viernes, 29 de noviembre de 2013

Sobre responsabilidad

Hola de nuevo:

Una de las muchas posibilidades que ofrece escribir en un blog es la de intercambiar o complementar ideas con otras personas, así que hoy te propongo reflexionar al hilo de una entrada en otro blog y de paso te presento un caso nuevo en el que estoy interviniendo ¿qué te parece?

La entrada la escribe Joaquín Santos, trabajador social y bloguero, en el suyo; en ella relaciona el concepto de libertad con nuestra intervención profesional. Puedes leerla aquí.

Recojo este fragmento, especialmente interesante:
 
 (…) nuestra profesión, desde su origen, tiene claro que debe intervenir generando la autonomía de las personas con las que intervenimos, respetando, por lo tanto, su libertad, lo que implica también intervenir sin un juicio previo de las personas y sin tener previsto, de una forma prejuiciada lo que queremos hacer o conseguir. No somos el que enseña o el que determina sino el que facilita, el que acompaña, el que posibilita, el que interroga, no el que determina, de forma directiva, lo que es conveniente para las personas. Sin embargo, a menudo, en la práctica diaria, acabamos entregando "recetas" a diestro y siniestro, a veces obligados por las circunstancias, a veces porque no nos atrevemos a hacer otra cosa: en ocasiones pasotas, en otras salvadores...

Por tanto, su conclusión es:

“Lo que garantiza la libertad es la inexistencia de un dueño, de un señor que rija los destinos, que pueda modificar lo que verdaderamente quieres hacer. Libertad es, por lo tanto, autonomía y desarrollo de esta capacidad”.

Quiero continuar el planteamiento de Joaquín ampliando la idea de libertad en asociación con la idea de responsabilidad en estos términos: las personas somos libres para actuar de manera autónoma porque se nos presupone responsables de nuestros actos, es decir, podemos elegir ya que nuestra mayoría de edad nos dota de la madurez y el raciocinio suficiente para actuar de acuerdo con criterios adecuados a nuestras necesidades y deseos. Las niñas y niños no son totalmente libres de obrar según su criterio al no poseer la madurez intelectual y emocional que les permita actuar de manera responsable, como ocurre con aquellas personas que padecen demencias o trastornos graves. Somos tan libres, en definitiva, que podemos marcharnos de un hospital con una herida abierta si solicitamos el alta voluntaria.

Fuente: tumundoescolar.net
Dicho en otros términos: nuestros usuarios, o mejor, los ciudadanos a las que atendemos pueden actuar como mejor les convenga aunque sus actos no estén acordes a nuestro criterio porque son responsables de los mismos. Ellos, a la postre, son los que pagan las consecuencias de una mala elección y no nosotros. Tanto si nos gustan sus elecciones como si no, nosotros nos marchamos a las tres a nuestro domicilio y ellos siguen respirando, sufriendo, riendo, amando, en definitiva, viviendo.

A veces se nos olvida todo esto, creo, y se nos olvida que es su vida la que comparten con nosotros y no la nuestra (Roger Brufau dixit). Son libres de retirarse, son libres incluso de mentir porque la responsabilidad que conlleva la decisión es suya y nuestro es el derecho a rechazar el papel de máquina de la verdad, papel tras el que jamás se podrá cimentar una relación de ayuda. Aprovecho para recomendar intensamente la entrada sobre la mentira en el blog de Pedro Celiméndiz, también trabajador social, aquí.

Si actuamos como profesionales con la convicción de que las personas son libres de tomar decisiones porque son responsables de las mismas, el enfoque cambia. En primer lugar, nos libraremos de la pesada carga que supone ser las madres de todas y cada una de las familias de servicios sociales y, en segundo lugar, evitaremos numerosos sesgos personales y conductas paternalistas que pervierten una relación profesional respetuosa y operativa.

Relacionado con todo esto, es muy útil conocer una herramienta utilizada en psicología, denominada triángulo dramático. La próxima semana hablaré de ella en el marco de un caso en el que estoy trabajando en estos momentos: Sheila.

