viernes, 26 de octubre de 2012

Pongamos que hablo de persistencia

               “Yo no os aconsejo que desdeñéis los tópicos, lugares comu­nes y frases más o menos mostrencas de que nuestra lengua -—como tantas otras— está llena, ni que huyáis sistemática­mente de tales expresiones; pero sí que adoptéis ante ellas una actitud interrogadora y reflexiva. Por ejemplo: «Porque las ca­nas, siempre venerables...» ¡Alto! ¿Son siempre, en efecto, ve­nerables las canas? ¡Oh, no siempre! Hay canas prematuras que ni siquiera son signo de ancianidad. Además, ¿pueden ser venerables las canas de un anciano usurero? Parece que no. En cambio, las canas de un hombre envejecido en el estudio, en el trabajo, en actividades heroicas, son, en efecto, venerables. Pero ¿en qué proporción dentro de la vida social, son venera­bles las canas, y en cuál dejan de serlo? ¿Por qué el adjetivo ve­nerable se aplica tan frecuentemente al substantivo canas? ¿Es que, por ventura, el número de ancianos venerables propia­mente dichos excede al de viejos sinvergüenzas cuyas canas de ningún modo deben venerarse? Después de este análisis, que yo inicio, nada más, y que vosotros podéis continuar hasta lo in­finito, ya estáis libres del maleficio de los lugares comunes…”

Juan de Mairena (Antonio Machado)

Hola de nuevo:

¿No tienes la sensación de que hay palabras que se rompen, como el amor, de tanto usarlas? Según parece, esto en literatura tiene un nombre: “lugares comunes”, y se refiere a la expresión que de tanto repetirla pierde su capacidad evocadora inicial. En los talleres de escritura recomiendan evitar los lugares comunes en la medida en que nuestra creatividad dé para ello. Como la mía es bastante limitada, hago uso de mi imaginario humorístico para construir epítetos, hipérboles, hipérbatons, elipsis y otras figuras retóricas y fantasmagóricas.

A veces me ocurre lo siguiente: me pongo a escribir la entrada, comienzo a reirme a carcajadas delante del ordenador porque se me ha ocurrido algo que, modestamente, es la repanocha del humor ocurrente y entonces llega mi chica, lo lee, me mira con cara de Carmen Lomana y me dice con entonación por-dios-que-friki-es: “¿dónde está la gracia?” Yo siempre le contesto muy digna: “¡es muy difícil escribir todas las semanas y estar estupenda, joé!”

Además de descubrir lo difícil que es escribir en un blog, he llegado a la conclusión de que las palabras cuando se utilizan hasta el empacho provocan un efecto gatillazo, esto es, pierden también fuerza. Pongo un ejemplo, que es el que me trae hoy aquí: indignación. Todo el mundo dice estar indignado: con los políticos, los banqueros, con su jefe, el vecino, la subida de la luz, los hijos ninis; en fin, vivimos en un estado de crispación permanente que cada vez está más diluida en el abstracto del cabreo generalizado.

Lo curioso del asunto es que esa indignación no parece traducirse en acción ¿por qué? Mi ciber amigo Pedro Celiméndiz, en su blog, lo explica a través de un cuento, aquí puedes acceder a la entrada o post.

El caso es que todos estamos indignados pero no es suficiente. Es necesario pero no basta. Y tú me preguntarás, ahí en tu casa, o lo peor, en el trabajo (¡sinvergüenza!), leyendo este escrítulo: "¿a ver, listilla, qué propones?". Pues propongo hablar de persistencia.

Qué importante es la persistencia.

E. pudo mantener a su hijo accidentado en un hospital especializado gracias a su negativa a aceptar su alta.
V. ingresó a su madre enferma de alzheimer en una residencia a pesar de los recortes porque luchó contra el sistema y no se rindió.
J. consiguió sacar a su familia adelante a pesar de ser una gitana marginal y analfabeta. Su única arma: su inteligencia y su voluntad.
M. encontró empleo a pesar de sus chorrocientas dioptrías porque no se cansó de ir a entrevistas de trabajo de todo tipo.
A. se recicló tras un accidente de tráfico y hoy trabaja en el servicio de ayuda a domicilio. Una máquina.

