jueves, 27 de febrero de 2014

Tribuna: Algunos consejos para vivir, por Pepe Lillo

Te traigo a mi segundo invitado de los dos amigos cuyas entradas fueron las más exitosas en cuanto a lectores, y a los que pedí que volvieran: Elena Salinas y Pepe Lillo. Hoy escribe él.

En primer lugar, quiero aclarar que me atrevo a escribir lo que sigue por mi profesión de psicólogo, no por considerar que tenga yo alguna maestría en este difícil arte de vivir. Pero más de 26 años trabajando en esto, me permiten vislumbrar algunas cosas que puede ser interesante comentar:

Una primera cuestión sería intentar vivir sin miedo, o al menos, con el menos posible. Y para ello, hay varias claves, como aceptar la vida como es. No como quisiéramos que fuera. Mi pareja tiene defectos, mi trabajo no me llena, mis hijos no son cómo pensaba que serían... yo no soy como soñé. Pues... debemos bajar el nivel de expectativas. Ni nosotros ni quienes nos rodean carecen de defectos, y debemos aceptarlo. Podríamos pasarnos la vida intentando cambiar a nuestros seres queridos -y a nosotros- fijándonos más en lo que no nos gusta que en las virtudes que todos tenemos. Y no necesitamos la mejor televisión, ni el mejor coche, ni un trabajo maravilloso, ni estar guapos y delgados... ni dependemos de cómo se comporte con nosotros nuestra pareja, nuestros compañeros... No es necesario que nos quieran todos, todo el tiempo.

Espero que no me suceda, pero si perdiera una pierna, por ejemplo, espero ser capaz de seguir disfrutando de muchas cosas, sabiendo que tendría que reinventarme en muchas cuestiones. Aclaro que hablo de lo que -creo- deberíamos hacer: ser luego capaz de hacerlo es otra cuestión. Me gusta compararlo con la conveniencia de saber cómo actuar ante lo que consideramos una agresión o la necesidad -al menos- de defender nuestros derechos. Pues, ni en silencio, ni agresivamente: debemos exponer nuestro punto de vista, pero de un modo que no sea hiriente ni insuficiente. (Por tanto, 1º conocer qué hacer, y 2º ser capaz de llevarlo a la práctica.)

Otro factor clave para intentar no tener miedo es vivir el presente. Tenemos la tendencia a anticipar desgracias y recordar hechos dolorosos del pasado. “Mi vida ha estado llena de grandes tragedias, la gran mayoría de las cuales no han existido” decía Churchill. No imaginemos el futuro -que solemos verlo oscuro- sino vivamos, disfrutemos el ahora. Y el presente -este instante- suele ser aceptablemente bueno. El problema suelen ser los fantasmas que proyecta nuestra imaginación. Y si pasa... cuidado con los “y si...”. Parece importante distinguir lo posible de lo probable. Si, por ejemplo, me duele la cabeza, es posible (casi todo es posible) que sea un tumor cerebral -solemos ponernos en lo peor- pero no es probable. Un ser querido nuestro hace un viaje en coche, ¿y si...? Y tampoco es recomendable revivir situaciones desagradables que sucedieron. Tendrán poder sobre nosotros hoy, si se la concedemos: si vivimos el presente, el pasado pierde la capacidad de hacernos daño.

Los demás. Si bien los afectos es una de las parcelas más importantes -querer y que nos quieran- debemos procurar que esos afectos no nos hagan débiles. Debemos querer, sí, pero ahora, hoy.Y sin extremismos. Se está sobredimensionando en las últimas décadas el amor romántico (“sin ti no soy nada”) y el amor por los hijos: se les quiere demasiado. Sí, ya sé que suena a herejía, pero creo que es una de las causas de la mala educación que les damos. Ese “exceso de amor” nos hace sobredimensionar todo lo que les sucede: una enfermedad, problemas con otro niño, etc.

