viernes, 31 de mayo de 2013

Reforma local y servicios sociales, en cristiano

Hola de nuevo:

Mucho se ha dicho y escrito sobre la famosa “Reforma Local” desde que el gobierno lanzó la bomba-racimo allá por abril. Me refiero al Gobierno de España, el que preside ese hombre que se esconde tras una tele de plasma, tras un ejército de escoltas, tras los muros de La Moncloa, desapareciendo de la escena política durante semanas o huyendo por la puerta trasera de un hotel de lujo mientras pide austeridad.

Partido Popular, menudo nombre... Haría algún chiste si no fuera porque la “gracia” que hicieron aquellos que les votaron está costando muchas desgracias a ellos mismos y al resto de la ciudadanía, así que me voy a ahorrar las ironías, que bastante tenemos todos con un año y medio de penitencia gobierno.

A lo que voy. El tema de la reforma local ha sido ya tratado por varios blogueros compañeros míos. También se han publicado dos informes al respecto, uno del Consejo del Trabajo Social, aquí y el otro de “los directores sociales” aquí. ¿Qué hago yo entonces, escribiendo ahora sobre el tema para decir lo que otros han dicho ya?

Pues sencillamente porque he sido protagonista en varias ocasiones de la siguiente escena:
  • Paquita Carajo Chancla, compañera mía trabajadora social de cinco pueblos, entre ellos Villacanica de Arriba, de 126 habitantes: “Pues yo no entiendo a qué tanto revuelo con la reforma local, si le van a dar más competencias a las diputaciones mejor para nosotras porque vamos a ser más imprescindibles y nos van a dar más financiación y todo, que yo no me he leído el decreto ese pero vamos que todo el mundo lo dice…”  
  • Belén Navarro (rojo bombilla y con vena patiño o visiblemente alterada, como prefieras):“¿Que no te has leído el texto?¿Ni el informe del Consejo?¿Ni el de Gustavo y José Manuel? ¿Tú sabes lo que estás diciendo?” 
  • Paquita Carajo Chancla:“¡Como te pones, jamía!, pues no, no he tenido tiempo,explícame tú que es eso de la reforma local a ver si es que yo no lo he entendido bien…” 
Como he constatado que al igual que mi ficticia Paquita hay algunas personas que no se han leído los "tochos" anteriormente mencionados, me he tomado la libertad, como Ambrosio el de los Ferrero, de hacer un refrito de ambos informes explicando en román paladino de qué va esta película de la reforma local, a ver si así consigo abrirles los ojos a estas almas de cántaro. Muchos párrafos serán un "corta-pega" del informe de los Gerentes "el valor de la proximidad".

1. Los antecedentes: el Art. 135 de la Constitución Española

La nefasta modificación de este artículo, de la que habrás oído hablar, fue lo que se llamó en su día la reforma constitucional exprés, pactada entre PSOE y PP al final de la segunda legislatura de Zapatero. Esta modificación lo que viene a decir es que el principio rector de las administraciones públicas es la estabilidad presupuestaria, no la atención a la ciudadanía ni otras mamandurrias. Lo del famoso techo del déficit; en resumen, que lo importante es no gastar un duro aunque la gente se nos muera de hambre y desatención. A partir de aquí la tijera está constitucionalmente legitimada. Y esto, en un contexto socioeconómico de emergencia social. Es lo mismo que echar gasolina en un incendio.