Todos ellos y muchos más son mis superhéroes de barrio. Con estos ejemplos, ¿cómo me voy a rendir yo, que además he descubierto el secreto de cómo vencer a la gaviota?

Hasta la semana que viene.

viernes, 19 de octubre de 2012

Para bancos buenos, los de los parques

Hola de nuevo:

Hace unas semanas estaba en mi casa (en Andalucía dices "en casa" y la gente se parte) navegando por facebook y leí una conversación en torno a la pertinencia de los bancos de alimentos y a la presencia cada vez mayor de Organizaciones No Gubernamentales en esto de los servicios sociales. En esa conversación se criticaba, más que la proliferación de bancos de alimentos, la implicación creciente de las OONNGG en la atención a las familias en situación de necesidad.

Me llamó la atención que la crítica fuese dirigida a dichas organizaciones, sobre todo teniendo en cuenta que desde tiempos inmemoriales las personas que formamos las distintas administraciones públicas hemos entrado en estado de pánico si se nos ha hablado de la posibilidad de organizar repartos de ropa, comida y demás. Las mismas administraciones que han subvencionado a Cáritas, Cruz Roja y demás para que hagan el trabajo sucio. Asistencialismo ¡qué horror!

Dicho esto, lo que me preocupa y cabrea a partes iguales es la existencia misma de los bancos de alimentos. Necesarios en estos tiempos, creo que eso, por desgracia, es indiscutible. La gente tiene que comer y si no tienes trabajo ni puedes acceder a prestaciones no te queda otra. Bueno, sí, existe la posibilidad de expropiar-robar alimentos del Mercadona a lo Sánchez Gordillo, pero si no eres parlamentario andaluz la cosa se complica un poco. Por cierto, ya tengo una opinión formada sobre las expropiaciones de comida de Gordillo pero me la reservo para el final.

Como te decía, por desgracia, en una España en la que las niñas y niños se desmayan en el recreo por desnutrición, los bancos de alimentos son necesarios en estos momentos pero eso no significa que no sean reprobables:
  • Acudir a un banco de alimentos supone un mazazo para la dignidad de cualquier persona.
  • Las relaciones que se producen entre quien reparte la comida (normalmente personas no cualificadas) generan aún más pérdida de la dignidad de quien la recibe.
  • Que una familia dependa de un banco de alimentos genera lo que en servicios sociales denominamos delegación, es decir el trasvase de responsabilidades propias de la familia a las instituciones.
Pero lo más grave es que los bancos de alimentos son la muestra de lo que todos ya sabemos: que retornamos a la beneficencia pura y dura. Eso es lo que me parece realmente grave. Y todavía me lo parece más que haya quien centre el debate en esta cuestión. Porque la cuestión no es si alimentos sí o alimentos no. La cuestión es que en este puñetero país los poderosos (políticos, empresarios y banqueros) están saqueando el país a través de políticas que buscan deliberadamente el empobrecimiento de la población para su propio enriquecimiento, y todo ello con el apoyo de los poderosos grupos de comunicación, que también son empresarios avariciosos, claro, y si no que se lo pregunten a Juan Luis Cebrián, ¡menudo pájaro!.

La pérdida de derechos de ciudadanía es, desde mi punto de vista, el nudo gordiano del asunto, y, como decía, no lo es si las organizaciones suplantan a las administraciones o quien debe gestionar los bancos de alimentos o si debe haber comedores sociales o no, esas son las consecuencias. Es por eso que he llegado a la conclusión de que el asunto Gordillo-Mercadona hace más mal que bien. Primero, porque parece una maniobra más mediática que otra cosa, segundo, porque la cuestión no es que las cadenas alimentarias tiren comida y demás (lo que es deleznable) y lo más importante, porque desvía la atención hacia lo realmente importante: que la lucha no debe ir encaminada hacia la cobertura de las necesidades de las familias sino hacia el giro de las políticas que empujan a las familias al paro y a la exclusión.

