jueves, 29 de agosto de 2013

5 argumentos para decir NO al espacio sociosanitario

Hola de nuevo:

La semana pasada dediqué este espacio de reflexión a abordar el fenómeno de lo sociosanitario, ofreciendo algunas pinceladas introductorias (puedes leer la entrada aquí). A continuación trataré de desglosar los argumentos que sostienen este NO tan rotundo con el que ilustro la entrada. Algunos argumentos son míos pero la mayoría se han extraído directamente de dos documentos de la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales: El engaño de un pacto sociosanitario, que puedes consultar aquí y El fenómeno de lo sociosanitario cuyo enlace no he conseguido encontrar. Los argumentos son, pues, los siguientes:
  1. Atención sociosanitaria no es lo mismo que coordinación sociosanitaria: La atención sociosanitaria o espacio sociosanitario implica la creación de un sistema híbrido, tipo SAAD, para la atención de determinadas problemáticas. La coordinación sociosanitaria, en cambio, supone la cooperación de dos sistemas públicos con legislación, estructura y presupuestos diferenciados.
  2. Recordemos que la coordinación sociosanitaria no debería impulsarse solo con personas en situación de dependencia o diversidad funcional, existen ciudadanos con muchas otras problemáticas que también piden a gritos una mayor coordinación entre ambos sistemas y que actualmente están siendo olvidados por las distintas administraciones (por ejemplo, las personas sin hogar que padecen algún trastorno mental)
  3. La integración genérica de sistemas no mejora la atención a la ciudadanía: Prueba de ello es la fusión en España del Ministerio de Sanidad y el de Asuntos Sociales o la fusión entre las dos consejerías en las CC.AA. Estas fusiones no mejoran la atención a la ciudadanía, baste observar si la coordinación entre ambos sistemas ha mejorado en Andalucía (pareciera que esto iba a suceder por arte de magia).  No se han elaborado planes o programas para mejorar la atención, siendo estos instrumentos concretos los que constituyen la herramienta necesaria para la mejora de la coordinación entre salud y servicios sociales, sin necesidad alguna de fusionar organismos en aras de un supuesto ahorro que en la realidad no es tal porque ambas estructuras orgánicas hay que mantenerlas.
  4. No solamente no mejora la atención a la ciudadanía sino que supone un gravísimo retroceso para el sistema de servicios sociales que una vez más es víctima, en este caso de la voracidad del monstruoso (afortunadamente lo de monstruoso) sistema sanitario, que engulle presupuestos y esfuerzos sin fin por parte del Ministerio o la Consejería, en detrimento de las partidas presupuestarias y esfuerzos destinados a servicios sociales. Para muestra, valga esta noticia en prensa en la que, al final, se explica la brillante gestión de la consejera, María Jesús Montero, subrayando sus logros en materia sanitaria y farmacéutica. Por cierto ¿sabes cual es la profesión de nuestra consejera? Médica. ¿Y la de la mayoría de portavoces, parlamentarios, diputadas... que representan a sus partidos en comisiones sectoriales institucionales? Pues médicos también. Es fácil imaginar qué porcentaje de su tiempo dedicarán a pelear entre temas sanitarios  y temas sociales. Este apunte debería servir de reflexión a los profesionales de los servicios sociales, es decir, a nosotros, que nos da tanta grima la implicación política. Pues eso.
  5. Pero lo peor del argumento sociosanitario es su malvada utilización por parte de algunos sectores sanitarios, políticos y empresariales para emprender una nueva operación de expolio de lo público. Porque ¿a qué se refieren los grandes lobbies sanitarios cuando hablan de lo sociosanitario? De residencias de mayores y personas con discapacidad, negocios muy jugosos para llevárselo calentito. ¿Por qué se construyen macro-residencias faraónicas de 120 plazas?¿Para que los ancianos se sientan como en casa? ¿Para que le sea más rentable la externalización a la empresa del amigo financiador del partido del presidente de la diputación de Jamematen? Dejo aquí la cuestión que me caliento y termino la entrada hecha una borágine.
Hasta aquí mis argumentos. No quiero extenderme más para no resultar pesada. Te dejo con una artista maravillosa que hoy tendría que estar cantando por los escenarios de todo el mundo pero no, no, no...