Salvo catástrofe excepcional, no vamos a morir al mismo tiempo que nuestros seres queridos, por lo que hay que aceptar que es parte de la vida asistir al fallecimiento de algunos de ellos. Es absurdo e irracional no aceptar este hecho de la naturaleza. Así que debemos disfrutar -en este preciso y precioso momento- de los que nos rodean. La vida es incertidumbre. ¡Aceptémoslo! (No es nada fácil, obviamente). Debemos abandonar nuestro instintivo deseo de seguridades.

Me parece que una de las causas de infelicidad es la percepción distorsionada que -de un modo natural- tenemos de la realidad. De tal suerte que lo que nos atañe a nosotros -o a los nuestros- lo apreciamos gigantesco, amplificado. Y ello implica que tenemos reacciones exageradas a problemas livianos. Que si se estropea nosequé, que si me fracturo un brazo, que si … cuando casi todo carece de importancia. Saber que nada hay seguro nos debe llevar a saborear este momento. Este. Nos pasamos la vida ideando el futuro o rememorando el “pasao”.

Y ese distanciamiento de lo cotidiano nos llevará a valorar las relaciones interpersonales de una manera más sosegada. Nos crispamos por naderías. Frecuentemente los conflictos suceden por malentendidos, o porque no sabemos, en ciertos momentos, compatibilizar los deseos/necesidades de otros con los nuestros. En la medida en que nos demos cuenta, no nos afectarán tanto.

Creo que la mejor forma de intentar ser feliz es.... querer ser feliz ya, ahora. ¿Por qué no?, ¿qué lo impide? Hoy, ahora, ¿tienes para vivir? ¿quieres a alguien y hay alguien que te quiera? ¿disfrutas de algo: un paseo, una película, una charla, un gin-tonic de Citadelle (se me ve el plumero), una canción...? Si no lo haces, aprende a hacerlo: no pasa nada. Muchísimas cosas precisan de un aprendizaje para convertirse en placeres.
Cuando se es joven, es fácil interpretar que cuando se solucionen los problemas que entonces se tengan, se podrá disfrutar de la vida. Pero con los años, vemos que los problemas nunca, nunca faltan. Se arreglan unos y llegan otros nuevos. A nosotros o a nuestro alrededor. Por tanto, imaginar una existencia sin incidentes es pueril. Más que esperar a que no haya olas, hay que degustar el viaje con marejada.

Hay en el Mundo (casi 5000 millones de años) más de 7000 millones de habitantes. Ahora. Y lo que nos sucede a cada uno de nosotros no es tan relevante. Me gusta hacer el ejercicio de imaginar la vida de alguien que vivió en otro siglo (no sé, el XIX), en otra tierra (en... Chile, es iguás). Esta persona nació -claro- y creció. Pasó por alegrías y problemas; tuvo parejas y rupturas; consiguió trabajos y perdió algunos; entabló amistades y acabó mal con algunos... y un día... sí, se murió. ¿Donde está lo malo? Pero la distancia nos permite ver que debió alegrarse más con los güenos momentos y minimizar las pequeñas cuitas (que son las numerosas).

Solemos quejarnos los españoles de este país nuestro. Y frecuentemente somos injustos. Existen 195 países (depende del día concreto) en el planeta. España es – en 2014- el 13º en riqueza (PIB) y el 25º en renta per cápita. Si enfermamos, podemos -sí, ya sé, todavía- ir a un hospital donde nos atenderán gratuitamente. Nuestros hijos pueden acudir a centros educativos públicos. En la edad de jubilarse, hay un sistema de pensiones (sí, ya sé que muchas son muy escasas) y unas residencias cada vez mejores... y se nos olvida que más de tres cuartas partes de la humanidad carecen de esto. Cuando nos comparamos, lo hacemos usualmente con los poquísimos países que “funcionan” mejor que nosotros. ¿Es justo?

Siempre acabo en la misma conclusión: debemos relajarnos y disfrutar más. ¿De qué? De todo. De nuestra pareja, trabajo, amigos, aficiones, familia... todo imperfecto y estupendo. Como nosotros mismos.