2. El mazazo al municipalismo

También habrás escuchado, sobre todo a "los gerentes" decir que esta reforma es un mazazo al municipalismo ¿por qué? Porque esta reforma modifica la Ley Reguladora de Bases de Régimen Local (Ley 7/85) dejando a los municipios casi sin ninguna competencia. Ellos te lo van a explicar:
La reforma de la Ley parte del retorcimiento perverso del concepto, es decir, que precisamente por estar más cercanos a los ciudadanos, los municipios, las entidades locales, son más proclives a facilitarles servicios y, por lo mismo, mas inclinados a medir sus acciones en función de la rentabilidad social, de la eficiencia social que es la que se ve en la cara de los ciudadanos y no, exclusivamente en el equilibrio financiero que es el que se prioriza perfectamente y sin ningún tipo de remordimiento desde la “objetividad” y “lejanía eficiente” de los despachos en la capital de la Provincia o de la Región (...)
Con esta reforma, los servicios municipales en el medio rural, quedan reducidos a aquellos que permitan abundar en la segregación de ese mundo: te garantizo el suministro de agua y la recogida de basuras y la urbanización de la calle pero no los servicios más sociales los que te fijan y te unen más al territorio, ni la escuela, ni la guardería, ni la ayuda a domicilio, ni la pequeña residencia para mayores, ni la atención a los discapacitados, todo eso… a la ciudad o núcleo urbano grande más próximo. Se trata de facilitar que se siga utilizando el medio rural o para vivir autoexcluido o para, como ciudadano de segunda, vivir en una permanente extrañación del sentimiento de pertenencia.
Por otro lado, como consecuencia aún más perversa si cabe, la concentración de la población en los ámbitos urbanos, lejos de mejorar su nivel de integración social acaba provocando una suerte de miseria urbana de nuevo cuño que la crisis está multiplicando por capilaridad social y que, desposeída de la red de apoyos que ha caracterizado siempre al medio rural, no hace sino incrementar exponencialmente la marginación y la congestión y desbordamiento de los servicios urbanos ya de por sí, cada vez más recortados e insuficientes. La reforma de la Ley elimina de un plumazo la posibilidad, no solo la competencia, sino la posibilidad de que, los vecinos de un municipio, puedan decidir organizar unos servicios sociales básicos de proximidad en virtud de su decisión de permanecer en el medio rural como elección del tipo de vida que quieren llevar.
3. Reparto de competencias: Como ha quedado patente anteriormente, los municipios sufren un mazazo mortal en cuanto a sus competencias. Aquí podríamos pensar (como me ocurrió a mí, tan cándida): "bueno, pero si se las quedan las diputaciones, pues ni tan mal porque al final los servicios se siguen prestando". Error. Las Diputaciones prestarán esos servicios pero (y cito textualmente) "(...) a coste estándar. Este acuerdo (entre municipios pequeños y diputaciones) incluirá un plan de redimensionamiento para adecuar las estructuras organizativas, en su caso, de personal y de recursos, resultados de la nueva situación (...) ¿A qué te suena? Obviamente a privatización, sumada a un importante recorte en materia de competencias, como explicaré en un momento cuando llegue al caso concreto de los servicios sociales. Sigo citando:
Por otro lado, es importante señalar (no hacerlo supone una tremenda injusticia con la multitud de gestores de lo local que se han esforzado y se esfuerzan en hacer su trabajo de forma razonable y desde la justicia social) cómo la supuesta duplicidad y solapamiento de servicios con las que se quieren justificar semejantes atentados, no es sino una coartada más, exagerada por el ruido neoliberal que, allá donde se haya producido, se podrá corregir pero que, en absoluto puede servir para, escudándose en ella, convirtiendo en verdad una mentira a base de repetirla, cercenar multitud de servicios de proximidad que se vienen prestando en perfecta distribución competencial y a unos costes muy razonables. Costes que, dicho sea de paso, comparados con los de nuestros vecinos europeos del norte, darían risa si no fueran más merecedores de indignación.En efecto, en la mayor parte de los casos el principio “una competencia, una administración”, ha sido cumplido en la práctica.
4. ¿Y los servicios sociales?: Lo mejor lo he dejado para el final, como las mascletás a las que me llevan mis primos los valencianos. En primer lugar, la reforma manda a tomar viento al Plan Concertado: el estado ya no pone un duro. ¿Y la ley nacional de servicios sociales?: Amparo, no fumes más porros. Quicir que la competencia enterica para las CC.AA., que ya sabemos todos lo boyantes que están y el interés que tienen por asumir más competencias sin financiación, porque, ¿de dónde va a salir la financiación? Yo no lo sé.
La cosa quedaría así (vuelvo a copiar a los gerentes):
La reforma de la Ley planteada por el Gobierno reduce la competencia municipal en materia de intervención social a la “valoración evaluación e información de situaciones de necesidad social y la atención inmediata a personas en situación o riesgo de exclusión social”. Es decir: los Servicios Sociales son competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas. Algo que explica las actuaciones en la eliminación del Plan Concertado de Servicios Sociales. Ya no se entiende que sea una actuación compartida por las diferentes Administraciones.
Los Ayuntamientos quedan absolutamente privados de intervención en materia de Servicios Sociales, convirtiendo en su obligación, y sólo para los de más de 20.000 habitantes, esa confusa competencia. Algo que podría interpretarse como una mera oficina de derivación de casos y en todo caso de gestora de alguna ayuda de urgencia o de los albergues municipales en su concepto más limitativo de puro asistencialismo a corto plazo (“atención inmediata”), ya ampliamente superado en la práctica de la mayor parte de los municipios españoles. Para los Ayuntamientos de menos de 20.000 habitantes esta competencia quedaría en manos de las Diputaciones Provinciales.
Nada de prevención de la exclusión, nada de intervención comunitaria. Es decir la desnaturalización de la atención primaria de cualquier sistema. El resto de las competencias serían propias de las CC.AA. pudiendo ser delegadas expresamente y únicamente a los Ayuntamientos de más de 20.000 habitantes.
Estas disposiciones suponen la degradación definitiva del Sistema de los Servicios Sociales. Sobre todo, porque eliminan, en la práctica, la organización del nivel funcional de atención primaria o comunitaria, lleva a todos los servicios especializados a la dependencia de las CC.AA. y a buena parte de las estructuras de atención primaria, allí donde no lo fueran.
Y para ir terminado, por si todavía no tienes los pelos de gallina y la carne de punta, te pego parte de la Disposición transitoria undécima del anteproyecto:
Disposición transitoria undécima. Asunción por las Comunidades Autónomas de las competencias relativas a servicios sociales.
1. Tras la entrada en vigor de esta Ley, la titularidad de las competencias que se preveían como propias del Municipio relativas a la prestación de los servicios sociales y de promoción y reinserción social, corresponde a las Comunidades Autónomas, que podrán establecer a partir de ese momento las medidas que consideren necesarias para la racionalización del servicio.
2. En el plazo máximo de un año desde la entrada en vigor de esta Ley, y previa elaboración de un plan para la evaluación, reestructuración e implantación de los servicios, las Comunidades Autónomas, en el ámbito de sus competencias, habrán de asumir la cobertura inmediata de dicha prestación.
La evaluación de las competencias relativas a servicios sociales ejercidas por los Municipios, deberá realizarse mediante una valoración que tome como referencia el coste estándar de los servicios.
No sé si habré sido capaz de trasladarte el panicazo que yo siento ante la que se nos avecina. He oído a algunas personas decir sobre nosotros, los profesionales: "a éstos solo les preocupa quedarse sin trabajo". Al margen del daño evidente que esta reforma supone para la ciudadanía, especialmente en el ámbito rural, mira, pues sí, no me apasiona que me echen a la calle, soy así de rara. Pero antes de esta contrarreforma muchos profesionales de lo social ya teníamos las tripas negras y nos estábamos movilizando por los diferentes atentados cometidos contra los derechos sociales, y entonces no peligraba la vida del artista, ¡coñe!

Compañera Paquita: ¡cómo yo te oiga decir que la reforma local no es tan peligrosa, no respondo de mí! Mira el currazo que me he dado, luego no me digas que no te has leído la entrada ¿eh?

Hasta la semana que viene.



PD. La semana pasada recomendaba una canción de una artista ejidense. Voy a seguir recomendando artistas locales, que no solo de verduras vive el Poniente Almeriense... Hoy te presento a un grupo roquetero que hace reggae. Te lo dejo como enlace que el youtube se ha vuelto contra mí.


viernes, 24 de mayo de 2013

A debate: las listas de espera en servicios sociales

Hola de nuevo:

Imagino que si eres del gremio sabrás que los trabajadores sociales blogueros-eras tenemos alojados nuestros blogs en una "blogosTSfera", creada por el Consejo General del Trabajo Social en su página web, tienes el banner de acceso abajo a la derecha.