Amy Winehouse
Rehab
PD. En almeriense profundo, borágine (que no vorágine) se refiere a aborigen, en el sentido de persona muy enfadada.

viernes, 23 de agosto de 2013

No a lo sociosanitario (Primera parte)

Hola de nuevo:

En la administración española existen mantras que, a fuerza de repetición, toman categoría de dogma científico. Uno de ellos adquirió un notable relieve con la promulgación de la ley de dependencia, allá por 2007: la necesidad de implantar un espacio sociosanitario.

Es curioso, se ha comenzado a hablar de lo sociosanitario como la solución desde entonces y en el contexto de la atención, preferentemente residencial, de la población mayor o con discapacidad (diversidad funcional si se prefiere). Es como si antes no hubiesen existido zonas de intervención conjunta entre la sanidad y los servicios sociales. ¿No? mmm... retrotraigámonos en el tiempo y el espacio...

¡Coñe! ¡Los toxicómanos! Qué tiempos aquellos, trabajando en un centro de tratamiento a drogodependientes, en los que recuerdo con qué cariño acogía el sector sanitario entre sus brazos a la población con problemas de drogodependencia (costaba horrores hasta que dispensasen metadona en los centros de salud). Y si se trataba de personas que además padecían trastornos mentales, salud mental incluso les ponía una pancarta de bienvenida, no te digo más. Patología dual y otras hierbas...

Veamos ¿hay algún otro colectivo necesitado del bálsamo sociosanitario?

¡Anda, las personas sin hogar! También me enternezco al rememorar la famosa frase que tanto les gusta pronunciar con ceja Sobera a algunos compañeros sanitarios: este es un caso social. Esta frase tan sanitaria, merece ser enmarcada, eso sí, junto con nuestra archiconocida sentencia lapidaria: esta familia se ha cronificado. Cuando escucho una u otra se me ocurren dos opciones ¿Me corto las venas o me las dejo largas?

Pero dejemos las minucias del pasado y volvamos al presente. Esta moda de lo sociosanitario ha ido arraigando con fuerza gracias al empuje de ciertos sectores de la sanidad, con intenciones tan dispares que van desde la simple y pura buena intención por mejorar la atención hasta la enésima operación de expolio público, que de todo hay. 

Tanta fuerza ha adquirido el experimiento que actualmente los servicios sociales sufrimos en silencio, como las hemorroides, sus consecuencias, comenzando con la fusión de ministerios, consejerías y demás órganos políticos e institucionales; nefasta organización que constituye tan solo la punta del iceberg.

Y digo en silencio porque, salvo honrosas excepciones, seamos sinceros, desde los servicios sociales no hemos sido lo suficientemente beligerantes con este asunto. Lógico, en primer lugar, nos enfrentamos al sistema sanitario. Obsérvese la siguiente foto y trátese de adivinar quién representa a quién:


En segundo lugar, esto de lo sociosanitario nos lo han ofrecido como algo intrínsecamente bueno; es como cuando te hacen una encuesta en la calle y te preguntan: ¿está usted a favor de que los pederastas cumplan íntegras sus condenas? o ¿cree usted que los políticos cobran demasiado? Pues la pregunta aquí sería ¿está usted a favor de un espacio sociosanitario en pro de la mejora de la atención a las personas? ¿Quién podría contestar que no?

Pero el caso es que la pregunta tiene truco. Cualquier profesional de los servicios sociales a quien se le formule la pregunta contestará a favor de una mayor coordinación sociosanitaria entre ambos sistemas. Otra cosa es la atención sociosanitaria. Este es el quid de la cuestión. No nos dejemos engañar. Sí a la coordinación sociosanitaria. No al espacio sociosanitario.  

¿Argumentos? 

Tendrás que esperar, le he cogido el gusto a las entregas por fascículos, ahora que llega septiembre con sus colecciones de casas de muñecas, tazas de porcelana en miniatura y demás artículos de primera necesidad.

Hasta la semana que viene.