Hoy van dos recomendaciones musicales. Pepe recomienda...
"Me han dicho y creo que
la vida es para vivir
aun cuando mis fichas son pocas
hay algunas para dar
He estado en muchos lugares
así que creo que me quedaré un rato
y ver si algunos sueños se hacen realidad

No hay mucho que he aprendido
en todos mis años tontos
excepto que la vida sigue girando en ciclos
primero la risa y después las lágrimas..."

Frank Sinatra 
"Cycles"

Y la mía, no podía ser otra: Paco de Lucía. Además de pasar a la historia como el genio de la guitarra que fue, también fue un maestro en el arte de vivir. Descanse en paz.

Paco de Lucía 
"Entre dos aguas"

viernes, 21 de febrero de 2014

Dientes y Payne

Hola, de nuevo:

Una de las cosas que aporta la lectura de otros blogs es descubrir que entre "hola" y "de nuevo" hay que poner una coma, y yo, presa de mi incultura general, todo este tiempo escribiéndolo mal... Gracias, Alberto Bustos, por este descubrimiento ortográfico y los que me temo que vendrán.

Ando estos días de un humor de perros. Tampoco es extraño ¿verdad? la lucha cotidiana y las últimas noticias nos tienen de muy mal café a todos: para qué redundar en la cara de mármol de Macael de la Infanta, con su Pantoja-Style "dientes-dientes" y los "dientes-dientes" de Granados; sinvergüenzas todos con máster en Pillaje variado y dientes-dientes, dignos ejemplos del elenco cañí con Moreno Bonilla en el topi trendin. Qué ascazo. Si los Guardias Civiles que dispararon contra los inmigrantes tuviesen un mínimo de ética, en lugar de apuntar a personas inocentes, apuntarían a las sonrisas profidén de estos individuos, a ver si les dejan las bolas de goma la boca como al Peíto y se les borra la sonrisa de la cara. Todo esto en sentido fi-gu-ra-dí-si-mo.


Después del tradicional exabrupto, que me ha servido para quedarme como Garfield después de comerse los espaguetis, agradezco tu infinita paciencia y voy al tema que me trae hoy aquí: la relectura de libros como mejora profesional. 

A mí me gusta evaluarme de vez en cuando porque, como decía en mi entrada de la semana pasada, cuando empiezo a rechinar los dientes atendiendo a la ciudadanía, entrando al despacho o saliendo de él, es porque se me está yendo el asunto de las manos, así que me automedico con la relectura de fragmentos de algunos libros sobre Trabajo Social para tratar de retomar la senda de la buena praxis.

(Las pegatinas esas que venden de colores para señalar son fantásticas para esto. Yo soy una adicta a ellas y aunque son caras de narices las pego por todas partes)

Uno de esos libros es Teorías Contemporáneas del Trabajo Social, de Malcolm Payne. Para quiénes no conozcan al autor, Malcolm Payne es un trabajador social británico; aunque peina canas, tiene su propio blog: http://sweol.wordpress.com/ y también cuenta en twitter: @MalcolmPayne.

Malcolm Payne (foto: twitter)
El libro al que me refiero se escribió en 1991 y se tradujo al castellano por Paidós Editorial en 1995. Han pasado algunos años pero, en mi opinión, sigue siendo un referente fundamental en la disciplina del trabajo social. Consta de doce capítulos, los dos primeros son los que suelo releer cada cierto tiempo: el primero lleva por título La construcción social de la teoría del trabajo social y el segundo Utilización de la teoría del trabajo social en la práctica. Los diez restantes constituyen un repaso a los modelos de intervención psicosocial de mayor relevancia en Trabajo Social, también altamente recomendables.