Con el ánimo de generar debate y crear opinión me he decidido a abrir un nuevo espacio en este blog, titulado "A debate" en el que ofreceré un punto de vista distinto, o al menos complementario, sobre entradas de otras compañeros blogueros (los chicos son mayoría...). Esto solo es el comienzo: una vez que alcance un cierto nivel, digamos... entre Mila Ximénez y Antón Losada, igual hasta le enmiendo la plana a Iñaki Gabilondo... ¿que no te suena el nombre? ¡sí, hombre, es el muchacho este de la SER con mucha labia y con los ojos mú separaos!

Groupies, followers y demás fans de Iñaki no se me ofendan; Iñaki es un magnífico periodista pero ¡lo de los ojos "salta a la vista" jajajaja!..

(Belén: CÁLLATE)

A lo que iba. La idea me ha surgido al leer las dos últimas entradas del compañero José Ignacio Santás, propietario del blog "Pasión por el Trabajo Social". Su blog es altamente recomendable; a mí me gusta seguirlo por dos razones fundamentales: es un referente en lo relativo a trabajo social en ámbitos urbanos y sobre todo Nacho es un ejemplo de proactividad, cualidad rara de ver en nuestro colectivo, siempre quejándonos, siempre lamentándonos, siempre llorando... ¡Pinche wey, que paresemos como que saliditos resién de una cansión de Chavela Vargas, no más!

Nacho acaba de dedicar dos entradas al asunto de las listas de espera: en la primera, que puedes leer aquí, hace un análisis de las listas de espera en servicios sociales y en la segunda, que puedes leer aquí, ofrece propuestas de mejora.

La primera de ellas me ha sugerido varias cuestiones para la reflexión: en primer lugar, es curioso que en los centros de salud y en los hospitales existan listas de espera interminables y, en cambio, a casi nadie se le ocurre culpar al personal sanitario, ni creo que el personal sanitario se atribuya tanta responsabilidad al respecto como tradicionalmente solemos hacer los trabajadores sociales. ¡Alto! Que nadie piense que me parece bien que haya listas de espera o que no podamos hacer nada por evitarlas, sólo digo que, como diría mi admiradísimo Luis Barriga, el trabajo social es una profesión ansiógena, tendente al fustigamiento, cilicio en mano, por lo que debemos manejar estos temas con cuidado.

En este sentido, creo que no es a nosotros sobre quien debería recaer la responsabilidad de las listas de espera sino que deberíamos ser capaces de explicarnos para que a quien le quite "puntos" sea a la institución. Pongo un ejemplo actual: tengo a una compañera de baja por enfermedad que no está siendo sustituida por aquello de la austeridad y otras mamandurrias, ¡ojo! mientras que la Diputación de Almería tiene superávit. Pincha y compruébalo. Quizá entonces lo correcto sea explicar a la ciudadanía que vive en esa zona por qué no están siendo atendidos y explicarles que existe la posibilidad de poner una reclamación, en definitiva, empoderar a los ciudadanos en la reivindicación y la defensa de sus derechos como tales, al margen de que debamos atender las demandas de carácter urgente de la trabajadora social ausente.

(Todo lo anterior queda anulado si mientras la persona se va con su cita para el 2023 estamos departiendo alegremente en la recepción del centro sobre la serie que vimos anoche , o si nos ve llegar con las bolsas del supermercado de al lado. La gente no tiene el chichi pa farolillos).

Hablemos ahora sobre las urgencias en servicios sociales ¿hay urgencias en servicios sociales?¿somos un servicio de urgencias? Opino que esta es otra de las contradicciones en la que estamos "entrampados" los servicios sociales comunitarios: atendemos urgencias pero ni somos un dispositivo de urgencias ni estamos organizados de esa manera, pero el caso es que llegan urgencias, aunque yo distinguiría entre urgencia y emergencia; bueno, ese es otro tema. El caso es que de 8 a 3 atendemos urgencias (el resto de tiempo propondría a los ciudadanos que hagan de estatua humana)

La cuestión es que, asumiendo que haya urgencias, mi propuesta difiere un poco de la de Nacho: yo no ampliaría el cupo de atención porque es situar el cuello de botella en otro sitio, pero sí reservaría algunos "huecos" semanales para la atención de casos urgentes. Nosotros lo estamos haciendo y nos va bien. Otro día si quieres también te explico cómo.

El segundo tema que da para el debate es la propuesta de Nacho: "filtrar la demanda". Con la iglesia hemos topao, amigo Nacho. Suscribo al cien por cien todas y cada una de tus propuestas, pero especialmente esta. Y me tiro al fango haciendo la siguiente pregunta ¿por qué atendemos asuntos que podrían resolver los auxiliares administrativos? En mi opinión, este es un tema central en el análisis del desempeño profesional de los trabajadores sociales en los servicios sociales comunitarios. Tan importante que le voy a dedicar una entrada a responder a la pregunta.

Nacho también propone:

"5.- Adelántate a la avalancha: si se abre el plazo para algo, habilita una sesión informativa, con la información, con las solicitudes... protege tu agenda de colapsos puntuales"

Por mi parte, te recomiendo una práctica que llevamos haciendo un tiempo y nos funciona. En aquellos programas o subvenciones sujetos a plazos que varían, lo que hacemos nosotros es pedir a los interesados el teléfono, así, cuando se abre el plazo les avisamos y convocamos una sesión grupal como la que él ha descrito. Este verano nos permitió informar de unas subvenciones individuales que la Junta de Andalucía sacó en agosto con nocturnidad y alevosía ¡ay Griñaaaan y tus socios que son los míos, vaya columpiazooo! ¡No os salísteis con la vuestra, malandrines, porque nosotros teníamos a la gente "fichada" y la pudimos avisar!

Bueno, espero que esta entrada te haya ayudado a complementar lo expuesto por Nacho y a repensar el trabajo diario. A él le alabo el valor torero de tocar estos temas y ofrecer propuestas, y a tí te alabo el valor de levantarte todos los días y torear en el ruedo de los servicios sociales con el único capote de tu persona. Por eso os dedico a los dos una canción para relajarnos y dar la bienvenida al fin de semana.

