero en la cola del banco, con la cabeza gacha porque es del pueblo y pide con más vergüenza aún al ver que un agricultor le da 2 euros con la mano temblorosa por la pena. Ignoro si habrán visto a Z robando el papel higiénico de los bares y sacando la comida del contenedor. También me pregunto si habrán visto a mi anciana favorita, P, que lleva los zapatos agujereados,  la ropa descosida y ajada porque toda la pensión va destinada a sus cuatro hijos en paro. Y, por supuesto, tampoco habrán visto a R, que malvive con la PECEF (a la que le han recortado un 15%) porque tiene a su hijo dependiente hospitalizado fuera de Andalucía tras un accidente y tiene que estar con él.

            Debo entender que no los han visto. De lo contrario habrían actuado tan rápidamente como han hecho con el personal del centro.

            Pues yo si los he visto. A los clientes, digo. Los veo todos los días; entre conspiración y conspiración, los veo y los escucho. Y el alma se me está haciendo jirones. No puedo más. No lo resisto más. Estoy cansada y enfadada. Como mis compañeras y compañeros. Ni más ni menos. Igual.

Porque estoy furiosa y porque tengo ojos y tengo alma, esta noche, a las once y media cojo un autobús a Madrid. Lo que ocurra el lunes, francamente, querida, me importa un bledo.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Cortesanos, berenjenas y redes sociales


Hace mil años, dijo el sultán de Persia:
 - Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo:
- Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
- Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás echando al infierno, comentó un insidioso.
Y el poeta, que era profeta de los medios masivos de comunicación, puso las cosas en su lugar:
- Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de la berenjena.

"Bocas del tiempo" (Eduardo Galeano).

            Septiembre me resulta tan desagradable como una resaca. Podemos maquillarlo pensando que es un buen mes para irte de vacaciones porque no hay aglomeraciones o que ya estabas harta de barbacoas, playa y compromisos, pero el caso es que el fin del verano siempre es triste, aunque entre las mantas pueda hablar de amor. Y encima el cambio climático nos ha quitado hasta la agradable sensación de taparte con la sábana y consolarte con que al menos el calor, por fin, se va.
 
            La desconexión ha estado bien, aunque me habría gustado vivir un agosto más agosto para poder hacer un ejercicio de introspección como Dios manda (1) que dice Mariano Manostijeras, pero los episodios Gordillo vs Mercadona (2), subidas y recortes (3), cristos con cara de Paquirrín (4 y 5) y concejalas-guarras-que-se-masturban-y-lo-graban (6) me tienen un poco trastornada.

            Aún así, no voy a sucumbir a la deliciosa tentación de enredarme con los jugosos temas mencionados y los despacharé en versión twitter (si es que puedo):
  1. Justificar acciones diciendo “como Dios manda” es otra maniobra de manipulación más.
  2. Todavía no tengo claro si estoy a favor o en contra de las “expropiaciones alimentarias”.
  3. Las subidas y recortes deben ser explicadas a nuestros congéneres como lo que son, un saqueo con la crisis como argumento-excusa.
  4. Me da mucha lástima de la ancianilla del cristo de Borja, que, por otra parte, no vale un cigarro, el cristo, digo, según los expertos. ¿Ahora nos sorprendemos con la política del patrimonio cultural de este país? (ya me he pasado de caracteres, jodeeer)
  5. Paquirrín está cada día más feo, sí amigos, una vez más, lo imposible se hace realidad.
  6. Decía Julio Anguita que un político no tiene vida privada, sólo tiene vida íntima. De acuerdo, pero ¿la difusión del vídeo de la concejal socialista qué es? Pues es una muestra de que la España del siglo XVII sigue vivica y coleando, sobre todo si es una mujer la que tiene comportamientos “poco apropiados”. Olvido, tienes mi solidaridad y mi apoyo en este país casposo e inquisidor (qué ascazo…).
            Al hilo de estas cuestiones de rabiosa actualidad, vengo observando en estos meses ciertos comportamientos de quienes estamos metidos en esto de las redes sociales y he llegado a la conclusión de que estas cosas tan modernas también las carga el diablo.