(Como siempre, el caso ha sido distorsionado hasta tratar de hacerlo irreconocible. Sólo me quedo con la problemática que me interesa resaltar)

Sheila tiene 18 años y viene de Córdoba porque se ha enamorado de una chica del pueblo de 30 años, Carmen, a la que ha conocido por internet, abandonado su casa, a sus padres y sus estudios.
La chica de la que se ha enamorado no tiene trabajo y proviene de una familia desestructurada; ambas se han ido a vivir a un cortijo que han ocupado y que no reúne condiciones de habitabilidad. Han pedido cita para solicitar ayuda porque los dueños del cortijo las han denunciado y las van a desalojar.

Los padres de Sheila han llamado muy angustiados al centro preguntando si sabemos algo de su hija porque saben que Sheila está en Berja. Estaba estudiando económicas y lo ha dejado todo por esta pareja, de la que sospechan que puede tener consumos abusivos de drogas. La madre no deja de llorar durante la conversación telefónica y nos pide que le demos información sobre la hija porque ésta no le coge el teléfono. Además, Sheila es diabética y la madre tiene miedo de que no esté cuidándose lo suficiente. Piden desesperados que Sheila vuelva porque, aunque asumen su homosexualidad, no aceptan a esta pareja que "va a arruinar la vida a su hija".

(Continuará…)

domingo, 24 de noviembre de 2013

Sabemos, podemos, queremos ¿qué haremos?

"Sabemos, podemos, queremos; la intervención social en tiempos de malestares" es el lema del XII Congreso Estatal de Trabajo Social que se ha celebrado la pasada semana en Marbella (Málaga).

Te cuento esto porque igual estás leyendo este blog y no eres trabajadora social. Pues sí, nos reunimos cada cuatro años y debatimos sobre los aspectos de la profesión que más nos preocupan. La semana pasada prometí que a mi vuelta del evento escribiría una crónica del mismo así que hoy toca; igualmente, quédate, estás en tu casa.

En primer lugar, quiero recomendarte que leas las crónicas de mis compañeras y compañeros de la BlogoTSfera: Nacho Santás, Tania Luis, Pedro Celiméndiz, Israel Hergón, Eladio Ruano y Rocío Cáceres. Juntos realizamos un taller sobre TIC (tecnologías de información y comunicación) que demostró, independientemente del resultado (en mi opinión muy bueno), que la elaboración colectiva es posible a pesar de la distancia física: Canarias, Zaragoza, Madrid, Málaga, Almería, Valencia, ¡ahí es nada!. Aprovecho para dar las gracias a Cristina Castellano, compañera también bloguera que, junto con Rafa Arredondo, se pegó el mayor currazo preparando el taller pero no pudo asistir al congreso. Suyos son también los aplausos que recibimos al final.

Algunos miembros del colectivo BlogoTSfera, al terminar el taller sobre TIC
¡Me encanta formar parte de este colectivo!
Muy meritorias las crónicas de Juanma Gil y Soraya López. Juanma siguió el congreso por streaming (retransmitido por internet) y Soraya por twitter. Una vez más, las TIC, presentes, lo que me lleva a meterme en el análisis del congreso, que es lo que estás esperando de esta entrada, no sin antes mandar un abrazo de teletubbie a los miles de seguidores, ejem, bueno, cientos...quizá seis o siete...¡que no los conté, coñe!, en definitiva, a las compañeras que me pararon por los pasillos para decirme que les gustaba mi blog. Me hizo una ilusión enorme, de verdad.