Kiko Veneno
"Hace calor"

viernes, 16 de agosto de 2013

Caso nº 2: Cuando la intervención es no intervenir

Hola de nuevo:

Vuelvo con el caso que describí la semana pasada, el de mi amiga Francisca y los conflictos con sus tres hijas, pero me vas a permitir un pequeño paréntesis dedicado a los niñatos de Nuevas Generaciones que se rieron de algunas personas estafadas por las preferentes durante la comparecencia de Mª Dolores de Cospedal. 

Podría denunciar la absoluta falta de empatía de estos impresentables y hacer una disertación sobre las neuronas espejo y demás, pero mi incultura general y mi indignación particular tan solo dan para desearles de todo corazón que en alguna ocasión se sientan tan estafados como estos ciudadanos, más que nada para que experimenten en su piel algo tan sumamente gracioso; en ese momento seré yo la que me reiré a carcajadas. Lamento parecer tan borde, es que de empatía también ando un poco justa, especialmente con gentuza como esa.

Dicho esto (si no lo suelto, reviento) me pongo de nuevo en situación: la semana pasada te conté un caso en el que vengo trabajando, uno que me está generando algunos quebraderos de cabeza. Me quedé justo en el momento en que las hijas vuelven a requerir mi actuación porque la madre, que convive con la hija menor y recibe el servicio de ayuda a domicilio, empeora en su comportamiento y tiene a las tres hijas en jaque. ¿Que había pasado para que Francisca continuase con esta actitud a pesar de haber obtenido, en teoría, respuesta a todas sus reivindicaciones?

Mª Jesús Brezmes, una trabajadora social y consultora a la que admiro mucho, explicó en un curso al que asistí la diferenciación del profesional frente al técnico; lo menciono porque me parece crucial en todo esto que trato de transmitir. Dice María Jesús que el profesional es el experto en comprender, mira donde otros no ven. El técnico, en cambio, tiene una batería de soluciones ante una batería de problemas determinados.

Tras algunas entrevistas individuales con Francisca y sus hijas, esta vez por separado, conseguí  identificar el nudo del asunto: la relación entre Francisca y su hijo Eduardo bloquea todos nuestros intentos de adaptación de Francisca.

A estas alturas ya sabrás por dónde van los tiros. Francisca tiene algunos ahorros y quiere dárselos a su hijo para que éste reflote su empresa de construcción; las hijas están indignadísimas porque Eduardo jamás se ha ocupado de su madre, encima fue el mayor beneficiado en el reparto de la herencia familiar. Aún así, Francisca quiere el control total del dinero, que el padre encomendó a las hijas en el lecho de muerte, y las hijas lo que persiguen con desesperación es que Francisca se percate de que su hijo no la quiere como ellas, que tan solo busca expoliarla. Hay que recordar que las hijas han renunciado a la PECEF para que su madre se sienta más atendida, digo esto para subrayar que estas mujeres no son unas "peseteras", se trata de una cuestión emocional.

Francisca amenaza con irse al cortijo si no le dan el control total del dinero y las hijas me amenazan a mí con permitir que se marche si no abandona su actitud.

En este punto, si fuese una trabajadora social algo más pardilla iría derechica a meterme en el jardin de mediar en la cuestión del dinero, que es justo lo que Francisca pretende, pero no lo voy a hacer. También podría entrevistarme con Eduardo pero tampoco lo voy a hacer porque no encuentro la utilidad del contacto en este momento de la intervencion.

He actuado, hasta ahora, como correveidile de las partes. Se acabó. Deben llegar a un acuerdo o romper la baraja. He verbalizado en una larga entrevista a las hijas que Francisca está en su pleno derecho de irse al cortijo (que cumpla su amenaza o calle para siempre, recordemos que cognitivamente se encuentra bien) y he dejado claro a Francisca que el dinero está a nombre de las hijas así que no tienen por qué dárselo, así lo decidió su marido y ella estuvo de acuerdo. Si Francisca quiere irse al cortijo, que se vaya (está en su derecho), siempre queda la baza de planificar con los ahorros que tienen las hijas la organización de sus cuidados combinando SAD y una persona que apoye de forma privada, si es que Francisca así lo acepta.