La tesis central del libro, muy influida por la teoría de la Construcción Social de Berger y Luckmann, es la siguiente (p.25):


Tres conjuntos de fuerzas, según Payne, construyen el trabajo social: las que crean y controlan el trabajo social como ocupación, las que otorgan la categoría de cliente y el contexto social. Para comprender, por tanto, qué es el trabajo social hay que comprender los factores que moldean los roles de estos actores sociales. En román paladino: para comprender qué es el trabajo social hemos de prestar atención a la construcción social del rol de cliente, de la institución y del propio trabajador social. Y de todo lo que él argumenta al respecto, me interesa especialmente este cuadro (p.45):

 

Este cuadro resume, a mi juicio, las características del trabajo social y además me sirve para autoevaluarme preguntándome:
  • ¿Estoy tratando a la gente como individuos o como categorías?
  • ¿Utilizo el conocimiento durante la intervención social, o el prejuicio acumulado?
  • ¿Cómo están siendo mis relaciones con la ciudadanía?
  • ¿Cómo me estoy relacionando con la institución?
  • ¿Estoy atendiendo las necesidades reales de las personas?¿cuáles son?
  • ¿Qué estructuras sociales estoy ayudando a mantener?
  • ¿Estoy abogando por mis clientes?

Si tú también rechinas los dientes al entrar y salir del despacho quizá sea bueno que le eches de nuevo un vistazo a aquel libro o artículo cuya lectura te convenció para dedicarte a esto. ¡Búscalo, no seas perezosa, seguro que lo encuentras entre el montón de papelorios del armario del estudio!

Y si te interesa el libro de Malcolm Payne, aquí tienes la reseña:

Payne, M. (1995) Teorías contemporáneas del trabajo social. Barcelona: Paidós.

Es un gran libro, aunque su autor no tenga la sonrisa tan blanca como el resto de personas que aparecen en esta entrada. Igual es garantía de honradez...

Hasta la semana que viene. Te dejo con el mejor videoclip del mundo, en materia de sonrisas.

Bebe
"Ella"

viernes, 14 de febrero de 2014

Vivir sin agua

"Vivir sin agua" por Rafa Espinosa
Fuente: http://www.deviantart.com/art/No-hay-agua-204895202
Una amiga, trabajadora social de un pueblo del norte de Almería, me ha hecho llegar un escrito que cierta familia le entregó, desesperada. Me ha pedido que lo difunda (pulsa sobre la imagen de abajo para verla más grande). Este escrito es uno de tantos, de demasiados, una gota en el océano de mierda inmundicia en el que tratamos de mantenernos a flote quienes nos dedicamos a "lo social", repartiendo miseria, encogiéndonos de hombros y rechinando los dientes a la entrada y salida del trabajo. Antes era el ladrillo y ahora es esto. No es pobreza energética, es expolio energético, pillaje, piratería... Al menos, comencemos a llamar a las cosas por su nombre.


Habrá más testimonios de ciudadanos a los que invitaré a reflexionar en este blog.

Hasta la semana que viene.

Postdata.: A los que dísteis la orden y a los guardias civiles que atentasteis contra PERSONAS en la playa de Ceuta, os maldigo. Malditos seáis.

sábado, 8 de febrero de 2014

No es Andalucía para viejos


Tal y como adelanté la semana pasada, hoy quiero abordar un tema que me tiene muy preocupada, aunque ahora que lo pienso ¿por qué digo preocupada cuando quiero decir cabreada?; me refiero a la indefensión legal que padecen las personas mayores, en la práctica, cuando se encuentran en situaciones de abandono, maltrato, incapacidad o expolio patrimonial.

Me gustaría comenzar aclarando que voy a obviar el enfoque teórico: modelos de intervención, visiones sobre la vejez, dilemas éticos y demás. Mi objetivo es analizar cómo (no) se tratan estas situaciones desde el ámbito legal.

¿A qué situaciones me refiero?