Observo cuatro cuestiones que han estado presentes durante estos días, a saber:
  • La universidad.
  • Los movimientos sociales.
  • Las tecnologías de la información y comunicación.
  • El malestar...
Estas cuestiones, junto con algunas otras, fueron debatidas intensamente en estos tres días (en los que hubo tiempo también para compartir charla y diversión) a través de cada uno de los ejes: Sabemos, el jueves, Podemos, el viernes y Queremos, el sábado. No fue fácil seguir el hilo argumental que el comité científico estableció porque las ponencias no contribuyeron a enmarcar la propuesta. Es curioso, tenía todas mis expectativas puestas en el eje Sabemos y, sobre todo, en la ponencia de Donatella Della Porta sobre movimientos sociales y me decepcionó, creo que con la traducción pierde mucho. Por otra parte, Alfonsa Rodríguez, ponente del eje Podemos, nos dejó con un buen sabor de boca con su apuesta por la proactividad y por un trabajo social más relacional, más narrativo. Recomiendo la lectura de la ponencia, aunque escuchar a Alfonsa es un placer. Dedicaré próximamente una entrada monográfica a su propuesta.

Del resto de mesas y comunicaciones no puedo opinar hasta leer la mayoría porque fueron tantas comunicaciones simultáneas que era imposible estar a todo; la gran cantidad de actividades puede ser objeto de crítica al no permitir estar en tantas cosas a la vez o motivo de satisfacción por permitir la participación de muchos profesionales, incluída la mía. Me quedo con lo segundo y aprovecho para resaltar la gran dificultad que supuso realizar un congreso 2.0. A pesar de los problemas quiero trasladar mi más calurosa felicitación al cómite organizador ya que la empresa no era nada fácil.

Destacaré una de las comunicaciones, de la mesa sobre trabajo social y política, porque me encantó: Saberes proscritos, de Elvira Villa Camarma, profesora de la Universidad Complutense:
El sistema de servicios sociales que se ha consolidado, especialmente en Europa y Norteamérica, forma parte del anclaje del sistema capitalista y patriarcal que exige funciones de control social y de normalización, mientras que el ethos profesional nos exige funciones de tranasformación social, de emancipación, de empoderamiento de la ciudadanía (...)
Muchas de las representaciones que se tienen del trabajo social están en relación con la función social y el origen conflictivo de su dependencia con las instituciones del bienestar. Aquí podemos encontrar dos grantes posturas, según mi opinión. Una de ellas considera que la función del trabajo social es resolver necesidades, problemas y/o demandas de las personas (...)La segunda perspectiva que interroga sobre la función del trabajo social se centrará en el acompañamiento de procesos de humanización para construir sujetos sociales críticos y responsables, así como en la creación de espacios de encuentro para una participación organizada y consciente.
Esto que dice la profesora Villa creo que tiene un correlato actual en el metacontexto profesional, donde observo dos corrientes que, de manera no muy consciente, han aflorado en el congreso: un trabajo social que, si bien es crítico con el actual panorama de recortes sociales y persigue cambios dentro del rol profesional, cuestiona el orden social establecido pero no las reglas del juego, por lo que persigue cambiar las políticas austericidas a través de la incidencia como colectivo profesional sobre los que detentan el poder en este país. Un trabajo social que llama a la esperanza.

Por otra parte, existe otro trabajo social de corte rupturista, proclive a romper los puentes, que malvive tensionado entre la necesidad de romper las reglas del juego establecidas situándose sin ambages del lado de la ciudadanía y el hecho de estar inserto dentro de instituciones que dificultan ejercer un rol transformador.

Esto que comento se puso de manifiesto en el momento en que tomó la palabra la vicepresidenta de la Diputación de Málaga, que tuvo la gran ocurrencia de defender la reforma local. Algunas compañeras, entre las que me encuentro, abucheamos sus palabras, hasta que Ana Lima nos llamó al orden, era su papel hacerlo y es el mío defender mi derecho al abucheo, cosa que voy a hacer a continuación.

El Partido Popular no sólo está condenando a la pobreza más absoluta a millones de personas de este país, sino que ha dinamitado los cimientos de la democracia al promulgar la legislación más represora en materia de protestas sociales que este país ha conocido desde el franquismo. No está dejando ningún resquicio por el que podamos manifestar nuestro descontento. Se arriesgan, por tanto, a que en los escasísimos momentos en que se dejen ver con la plebe, les ocurran estas cosas. Todo tiene su precio, el problema es que ellos están acostumbrados a no pagar ninguno.