Precisamente por eso, sí que comparto con Gordillo la iniciativa de ocupar tierras. A diferencia del tema Mercadona, la ocupación de tierras es una buena muestra de desobediencia civil que denuncia el caciquismo y que devuelve la propiedad a sus legítimos dueños.

Así las cosas, por raro que te pueda parecer, seguiré contribuyendo con Cáritas para repartir comida y seguiré saliendo a la calle a dar cacerolazos, hacer flashmob, tocar las palmas o hacer una sentada. Iré detrás de todo aquel que salga a la calle a protestar y me dará igual que sea un sindicato o el 15 M, que no son tiempos de ponerse exquisita. Y por supuesto seguiré diciéndole a mis familias en el despacho y en la calle que un derecho no es lo que alguien te quiera dar, es lo que nadie te puede quitar.

Hasta la semana que viene.

Dedicado a la trabajadora social que me guió por el camino durante mis primeros pasos: Ana Cristina Fernández y a su hija Elvira, futura trabajadora social digna hija de su madre. ¡Ese alumnado de Trabajo Social de la UAL, oé, oé, oé

viernes, 12 de octubre de 2012

Hacia Orejilla del Sordete



Hola de nuevo:

Preparaíco tenía mi escrítulo sobre los bancos de alimentos y cometí el error de sentarme al ordenador para leer los periódicos digitales, topándome con esta noticia: el Ayuntamiento de Villarrobledo (PP) celebrará el día de la mujer rural con una exposición de velos, rosarios y peinetas. ¡Toma ya!

Esta perla no hubiese pasado de anécdota por mi mente rojocalenturienta si no fuera porque ya llueve sobre empapao; el papel de la mujer para el PP no es que huela, es que el tufo tira patrás. Me interesa destacar esta cuestión porque creo que es un ejemplo muy ilustrativo de la agenda ideológica oculta de este partido.

Verás, pienso, y lo he dicho en varias entradas, que es muy perjudicial para la democracia en España que solo exista un partido que represente a la derecha, a diferencia de lo que ocurre en otros países europeos. El PP nació con un revoltijo ideológico incorporado que le permitió aglutinar a una horquilla muy amplia de personas con sensibilidades bien distintas, acaparando a toda la derecha para sí.

Esto, además, le ha permitido ir mudando la piel a voluntad; tanto es así que uno de los factores que, en mi opinión, explican el triunfo electoral es que ellos se trabajaron una cara liberal antes de las elecciones, con el objetivo de ofrecer una imagen de modernidad, cuando la cruda realidad ha demostrado que  el PP es un partido puramente neoconservador. Joaquín Santos explica estupendamente la diferencia entre ambas corrientes ideológicas en su blog, aquí te enlazo la entrada dedicada a los neoconservadores y la otra, dedicada a los neoliberales por si le quieres echar un vistazo.

Esta doble moral ideológica y sus consecuencias constituyen el núcleo de mi argumento de hoy y como muestra valgan estos botones.

Soraya Sáez de Santamaría antes de las elecciones proyectó una imagen de mujer moderna, que da a luz y se incorpora rápidamente al trabajo, mismamente como la mujer del siglo XXI que parecía ser. ¿Es esa la misma persona que aparece en la imagen a color? Rosa María Artal habla precisamente de esto mejor que yo en su magnífico blog "El Periscopio"; para que veas que me lo curro, yo añadiré algunos ejemplos más.

Mª Dolores de Cospedal es como Madonna, camaleónica,  ¿recuerdas lo que dijo en el mitin en que aparece con el pañuelo palestino (ojo a las pulserillas jipis)? "Somos el partido de los trabajadores, no me cansaré de decirlo". Cuando escuché esto se me puso la carne de punta y los pelos de gallina.

Y qué decir de nuestra queridísima Ana Botella, la de las peras y las manzanas, ¡ay, con lo feo que resulta que las mujeres fumen o se pongan la minifalda pa los torooos!