¡Ánimo!

Belén
"Regálame"
Hermi Callejón (ejidense)

viernes, 17 de mayo de 2013

A vueltas con los casos primaverales

Hola de nuevo:

Después de trece años trabajando en Berja aún me sorprende su transformación al llegar la primavera. El marrón invernal, tan propio de Almería, desaparece y Berja se tiñe de verde, todo lo verde que puede ser un verde almeriense.

Los almerienses sentimos una poderosa e irresistible atracción hacia el verde, por insólito. De chica, la primera vez que vi un prado asumí como un hecho evidente que alguien había plantado ese “césped” allí; esa hierba tan increíblemente chula no podía salir sola, y es que mis cinco sentidos sólo conocían la tierra y los duros pedregales de El Ejido; tan duros los pedregales y tan culpables ellos del estado de mis rodillas, siempre pintarrajeadas de mercromina, que recuerdo el asfaltado de mi calle como la fiesta más alucinante de la historia: la chiquillería chillando y saltando delante de la apisonadora, con el asfalto aún caliente, y el conductor gritándonos acordándose de nuestra estirpe.

He tardado veinte años en percatarme de que mi barrio no era precisamente Beverly Hills, pero aún así no cambiaría mi infancia por ninguna otra; el olor del asfalto continúa resultándome agradable y el presagio de algo bueno. Igual es mi pasado el que me condujo hacia los servicios sociales comunitarios, no lo sé, el caso es que aquí estoy.

Durante todo este tiempo en servicios sociales comunitarios vengo observando que entre los profesionales (me incluyo) existe cierta tendencia a "comentar" los casos que atendemos, pero no a analizarlos. Quiero decir que en muchas ocasiones al hablar de los casos nos quedamos en la mera anécdota. No seré yo la que venga a descubrir la pólvora señalando la necesidad de supervisión profesional pero, a falta de pan, al menos podemos nosotros mismos realizar un análisis de nuestros casos, una vez finalizados.

Por esta razón me propongo incluir en este blog el análisis clínico de algunos casos, al modo que lo hace Oliver Sacks en sus libros aunque perdiendo muchos enteros en la comparación, claro. Lo haré siempre respetando la confidencialidad, tal y como establece nuestro Código Deontológico y la Ley 15/99 de protección de datos de carácter personal (LOPD). Para ello, además de ocultar los datos distorsionaré la información relativa a filiación, etc. y me quedaré únicamente con la problemática en cuestión.

Sin ser muy consciente de ello, aquí he ido analizando la evolución de un caso complejo en el que estamos interviniendo la totalidad del equipo: el psicólogo, la educadora social y la que suscribe. Es un caso sobre el que incluso opinó Teresa Zamanillo en su entrada del pasado viernes; es, en definitiva, un caso que nos trae de cabeza, sobre el que escribí aquí y después aquí.

A modo de resumen, el caso es el siguiente:
La familia, compuesta por padre (encamado, 70 años), madre (69 años) y un hijo divorciado (50 años), reside en un barrio muy alejado del núcleo urbano. Existen dos hijos más, pero las relaciones están muy deterioradas. En su día, a causa de la dependencia del padre, se les gestionó servicio de ayuda a domicilio y tuvimos que realizar una limpieza de choque ante el lamentable estado en que se encontraba la vivienda, tanto en lo referido a suciedad como a acumulación de objetos.
El caso iba bastante bien, teniendo en cuenta las características de la familia, hasta que ésta comenzó a rechazar nuestra intervención y a mostrar una actitud hostil hacia las diferentes auxiliares de ayuda a domicilio que hemos ido enviando al domicilio; qué pobres, me decían, una tras otra: "pero si yo no les he robado nada", "que ya nos lo imaginamos, es que no están acostumbrados a los extraños" les respondía yo. Este cambio de actitud, aunque esperable por lo complicado del caso, me ha cogido a contrapié y debo confesar que me he sentido "defraudada" a pesar de los consejos de los compañeros que sabiamente me dicen que asumamos el hecho de que este caso sufrirá altibajos.

La primera auxiliar que prestó sus servicios en este caso estableció un fuerte vínculo con la familia, pero regresó a su país. Nosotros barajábamos la hipótesis de que la familia viviese esta marcha como una "traición" pero lo que me dijo la actual auxiliar me proporcionó el otro día una pista importante: esta señora (la primera auxiliar) ha vuelto y visita a la familia con cierta asiduidad.

Como diría el Chavo del Ocho "fue sin querer queriendo", pero el caso es que es muy posible que la reaparición de la primera auxiliar en la vida de estas personas sea el elemento que nos trae a todos de cabeza.

Y es que en esto de la intervención social hay que tener muy en cuenta los "boicot" intencionados o no, de auxiliares de ayuda a domicilio, curas, monjas, vecinas, voluntarias, médicos de cabecera (sí, he dicho médicos de cabecera, metidos a trabajadores sociales para más señas) bien intencionadas o intencionados todos, que reman en la dirección contraria a tí o al equipo en pleno, con lo que conseguimos entre todos que la barca no pare de dar vueltas sin moverse del sitio y los que están en ella además terminen mareados.

Si somos novatos o no nos hemos leído Trabajo Social para Dummies podemos caer en la tentación de echarle un pulso, un poner (sustitutivo almeriense de "por ejemplo"), a la vecina, que para eso somos nosotros los profesionales:¡jajaja, jajajaja jajaja jajajajaaja!¡yo incluso lo he hecho varias veces, jajajajajaja, qué pardilla! ¡Ay señor...!

Ya me he recuperado. Sigo.

