viernes, 7 de septiembre de 2012

Cortesanos, berenjenas y redes sociales


Hace mil años, dijo el sultán de Persia:
 - Qué rica.
Él nunca había probado la berenjena, y la estaba comiendo en rodajas aderezadas con jengibre y hierbas del Nilo.
Entonces el poeta de la corte exaltó a la berenjena, que da placer a la boca y en el lecho hace milagros, porque para las proezas del amor es más poderosa que el polvo de diente de tigre o el cuerno rallado de rinoceronte.
Un par de bocados después, el sultán dijo:
- Qué porquería.
Y entonces el poeta de la corte maldijo a la engañosa berenjena, que castiga la digestión, llena la cabeza de malos pensamientos y empuja a los hombres virtuosos al abismo del delirio y la locura.
- Recién llevaste a la berenjena al Paraíso, y ahora la estás echando al infierno, comentó un insidioso.
Y el poeta, que era profeta de los medios masivos de comunicación, puso las cosas en su lugar:
- Yo soy cortesano del sultán. No soy cortesano de la berenjena.

"Bocas del tiempo" (Eduardo Galeano).

            Septiembre me resulta tan desagradable como una resaca. Podemos maquillarlo pensando que es un buen mes para irte de vacaciones porque no hay aglomeraciones o que ya estabas harta de barbacoas, playa y compromisos, pero el caso es que el fin del verano siempre es triste, aunque entre las mantas pueda hablar de amor. Y encima el cambio climático nos ha quitado hasta la agradable sensación de taparte con la sábana y consolarte con que al menos el calor, por fin, se va.
 
            La desconexión ha estado bien, aunque me habría gustado vivir un agosto más agosto para poder hacer un ejercicio de introspección como Dios manda (1) que dice Mariano Manostijeras, pero los episodios Gordillo vs Mercadona (2), subidas y recortes (3), cristos con cara de Paquirrín (4 y 5) y concejalas-guarras-que-se-masturban-y-lo-graban (6) me tienen un poco trastornada.

            Aún así, no voy a sucumbir a la deliciosa tentación de enredarme con los jugosos temas mencionados y los despacharé en versión twitter (si es que puedo):
  1. Justificar acciones diciendo “como Dios manda” es otra maniobra de manipulación más.
  2. Todavía no tengo claro si estoy a favor o en contra de las “expropiaciones alimentarias”.
  3. Las subidas y recortes deben ser explicadas a nuestros congéneres como lo que son, un saqueo con la crisis como argumento-excusa.
  4. Me da mucha lástima de la ancianilla del cristo de Borja, que, por otra parte, no vale un cigarro, el cristo, digo, según los expertos. ¿Ahora nos sorprendemos con la política del patrimonio cultural de este país? (ya me he pasado de caracteres, jodeeer)
  5. Paquirrín está cada día más feo, sí amigos, una vez más, lo imposible se hace realidad.
  6. Decía Julio Anguita que un político no tiene vida privada, sólo tiene vida íntima. De acuerdo, pero ¿la difusión del vídeo de la concejal socialista qué es? Pues es una muestra de que la España del siglo XVII sigue vivica y coleando, sobre todo si es una mujer la que tiene comportamientos “poco apropiados”. Olvido, tienes mi solidaridad y mi apoyo en este país casposo e inquisidor (qué ascazo…).
            Al hilo de estas cuestiones de rabiosa actualidad, vengo observando en estos meses ciertos comportamientos de quienes estamos metidos en esto de las redes sociales y he llegado a la conclusión de que estas cosas tan modernas también las carga el diablo.

            Anteriormente a la era 2.0. lo que decía la tele iba a misa. Muy listos nos creemos los humanos, pero cuando es un aparato el que habla somos incapaces de filtrar mínimamente la información que emite. Esto seguro que ocurre por alguna cuestión neuronal o psicosociológica que Eduard Punset o nuestro Joaquin Santos explicarían estupendamente y yo no tengo ni la menor idea, pero el caso es que la gente tiende a pensar que si lo dice la tele es que es verdad.

