jueves, 27 de febrero de 2014

Tribuna: Algunos consejos para vivir, por Pepe Lillo

Te traigo a mi segundo invitado de los dos amigos cuyas entradas fueron las más exitosas en cuanto a lectores, y a los que pedí que volvieran: Elena Salinas y Pepe Lillo. Hoy escribe él.

En primer lugar, quiero aclarar que me atrevo a escribir lo que sigue por mi profesión de psicólogo, no por considerar que tenga yo alguna maestría en este difícil arte de vivir. Pero más de 26 años trabajando en esto, me permiten vislumbrar algunas cosas que puede ser interesante comentar:

Una primera cuestión sería intentar vivir sin miedo, o al menos, con el menos posible. Y para ello, hay varias claves, como aceptar la vida como es. No como quisiéramos que fuera. Mi pareja tiene defectos, mi trabajo no me llena, mis hijos no son cómo pensaba que serían... yo no soy como soñé. Pues... debemos bajar el nivel de expectativas. Ni nosotros ni quienes nos rodean carecen de defectos, y debemos aceptarlo. Podríamos pasarnos la vida intentando cambiar a nuestros seres queridos -y a nosotros- fijándonos más en lo que no nos gusta que en las virtudes que todos tenemos. Y no necesitamos la mejor televisión, ni el mejor coche, ni un trabajo maravilloso, ni estar guapos y delgados... ni dependemos de cómo se comporte con nosotros nuestra pareja, nuestros compañeros... No es necesario que nos quieran todos, todo el tiempo.

Espero que no me suceda, pero si perdiera una pierna, por ejemplo, espero ser capaz de seguir disfrutando de muchas cosas, sabiendo que tendría que reinventarme en muchas cuestiones. Aclaro que hablo de lo que -creo- deberíamos hacer: ser luego capaz de hacerlo es otra cuestión. Me gusta compararlo con la conveniencia de saber cómo actuar ante lo que consideramos una agresión o la necesidad -al menos- de defender nuestros derechos. Pues, ni en silencio, ni agresivamente: debemos exponer nuestro punto de vista, pero de un modo que no sea hiriente ni insuficiente. (Por tanto, 1º conocer qué hacer, y 2º ser capaz de llevarlo a la práctica.)

Otro factor clave para intentar no tener miedo es vivir el presente. Tenemos la tendencia a anticipar desgracias y recordar hechos dolorosos del pasado. “Mi vida ha estado llena de grandes tragedias, la gran mayoría de las cuales no han existido” decía Churchill. No imaginemos el futuro -que solemos verlo oscuro- sino vivamos, disfrutemos el ahora. Y el presente -este instante- suele ser aceptablemente bueno. El problema suelen ser los fantasmas que proyecta nuestra imaginación. Y si pasa... cuidado con los “y si...”. Parece importante distinguir lo posible de lo probable. Si, por ejemplo, me duele la cabeza, es posible (casi todo es posible) que sea un tumor cerebral -solemos ponernos en lo peor- pero no es probable. Un ser querido nuestro hace un viaje en coche, ¿y si...? Y tampoco es recomendable revivir situaciones desagradables que sucedieron. Tendrán poder sobre nosotros hoy, si se la concedemos: si vivimos el presente, el pasado pierde la capacidad de hacernos daño.

Los demás. Si bien los afectos es una de las parcelas más importantes -querer y que nos quieran- debemos procurar que esos afectos no nos hagan débiles. Debemos querer, sí, pero ahora, hoy.Y sin extremismos. Se está sobredimensionando en las últimas décadas el amor romántico (“sin ti no soy nada”) y el amor por los hijos: se les quiere demasiado. Sí, ya sé que suena a herejía, pero creo que es una de las causas de la mala educación que les damos. Ese “exceso de amor” nos hace sobredimensionar todo lo que les sucede: una enfermedad, problemas con otro niño, etc.

Salvo catástrofe excepcional, no vamos a morir al mismo tiempo que nuestros seres queridos, por lo que hay que aceptar que es parte de la vida asistir al fallecimiento de algunos de ellos. Es absurdo e irracional no aceptar este hecho de la naturaleza. Así que debemos disfrutar -en este preciso y precioso momento- de los que nos rodean. La vida es incertidumbre. ¡Aceptémoslo! (No es nada fácil, obviamente). Debemos abandonar nuestro instintivo deseo de seguridades.

Me parece que una de las causas de infelicidad es la percepción distorsionada que -de un modo natural- tenemos de la realidad. De tal suerte que lo que nos atañe a nosotros -o a los nuestros- lo apreciamos gigantesco, amplificado. Y ello implica que tenemos reacciones exageradas a problemas livianos. Que si se estropea nosequé, que si me fracturo un brazo, que si … cuando casi todo carece de importancia. Saber que nada hay seguro nos debe llevar a saborear este momento. Este. Nos pasamos la vida ideando el futuro o rememorando el “pasao”.