Si cometes ese insentato error, la vecina te ganará por agotamiento: tiene más tiempo, vive al lado y la familia confía en ella infinitamente más que en tí. ¿O es que nunca has vivido esta maravillosa escena de boicot tipo 1?
- TS (con voz dulce y melodiosa): "María ¿y no estaría usted mejor en una residencia, que no aquí sola y sus hijos todos fuera del pueblo.
- María (dudando): "No sé, es que dicen que en las residencias no te dejan salir y que tienes que estar a lo que te digan y parece que todavía puedo estar en mi casa..."
(Aparece en escena la vecina porque María siempre tiene la puerta abierta o en su defecto la vecina tiene llave)
- Vecina: "¡Ay señorita, que yo no me quiero meter pero me da mucha penica que se vaya María que es mú buena vecina y además me ha dicho mi yerno que la mujer de su primo trabaja en una residencia y hasta atan a los viejecicos y tó! ¿Donde vas a estar mejor que aquí, María?"
Llegados a este punto, compañera o compañero, ve pensando en un plan B que proponer a María que María no se va a la residencia ni con una camisa de fuerza.

Esto del Trabajo Social y de los Servicios Sociales es más complicado de lo que parece, a pesar de lo que nuestro querido médico de cabecera (experto en boicot tipo 2) se cree ¿no te parece?

Hasta la semana que viene.

"La primavera trompetera". Delinqüentes.

viernes, 10 de mayo de 2013

El arte de la distancia y el control, por Teresa Zamanillo

Muchas cosas tengo que agradecer a este blog, ya lo he dicho en algunas ocasiones (¡oh my God, cada día me repito más!): he conocido a personas anónimas cuyo trabajo diario es una fuente de inspiración, otras, también anónimas, que atesoran conocimiento para después compartirlo generosamente; además, me ha facilitado superar el miedo escribánico y soltarme en esta cosa tan fácil y tan difícil que es la escritura.

Lo que nunca pude imaginar cuando comencé esta aventura hace año y medio es que a través de este habitáculo cibernético tendría la posibilidad de conectar con Teresa Zamanillo.

No quiero explayarme haciendo un panegírico sobre esta Maestra del Trabajo Social porque es una figura de prestigio internacional, cuyas publicaciones son referencia obligada en esta disciplina ¿qué podría añadir yo? Tan sólo te confesaré que durante mis clases como preparadora de oposiciones mis alumnas hacían chistes sobre mi continua referencia a esta mujer, a la que yo defino como una visionaria.

Es un honor para mí contar hoy con su presencia. Gracias, Teresa. 

El aprendizaje del arte de la distancia y del control de uno mismo en las situaciones que vivimos en la sociedad de la incertidumbre es una cuestión vital para el ser humano, tanto en lo personal como en lo profesional; es por eso que en estas líneas pretendo explicar cómo lo entiendo. Intentaré analizarlo, en primer lugar, mediante un ejemplo con niños y otro con unas adolescentes, para ver cómo evolucionan unos sentimientos tan complejos, que van desde la distancia mínima en la que el control de uno y del otro se hace imposible, hasta la diferenciación del sí mismo en la que se alcanza la distancia necesaria para ejercer el control con mayor racionalidad.

Con estas reflexiones invito a los lectores a hacer un ejercicio de reflexividad, esto es, a adentrarse primero en uno mismo, “volverse sobre sí” para “monitorear nuestras propias acciones”, en el sentido que le da Bourdieu. El propósito que me anima es el de conocer cómo se ponen en juego las necesidades de control externo que se plantean en la intervención social. Mi hipótesis es que si se desconocen nuestros mecanismos internos es más fácil llevar a cabo un control inadecuado, sin respeto al otro o rechazar la función de control social que, ineludiblemente, tenemos los trabajadores sociales.

El caso de los niños es muy común: dos bebés que juegan con un mismo juguete en casa de uno de ellos. El juguete es muy atractivo para los dos, se ve que les encanta a ambos y lo desean por igual, pero uno, el que está en su propia casa, se siente dueño del juguete y no quiere prestarlo al otro. Este segundo llora sin parar, el deseo lo invade, lo quiere ya. La expresión del primero diciéndole: NO, ES MÍO, NO TE LO DEJO, es de desafío. Sus cuerpos, sus rostros, sus gestos, todo lo suyo, expresa un encuentro en la mínima distancia. Quieren lo mismo y eso estrecha su cerco.

En este punto del relato entra el segundo ejemplo. Mientras escribía lo anterior recordé a una persona que de jovencita tenía siempre la costumbre de comerse con avidez y sin tregua toda la ensalada que se ponía en el medio de la mesa. La apetencia incontrolada se manifestaba en la mirada concentrada entre el plato y la ensaladera, en el brazo que, constantemente, lo alargaba desde la boca hacia el centro de la mesa, casi con un gesto imperceptible de apartar a los otros comensales de la posibilidad de que comieran “de lo suyo”. Ensalada y cuerpo se encontraban en la mínima distancia.

Y si de adolescentes se trata también me recuerdo a mí en el colegio del internado cuando íbamos de excursión, que me alborotaba cantando en el autobús hasta quedarme exhausta. Recuerdo con nitidez que mi deseo era ser mirada y reconocida como divertida y simpática. Conseguía para mí que compañeras y yo formáramos un mismo círculo, no había percepción en mí de la distancia que nos separaba, como la que separa al actor de la sala. Así, pasaba de la totalidad de exteriorizarme, al profundo vacío interior cuando me callaba. Recuerdo que la Directora de estudios, que me conocía muy bien, me decía: “Tere, para, ya sabes lo que te pasa después”. Se refería a la tristeza del vacío que me asaltaba casi inmediatamente de hacerse en mí el silencio interior. Era tal el estado de ánimo de desolación el que me invadía en cuanto me acercaba a los hondones de mi alma, que una negrura que desconocía y me asustaba se apoderaba de mí.

El niño que necesita saciar su ansia de poseer el juguete del otro, y no puede esperar a que se lo dé, vive un estado de ánimo que se le representa como la posibilidad de alcanzar la felicidad en un futuro inmediato. Alimenta así la necesidad del otro de rivalizar con él, quien, a su vez, en el juego de la rivalidad, también se ve como impulsado al edén, a la totalidad: si gana, será felizzzz. El juego de dominación / sumisión está servido. Quien trata de saciar su hambre de ensalada también se vive a sí mismo como un ser-cuerpo en su totalidad. Y, por último, en la adolescente que yo era, reconozco el ansia de totalidad siempre inalcanzable que me invadía, algo común, por otra parte, en un adolescente. En todos los casos la distancia del individuo con la realidad que está viviendo es mínima o nula.

