sábado, 6 de octubre de 2012

La responsabilidad política del Trabajo Social II (continúo y termino)


Hola de nuevo:

Esta semana vengo con retraso, una infección de oído me impidió ayer sentarme a escribir pero, Amoxicilina genérica mediante, hoy ya me encuentro mejor.

Tras el breve paréntesis que hice el miércoles para hablarte del penoso asunto Lorca (qué disgusto me llevé), vuelvo con el tema que había iniciado la semana pasada: Trabajo Social y Política.

Mi entrada de hoy trata de defender la militancia de trabajadores sociales y profesionales de lo social en partidos políticos. Quiero partir de algunas afirmaciones que me parecen importantes para que mi argumento sea entendido:

1. Los humanos necesitamos regirnos por unas normas para vivir en sociedad. Esa es la definición original de política: ordenamiento de la polis (ciudad)
2. No es lo mismo tener ideología que inclinarse o ser militante de partido alguno.
3. La ideología se tiene SIEMPRE, querámoslo o no, viene incluida en el pack. Se puede ser apartidista, pero no apolítico.
4. No creo que todo el mundo deba tener afiliación ni inclinación por unas siglas, pero sí creo que todo el mundo debe estar informado sobre política y ser un ciudadano activo.
5. Ningún partido político es divino de la muerte, como tampoco lo es ninguna asociación, organización, peña futbolística o coro rociero. Los partidos no son entes, están compuestos por personas, y como grupos que son, nacen, crecen, cambian...

Dicho esto, comenzaré explicando que mi afiliación política fue casual. En mi pueblo, El Ejido, asistíamos impotentes al mayor escándalo de nuestra historia, propiciado por el entonces todopoderoso alcalde Juan Enciso, denominado Operación Poniente. Yo estaba muy sensibilizada porque soy ejidense de pro y pertenezco a una familia muy activa en las cosas del pueblo. Un día de abril del año pasado, recibí una llamada de teléfono en la que se me ofrecía ir en las listas de cierto partido (seguro que ya sabes cual, al final te lo confirmo). En ese momento mi planteamiento fue: "si nadie quiere ir en las listas ¿cómo coño vamos a echar al corrupto éste?". Y dije que sí, pero no me afilié.

Cuando comencé a colaborar en la campaña, empecé a darme cuenta de lo diferente que eran las cosas desde dentro; yo creía que se contrataba a gente para pegar los carteles, pero resulta que no, que los teníamos que pegar nosotros, también pensaba que el buzoneo lo hacían chavales a los que les pagábamos un dinerillo, pero resulta que no, que también lo hacíamos nosotros. En la jornada de reflexión, quedamos para comer. Yo pregunté: "¿puede ir mi pareja?" y me dijeron: "pues claro, cada uno se paga lo suyo..." (¿no nos invitan?). En fin, que me dí cuenta de que el monte no era orégano y que estábamos más bien tiesos así que decidí afiliarme más que nada para colaborar económicamente y también para poder votar, puesto que ya estaba dentro quería participar y mostrar y mis opiniones.

No quiero con esta anécdota mostrar las bondades de mi partido (que también tiene lo suyo) ni las mías (que también tengo lo mío), solo decirte que desde dentro la cosa es distinta, que algunos no manejamos tanta pasta, que otros tampoco deberían tener tanta y que el acercamiento a la política no es siempre una estrategia calculada para trepar.

También me dí cuenta, por ejemplo, de que el programa electoral en materia de medio ambiente era muy bueno y extensísimo. La explicación era bien sencilla y sonrojante: las compañeras y compañeros que trabajan en medio ambiente son muchos y presionan para meter sus propuestas. El área de Educación del partido también es muy potente, se han organizado y se reunen periódicamente.

Otro descubrimiento: dentro de los partidos, también hay "lobbies". Así, si un partido político está plagadito de trabajadores sociales o profesionales de los servicios sociales es más fácil presionar para conseguir una nueva ley de servicios sociales o para que en el discurso oficial se hable de servicios sociales y no sólo de sanidad y educación, por poner algunos ejemplos. Esto es así y es natural, digo yo...

Y la militancia de base encierra otra cuestión, sobre todo si el partido está en la oposición en pueblos: los concejales no saben de todo y contar con profesionales de lo social entre sus militantes permite presentar mociones, quejas y propuestas en la materia, propuestas que ellos no sabrían ni cómo defenderlas por sí solos ni tienen por qué, sobre todo si son novatos. Esta labor es muy importante si queremos que los partidos tengan una financiación legal y ajustada. Una financiación legal no da para consultorías externas ni debería dar para chocolatadas, arroces y demás.

Yo creo, finalizando, que es positivo que los profesionales de lo social nos impliquemos en política y sería una buena noticia para todos la proliferación de cargos de distintos colores compuestos por personas que provengan de lo social (¿o es que nadie se acuerda de cómo nació y quién propició el Plan Concertado?).

Opino que, desde la militancia de base, es totalmente compatible la acción política con el ejercicio profesional y reivindicativo, no creo que los militantes políticos contaminemos los colectivos, pienso que los 15 M están en esto muy equivocados. Debemos estar siempre para aportar, para aceptar el juego de mayorías y no para arrimar el ascua a la sardina del partido o figurar, como por desgracia, es práctica habitual. Y propongo una manera de comprobarlo: observar qué rol pretende ejercer "el político" dentro del colectivo en cuestión ¿quiere ser el líder, administrador de redes sociales...?

También opino que la implicación política debe formar parte de una etapa vital y no convertirse en profesión vitalicia, eso sí, remunerada dignamente y digo dignamente; amigo o amiga, no caigas en el error Cospedal de creer que los políticos deben serlo por el amor al arte porque yo te pregunto ¿quien podría entonces dedicarse a la política? Otra cosa son las tarjetas VIP, dietas, coches oficiales y demás prácticas que aborrezco.

Y termino esta entrada tan larga con una cita que me envió mi amiga Amparo Uribe: "Si no nos ocupamos de la política, la política se ocupará de nosotros". Por cierto, milito en IU, aunque me considero "externa". No he firmado un pacto de sangre ni nada por el estilo. 

Hasta la semana que viene (prometo más brevedad, es que ya se me está pegando, jajaja).

PD. No te pierdas este artículo si te interesa el tema, aunque sea antiguo es buenísimo: 
La selección adversa (o los externos e internos)

 

2 comentarios:

  1. Muy buen blog, sincero y claro. Te deseo lo mejor.

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  2. Me identifico con lo que dices sobre la militancia de base. El artículo enlazado al final es muy ilustrativo.

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