Veamos, para saber de lo que estoy hablando, tres ejemplos paradigmáticos en mi opinión  (como siempre, los datos de identificación se han distorsionado mucho, pero mucho, mucho):

  1. Fast and furious
Pedro es un vecino de Laujar de Andarax, soltero, sin hijos ni familia en el municipio que tiene 83 años y toda su vida ha trabajado como pastor. A pesar de residir en una infravivienda y contar con unos ingresos muy escasos nunca ha querido recibir ningún tipo de apoyo de los servicios sociales (no tiene reconocimiento de dependencia ni siquiera historia abierta). Pedro actualmente tiene una demencia grave que lo tiene completamente desorientado: deambula continuamente por el municipio de madrugada con ropa inadecuada para el clima (ya ha sido atropellado por un coche), no come y la vivienda despide un olor nauseabundo desde fuera ya que no permite la entrada. La policía local lo ha encontrado en los sitios más recónditos, como a diez km. de su vivienda, desorientado y cansado. Los vecinos están muy preocupados por Pedro y no dejan de venir a los servicios sociales a “denunciar” el abandono que sufre.

  1. Los lunes al sol.
Gádor es una vecina de Berja, de 79 años de edad (dependiente grado III) que reside con su marido en una vivienda en óptimas condiciones de habitabilidad y era atendida muy adecuadamente por su hija, cuyas viviendas se comunican por un patio. Todo iba bien hasta que Gádor fue diagnosticada de demencia de tipo vascular y comenzó a dejar de comer, no tomar la medicación, mostrar un comportamiento agresivo con su marido, también dependiente, y, lo peor, se ha obsesionado con estar todo el día sentada al sol en la puerta de la casa, razón por la cual tiene quemaduras y problemas cutáneos. Su familia está desesperada porque, a pesar de querer cuidarla en casa, la demencia hace imposible la convivencia, sobre todo por las agresiones al marido, físicamente muy débil.

  1. Atraco a las tres
      José es un anciano de 82 años, viudo, sin hijos, en silla de ruedas, que reside con su hermano Francisco, soltero, de 78 años, sordo. Ambos se encuentran bien desde el punto de vista cognitivo y ambos son dependientes en grado II. Con los dos se acordó prescribir Servicio de Ayuda a Domicilio y el recurso va estupendamente: les ha permitido permanecer bien atendidos en su casa, un cortijo en un diseminado de Dalías y la auxiliar de ayuda a domicilio, Carmen, una gran profesional, tiene un vínculo muy fuerte con estos hermanos. Tal es así que José ha confesado a Carmen (y Carmen me lo ha trasladado) que tiene un sobrino (por parte de su mujer, ya fallecida) que se está quedando con el dinero de su pensión y se ha quedado con el ganado que José tenía, sin contraprestación alguna. José se muestra impotente y le aterroriza la idea de denunciar al sobrino porque teme su reacción, pero me pide ayuda para detener este expolio.

Podemos observar que se trata de tres situaciones diferenciadas: en las dos primeras hay una presunta incapacidad para autogobernarse a causa de la demencia, aunque en el primer caso no hay familia y en el segundo sí. El tercer caso es un claro ejemplo de expolio patrimonial

¿Qué dice la ley al respecto?

En Andalucía estas cuestiones las regula la Ley 6/1999, de 7 de julio, de atención y protección a las personas mayores. La protección jurídica se regula en el Título X, aunque tendremos que acudir al Decreto 23/2004 por el que se regula la protección jurídica de las personas mayores (puedes consultarlo aquí) para concretar más.

Tanto la ley como el decreto ponen el énfasis en la denuncia, ya sea por parte de familiares o de los profesionales, y cuando digo profesionales no me refiero solo a los profesionales de los servicios sociales, que ese es uno de los problemas con los que nos encontramos: el resto de profesionales (salud, policía, etc) entiende por denuncia la derivación a los servicios sociales, con su paquetito y su lazo y ¡hale!.