Por último, el colega, trabajador social o educador que siente que puede ayudar más y mejor a una persona o familia si trabaja lo más cerca posible de ella, sin permitir elaborar la llamada distancia terapéutica, ineludible para poder generar el control necesario en la relación, estará a su vez creyendo que ése es el tipo de relación ideal para llevar a cabo el denominado acompañamiento social. No sabe que de esa forma no podrá ejercer control alguno sobre la situación.

Dejar que nuestras emociones nos invadan, sin saber que en ellas entran en juego una gran variedad de las mismas, y que la mezcla puede ser una bomba de relojería dirigida por la ceguera emocional, es una conducta muy común en todos los escenarios en los que nos movemos. El juguete y la ensalada, y todas las cosas que nos acercan o nos alejan de los otros, representan objetos de la vida de las relaciones sociales, pero si los tratamos como meros objetos no conseguiremos profundizar en su significado: la lucha por el amor. Son todas las situaciones de la vida en las que el deseo entra a invadirnos emocionalmente y no nos permite ver lo que hay en realidad: otros con necesidades que coinciden con las nuestras. Todos necesitamos amor, reconocimiento, respeto, confianza, seguridad, identificación, empatía, necesidad de libertad y de intimidad, etc. Pero con distancia, porque cuando se acorta la distancia estamos impedidos de ver la realidad tal y como se presenta. Así se producen los puntos ciegos. Nos dejamos embriagar por nuestros sentimientos, dejamos que dominen a la razón, la pasión nos ciega, y se hace muy difícil pararse y retirarse, alguien nos tiene que ayudar a poner orden en nuestra mente. Porque si no reconocemos cada uno de estos estados no podemos aprender a manejar nuestras emociones. Y el reconocimiento de ellos pasa por aprender a diferenciar los árboles que hay en el bosque, a ponerles nombre. Este es un aprendizaje que no se puede hacer solo muchas veces, y la gran dificultad es que nadie nos enseña a eso de pequeños. No nuestros padres ni nuestros maestros. De ahí que en el terreno profesional la supervisión es clave.

Nadie ha explicado este proceso mejor que Bowen, que ha sido completado por Stierlin en los conceptos de diferenciación del sí mismo e individuación conexa. La puesta en práctica constante de este modo de relacionarse con los otros debe dirigir nuestros actos cotidianos, algo fácil de decir, menos fácil de explicar y todavía menos de vivir. Saber diferenciarse de los otros en la acción cotidiana supone no permitir que el pensamiento se deje eclipsar por las emociones que continuamente le asaltan; sobre todo a aquellos a los que se les distingue como románticos o sensibles. Estas personas tienen importantes dificultades para dirigir su vida ya que viven en un mundo de sentimientos y son muy dependientes de los sentimientos que los demás experimentan con respecto a ellas, dice Bowen.

Por eso la cuestión es ésta: tú eres tú y tienes tus necesidades; yo soy yo y tengo las mías; ambos tenemos que reconocernos y respetarnos como sujetos que tienen el poder de dirigir su vida sin dejarse presionar ni dirigir por el otro. También hemos de aprender a saber cuáles de esas necesidades nos las puede compensar el otro y cuáles nos pertenecen y hemos de hacernos cargo de ellas. De ahí la importancia de ayudar a nuestros hijos, a nosotros mismos, a los ciudadanos con los que trabajamos, y a nuestros amigos, a construir un yo fuerte, ese yo mismo que garantiza y sostiene nuestra identidad, ese que la dará seguridad y cobijo y la resguardará del contexto que la envuelve. Algunos elementos del yo mismo son relatados por Stierlin como sigue:

1) El yo mismo se nos presenta como un sujeto y objeto de historias, esas historias que ordenan y conservan nuestras experiencias vitales; esas que nos dan sentido y orientan nuestra conducta; esas historias pasadas que permiten al sujeto afirmarse en su identidad de manera duradera, al mismo tiempo que puede poner en cuestión esta identidad y arriesgarse a vivir nuevas experiencias que la van a cambiar y enriquecer.

2) El yo mismo es también un descubridor e iniciador de opciones de supervivencia. Es la fuerza, o la energía, que empuja a las personas a actuar y a reaccionar de forma imprevisible, sorprendente, variable y abierta. En este yo mismo se encuentra la compleja dinámica motivacional humana.

3) El yo mismo entendido como parlamento interior se manifiesta en las distintas partes del mismo, sus características esenciales y las relaciones entre ellas. Stierlin a este sistema lo llama parlamento intrapsíquico. En él hay distintas fracciones que luchan entre sí por el reconocimiento, el poder y la realización de sus necesidades; el sujeto experimenta esto como un conflicto interior a veces de gran intensidad. Si el sistema de gobierno interior es abierto, o más bien se muestra democrático, se tolerará una considerable tensión de conflictos. Mientras que si es rígido o dictatorial, las distintas facciones, llamadas pulsiones, intereses, necesidades, etcétera, serán empujadas a ocultarse en el interior de la psique y perderán su capacidad de establecer ese diálogo interno que va a permitir al sujeto dirigir su conducta externa con el equilibrio necesario entre la razón y el corazón.

4) El yo mismo es un portador de recursos y de soluciones a problemas que tiene el individuo, muchas veces en el inconsciente, que pueden ser estimulados con distintas formas de terapia, que no ponen el acento en la patología, y ayudan a despertar esperanzas y a orientar a las personas hacia el futuro, y no hacia un pasado que ya no se puede modificar.

