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Pongamos que hablo de persistencia

               “Yo no os aconsejo que desdeñéis los tópicos, lugares comu­nes y frases más o menos mostrencas de que nuestra lengua -—como tantas otras— está llena, ni que huyáis sistemática­mente de tales expresiones; pero sí que adoptéis ante ellas una actitud interrogadora y reflexiva. Por ejemplo: «Porque las ca­nas, siempre venerables...» ¡Alto! ¿Son siempre, en efecto, ve­nerables las canas? ¡Oh, no siempre! Hay canas prematuras que ni siquiera son signo de ancianidad. Además, ¿pueden ser venerables las canas de un anciano usurero? Parece que no. En cambio, las canas de un hombre envejecido en el estudio, en el trabajo, en actividades heroicas, son, en efecto, venerables. Pero ¿en qué proporción dentro de la vida social, son venera­bles las canas, y en cuál dejan de serlo? ¿Por qué el adjetivo ve­nerable se aplica tan frecuentemente al substantivo canas? ¿Es que, por ventura, el número de ancianos venerables propia­mente dichos excede al de viejos sinvergüenzas cuyas canas de ningún modo deben venerarse? Después de este análisis, que yo inicio, nada más, y que vosotros podéis continuar hasta lo in­finito, ya estáis libres del maleficio de los lugares comunes…”

Juan de Mairena (Antonio Machado)

Hola de nuevo:

¿No tienes la sensación de que hay palabras que se rompen, como el amor, de tanto usarlas? Según parece, esto en literatura tiene un nombre: “lugares comunes”, y se refiere a la expresión que de tanto repetirla pierde su capacidad evocadora inicial. En los talleres de escritura recomiendan evitar los lugares comunes en la medida en que nuestra creatividad dé para ello. Como la mía es bastante limitada, hago uso de mi imaginario humorístico para construir epítetos, hipérboles, hipérbatons, elipsis y otras figuras retóricas y fantasmagóricas.

A veces me ocurre lo siguiente: me pongo a escribir la entrada, comienzo a reirme a carcajadas delante del ordenador porque se me ha ocurrido algo que, modestamente, es la repanocha del humor ocurrente y entonces llega mi chica, lo lee, me mira con cara de Carmen Lomana y me dice con entonación por-dios-que-friki-es: “¿dónde está la gracia?” Yo siempre le contesto muy digna: “¡es muy difícil escribir todas las semanas y estar estupenda, joé!”

Además de descubrir lo difícil que es escribir en un blog, he llegado a la conclusión de que las palabras cuando se utilizan hasta el empacho provocan un efecto gatillazo, esto es, pierden también fuerza. Pongo un ejemplo, que es el que me trae hoy aquí: indignación. Todo el mundo dice estar indignado: con los políticos, los banqueros, con su jefe, el vecino, la subida de la luz, los hijos ninis; en fin, vivimos en un estado de crispación permanente que cada vez está más diluida en el abstracto del cabreo generalizado.

Lo curioso del asunto es que esa indignación no parece traducirse en acción ¿por qué? Mi ciber amigo Pedro Celiméndiz, en su blog, lo explica a través de un cuento, aquí puedes acceder a la entrada o post.

El caso es que todos estamos indignados pero no es suficiente. Es necesario pero no basta. Y tú me preguntarás, ahí en tu casa, o lo peor, en el trabajo (¡sinvergüenza!), leyendo este escrítulo: "¿a ver, listilla, qué propones?". Pues propongo hablar de persistencia.

Qué importante es la persistencia.

E. pudo mantener a su hijo accidentado en un hospital especializado gracias a su negativa a aceptar su alta.
V. ingresó a su madre enferma de alzheimer en una residencia a pesar de los recortes porque luchó contra el sistema y no se rindió.
J. consiguió sacar a su familia adelante a pesar de ser una gitana marginal y analfabeta. Su única arma: su inteligencia y su voluntad.
M. encontró empleo a pesar de sus chorrocientas dioptrías porque no se cansó de ir a entrevistas de trabajo de todo tipo.
A. se recicló tras un accidente de tráfico y hoy trabaja en el servicio de ayuda a domicilio. Una máquina.

Todos ellos y muchos más son mis superhéroes de barrio. Con estos ejemplos, ¿cómo me voy a rendir yo, que además he descubierto el secreto de cómo vencer a la gaviota?

Hasta la semana que viene.

Comentarios

  1. Encantado y honrado con esta ciber-amistad. Y lo de vencer a la(s) gaviota(s) ¡genial!.

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  2. Muy buena la entrada; también soy colega de profesión y precisamente esta semana me ha dado por reflexionar sobre el tema: la cantidad de veces que he escuchado la palabra “indignado/a” (y sinónimos) y las pocas que iba ligada a una acción concreta. Indagaré a ver qué pasa por ahí. La semana que viene me fijaré más en la “persistencia”. Gracias! (no comento mucho pero te leo!).
    Por cierto, lo de la/s gaviota/s buenísimo!

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  3. Yo entiendo -y comparto en muchos casos- los motivos para la indignación. Lo que me cansa es la actitud de revolucionario/a de mesa camilla. Son esos/as que se permiten despreciar la actividad de quienes tratamos de aportar lo que podemos desde asociaciones, partidos políticos, sindicatos o cualquier colectivo organizado, tratándonos de cómplices del sistema. Ellos/as están por encima de eso, no se "manchan" participando de entidades sociales corruptas, inútiles y que viven de la sopa boba. Se indignan diariamente viendo el informativo de las tres y después se van a echar la siesta o a ver el Sálvame.

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  4. http://trabajosocialytal.blogspot.com.es/2011/11/siempre-se-puede-hacer-algo.html

    Totalmente de acuerdo, querido anónimo...

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