La cuestión central es la siguiente: la ley no está enfocada a la protección de las personas mayores en el medio sino que se sitúa más bien en la protección de las personas en entornos residenciales, por otra parte, el decreto claramente hace aguas por todas partes porque se limita a insistir en la denuncia y a manifestar que en casos de maltrato y demás se iniciará una investigación; el art. 9.3, que se ocupa de las situaciones de urgencia dice así:

Cuando la atención requerida por la persona mayor no admita demora, la concesión de los servicios de atención domiciliaria o de ingreso en un Centro residencial se efectuará en el plazo máximo de diez días.

(Cuando leí este artículo me quedé muerta en la bañera, quienes hayan intentado hacer un ingreso en 10 días sabrán a qué me refiero):

¿Qué ocurre en la práctica?

Volvamos a nuestros tres casos:

1. Fast and furious:

Pedro no tiene reconocimiento de dependencia. Actualmente la única vía para ingresar en residencia es a través de la Ley de Dependencia, que como sabemos, no puede solicitarse de oficio y Pedro, como ya he dicho, se niega siquiera a hablar con nosotros (es agresivo). Existe también un procedimiento llamado "ingreso a través de exclusión social" pero esos ingresos los decide "Sevilla" en la friolera de 3 o 4 meses (lo de los diez días, vamos). Por mi parte, he enviado un informe social a la fiscalía, acompañado de...digamos... un papelillo que he conseguido tras mucho esfuerzo que el médico de cabecera se digne a cumplimentar (que es el profesional que tendría que acreditar la demencia ¿verdad?) en el que pone la medicación que Pedro toma y una serie de códigos que seguro que al Juez le encantará leer. Comienza la fiesta... En vista de que Pedro deambula bastante más rápido que mi informe por la fiscalía, mi jefa acude al juzgado de primera instancia. ¿Qué le dice el juez? Pues que tiene que esperar al informe de la fiscalía y que todos están muy liados y blablabla. No sé si llegará el informe al juzgado antes de que Pedro aparezca atropellado.  No puedo hacer más. El centro de salud no sabe no contesta. Los vecinos piensan que los servicios sociales somos unos incompetentes, y puede que tengan razón.

2. Los lunes al sol:

Aquí la cosa toma tintes de película de Berlanga. Puesto que no hay una situación de riesgo social (no existe abandono, ni maltrato, ni expolio, ni desatención por lo que no procede la actuación de la fiscalía) y la señora está reconocida como dependiente, hago un cambio del recurso de PECEF a residencia y la Junta me dice que si la señora se niega a ingresar no pueden aprobar el nuevo recurso sin orden judicial, o al menos solicitud de ingreso involuntario y me dicen que pida a la familia que se dirija al juzgado y lo solicite. La familia acude al juzgado y ATENCIÓN: no les recepcionan la solicitud, instándoles a que acudan a los servicios sociales. A estas alturas la familia, además de desesperada, está a punto de incendiar el centro, el juzgado o algo. Mi jefa vuelve a hablar con el juez QUE LE DICE que habrá sido un malentendido, pero que además todo irá más rápido SI LA FAMILIA DENUNCIA A SU MADRE por agresiones, ya que se inicia un procedimiento penal. La hija me responde entre lágrimas ¿además de llevarla a una residencia como la voy a denunciar, si lo que tiene es alzheimer? Todavía esperamos plaza residencial.

3. Atraco a las tres:

Este caso, que ha sido denunciado a través de informe en fiscalía, también tuvo una respuesta digna de Mr. Bean por parte del Juez así que nos hemos ido a denunciar a la Guardia Civil y en estos días tengo previsto que venga el sobrino a partirme la boca puesto que la denuncia es mi informe.

¿Existen soluciones?

Obviamente: un nuevo decreto que regule más concretamente las actuaciones en estos casos y la firma de un protocolo andaluz entre las instituciones implicadas en las que TODOS sepamos qué es lo que tenemos que hacer y lo más importante, que esté regulado que es NUESTRA OBLIGACIÓN hacerlo.

Actualmente, Andalucía no es comunidad para viejos.