En resumen, el arte de la distancia y del control sobre uno mismo y con los demás es el programa de la existencia misma, el proceso de convertirse en persona, de construirse como sujeto, no sujetado, un sujeto que decide qué quiere hacer con su vida. Este proceso es sustancial para ir evolucionando en la individuación conexa con los otros. Y en el ejercicio profesional, para poder acompañar a las personas con las que trabajamos, son muchas las ocasiones en las que hemos de realizar acciones de control: en el caso que relató Belén Navarro hace unos cuantos días sobre una familia que acumulaba objetos y lindaba con el síndrome de Diógenes; en el caso de un niño acosado por sí mismo cuando no puede parar la violencia contra sus padres; en la orientación a una madre separada que no sabe poner límites a sus hijos y no dispone de la ayuda del padre de ellos. En fin, son muchos los casos en los que se ha de ejercer el control sobre las situaciones porque, al fin y al cabo, una de nuestras funciones como profesionales de lo social es la de la integración social y la de intervenir en el entorno convivencial mediante “una terapia sociémica a los problemas de partida” para poder superar las limitaciones de la herencia social, familiar y comunitaria, como señala Joaquín Santos en su libro El cuarto pilar.

Para completar estos argumentos, traeré unas palabras sobre el control profesional de una trabajadora social del libro Ética, teoría y técnica. La responsabilidad política del trabajo social. Transcribo directamente de la respuesta que da la profesional a la pregunta: ¿Cómo entiendes la función de control que tenemos los trabajadores sociales? ¿Y, sobre el uso que hace el profesional del poder que le confiere ese control?
Evidentemente existe en este contexto… pero siempre hay posibilidades para implicar al otro en el proceso de decisión… explicarle las alternativas, preguntar cómo lo ve él, qué considera que sería mejor para su propio proceso, hacerle partícipe. Trabajo en un contexto de control, pero yo no soy el juez ni el policía. Pero es evidente que el hecho de que esté ahí, de que exista todo el proceso, significa que hay un control social sobre las conductas, un límite social. Al principio no me gustaba, me resistía a identificarme en mi función de control, pero estoy ahí, es inevitable, ¿por qué no sacarle el máximo provecho?
Una trabajadora social que piensa y actúa así tiene una diferenciación de su sí mismo muy poderosa. Sabe distanciarse de la institución, aquella que a veces le induce a ser complaciente, también sabe distanciarse de los otros profesionales que, como cantos de sirenas, le incitan al llamado consenso; y de las posiciones más dulces que tienen muchos profesionales en su modo de actuar con comprensión. Ni qué decir tiene que comprender al otro y trabajar con él con límites y control no son posiciones en pugna. La clave para el ejercicio del control es, pues, implicar al otro en el proceso de decisión porque él también es un sujeto de poder, aún cuando se trate de una persona que “pretendidamente” no sabe, o es considerada frágil. Este es el punto crucial en el que han de trabajarse a sí mismos los profesionales del trabajo social ya que… hemos de convenir que en muchas ocasiones atribuimos a las personas con las que trabajamos debilidades que, sí pueden tener, ¡cómo no! pero como cualquier otro ser humano que está en esta otra franja, en la nuestra.

Sin embargo, puesto que me ha seguido preocupando el tema del control de situaciones que crean problemas en la comunidad, como el síndrome de Diógenes, por ejemplo, he explorado en la red, para buscar un programa de TV que me recomendaron porque se trataba de cómo negociar con estos enfermos y su familia el desalojo de los objetos acumulados. Puesto que no lo he hallado, en su lugar aporto otro documento que quizás pueda servir para orientar la intervención que ha de ejercerse en este tipo de situaciones. Pienso que hoy los trabajadores sociales tenemos la oportunidad de diversificar nuestros modos de intervenir, por ejemplo, en el caso que sigue, proporcionar ese apoyo organizacional.

Es preciso ver el problema desde una perspectiva multidisciplinar. A la par del tratamiento médico y el psicológico, es importante brindar a este tipo de pacientes apoyo organizacional.

Martha Chapa, decoradora de interiores y especialista en el apoyo de pacientes con Síndrome de Diógenes, explica: “Ofrecemos ayuda a quien nos la pide, convencidos de que el ambiente que les rodea es capaz de influir en su estado de ánimo, nos ocupamos de ayudar y trasformar su entorno.
Cuando acceden a recibir nuestro apoyo, nos topamos con sentimientos encontrados, porque saben que tienen la oportunidad de un nuevo comienzo a pesar de la fragilidad en la que se encuentra su vida y al mismo tiempo, sienten terror de verse despojados de las pertenencias que los han acompañado por años.”

La función de este tipo de especialistas, no es tan sólo tirar lo que no sirve, sino negociar con los pacientes para no violentarlos emocionalmente. “Nuestro trabajo no es limpiar, sino discernir entre lo que tiene valor para la persona y lo que es basura, lo que está haciendo un escudo que no le permita liberarse. Por eso, con su consentimiento tiramos, regalamos, reparamos, reacomodamos y creamos ambientes que trasmitan esa estabilidad que habían perdido y puedan reencontrarse consigo mismos, para que retomen sus aficiones y vuelvan a hacer lo que solían disfrutar.”

martes, 7 de mayo de 2013

Los otros

Hace tiempo que vengo interesándome por el asunto de la terminología en Trabajo Social.

En otra entrada, que puedes leer aquí, reflexionaba sobre la importancia del lenguaje y lo poco que, en mi opinión, nos paramos a pensar sobre qué términos utilizamos para designar las conductas o las dinámicas de las personas que atendemos. Tal es así que a veces la taxonomía se vuelve etiqueta y las conductas se convierten en atributos personales que constituyen una pesada ancla tanto para la persona que los “padece” como para los propios trabajadores sociales: “esta familia es marginal”, “este es un alcohólico”. Nada más y nada menos. Qué demoledor ¿no?

Decía yo en la citada entrada que no quiero renegar de la taxonomía, que es importante. Este interés me ha llevado a plantearme realizar el trabajo de fin de grado del curso pasarela (en la UNIR) sobre esta temática. Pretendo realizar una aproximación a la figura del cliente y lo primero que se me ocurre indagar es ¿cómo deberíamos designar a las personas que atendemos? ¿Usuarios? ¿Clientes? ¿Sujetos? ¿Familias atendidas?

El término usuario, según la RAE, se refiere a la persona que utiliza un servicio (p.ej. una piscina); no me parece nada adecuado porque excluye un elemento central en el Trabajo Social: la relación.