            Curiosamente, a todos aquellos que pregonamos lo de apaga la tele y enciende la mente, entre otras mamandurrias, nos ocurre lo mismo con el facebook, más conocido en mi casa como el Fergos. Si aparece una foto de Cándido Méndez con un reloj en la que un tiíllo coloca con el fotochop una flecha en su muñeca diciendo “rolex de 9.000 euros”, nos lo creemos a pies juntillas y rápidamente le damos a compartir. ¿Que en España hay 400.000 políticos? ¡Recristo, esto es intolerable!; hale, a compartir. Ni siquiera nos paramos a pensar si la noticia es cierta o no. Por más que Cándido Méndez (que no es precisamente mi ídolo) se haya hartado a explicar que el reloj es una baratija, ya da lo mismo, el rumor ha corrido y el daño está hecho.

            Las redes sociales también provocan un efecto “aldea global” perverso que a mí me resulta muy molesto: el de la inmediatez. En el momento en que sale una noticia, nos sentimos “presionados” para posicionarnos al respecto inmediatamente, en las redes sociales y en la calle, sin el tiempo necesario para formarnos una opinión racional.

            Pongo el ejemplo de Gordillo: en cuanto saltó la noticia todo el mundo se apresuró a posicionarse a favor o en contra. Todavía hoy, yo no tengo una posición clara al respecto y me reservo el derecho a no opinar hasta no tener claro qué pensar; a lo mejor lo que ha hecho no es ni bueno ni malo, o es bueno y malo a la vez. Con ello aprovecho para llamar la atención, otra vez, sobre la necesidad de ver los grises.

            Facebook también genera una especie de efecto mateo. Teniendo en cuenta que la información proviene de perfiles y páginas con opiniones parecidas a las nuestras, la información que leemos tiende a confirmar nuestra expectativa previa o la opinión que ya teníamos y rara vez nos ayuda a refutar argumentos propios.
           
            Twitter, por su parte, es la repera. Tienes que ser famoso o decir una cosa que sea la hostia de ocurrente o inteligente en 140 caracteres. ¡Qué manera de “capar” un argumento!. Yo soy incapaz de explicarme en 140 caracteres. Considero que twitter es una buena herramienta de comunicación para transmitir noticias y seguir a gente interesante. Igual estoy equivocada, pero en mi caso ¿qué podría poner yo en twitter?:

- “Sacando a la perra por el barrio, la pista de petanca a tope”
- “Estoy preocupada, hace tiempo que no veo a David Civera por TV”
- “Rajoy sigue necesitando una operación de frenillo, en Andalucía no se le entiende”.
- “Me dispongo a tomarme unas cervezas en El Cubanito”.
- “Mi hermana acaba de llegar a recoger unos higos que me han dado”.
- “El camión del tapicero ha llegado y mi siesta se ha cargado”.

            ¡Que no me entiendo yo con el gorrión ese, coñe!

            No quiero con esta perorata arremeter contra las redes sociales, no me he vuelto loca; como ya dije en mi artículo para la revista del colegio de Málaga, constituyen toda una revolución y tienen una utilidad impagable ¡qué me lo digan a mí!.
           
          Resumiendo, las redes sociales me siguen pareciendo herramientas imprescindibles, muy útiles e interesantes siempre y cuando seamos lo suficientemente conscientes como para filtrar la información que en ellas se vierte, (incluso la que emiten los blogueros, esos cantamañanas...), si nos damos nuestro tiempo para la reflexión personal y teniendo presente que, por desgracia, algunas páginas también son cortesanas del sultán.
           
            Hasta la semana que viene.


5 comentarios:

  1. Estupendas reflexiones, como siempre. Me alegro que estés de vuelta, las he echado de menos este verano. Saludos.

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  2. Pues te ha sentado bien el verano, vienes con una lucidez que ya la quisiera más de un@. Saludos.

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  3. Belén, eres una de mis blogueras de cabecera. Tus comentarios contribuyen a mi bienestar; me haces reír y me das pistas para reflexionar. Añado un comentario tipo "gorrión": No soporto a los cortesanos y me gustan las berenjenas. Ánimo con septiembre.

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  4. El gorrión? Normal que no lo entiendas coma tú no tuviste que pelear con el telegrama punto De todas formas es fantástico ver cómo alguien es capaz de sacarle punta a tanto lápiz a la vez punto y aparte
    Ahora me voy a mi charca coma que me has dejado muchos temas para reflexionar punto y final

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  5. - Pedro, gracias, espero que nos veamos en Madrid.
    - Víctor, muchas gracias por tus amables palabras...
    - Carmen, me abrumas. Yo tampoco soporto a los cortesanos, espero que nos veamos en Madrid.
    - El Desmán Perdido, qué razón tienes, si tuviese que enviar un telegrama me arruinaba, jajajaja...

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