miércoles, 30 de abril de 2014

El voluntariado como obstáculo: desenlace

La pasada semana introduje un caso, en la entrada titulada Cuando el voluntariado es un obstáculo, en el que vengo trabajando desde hace dos meses. Se trata de un caso de exclusión social, que quise relacionar con la proliferación de redes de ayuda no profesional y sus efectos sobre las problemáticas de cierta complejidad. Presenté a X, su protagonista, y expliqué la intervención que cierta ONG perpetró con este señor, intervención que la ONG finalizó con la entrega urgente del paquete por SEUR a los servicios sociales.

Hoy tocaba explicar el giro que los profesionales hemos dado al caso. Vamos, pues. Lo primero que hemos hecho ha sido sacar a la ONG por dos razones fundamentales: en primer lugar, las relaciones con X se han vuelto tensas porque X exigía más y más ayuda. En segundo lugar, la ONG persigue objetivos que desde servicios sociales no podemos compartir: es, a nuestro juicio, un grave error situar el foco de la intervención sobre los consumos de alcohol de X, sobre todo teniendo en cuenta que han sido el detonante que ha provocado que X esté hasta el gorro de la ONG.
Juzgar e imponer los códigos morales propios suele funcionar mal...
Si bien el alcohol es un grave problema sobre el que habrá que trabajar, no es el único y, lo más importante, no es todavía el momento ni la manera de abordarlo.

No es el momento de abordar los consumos de alcohol. X ni siquiera tiene agua en la vivienda, vive en condiciones, en general, infrahumanas ¿Es adecuado pedir el esfuerzo titánico que supone un cambio de hábitos a alguien que no tiene ni para comer? ¿No deben, previamente, mejorar sus condiciones vitales? Por otra parte, si en este momento comenzamos por exigir que deje de beber, sin más ¿no le estaremos retirando las muletas de la que se vale para levantarse cada día?

No es tampoco la manera de abordar el consumo de alcohol de X exigiéndole de golpe y porrazo que abandone un hábito tan arraigado sin ni siquiera valorar su postura con respecto a los consumos: ¿tiene conciencia de problema?¿aceptaría abandonar el consumo o tan sólo reducir daños? ¿qué estaría dispuesto a hacer? Además, si le exigimos que abandone el alcohol y no lo acepta ¿acaba nuestra intervención?

Nuestra enfoque con respecto al caso ha consistido, básicamente, en comenzar la casa por la ventana. El primer objetivo lo teníamos claro: lograr que X aceptase abrirnos las puertas de su vida; esto pasaba por hacer un reconocimiento previo y explícito de X como persona dueña de su destino, con derecho de tomar decisiones sobre su propia vida. Para conseguirlo, hemos aclarado con detenimiento a X que no venimos a decirle que deje de beber ni a imponer cómo tiene que vivir, lo que nos ha permitido vencer sus resistencias iniciales.

Una vez que hemos conseguido que acepte nuestro acompañamiento, hemos optado por comenzar el trámite de recursos (la parte más asistencial de la intervención) centrándonos en las cuestiones que ÉL (y no nosotros) considera prioritarias: re-instalación de calentador eléctrico, compra de hornilla de cocina y reenganche de agua corriente.

La otra pata de la intervención inicial aborda cuestiones de índole administrativa: hay que apoyar que X tenga atención sanitaria porque creemos que está enfermo, es más, el psicólogo sospecha que existe una grave depresión que el alcohol enmascara. También debemos facilitar el acceso a prestaciones ya que no tiene ningunos ingresos para lo que hay que volver a documentarlo (no tiene ninguna documentación ni tampoco sabe gestionarla).

Paralelamente hemos prescrito servicio de ayuda a domicilio, con su autorización (le parecía bien recibir un poco de ayuda), pero hemos elegido a un auxiliar varón por aquello de la empatía. El auxiliar en cuestión tiene experiencia con este tipo de perfiles y, casualmente, conoce personalmente a X (la relación previa es cordial aunque debo confesar que nosotros no lo sabíamos)

Con el auxiliar de ayuda a domicilio estamos planteando un trabajo por etapas: por ahora, intentar que X coma adecuadamente (come poco y mal), que le ayude con los trámites administrativos y que poco a poco interiorice la necesidad de cuidar la casa y mantener hábitos higiénicos adecuados.

