viernes, 29 de marzo de 2013

La íncreible historia del Conejo de Pascua

El Conejo de Pascua es un personaje que aparece como un conejo que, a veces con ropa, trae los huevos de Pascua. Cuenta esta leyenda que, cuando metieron a Jesús al sepulcro que le había dado José de Arimatea, había dentro de la cueva un conejo escondido que, muy asustado, veía cómo toda la gente entraba, lloraba y estaba triste porque Jesús había muerto. El conejo se quedó ahí viendo el cuerpo de Jesús cuando pusieron la piedra que cerraba la entrada y lo veía y lo veía y se preguntaba quién sería ese señor a quien querían tanto todas las personas. Así pasó mucho rato viéndolo, todo el día y toda una noche, cuando de repente vio algo sorprendente: Jesús se levantó y dobló las sábanas con las que lo habían envuelto. Un ángel quitó la piedra que tapaba la entrada y Jesús salió de la cueva ¡más vivo que nunca! El conejo comprendió que Jesús era el Hijo de Dios y decidió que tenía que avisar al mundo y a todas las personas que lloraban que ya no tenían que estar tristes porque Jesús había resucitado.

Como los conejos no pueden hablar, se le ocurrió que si les llevaba un huevo pintado, ellos entenderían el mensaje de vida y alegría, y así lo hizo. Desde entonces, según la leyenda, el conejo sale cada domingo de Pascua a dejar huevos de colores en todas las casas para recordar al mundo que Jesús resucitó y que hay que vivir alegres.

(Wikipedia. Lo juro. Pincha aquí si no te lo crees)

Hoy quiero agradecer efusivamente a la Conferencia Episcopal su cálida relación con el PP. A los funcionarios nos han quitado todos los moscosos, reducciones horarias, licencias y permisos inimaginables, pero no los días de Semana Santa; esto me llena de satisfacción aunque no tanto de orgullo. Y como es de bien nacidos ser agradecidos, he pensado corresponder mostrando una de las tradiciones menos conocidas de esta celebración (si se me permite llamarla así): el Conejo de Pascua y sus hijos los huevos.

¿Cómo se me ocurrió contar esta bonita historia? En el Lídel. Es que yo voy a Lídel porque la calidad no es cara y, lo más importante, porque para mí el día 9 es final de mes. El caso es fui a Lidel y estaba el Lídel lleno de conejos de chocolate, lo que me intrigó bastante, así que me dije: “Belén, olvídate del trabajo fin de grado y ponte a investigar esto, que seguro que tiene más enjundia”. Dicho y hecho.

Una vez investigado el asunto Conejo, tengo que confesar que me asaltan multitud de dudas. En primer lugar: ¿hay conejos en Palestina? Que yo sepa, no hay ninguna receta de esa zona que lleve conejo ¿o acaso será el conejo palestino sagrado como las vacas en la India?

Suponiendo que haya conejos en Palestina y que tengan la santa paciencia de quedarse tres días observando a un muerto, se abre un segundo interrogante que no me deja vivir: ¿Jesucristo resucita y lo primero que hace es doblar una sábana? ¡Verdaderamente es sorprendente lo que vio el conejo! ¡Mira tú Jesucristo qué obsesión por el orden! Si yo me muero y me da por resucitar… ¡anda y que le den morcilla a la sábana! ¡Que la doble el legionario romano asqueroso que me ha matado y me la ha echado por encima, no te jode!

Lo del Ángel que quita la piedra no me extraña tanto como el interés del conejo en contarle a todo el mundo que Jesucristo había resucitado; ¿esto qué es, Palestina o Sálvame Deluxe? ¿De quien es hijo ese conejo, de Mila Ximénez?

Y lo de los huevos pintados para anunciar la resurrección de Jesucristo muy bonito y qué manos más primorosas tiene el conejo, pero vamos, ¡que llegue un conejo, te entregue un huevo y por eso tú tengas que interpretar que Jesucristo está vivo es mucho pedir!, sobre todo si no eres Eduard Punset sino una persona humana de la Palestina del 33 d.C.

No sé, hay aspectos de esta historia que no terminan de convencerme. Me parece a mí que esto de la religión y las tradiciones lo estoy enfocando mal, tratándose de una cuestión de fe. Si una es capaz de creerse que la Virgen fue preñada por una paloma, que Moisés abrió el Mar Rojo para que lo atravesaran departiendo tranquilamente los israelitas, que Jesucristo, además de resucitar, curó a un ciego, se paseó sobre las aguas y multiplicó los panes y los peces, lo del conejo verdaderamente son minucias.

Con el PP pasa igual: comienzas creyendo que nos van a sacar de la crisis y vas y les votas, continúas tragándote, con fe, lo de la herencia recibida, aceptas que Francisco Camps es un hombre intachable y terminas asumiendo que la PAH tiene vínculos con ETA y que Ada Colau es una violenta que se dedica a la Kale Borroka. Todo es cuestión de creérselo. Cuestión de fe.

Hasta la semana que viene.

Para Quique, ateo practicante, y a la Casiabuela por ser fuente de inspiración.

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4 comentarios:

  1. Gracias cuñaina.
    Y he firmado el manifiesto como el rayo.
    Viva la marea naranaja.
    Un besote

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  2. Jajajaja!!! Belén, genial tu entrada. Gracias por ponerle tanto humor a tus artículos, porque animan a leer más y más.
    Lo de la tradición, pues sí, es cuestión de fé. Y yo, como apasionado de los cuentos que soy, siempre digo que la Biblia (ambos testamentos)son el más largo cuento jamás creado... y más veces modificado para conseguir dominar a la gente. Que puede ser que Jesus existió? Yo creo que quizá si, pero que lo que hacen es dar una versión de los hechos y magnificarlo para así meter miedo.

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  3. Belén, por un momento te he imaginado cual Alicia en el pais de las maravillas, persiguiendo a ese conejo que describes. Gracias por tu humor, que falta nos hace.

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  4. Cuánto me he reído hoy Belén , buenísimo.Rosa .

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