No creo, por otra parte, que sirva de nada mantener una relación institucional con esta gente. No escuchan. El rodillo sigue aplastando vidas, mecánicamente, sin piedad. Al margen de lo dicho, el Consejo General del Trabajo Social es nuestro órgano soberano y democrático y respeto profundamente sus acciones aunque algunas no las comparta, por lo que apoyo su trabajo en el congreso y creo en la crítica constructiva desde dentro, no en los ataques indiscriminados desde fuera.

Como profesionales, nos vemos obligados a enfrentarnos día a día a personas que se están quedando sin nada y la única respuesta que están obteniendo de nosotros es que muy poco podemos hacer. Yo eché de menos en el congreso propuestas sobre objeción de conciencia, ética profesional...y eché de menos una invitación a las grandes plataformas ciudadanas, como la PAH, que son vanguardia en respuesta social.

O salimos del corsé demanda-respuesta y empezamos a ponernos de verdad del lado de la gente con acciones concretas en el marco de la intervención social o la ciudadanía no entenderá que ataquemos a programas como "Entre todos" porque creerán que nos limitamos a defender nuestro puesto de trabajo. Ataque que comparto y sobre el que escribí (aquí) dicho sea de paso.

Cerca de El Ejido. Verídico
Muy acertadas las conclusiones del congreso (aquí). Recojo este fragmento, que reza:

Estamos inmersos en una realidad social cambiante y marcada por la incertidumbre. Pero, ¿de qué cambios estamos hablando? El Trabajo Social no nació para hacer de las utopías realidades, sino para que la justicia social impregnara un vivir cotidiano que siempre ha estado marcado por la desigualdad.

La cuestión es ¿cómo trasladaremos al terreno de lo concreto el ideario de justicia social? Ese es el reto. Por cierto, el filósofo que dijo que se no se piensa igual en un palacio que en una choza era Karl Marx.

Hasta la semana que viene.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Buceando en el yo profesional

Fuente: http://juegos.about.com/b/2012/10/25/a-jugar-con-los-ninos.htm
 Hola de nuevo:

La semana pasada escribí sobre la necesidad de observarnos sistemáticamente para detectar posibles errores de nuestra praxis o evitar una deriva hacia el odiado queme profesional.

Lo que quiero esta semana es reflexionar contigo sobre qué aspectos de nuestro ejercicio profesional son los que debemos revisar cada cierto tiempo. Esto que propongo es distinto del hecho de pensar sobre qué cosas debemos hacer para no caer en el queme ya mencionado, cuestión que trataré al final de la entrada.

Para ayudar a reflexionar sobre los aspectos que deberíamos observarnos, me he tirado a la piscina y he realizado una presentación en el nuevo programa PREZI; se supone que es el sustituto de Power Point. Es la primera que hago una presentación en este programa, así que me ha salido muy simple. 



Una vez que nos hemos observado y tras comprobar que anda algo mal en nuestro interior ¿qué podemos hacer? En primer lugar, trasladar nuestro malestar al terreno de lo consciente y ponerle nombre (que no siempre lo hacemos). En segundo lugar, tratar de ser proactivos, es decir, buscar soluciones, en lugar de reactivos o instalarnos en la queja sin más, porque la queja es poco productiva, bueno, como producir produce quemazón e insatisfacción y me ha salido un pareado sin tenerlo preparado.

La semana pasada algunos compañeros y compañeras aportaron algunas soluciones que resumo así:
  • Buscar espacios de supervisión profesional, y si no son posibles buscar supervisión "casera" (compañeras de otros centros)
  • Trabajar en equipo (de verdad)
  • Chequear que seguimos haciendo las cosas de acuerdo a nuestros valores.
  • Mantener una planificación anual.
  • Lanzarnos a la tutorización de alumnado en prácticas.
  • Ampliar nuestra formación.
  • Aprender nuevas herramientas.
  • Proponernos nuevos retos profesionales (incluyendo la movilidad laboral, si es posible)
  • Intentar cambiar la manera de intervenir.
Y una de mi cosecha: decirnos de vez en cuando que somos divinos de la muerte ¡qué carajo!