La hermana sigue apoyando puntualmente con comida. No queremos cubrir esa necesidad para obligarla a que continúe yendo a la casa. Si proporcionamos comida, liberamos a la hermana de la obligación de visitar a X.

¿Y qué pasa con los consumos de alcohol? Abordaremos la problemática desde el Modelo Transteórico: por etapas (puedes acudir a mi entrada para profundizar, ahora se haría largo). En este momento X reconoce que bebe más de la cuenta pero no se plantea abandonar el consumo. Habrá que trabajar para que X contemple la posibilidad de, al menos, modificar el consumo (lo que viene a ser la reducción de daños). Aún es pronto.

Focalizar nuestra intervención en conseguir que dejase de beber a través de una desintoxicación era, a todas luces, un error. Al margen de la ética, X se hubiese cerrado en banda, como hizo con la ONG y nosotros hubiésemos tenido que cerrar el expediente ya que no se dejaba ayudar. Ahora al menos podemos trabajar con él y estamos consiguiendo pequeños logros que pueden desembocar en otros mayores.

Una mirada científica es patrimonio de profesionales, pero ¡ojo! sin una mirada amplia y una guía ética que oriente la intervención, nosotros también podríamos haber caído en la mala actuación de la ONG. Como dicen en mi pueblo habemos gente pa tó: malos profesionales y buenos voluntarios ¿a que sí?

Hasta la semana que viene.

PD. La experiencia con las alumnas y alumnos de cuarto de trabajo social de la Universidad de Valladolid fue muy gratificante, a pesar de la mala calidad de Skype. Sus preguntas fueron muy certeras y lo pasé estupendamente. Un abrazo a Arantxa y a todos ellos.

Captura de pantalla de Laura, una de las alumnas. ¡Qué cara de pánfila, virgen santa!

Para no pensar, después de tanto caso y tanta intervención, nada mejor que Maui y los Sirénidos, de Granada... Me los recomendaron ¡y me encantan!


miércoles, 23 de abril de 2014

Cuando el voluntariado es un obstáculo

Últimamente parece ser que el voluntariado / caridad / solidaridad es la solución a todos los problemas sociales en este país. Me tiene fascinada el asunto. Telemaratones, cuestaciones, obras de caridad y donaciones ¡la cosa tiene narices! No hay más que ver la siguiente imagen.

La prueba de que es posible recortar en prevención del cáncer y pedir limosna para luchar contra el cáncer, a la vez.
Esta imagen es indignante pero no casual. No es casualidad el interés de las televisiones por emitir programas como Tiene arreglo, ni es casualidad el auge de iniciativas de voluntariado caritativo/filantrópico, como tampoco son casualidad las apariciones del famoseo pagando operaciones a niñitos con enfermedades tan puñeteras y tan injustas que parten el corazón. Eso lo sabemos todos ¿verdad?, como también sabemos a qué responde esta explosión de solidaridad sin precedentes.

Que quede claro. No es mi pretensión hacer un alegato contra el voluntariado ni contra la solidaridad. Ni mucho menos. La solidaridad es positiva siempre, punto. Por su parte, el voluntariado bien entendido es una magnífica vía de participación social y una valiosa herramienta para los servicios sociales; hay muchos casos individuales y familiares de servicios sociales en cuya resolución el voluntariado ha tenido un papel bien relevante. Vaya por delante mi reconocimiento hacia las personas voluntarias, pues.

Mi intención es otra muy distinta. Pretendo demostrar en esta entrada que del mismo modo que hay casos en los que el voluntariado juega un papel crucial, en otros la intervención del voluntariado es un obstáculo para su resolución. Es más, puede llegar a empeorarlo todo. Sí. Me explico: algunos casos requieren ser observados desde una exclusiva mirada profesional

Mª Jesús Brezmes, una trabajadora social y consultora a la que me gusta prestar atención, dijo una vez en un curso que recibí: el profesional es la persona que sabe mirar más allá, que ve donde otros no miran. Me pareció una definición maravillosa. Creo, incluso, que esa mirada profesional en ciertas ocasiones es incompatible con el peligroso sentido común del voluntario-a (por voluntario-a no incluyo trabajadores sociales, psicólogas, educadores... que trabajen gratis) ¡Mira que me cuesta decir esto de peligroso sentido común, con el cariño que yo le tengo al sentido común, el menos común de los sentidos!