El término cliente designa un intercambio comercial. Aunque me parece más “digno” que el término usuario, tampoco creo que se adecue al marco institucional en que nos situamos. Más bien deberíamos hablar de ciudadanos: personas con derechos por ser tales ¿no te parece?

Rizando el rizo, se me ocurre que quizás la cuestión no estriba en buscar un término que designe a las personas que son sujetos de atención por parte de los trabajadores sociales sino quienes son atendidos por el sistema de servicios sociales. En el sistema de salud somos pacientes, en el sistema penitenciario, internos…Por otra parte, una trabajadora social de salud designando a alguien como “paciente” suena extraño ¿verdad?
¿Y tú, que opinas?


¿Cómo denominarías a las personas que atendemos?

Usuarios

Clientes

Ciudadanos

Sujetos

Otra denominación


Agradeceré tus comentarios. Hasta el viernes.

viernes, 3 de mayo de 2013

Falsas mujeres maltratadas

Hola de nuevo:

Siempre me pasa lo mismo: algunas semanas los temas relacionados con la denuncia de situaciones diversas arriconan al resto. Soy consciente de que escribir únicamente con ánimo de denuncia me pone aún más atacada (de lo habitual) y puede resultar desesperanzador para quien lo lee.

Así mismo, me preocupa mucho que los profesionales de lo social nos quedemos anclados en la labor de denuncia. Esta labor es fundamental, máxime en estos momentos, pero además de marcar líneas rojas, lo adecuado en mi opinión (y en la de muchos otros compañeros) es tratar de seguir produciendo conocimiento (veáse Contrarreforma Local, éste documento y éste son de obligada lectura). Yo añadiría que no sólo en materia de Servicios Sociales sino en lo referente al Trabajo Social como profesión es necesario continuar tratando de generar un nuevo discurso. Esto ya lo desarrollaré en otra entrada.

En esas andaba, divagando sobre el post que pensaba dedicar a los clientes-usuarios, hasta que se me ocurrió coger el periódico "La Voz de Almería" en el desayuno de ayer, jueves, y encontrarme este nauseabundo titular sin desperdicio, cuyo subtítulo, además, reza: "Falsas mujeres maltratadas pidieron ayudas de 400 €". Si pulsas sobre la portada se ve mejor.



Pues bien, olvida mi disertación anterior porque de nuevo ¡tacháaan! me sale un escrítulo denuncia. A cambio de su lectura te ofrezco una entrada extra el lunes sobre lo que tenía previsto: los usuarios-clientes ¿hace?

Sigo a lo mío entonces...

Los almerienses estamos acostumbrados a leer este periódico como si fuese un boletín del PP, sabedores de las relaciones del partido con el grupo Novotécnica, propietario del diario. No hay día que no aparezca nuestro presidente de la Diputación, Gabriel Amat, inaugurando algún curso para policías, tramo de carretera, algo de toros o de la Hermandad del Niño en Chanclas y de la Virgen del Perpetuo Bolillo; basta observar las noticias de la portada adjunta con detenimiento para ver de qué va la pesca.

Que la prensa desparramada por los cuatro puntos cardinales de mi Ehpaña es, salvo honrosas excepciones, cómplice de la oligarquía que nos está chupando la sangre no es descubrir la pólvora, lo sé. Que el modus operandi de quienes les financian es poner en marcha la máquina del fango (que diría Joaquín Santos), cargando las tintas contra la ciudadanía por irresponsable, fraudulenta y choriza, mientras ellos expolian este país a golpe de sobres y cheques, también se hace cada día más evidente, si no lo era ya.

Lo que yo no podía imaginar, alma de cántaro, es que también pretenden criminalizar a la mujer víctima de violencia: “Falsas Mujeres Maltratadas”. ¿Pero esto qué eh lo qué eh? ¿Falsas mujeres, que en realidad son hombres? ¿Mujeres que sufren un falso maltrato? ¿Mujeres hipócritas pero que sufren maltrato? ¿Qué es esto? ¿Qué está pasando aquí, que las mujeres (sobre todo las extranjeras) nos hemos lanzado como posesas a denunciar al primer hombre que se nos cruce por la calle para cobrar el potosí de 400 euros al mes?¿O cual es el asunto, que son los 400 euros los culpantes de la crisis que tenemos?

(Nota de régimen interior: si escucho a algún profesional de lo social decir que España está en la ruina por culpa de la gente que trabaja en b y cobra el paro, que sepa que no respondo de mí)

Tras pensarlo, caigo en la cuenta de que esto es parte de la estrategia Peperiana Gallardónica Cavernícola de hacernos retroceder 50 años: regulación del aborto, de las bajas maternales, del divorcio, de las pruebas de fertilidad, etcétera, etcétera, etcétera...¿De qué me extraño, pues? Este PP es la prueba de que se puede ser a la vez neoliberal y neoconservador, dos cosas que se me antojaban imposibles.

Como trabajadora social que atiende diariamente a mujeres víctimas de esta lacra social (lacra social: el maltrato, pagar en B, el botellón, las prostitutas en la calle, el paro, la droga...) a través de este blog, que no es más que una gota en el océano de la red, quiero expresar a La Voz de Almería mi más profunda indignación por esas palabras, que constituyen un ataque directo hacia las mujeres que sufren a manos de sus parejas. Hay un límite ético, hasta en el periodismo. Ustedes lo han traspasado.

Para terminar, voy a aclararles quiénes son los falsos aquí: los falsos son los políticos que son votados para que arreglen los problemas de la ciudadanía y se llenan los bolsillos a costa del sufrimiento de las personas, los falsos son los periodistas que se venden por treinta monedas de oro y los falsos son los funcionarios al servicio público que proporcionan datos a sabiendas de que se han cocinado previamente. Lo único real es el sufrimiento de esas mujeres. Ustedes son los falsos. Una mala imitación de periódico. Un tabloide.

Por cierto, hoy es el día internacional de la libertad de prensa.

Hasta la semana que viene.


 "Mentira". Joaquín Sabina