La próxima semana estaré en el XII Congreso de Trabajo social en Marbella, si estás por ahí y lees este blog, no dudes en pararme y decirme lo estupendo que es, me encantará escucharlo y, sobre todo, ponerte cara. Presento una comunicación el viernes a las cuatro y media (te confieso que estoy nerviosilla). Marea Naranja Granada hará una actividad el sábado a las una y media, con la que colaboraremos gente de Marea Naranja Almería. Además, los blogueros presentamos un taller conjunto sobre TIC (pero no nerviosos) el sábado a las cinco y estaremos en el espacio de la plaza para que nos preguntes todo lo que quieras.

Si no puedes acudir, los blogueros estaremos twiteando todo lo que allí ocurra. Busca en twitter el hashtag #CongresoTS y ahí encontrarás todo lo que vayamos colgando. A mi vuelta, dedicaré una entrada para ponerte al día de todo lo dicho, así, a lo reportera dicharachera (mi vocación frustrada)

¡Buen fin de semana!

viernes, 1 de noviembre de 2013

ITV interior

Llevo un tiempo enfadada conmigo. Siempre he tratado de ser muy cuidadosa con las personas a las que atiendo y últimamente me encuentro en un estado, digamos, de cierta laxitud y apatía. Esto que escribo no pretende ser una disertación sobre mí, así que puedes seguir leyendo sin temor a recibir una dosis de autobombo de esta que te escribe.

Como trabajadora social, opino que hay detalles que son eso, detalles, pero que otorgan calidez a la relación de ayuda. Uno de ellos es cerrar la puerta al iniciar la intervención si la propia persona atendida no lo hace. Otro es levantarse al terminar la entrevista y acompañar a la persona a la puerta. A mí me gusta acabar así, sobre todo si ha sido una entrevista tensa. Estas maneras y alguna más han formado parte de mi estilo profesional desde siempre.

Hace unas semanas me he percatado de que estoy comenzando a no cerrar la puerta. También he observado que comienzo la entrevista con personas con las que tengo confianza con la frase "qué quieres". Me cuesta salir a hacer visitas domiciliarias y me agotan las reuniones. En definitiva, me desagrada la trabajadora social que en estos momentos habita mi cuerpo.

Quiero creer que no soy la única trabajadora social que se encuentra así. El contexto social que nos ha tocado vivir es demoledor y la actitud de lucha, o en su defecto, de resistencia, agota, eso es evidente. La cuestión que yo quiero tratar, en cambio, no es analizar las causas del queme profesional que algunos podamos estar padeciendo, sino como detectar, en la medida de lo posible, este queme profesional (burn out me suena a ¡te da aaalaas!)

Para detectar nuestros errores y evitar llegar a la quemazón profesional total, creo que los trabajadores sociales deberíamos pasar una ITV anual, esto es: cada año que nos manden una carta y nosotros vamos a un taller habilitado al efecto, en el que vamos pasando por unas máquinas que nos traquetean, nos inflan, desinflan, nos piden que gritemos, que abramos y cerremos los ojos, nos miran los bajos y si todo está correcto, nos pegan un post it en la frente que dice "hasta 2014".


Por desgracia, estos talleres aún no están en funcionamiento hasta que a algún amigo del PP se le ocurra montar una empresa del ramo (de las secciones de riesgos laborales de nuestras empresas no espero noticias) así que considero que nosotros mismos deberíamos someternos a nuestra propia ITV anual, o si me apuras, semestral, en la que evaluemos nuestra acción profesional.

¿Cómo crees que deberíamos pasarnos esta ITV? ¿Qué aspectos de nuestra acción profesional deberían ser revisados? Yo voy a pensar en ello durante esta semana y la próxima trataré de ofrecer algunas pistas. Si se te ocurre algo, no dudes en comentar y lo incorporo.

Hasta la semana que viene.

M-Clan, siempre recomendable, el título de la canción me ha atrapado: "Roto por dentro"