Para que se entienda mi argumentación, sirva de ejemplo un caso en el que venimos trabajando el psicólogo del centro y la que suscribe (la educadora entrará en breve). Se trata de X, de 53 años de edad, viudo, residente en una infra vivienda aislada en una zona rural y muy alejada del núcleo urbano del municipio. No tiene hijos. No tiene trabajo. No tiene ingresos. No tiene a nadie. Solo se dedica a beber de forma abusiva y continuada. Come sólo si una hermana suya le lleva algo.

El caso llega a servicios sociales a través de cierta ONG. La hermana de X habla con el sacerdote y éste deriva el asunto a la tal ONG que comienza a intervenir con X, sin éxito. Sólo han conseguido que X les pida dinero, dinero que luego emplea en bebida. Es, además, cada vez más exigente con la ONG. Ahora no saben como parar el asunto y han pensado derivarnos el asunto a nosotros, justo cuando el asunto está más liado que la pata de un romano, no sin antes ofrecernos su diagnóstico y el proyecto de intervención subsiguiente: X debe ser llevado a un centro de desintoxicación alcohólica a la mayor brevedad porque todos los problemas que tienen vienen de su consumo abusivo de alcohol y no se le puede dar dinero ni nada porque lo malgasta.

¿Qué crees que estamos haciendo?¿Está mejorando la situación de X con una intervención profesional?

Tendrás que esperar. Esta entrada forma parte de una iniciativa en la que me ha enredado Arantxa Hernández, profesora de la asignatura Sistematización de la práctica profesional, en la Facultad de Trabajo Social de la Universidad de Valladolid. El próximo lunes estaré con ellos en clase a través de videoconferencia, si la tecnología lo permite, y trataremos de resolver el caso con una mirada profesional. Mientras tanto, los alumnos que leáis la entrada dadle vueltas al asunto ¡nos vemos el lunes! 

Para el resto, el próximo martes, el desenlace.


Entrada dedicada a las alumnas y alumnos de cuarto de trabajo social de la Universidad de Valladolid y en especial a Javier Fernández Martín, fiel seguidor de este blog. ¡Menuda época os ha tocado para salir al mundo laboral! 

¡A brindar por el aguante!

jueves, 17 de abril de 2014

Sobre trabajo social crítico

Hace unos días leí una entrada en el blog de Mª José Aguilar, Catedrática de Trabajo Social y Servicios Sociales de la Universidad de Castilla-La Mancha, titulada politica social y trabajo social en tiempo de crisis, a la que vengo dándole vueltas. La entrada, aunque algo larga, es bien interesante, además, está escrita en un lenguaje claro y preciso, lo que se agradece sobre todo tratándose de alguien que proviene del ámbito universitario, caracterizado por un estilo de redacción, digamos, árido...
Muy pronto...
Aunque recomiendo su lectura completa, contiene un párrafo que me ha parecido especialmente sugerente y que ofrece una idea del argumento de la autora:

"En el trabajo social a lo largo de su historia, que es anterior a la política social, ha habido -y aún hay- muchas culturas y contextos diferentes para su práctica (desde el control social más opresivo a la asistencia para el mantenimiento de la dignidad, desde el conservadurismo a los trabajadores sociales radicales fuera de la práctica oficial). Cada una de estas prácticas tiene su propia relación con el estado de bienestar y la política en general. Pero casi todas ellas, salvo honrosas y escasas excepciones, se han visto atrapadas y afectadas por el modo de gestión pública y de sociedad económico-empresarial"

Me rondan, tras la lectura de la entrada, varios interrogantes. En primer lugar, ¿es posible desempeñar un trabajo social crítico o transformador, por así llamarlo, desde lo público? ¡Espinosa cuestión se me ocurre plantear en pleno período vacacional!

Para que se entienda la argumentación que sigue, quiero matizar algunas consideraciones: al referirme a un trabajo social crítico no me refiero a posicionarse en una actitud crítica en el desempeño profesional, actitud crítica que tampoco debe confundirse con actitud criticona. Esta diferenciación fue magníficamente establecida por Luis Barriga en su ponencia de clausura del XI Congreso Nacional de Trabajo Social de Zaragoza, ponencia que no me cansaré de recomendar (no he encontrado ningún enlace así que la cuelgo en la página de facebook Trabajo Social España en PDF)

Por trabajo social crítico entiendo, siguiendo a Viscarret (2007: 205) el "amplio conjunto de teorías sociales, que van desde las teorías feministas, el marxismo, el desarrollo comunitario, la teoría radical de la educación (Freire), la antipsiquiatría, la sociología radical y la teología de la liberación". (¿ves como las normas APA están chupadas? Sigo)


Retomo la primera pregunta que me hacía: ¿es posible desempeñar un trabajo social crítico desde lo público? Opino que a los trabajadores sociales insertos en la administración pública nos ha pasado lo mismo que al elefante del cuento de Jorge Bucay ¿te sabes el cuento? Seguro que sí. Es la historia del elefantito atado a una estaca que se hace mayor y es incapaz de liberarse de lo que en su etapa adulta ya es tan solo un palito.

