miércoles, 25 de diciembre de 2013

Por fin, Sheila

Hola de nuevo:

En estas fechas parece obligatorio hacer balance del año. Bien, hagámoslo: el año 2013 ha sido una mierda sucesión continuada de guantazos peperiano-gubernamentales a la ciudadanía y a la democracia; no parece que 2014 vaya a ser distinto, pero aquí seguiremos dando guerra. Hale, listo. A otra cosa.

En estas últimas entradas he ido describiendo, a retazos, un caso en el que vengo trabajando, el de una chica llamada Sheila. Habrá quién se pregunte por qué escribo sobre casos habiendo tantas cosas que denunciar, es cierto. Escribo sobre casos porque, además de resultarme terapéutico, quiero aportar mi grano de bit dando a conocer en el ciberespacio que los trabajadores sociales hacemos cosas más importantes que tramitar ayudas y papeles, que también.

Expliqué el caso en esta entrada, aquí. Posteriormente introduje el concepto triángulo dramático con la idea de ilustrar la intervención que vengo realizando, aquí. Si no quieres releer las entradas, cosa que entiendo perfectamente, el resumen de lo dicho hasta ahora es: Sheila es una chica muy joven, lesbiana, de Córdoba que se ha venido a Berja (Almería) con una pareja mayor que ella a la que ha conocido por internet, dejando atrás una vida normalizada para entrar en un mundo de cierta marginalidad. Los padres de Sheila han llamado al centro para que tratemos de convencer a la hija de que retorne a Córdoba y abandone a su pareja.

El concepto triángulo dramático me viene muy bien en este caso. Cuelgo de nuevo el cuadro que elaboré en la anterior entrada:
Opino que los profesionales de ayuda, en este caso los trabajadores sociales, no somos lo suficientemente conscientes del papel que juegan nuestras emociones en la intervención. Nada más lejos de mi intención hacer un alegato de la objetividad (es un término que me aterra), pero sí lo es subrayar la necesidad de poner la emoción en el plano de lo consciente y de usarla como una herramienta profesional.

Esto es: mi condición de homosexual, mal gestionada, puede impulsar que sitúe a Sheila como víctima de la persecución de sus padres, que no comprenden a su hija, y provocar que me asimismo me sitúe como salvadora de Sheila de ese acoso, ignorando los riesgos que existen en esa relación sentimental.

Mi compañero trabajador social (compartimos Berja, él unos barrios y yo otros) es padre, un padre entregado a sus dos hijas, muy sensibilizado con las problemáticas que afectan a la infancia. En su caso, es muy probable que, si no está atento y es el responsable del caso, se sitúe del lado de los progenitores de la chica y traten de ejercer juntos una labor de salvación de Sheila de las garras de la pareja, una mujer mayor que ha engañando a su joven e inocente hija.

Estos enfoques sobre el caso son enfoques propios de ojos no profesionales. Un ojo profesional sabe observar la dinámica general por encima de puntos de vista parciales; una mirada profesional sabe que las cosas no son blancas ni negras y trata de diferenciar las diferentes zonas de gris, como si de una carta fotográfica se tratase. Eso es lo que nos diferencia de los ojos no profesionales, que por desgracia cada día van proliferando como setas, que creen que esto del trabajo social es bastante fácil y que los que los dedicamos a esto somos unos memos que nos dejamos engañar por el primer desharrapado que se nos sienta en el despacho.

Consciente como soy de que debo ver el bosque y no los árboles, mi acción en este caso apunta hacia dos direcciones: la primera, hacer un reconocimiento a los padres acerca de que su preocupación es normal, pero advertirles a la vez de que una excesiva presión hacia la hija sólo conseguirá alejarla y en este momento es lo menos recomendable.

Con Sheila debo tratar de hacerle separar el hecho de que mantenga una relación homosexual con una mujer de un entorno marginal, de sus planes individuales de estudios, futuro, etc. Una cosa no debería ser incompatible con la otra (en teoría); si Sheila consigue compatibilizar ambas, la intervención habrá sido un éxito y si Sheila rompe con su pareja porque ésta le impide desarrollar su vida, también.

Por otra parte es muy importante que la pareja de Sheila no me considere un elemento hostil para la relación así que tendré que incluirla en todo momento durante la intervención, a fin de cuentas, es la persona que Sheila ha elegido para compartir su vida actualmente y hay que respetarlo por encima de todo.

Y así voy, tratando de recomponer este lío antes de que alguna de las partes haga saltar el caso en mil pedazos. Espero no ser yo.

¡Menuda entrada me he marcado el día de navidad, eh! Para contrarrestar, comparto un villancico que espero que te endulce el ladrillo de hoy. Disfruta de los tuyos, son lo mejor que tienes.

Quiero, por último, dedicar esta entrada a Begoña Salmerón, trabajadora social del Ayuntamiento de Berja, laboral fija, que ha sido despedida después de casi veinte años de servicio. ¡Gracias, Partido Popular! tu reforma laboral está siendo todo un éxito.

"Christmas Lights"
Coldplay

1 comentario:

  1. Muy buena entrada y muy buen análisis, me da ideas tanto de intervención, como de exposición en el blog de nuestra forma de trabajar. Tienes razón al decir que no sólo tramitamos ayudas y hacemos papeleo, y es bueno hacerlo ver. Gracias cielote!!

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