Se me nota el mosqueo ¿verdad?

Hasta la semana que viene.

PD. Para temas de envejecimiento activo te recomiendo que visites el blog de Trinidad Viña Ayude, de quien he tomado prestado el nombre de esta entrada. Su blog se llama ¿No es país para viejos? y puedes leerlo a través de la blogoTSfera o en este enlace.

domingo, 2 de febrero de 2014

¡Gracias, Paulino!


El pasado veinte de enero el Presidente de Canarias, Paulino Rivero, al ser preguntado por las 400 camas que al parecer están ocupadas en los hospitales por pacientes ya recuperados, responsabilizó a los familiares de los ingresados (en su mayoría personas mayores) de la situación, que, a su juicio, responde en parte a "un problema cultural". Puedes consultar la noticia aquí, aunque seguro que la conoces ya que adquirió relevancia a escala nacional, y no es para menos.

Mi primera reacción al escuchar la noticia fue alegrarme. Sí. Que los hospitales mantienen a pacientes que podrían haber sido dados de alta es un problema que me sé de memoria porque yo soy la primera trabajadora social que presiona a mis compañeras de los hospitales de la zona para que "aguanten" las altas hasta que podamos ofrecer alguna alternativa en el medio.

Lo que ocurre es que, al menos en Berja, donde trabajo, no existe la tradición de abandonar ancianos; se mantienen otras tradiciones como subir y bajar a la Virgen una cuantas veces al año de la ermita a la iglesia y viceversa, la parva, poner una vela a las Ánimas y alguna más, pero vamos, la de abandonar ancianos, no.

Aún así, como digo, me alegró mucho escuchar las declaraciones del figura éste porque ha sido una estupenda forma de colocar en la opinión pública una realidad que hace siglos muchos conocemos y padecemos en este país, como afectados o como profesionales (o ambas cosas): el modelo mediterráneo de cuidados hace aguas por todas partes y la clase política no sólo no ofrece alternativas sino que los hachazos presupuestarios no hacen más que agravar la situación, hachazos asestados en su gran mayoría por el gobierno del Partido Popular, a través de la demolición controlada de la "Ley de Dependencia" y privatizaciones varias, cuestión esta última que está llegando a extremos tales como este:

 
Lo grave no es que CLECE edite este calendario, lo grave es que la Diputación de Almería lo permita. En fin, que no me toques las palmas que me conozco...

En lo referente a la denuncia y análisis de la situación de la dependencia, la labor que realiza la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales, a través de su Observatorio Estatal de la Dependencia es impagable. Sus dictámenes, documentos de aparición periódica en los que se analiza en cifras la evolución de la ley de dependencia, son auténticas joyas estadísticas que ofrecen una magnífica radiografía del sector, por ello no voy a repetir lo que otros han explicado estupendamente: te animo a visitar su página y descargarte el último dictamen (el número doce), que han presentado estos días en Segovia. Puedes hacerlo pinchando aquí. Encontrarás todos los dictámenes por orden de aparición.

Al margen de que la inmensa mayoría de las personas mayores están sufriendo, en mayor o menor grado, desatención por culpa de los recortes sociales, la noticia encierra un matiz que, en mi opinión, ha pasado casi desapercibido como es el hecho de que sí existen personas mayores que son maltratadas, están desatendidas o cuyo patrimonio está siendo expoliado y están siendo abandonadas a su suerte en todo el país, incluyendo Andalucía.

Lo que procede a continuación es dar un fuerte tirón de orejas a la Junta de Andalucía. No basta con denunciar el ataque presupuestario a la comunidad en materia de servicios sociales, también es necesario legislar para evitar la vulneración de derechos, en este caso  de los derechos de las personas mayores. Este será el tema de la próxima semana. Me despido, agradeciéndole a Paulino Rivero sus declaraciones. De lo más oportunas.

Hasta la semana que viene.


"Canarios"
Enrike Solinís (Guitarra Barroca)