viernes, 19 de octubre de 2012

Para bancos buenos, los de los parques

Hola de nuevo:

Hace unas semanas estaba en mi casa (en Andalucía dices "en casa" y la gente se parte) navegando por facebook y leí una conversación en torno a la pertinencia de los bancos de alimentos y a la presencia cada vez mayor de Organizaciones No Gubernamentales en esto de los servicios sociales. En esa conversación se criticaba, más que la proliferación de bancos de alimentos, la implicación creciente de las OONNGG en la atención a las familias en situación de necesidad.

Me llamó la atención que la crítica fuese dirigida a dichas organizaciones, sobre todo teniendo en cuenta que desde tiempos inmemoriales las personas que formamos las distintas administraciones públicas hemos entrado en estado de pánico si se nos ha hablado de la posibilidad de organizar repartos de ropa, comida y demás. Las mismas administraciones que han subvencionado a Cáritas, Cruz Roja y demás para que hagan el trabajo sucio. Asistencialismo ¡qué horror!

Dicho esto, lo que me preocupa y cabrea a partes iguales es la existencia misma de los bancos de alimentos. Necesarios en estos tiempos, creo que eso, por desgracia, es indiscutible. La gente tiene que comer y si no tienes trabajo ni puedes acceder a prestaciones no te queda otra. Bueno, sí, existe la posibilidad de expropiar-robar alimentos del Mercadona a lo Sánchez Gordillo, pero si no eres parlamentario andaluz la cosa se complica un poco. Por cierto, ya tengo una opinión formada sobre las expropiaciones de comida de Gordillo pero me la reservo para el final.

Como te decía, por desgracia, en una España en la que las niñas y niños se desmayan en el recreo por desnutrición, los bancos de alimentos son necesarios en estos momentos pero eso no significa que no sean reprobables:
  • Acudir a un banco de alimentos supone un mazazo para la dignidad de cualquier persona.
  • Las relaciones que se producen entre quien reparte la comida (normalmente personas no cualificadas) generan aún más pérdida de la dignidad de quien la recibe.
  • Que una familia dependa de un banco de alimentos genera lo que en servicios sociales denominamos delegación, es decir el trasvase de responsabilidades propias de la familia a las instituciones.
Pero lo más grave es que los bancos de alimentos son la muestra de lo que todos ya sabemos: que retornamos a la beneficencia pura y dura. Eso es lo que me parece realmente grave. Y todavía me lo parece más que haya quien centre el debate en esta cuestión. Porque la cuestión no es si alimentos sí o alimentos no. La cuestión es que en este puñetero país los poderosos (políticos, empresarios y banqueros) están saqueando el país a través de políticas que buscan deliberadamente el empobrecimiento de la población para su propio enriquecimiento, y todo ello con el apoyo de los poderosos grupos de comunicación, que también son empresarios avariciosos, claro, y si no que se lo pregunten a Juan Luis Cebrián, ¡menudo pájaro!.

La pérdida de derechos de ciudadanía es, desde mi punto de vista, el nudo gordiano del asunto, y, como decía, no lo es si las organizaciones suplantan a las administraciones o quien debe gestionar los bancos de alimentos o si debe haber comedores sociales o no, esas son las consecuencias. Es por eso que he llegado a la conclusión de que el asunto Gordillo-Mercadona hace más mal que bien. Primero, porque parece una maniobra más mediática que otra cosa, segundo, porque la cuestión no es que las cadenas alimentarias tiren comida y demás (lo que es deleznable) y lo más importante, porque desvía la atención hacia lo realmente importante: que la lucha no debe ir encaminada hacia la cobertura de las necesidades de las familias sino hacia el giro de las políticas que empujan a las familias al paro y a la exclusión.

Precisamente por eso, sí que comparto con Gordillo la iniciativa de ocupar tierras. A diferencia del tema Mercadona, la ocupación de tierras es una buena muestra de desobediencia civil que denuncia el caciquismo y que devuelve la propiedad a sus legítimos dueños.

Así las cosas, por raro que te pueda parecer, seguiré contribuyendo con Cáritas para repartir comida y seguiré saliendo a la calle a dar cacerolazos, hacer flashmob, tocar las palmas o hacer una sentada. Iré detrás de todo aquel que salga a la calle a protestar y me dará igual que sea un sindicato o el 15 M, que no son tiempos de ponerse exquisita. Y por supuesto seguiré diciéndole a mis familias en el despacho y en la calle que un derecho no es lo que alguien te quiera dar, es lo que nadie te puede quitar.

Hasta la semana que viene.

Dedicado a la trabajadora social que me guió por el camino durante mis primeros pasos: Ana Cristina Fernández y a su hija Elvira, futura trabajadora social digna hija de su madre. ¡Ese alumnado de Trabajo Social de la UAL, oé, oé, oé

1 comentario:

  1. Belén, te deberías entregar a esto a lo profesional, pero no creo que haya periodico con las pelotas suficientes para publicarte. Eres genial, un beso tu cuñaíno

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