Lo que trato de hacer es dejar que el conflicto aflore de verdad. Deben tomar una decisión. Unas y otras. Para conseguirlo, debemos alejarnos. Una vez que la pelota de tenis ha desaparecido, se acabó el partido; las cosas, curiosamente, se han calmado. 

Con este caso quería mostrar algunas cuestiones importantes en intervención familiar:

1. Las cosas no son lo que parecen si solo las observamos desde la gestión de recursos. La mirada profesional es la mejor herramienta.
2. El poder de los ausentes es muy importante independientemente de que los incluyamos o no en la intervención.
3. La gestión de recursos está sobrevalorada, sobre todo con algunas problemáticas.
4. A veces hay que retirarse para que la familia genere sus propios procesos.

Y por último:
5. La mamá mediterránea está obsesionada con el hijo varón, sobre todo si es el único entre mujeres. Irrefutable. En mis 41 años de vida solo he encontrado una excepción, que confirma la regla.

¡Gracias genoma humano de Gabriel y Encarna por no darme un hermano chupóptero y gachón!

Espero que la descripción de este caso te haya resultado interesante. 

Hasta la semana que viene.


Antonio Flores
"Siete vidas"

viernes, 9 de agosto de 2013

Caso nº 2: Francisca

Hola de nuevo:

Si has visitado este blog con anterioridad habrás leído alguna entrada sobre una intervención mía con una familia muy disfuncional; este caso, que tiene sus altibajos, va bastante bien en general, sobre todo teniendo en cuenta sus características peculiares y la situación de la que partíamos, así que voy a poner punto final a la narración del mismo y me dispongo, a partir de hoy, a dedicar algunas entradas a un caso nuevo, muy diferente, que me está generando algunos quebraderos de cabeza.

He escogido este caso por varias razones: en primer lugar, se trata de una familia “normalizada”, si se me permite la expresión no muy acertada, lo sé, es para que nos entendamos, porque... ¿Qué familia es normal? ¿Qué es lo normal? ¿Lo que la trabajadora social entiende por normal? ¿Lo que ha vivido en su familia de origen? En fin, ya sabes de lo que hablo… La cuestión es que mi intención es narrar una intervención con una familia como Rajoy manda.

Pero la razón más importante que me ha impulsado a escoger este caso es porque aquí la gestión de recursos juega un papel muy, muy, muy secundario. Este aspecto me parece central: recuerdo en mis inicios laborales cómo me agarraba a los recursos con desesperación. Es más, me escandaliza hoy escuchar a compañeras-eros con más años que la tarasca lamentarse de no poder intervenir porque no tienen recursos. ¡Mira Rocío Jurado, la tía, ella sola se comía el escenario, incluso sin músicos! ¡Con poderío, coñe!

Pues nosotros igual, pero en versión terapéutica.

A lo que voy. La protagonista de esta historia es Francisca, 88 años, una jovencita. Cognitivamente, una máquina. Eso sí, le fallan las piernas y deambula con bastón, por lo que hay que ayudarla en el aseo y demás; en definitiva, dependiente severa (grado II) Francisca tiene tres hijas y un hijo, todos viven en el pueblo. La intervención comienza a través de la hija mediana, a la que llamaremos Toñi.

Toñi se llevó a su madre a su domicilio al enviudar Francisca, hace cinco años, puesto que el cortijo donde vivía ésta ya no era un lugar seguro, tanto por su aislamiento geográfico como por el deterioro físico de la anciana. Con la llegada de “la ley de dependencia” Toñi se puso en contacto con nosotros y tras el oportuno estudio de la situación familiar, se tramitó la prestación familiar por cuidados en el entorno familiar (PECEF)

Hasta ahí, todo muy normal. La situación comienza a complicarse cuando Toñi claudica y decide abandonar los cuidados de Francisca, hace año y medio, debido a la tensa relación existente con su madre: “es muy exigente”, “no quiere quedarse sola ni un minuto”, “quiere volver al cortijo” y “no quiere que la asee” son algunas de las razones que Toñi me expone en el despacho.