Con este panorama, pienso yo entremí (dicen en mi pueblo, que es más íntimo): ¿como puede extrañarnos escuchar a ciertos endividuos decir que las mujeres y las leyes están para violarlas? ¿Nos sorprende que se recorte en guarderías, en comedores escolares, en atención a personas en situación de dependencia? ¿Por qué se endurece el aborto? ¿La segregación escolar mejora el rendimiento de quién? ¿Qué consecuencias tiene que se reduzcan las bajas por maternidad? ¿Por qué Esperanza Aguirre lleva a gala que se retira para dedicar más tiempo a su familia? ¿Que no son ideológicos los recortes, madre? ¿Hacia dónde vamos?

Hacia Orejilla del Sordete

Te adjunto este vídeo para que te vayas haciendo a los nuevos tiempos. Disfruta estos días de descanso.

Hasta la semana que viene.

sábado, 6 de octubre de 2012

La responsabilidad política del Trabajo Social II (continúo y termino)


Hola de nuevo:

Esta semana vengo con retraso, una infección de oído me impidió ayer sentarme a escribir pero, Amoxicilina genérica mediante, hoy ya me encuentro mejor.

Tras el breve paréntesis que hice el miércoles para hablarte del penoso asunto Lorca (qué disgusto me llevé), vuelvo con el tema que había iniciado la semana pasada: Trabajo Social y Política.

Mi entrada de hoy trata de defender la militancia de trabajadores sociales y profesionales de lo social en partidos políticos. Quiero partir de algunas afirmaciones que me parecen importantes para que mi argumento sea entendido:

1. Los humanos necesitamos regirnos por unas normas para vivir en sociedad. Esa es la definición original de política: ordenamiento de la polis (ciudad)
2. No es lo mismo tener ideología que inclinarse o ser militante de partido alguno.
3. La ideología se tiene SIEMPRE, querámoslo o no, viene incluida en el pack. Se puede ser apartidista, pero no apolítico.
4. No creo que todo el mundo deba tener afiliación ni inclinación por unas siglas, pero sí creo que todo el mundo debe estar informado sobre política y ser un ciudadano activo.
5. Ningún partido político es divino de la muerte, como tampoco lo es ninguna asociación, organización, peña futbolística o coro rociero. Los partidos no son entes, están compuestos por personas, y como grupos que son, nacen, crecen, cambian...

Dicho esto, comenzaré explicando que mi afiliación política fue casual. En mi pueblo, El Ejido, asistíamos impotentes al mayor escándalo de nuestra historia, propiciado por el entonces todopoderoso alcalde Juan Enciso, denominado Operación Poniente. Yo estaba muy sensibilizada porque soy ejidense de pro y pertenezco a una familia muy activa en las cosas del pueblo. Un día de abril del año pasado, recibí una llamada de teléfono en la que se me ofrecía ir en las listas de cierto partido (seguro que ya sabes cual, al final te lo confirmo). En ese momento mi planteamiento fue: "si nadie quiere ir en las listas ¿cómo coño vamos a echar al corrupto éste?". Y dije que sí, pero no me afilié.

Cuando comencé a colaborar en la campaña, empecé a darme cuenta de lo diferente que eran las cosas desde dentro; yo creía que se contrataba a gente para pegar los carteles, pero resulta que no, que los teníamos que pegar nosotros, también pensaba que el buzoneo lo hacían chavales a los que les pagábamos un dinerillo, pero resulta que no, que también lo hacíamos nosotros. En la jornada de reflexión, quedamos para comer. Yo pregunté: "¿puede ir mi pareja?" y me dijeron: "pues claro, cada uno se paga lo suyo..." (¿no nos invitan?). En fin, que me dí cuenta de que el monte no era orégano y que estábamos más bien tiesos así que decidí afiliarme más que nada para colaborar económicamente y también para poder votar, puesto que ya estaba dentro quería participar y mostrar y mis opiniones.

No quiero con esta anécdota mostrar las bondades de mi partido (que también tiene lo suyo) ni las mías (que también tengo lo mío), solo decirte que desde dentro la cosa es distinta, que algunos no manejamos tanta pasta, que otros tampoco deberían tener tanta y que el acercamiento a la política no es siempre una estrategia calculada para trepar.