Y ese distanciamiento de lo cotidiano nos llevará a valorar las relaciones interpersonales de una manera más sosegada. Nos crispamos por naderías. Frecuentemente los conflictos suceden por malentendidos, o porque no sabemos, en ciertos momentos, compatibilizar los deseos/necesidades de otros con los nuestros. En la medida en que nos demos cuenta, no nos afectarán tanto.

Creo que la mejor forma de intentar ser feliz es.... querer ser feliz ya, ahora. ¿Por qué no?, ¿qué lo impide? Hoy, ahora, ¿tienes para vivir? ¿quieres a alguien y hay alguien que te quiera? ¿disfrutas de algo: un paseo, una película, una charla, un gin-tonic de Citadelle (se me ve el plumero), una canción...? Si no lo haces, aprende a hacerlo: no pasa nada. Muchísimas cosas precisan de un aprendizaje para convertirse en placeres.
Cuando se es joven, es fácil interpretar que cuando se solucionen los problemas que entonces se tengan, se podrá disfrutar de la vida. Pero con los años, vemos que los problemas nunca, nunca faltan. Se arreglan unos y llegan otros nuevos. A nosotros o a nuestro alrededor. Por tanto, imaginar una existencia sin incidentes es pueril. Más que esperar a que no haya olas, hay que degustar el viaje con marejada.

Hay en el Mundo (casi 5000 millones de años) más de 7000 millones de habitantes. Ahora. Y lo que nos sucede a cada uno de nosotros no es tan relevante. Me gusta hacer el ejercicio de imaginar la vida de alguien que vivió en otro siglo (no sé, el XIX), en otra tierra (en... Chile, es iguás). Esta persona nació -claro- y creció. Pasó por alegrías y problemas; tuvo parejas y rupturas; consiguió trabajos y perdió algunos; entabló amistades y acabó mal con algunos... y un día... sí, se murió. ¿Donde está lo malo? Pero la distancia nos permite ver que debió alegrarse más con los güenos momentos y minimizar las pequeñas cuitas (que son las numerosas).

Solemos quejarnos los españoles de este país nuestro. Y frecuentemente somos injustos. Existen 195 países (depende del día concreto) en el planeta. España es – en 2014- el 13º en riqueza (PIB) y el 25º en renta per cápita. Si enfermamos, podemos -sí, ya sé, todavía- ir a un hospital donde nos atenderán gratuitamente. Nuestros hijos pueden acudir a centros educativos públicos. En la edad de jubilarse, hay un sistema de pensiones (sí, ya sé que muchas son muy escasas) y unas residencias cada vez mejores... y se nos olvida que más de tres cuartas partes de la humanidad carecen de esto. Cuando nos comparamos, lo hacemos usualmente con los poquísimos países que “funcionan” mejor que nosotros. ¿Es justo?

Siempre acabo en la misma conclusión: debemos relajarnos y disfrutar más. ¿De qué? De todo. De nuestra pareja, trabajo, amigos, aficiones, familia... todo imperfecto y estupendo. Como nosotros mismos.

Hoy van dos recomendaciones musicales. Pepe recomienda...
"Me han dicho y creo que
la vida es para vivir
aun cuando mis fichas son pocas
hay algunas para dar
He estado en muchos lugares
así que creo que me quedaré un rato
y ver si algunos sueños se hacen realidad

No hay mucho que he aprendido
en todos mis años tontos
excepto que la vida sigue girando en ciclos
primero la risa y después las lágrimas..."

Frank Sinatra 
"Cycles"

Y la mía, no podía ser otra: Paco de Lucía. Además de pasar a la historia como el genio de la guitarra que fue, también fue un maestro en el arte de vivir. Descanse en paz.

Paco de Lucía 
"Entre dos aguas"

2 comentarios:

  1. "ExtensInteresante" exposición. Estoy dándole vueltas a una dificil y compleja intervención que se remonta a 5 meses. Tu disertación me ha dado algunas ideas para enmarcar los diferentes ejercicios que pretendo realizar.
    Gracias

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  2. Me quedo con tu reflexión, ¿tienes para vivir? ¿tienes quien te quiera y a quien querer?..todo lo demás es secundario, aunque nos olvidamos muchas veces. La sociedad, o nosotros mismos, nos exigimos cada dia más, ser lo más, tener el mejor trabajo, ganar más...quizás ahí es donde fallamos y renunciamos a lo más importante, nuestra salud y a pasar más tiempo con los que queremos Gracias por tu reflexión, al menos me sirve de consuelo.

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