Decidimos entre todos (eso incluye a Francisca) hacer un cambio de PIA (Programa Individual de Atención) y que Francisca se traslade con su hija pequeña, Juani, ya que la mayor, Carmen, cuida de su marido enfermo y no puede asumir la atención de otra persona. Las tres hermanas tienen muy buena relación entre sí, pero no con el hermano varón, Eduardo, que “nunca se ha ocupado de nuestra madre, sólo de sacarle el dinero”.

Al poco tiempo de trasladarse con Juani, los problemas vuelven a aflorar. Juani se queja exactamente de las mismas cosas que su hermana Toñi y me dice entre lágrimas que de seguir así la situación ella no podrá soportarlo por mucho tiempo. Ante este panorama, hago una visita domiciliaria para preguntarle a Francisca qué es lo que le pasa.

En la visita, Francisca me cuenta que se siente muy sola, que las hijas se marchan a trabajar y ella se pasa el día viendo TV y sentada “como un mueble”,  que nadie le hace caso y que además ni siquiera es dueña de su propio dinero. La hija le recrimina que no puede sacarla porque tiene que trabajar muchas horas (es jornalera agrícola) y que con ella tiene todo lo que necesita: está limpia, toma su medicación, come adecuadamente y la familia sí que le hace caso.

Una vez que consigo que ambas dejen de gritarse, trato de lograr mayor empatía entre ellas; digo a Juani que es normal que Francisca se sienta sola, estaba acostumbrada a vivir en el campo y ahora se siente encerrada, apenas habla con nadie y hace semanas que no ha salido del piso porque a pesar de ser un primero, no tiene ascensor.

Asimismo explico a Francisca que su hija está muy sobrecargada y ella no puede pretender que la atienda como ella desea, tiene que trabajar.

Les propongo un trato: cambiamos el recurso de PECEF a SAD con el objetivo de que la auxiliar "saque" todos los días a Francisca de paseo y además Juani le asignará una parte de la pensión para que Francisca la emplee como quiera, a cambio Francisca debe prometer generar menos conflicto en casa y ser un poquito más flexible. Ambas aceptan y comenzamos con el SAD.

El cambio en Francisca es espectacular. La conexión con la auxiliar es fantástica: comienza a ir a la peluquería, la auxiliar la lleva a desayunar fuera de vez en cuando, van a la iglesia e incluso acude al centro a conocer mi despacho. Días de vino y rosas… Por mi parte, me felicito por lo buena trabajadora social que soy y me doy unas cuantas palmaditas en la espalda…

Hace un mes, acuden las tres hijas pidiendo que hagamos algo con su madre, otra vez está insoportable, ahora peor que nunca. Quiere volver a su cortijo ¿qué ha pasado? El psicólogo, que la ha visitado hace unos diez días me comenta que cognitivamente sigue igual de bien. ¿Qué ocurre ahora?

La semana que viene, el desenlace.

jueves, 1 de agosto de 2013

Al habla con: Paquita Carajo Chancla

Después de mis vacaciones estivales, vuelvo con las pilas gastadas y la energía en low battery, pero no importa porque, de cualquier forma, pensaba seguir escribiendo todas las semanas.

¿Te da cuén de cómo se las gastan nuestros amigos los gaviotos? Por robarnos, recortarnos, prohibirnos y limitarnos nos han robado hasta el mes de agosto. Son unos maestros los tíos, hasta consiguen que inventemos vocablos como agostidad: "la reforma local ha sido aprobada con agostidad y alevosía"; seamos francos, acampar en Sol este mes además de policialmente imposible puede producir que se te queden los sesos como unas gachas colorás...

¡Gensanta, estos acaban legislando con el horario de Sydney para que no nos enteremos porque nos pillará durmiendo!

Pero yo no venía a hablar de los gaviotos ni de Bárcenas, que eso no es topi trendi en el colectivo de trabajadores sociales. A mí lo que me ha dejado muerta-en-la-bañera es la que se ha liado con el grado en Trabajo Social por la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja), privada y relacionada con el Opus Dei para más señas; defensores y detractores tienen mantienen un animadísimo rifirafe en las redes sociales, sobre todo a cuenta del convenio suscrito entre el Consejo y la UNIR para reducir el precio de la matrícula a los colegiados.