También me dí cuenta, por ejemplo, de que el programa electoral en materia de medio ambiente era muy bueno y extensísimo. La explicación era bien sencilla y sonrojante: las compañeras y compañeros que trabajan en medio ambiente son muchos y presionan para meter sus propuestas. El área de Educación del partido también es muy potente, se han organizado y se reunen periódicamente.

Otro descubrimiento: dentro de los partidos, también hay "lobbies". Así, si un partido político está plagadito de trabajadores sociales o profesionales de los servicios sociales es más fácil presionar para conseguir una nueva ley de servicios sociales o para que en el discurso oficial se hable de servicios sociales y no sólo de sanidad y educación, por poner algunos ejemplos. Esto es así y es natural, digo yo...

Y la militancia de base encierra otra cuestión, sobre todo si el partido está en la oposición en pueblos: los concejales no saben de todo y contar con profesionales de lo social entre sus militantes permite presentar mociones, quejas y propuestas en la materia, propuestas que ellos no sabrían ni cómo defenderlas por sí solos ni tienen por qué, sobre todo si son novatos. Esta labor es muy importante si queremos que los partidos tengan una financiación legal y ajustada. Una financiación legal no da para consultorías externas ni debería dar para chocolatadas, arroces y demás.

Yo creo, finalizando, que es positivo que los profesionales de lo social nos impliquemos en política y sería una buena noticia para todos la proliferación de cargos de distintos colores compuestos por personas que provengan de lo social (¿o es que nadie se acuerda de cómo nació y quién propició el Plan Concertado?).

Opino que, desde la militancia de base, es totalmente compatible la acción política con el ejercicio profesional y reivindicativo, no creo que los militantes políticos contaminemos los colectivos, pienso que los 15 M están en esto muy equivocados. Debemos estar siempre para aportar, para aceptar el juego de mayorías y no para arrimar el ascua a la sardina del partido o figurar, como por desgracia, es práctica habitual. Y propongo una manera de comprobarlo: observar qué rol pretende ejercer "el político" dentro del colectivo en cuestión ¿quiere ser el líder, administrador de redes sociales...?

También opino que la implicación política debe formar parte de una etapa vital y no convertirse en profesión vitalicia, eso sí, remunerada dignamente y digo dignamente; amigo o amiga, no caigas en el error Cospedal de creer que los políticos deben serlo por el amor al arte porque yo te pregunto ¿quien podría entonces dedicarse a la política? Otra cosa son las tarjetas VIP, dietas, coches oficiales y demás prácticas que aborrezco.

Y termino esta entrada tan larga con una cita que me envió mi amiga Amparo Uribe: "Si no nos ocupamos de la política, la política se ocupará de nosotros". Por cierto, milito en IU, aunque me considero "externa". No he firmado un pacto de sangre ni nada por el estilo. 

Hasta la semana que viene (prometo más brevedad, es que ya se me está pegando, jajaja).

PD. No te pierdas este artículo si te interesa el tema, aunque sea antiguo es buenísimo: 
La selección adversa (o los externos e internos)

 

miércoles, 3 de octubre de 2012

Borrar a Federico

Hoy no es viernes. Es miércoles de ceniza: ceniza se me antoja el color del día, cenizas se empeña en remover este Partido Impopular que desgobierna y no gobierna, recorta, prohíbe, parte, reparte decretos, palos y desprecio a partes iguales sin pudor ni decoro, sí, he dicho decoro.

Hoy no es viernes. Es miércoles de ceniza porque el Ayuntamiento de Berja, pueblo donde trabajo, peno, río, lloro y vivo unas horas cada día, ha retirado el nombre a la Plaza Federico García Lorca, sustituyéndolo por Placetilla de las Monjas (nombre antiguo). Idea ceniza de algunos grises que pretenden recuperar el blanco y negro.

Hoy no es viernes, es un miércoles vil porque hoy en Berja borrarán a un grandísimo escritor, pero ¿quién podrá borrar estos versos, si los echamos a volar?

Pero que todos sepan que no he muerto;
Que hay un establo de oro en mis labios;
Que soy el pequeño amigo del viento oeste;
Que soy la sombra inmensa de mis lágrimas.

Federico García Lorca.