sábado, 12 de octubre de 2013

Las palabras son balas

Me he despertado contenta esta mañana. Anoche estuve en la fiesta de cumpleaños de una buena amiga que lo ha pasado mal y ahora vuelve a encontrar la felicidad; me alegré mucho de verla tan radiante, se lo merece.

En esas estaba cuando conecto el ordenador y me encuentro con dos noticias que me han revuelto el estómago: la primera, que los enfermos terminales morirán con intensos dolores a causa de los recortes (leer aquí) y la segunda, que Zorolla la vicepresidenta del gobierno culpa a la ciudadanía del fraude en las prestaciones por desempleo (leer aquí)

No dedicaré esta entrada a comentar estas noticias porque se comentan solas, comentaré, en cambio, una cosa que me pasó el otro día en el trabajo. Al salir del despacho, para irme a desayunar con un compañero de otra administración, observé que la conserje de mi centro estaba dando cita a una chica de unos 17 años. Manuela, la conserje, le dijo que la cita era para dentro de un mes y la chica se desesperó porque manifestaba que estaba padeciendo una situación jodida y que no podía esperar tanto, así que Manuela le adelantó la cita donde pudo y la chica se marchó más tranquila y enviando un wasap a alguien.

El compañero que estaba esperándome va y me suelta: "¡cómo es la gente de pedigüeña, no estará tan mal si tiene wasap!" Yo me volví y le espeté: "¡ya te vale, eh!" pero seguimos nuestro camino y ahí quedó el asunto.

A los pocos días, tuve que entrevistar a las personas que han solicitado trabajo al amparo del Decreto de Exclusión Social de la Junta de Andalucía. Una de ellas era una señora a la que no conocía previamente, que me contó que su marido la abandonó con tres niños pequeños y nunca más ha sabido nada de él, que estuvo enganchada a las drogas pero que lo dejó y que vive en una infravivienda en un barrio marginal del municipio con su hija (los otros dos están independizados). No tiene trabajo ni derecho a prestaciones del INEM.

Esta hija que tiene está estudiando en Almería un módulo de FP de integración social. La señora estaba muy agobiada porque no tiene dinero para mantener los estudios de su hija y, hasta que no llegue la beca, la hija se está quedando en casa de la madre de una amiga, a la que le da lástima de la situación 

Cuando la hija viene a Berja, no puede vivir con su madre porque la infravivienda es un habitáculo en el que no caben las dos. La hija duerme con su hermana pero vive con su madre, y así van llevando la vida.

Al repasar la documentación para ver si estaba todo en orden, miré las copias de los DNI y reconocí a la hija: era la chica que estaba pidiendo cita días antes, la del wasap. La pedigüeña.

Podía haber sido otra e igualmente tendría derecho a tener wasap, pero no. Era esta chica. Me vino a la cabeza una frase que me dijo un chico marroquí hace muchos años: "las palabras son balas". Tenía mucha razón, las palabras también son balas ¿No estaremos nosotros dándole la munición a quienes revuelven el estómago un sábado por la mañana?

Hasta la semana que viene.


(Para alejar la mente de noticias como la de hoy, "Para llevarte a vivir" de Javier Ruibal, un gaditano, un artistazo...)




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