            Anteriormente a la era 2.0. lo que decía la tele iba a misa. Muy listos nos creemos los humanos, pero cuando es un aparato el que habla somos incapaces de filtrar mínimamente la información que emite. Esto seguro que ocurre por alguna cuestión neuronal o psicosociológica que Eduard Punset o nuestro Joaquin Santos explicarían estupendamente y yo no tengo ni la menor idea, pero el caso es que la gente tiende a pensar que si lo dice la tele es que es verdad.

            Curiosamente, a todos aquellos que pregonamos lo de apaga la tele y enciende la mente, entre otras mamandurrias, nos ocurre lo mismo con el facebook, más conocido en mi casa como el Fergos. Si aparece una foto de Cándido Méndez con un reloj en la que un tiíllo coloca con el fotochop una flecha en su muñeca diciendo “rolex de 9.000 euros”, nos lo creemos a pies juntillas y rápidamente le damos a compartir. ¿Que en España hay 400.000 políticos? ¡Recristo, esto es intolerable!; hale, a compartir. Ni siquiera nos paramos a pensar si la noticia es cierta o no. Por más que Cándido Méndez (que no es precisamente mi ídolo) se haya hartado a explicar que el reloj es una baratija, ya da lo mismo, el rumor ha corrido y el daño está hecho.

            Las redes sociales también provocan un efecto “aldea global” perverso que a mí me resulta muy molesto: el de la inmediatez. En el momento en que sale una noticia, nos sentimos “presionados” para posicionarnos al respecto inmediatamente, en las redes sociales y en la calle, sin el tiempo necesario para formarnos una opinión racional.

            Pongo el ejemplo de Gordillo: en cuanto saltó la noticia todo el mundo se apresuró a posicionarse a favor o en contra. Todavía hoy, yo no tengo una posición clara al respecto y me reservo el derecho a no opinar hasta no tener claro qué pensar; a lo mejor lo que ha hecho no es ni bueno ni malo, o es bueno y malo a la vez. Con ello aprovecho para llamar la atención, otra vez, sobre la necesidad de ver los grises.

            Facebook también genera una especie de efecto mateo. Teniendo en cuenta que la información proviene de perfiles y páginas con opiniones parecidas a las nuestras, la información que leemos tiende a confirmar nuestra expectativa previa o la opinión que ya teníamos y rara vez nos ayuda a refutar argumentos propios.
           
            Twitter, por su parte, es la repera. Tienes que ser famoso o decir una cosa que sea la hostia de ocurrente o inteligente en 140 caracteres. ¡Qué manera de “capar” un argumento!. Yo soy incapaz de explicarme en 140 caracteres. Considero que twitter es una buena herramienta de comunicación para transmitir noticias y seguir a gente interesante. Igual estoy equivocada, pero en mi caso ¿qué podría poner yo en twitter?:

- “Sacando a la perra por el barrio, la pista de petanca a tope”
- “Estoy preocupada, hace tiempo que no veo a David Civera por TV”
- “Rajoy sigue necesitando una operación de frenillo, en Andalucía no se le entiende”.
- “Me dispongo a tomarme unas cervezas en El Cubanito”.
- “Mi hermana acaba de llegar a recoger unos higos que me han dado”.
- “El camión del tapicero ha llegado y mi siesta se ha cargado”.

            ¡Que no me entiendo yo con el gorrión ese, coñe!

            No quiero con esta perorata arremeter contra las redes sociales, no me he vuelto loca; como ya dije en mi artículo para la revista del colegio de Málaga, constituyen toda una revolución y tienen una utilidad impagable ¡qué me lo digan a mí!.
           
          Resumiendo, las redes sociales me siguen pareciendo herramientas imprescindibles, muy útiles e interesantes siempre y cuando seamos lo suficientemente conscientes como para filtrar la información que en ellas se vierte, (incluso la que emiten los blogueros, esos cantamañanas...), si nos damos nuestro tiempo para la reflexión personal y teniendo presente que, por desgracia, algunas páginas también son cortesanas del sultán.
           
            Hasta la semana que viene.