Ante mi total desconocimiento del tema, he decidido buscar a alguna trabajadora social que haya cursado el curso de adaptación al grado para conocer su opinión de primera oreja. Y mira tú por dónde, mi queridísima amiga Paquita Carajo Chancla (ver reforma local y servicios sociales, en cristiano) acaba de terminar el mentado curso, por lo que le he hecho en exclusiva una entrevista de rabiosísima actualidad.

Carmen ha pedido que no desvele su nombre real así que la nombraré por su seudónimo, Paquita Carajo Chancla y asimismo me ha permitido que la fotografíe ocultando algunas partes de su rostro, para no ser reconocida. Estas fueron sus palabras:

Belén Navarro: Querida Paquita, en primer lugar quiero felicitarte porque  creo que acabas de finalizar el curso pasarela por la UNIR ¿cierto?

Paquita Carajo: ¡Ay Belén, te enteras de tó! Pues sí, estaba yo muy desconectada de la formación y eso y pensé ¿por qué no hacer el curso este que me va dar muchos puntos para los concursos y demás? Y lo mejor, ¡la psicóloga de mi centro, que se cree la tía que es ministra, desde que se ha enterado se tira de los pelos, no te digo más...!

B.N.: Paquita ¿y cuánto te ha costado, si no es mucho preguntar?

P.C.: No jamía, puedes preguntarme lo que quieras, que hay confianza. Pues mira, me ha costado 2.000 eurazos, pero besaos los doy porque las clases en tu casa, que las ves por el ordenador, no tienes que ir a Almería que tú ya sabes que yo no podría ir a clases desde el pueblo, y los libros, como los he fotocopiao pues mira, al final, ni tan mal...

B.N.:  ¿Y por qué has elegido a estos y no la UNED que seguro que es más barato?

P.C.: ¡Calla ya, mujer! ¿Tú sabes que fui el año pasado y me dijeron que solo para gente que hubiese estudiado en la UNED y que no sabían cuando lo abrirían para el resto? Una odisea, nena...

B.N.: Paquita, pero ¿tú sabes del palo que va la universidad esta?

P.C.: ¡Claro mujer, del Opus!¡Hay que ver, me tomas por tonta, como no me enteré de la reforma local, ya crees que estoy en la parra para todo! Mira, que tengo un disgusto que me han dicho que hay una liá en el facebook, que eso es de fachas y tú ya sabes que tengo carnet y no precisamente del PP...

B.N.: ¡Pues anda que tú, vaya coherencia, irte a una universidad de fachas!

P.C.:  ¿Y a mí que más me da, te crees que nací ayer? ¿O qué te crees, que la UNED es de la CNT? Además, que depende de las asignaturas, unas sí y otras no, no te creas ¿no ves que saben que somos todos unos rojos? Pero vamos, que yo no me he matriculado para que me expliquen el cambio social, como tú comprenderás, eso ya lo traía yo aprendío de mi casa...

B.N.: Mujer, pero siempre una pública antes que una privada, que les estamos dando de comer...

P.C.:  Y dale...¡que no se podía! Y además, que ahora para el curso de la UNED 200 plazas para toda España, la gente dándose tortas... el caso es que por unas cosas o por otras el jefe de servicio psicólogo, el jefe de sección, abogado y los profesores universitarios, sociólogos, que a este paso vamos a tener doctores en trabajo social en el siglo 22.

B.N.: Paquita, sabes que te pueden tachar de interesá y de no ser coherente con tus principios ¿no?

P.C.: Pues mira, aquí de lo que se trata es de jugar con las reglas del sistema para poder cambiarlo, y ahora mismo, o estudias por ahí o a la mayoría no nos queda otra... Luego ya vendrá el discernimiento de cada uno, otra cosa son los chiquillos, que para eso tienen la pública, todavía...

B.N.: ¿Y entonces el seudónimo y la foto tapada...?

P.C.: Ya me conoces, Belén, no me gusta señalarme...


 Fito y Fitipaldis
"Acabo de llegar"