No quiero decir con esto que en-la-vida-todo-es-cuestión-de-intentarlo y demás rollos de coaching barato, lo que trato de explicar es bastante más prosaico. Me refiero a que las dificultades por parte de los trabajadores sociales para adoptar un rol más terapéutico y menos asistencialista, menos coercitivo y más emancipador provienen de cierto acomodamiento por nuestra parte; es lógico, no somos superhéroes (al menos yo no) y luchar contra las estructuras, tratando de poner en marcha otros enfoques y teorías cansa, la verdad. Ahí tenemos que entonar nuestro mea culpa con humildad y sin excusas.

Por encima de acomodamientos individuales, pero relacionado con lo anterior, el quid de la cuestión es que los trabajadores sociales estamos educados, ya desde la universidad, en modelos de intervención acordes con el statu quo; son modelos de intervención social en la línea que apuntaba Mª José Aguilar en el párrafo citado más arriba, modelos que reproducen los valores de la sociedad capitalista en la que vivimos y que rara vez ponen en tela de juicio las estructuras sociales (desde el tuétano). Todavía se me eriza el vello cuando escucho esto de que el trabajo social debe estar exento de ideologías ¡qué daño nos han hecho, madre!

Por otra parte, las investigadoras, profesoras universitarias y demás teóricas que apuestan por estas corrientes o bien están relegadas al ostracismo o, en el mejor de los casos, escriben fantásticos papers que se quedan en eso y que jamás caerán en las manos de quienes ejercemos y podríamos poner sus ideas en práctica (si es que supiéramos). Aprovecho para recomendar la comunicación de Elvira Villa Camarma: Saberes proscritos: investigación, militancia  y trabajo social comunitario en tiempo de malestares. Pasó sin pena ni gloria por el XII Congreso Nacional de Trabajo Social de Málaga, pero a mí me encantó (también lo cuelgo en Trabajo Social España en PDF)

Resumiendo: en mi humilde opinión, es un imperativo ético comenzar a trasladar prácticas emancipatorias y transformadoras a la intervención social, la propia ciudadanía lo está demandando. Para ello, es necesario que asumamos, de una vez por todas, que el desempeño del trabajo social varía dependiendo de nuestra orientación ideológica. Asimismo, quienes estemos interesados en estas corrientes debemos pertrecharnos de teoría y, por último, para poner en práctica estrategias transformadoras solo tenemos que salir a la calle y mirar: los movimientos ciudadanos nos están enseñando el camino (o dándonos bofetadas sin manos, escoge lo que prefieras)

Hasta la semana que viene.

Mala Rodriguez
¿Quien manda?

jueves, 10 de abril de 2014

Diez revistas científicas sobre trabajo social

Hoy traigo al blog una lista de diez revistas científicas sobre trabajo social (y servicios sociales), con tres elementos en común: están escritas en español, puedes consultarlas on-line y lo mejor de todo: son gratuitas. No estan todas las que son, pero son todas las que estan. ¡La próxima vez que te oiga decir que no estás al día en trabajo social porque no tienes dinero para comprar libros, te arreo una colleja que te avío!

Asimismo, si conoces alguna otra que merezca estar en tan insigne listado, no te lo guardes, ahí, a lo somormujo, ¡eh! Que rule el conocimiento, amigos...

Antes de pasar a colocar la lista esta tan apañada que me he fabricado, te recomiendo ojear e incluso leer el interesante documento que ha elaborado la Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales que lleva por título Contenidos de la competencia municipal en servicios sociales, en el nuevo marco legal. Si eres de naturaleza perezosa, también puedes informarte en el blog de Joaquín Santos, más concretamente en su entrada ¿cómo interpretar la competencia en servicios sociales tras la reforma local?

(Aprovecho este paréntesis, que poco o nada tiene que ver con mi entrada, para recriminar cariñosísimamente a las directoras gerentes que los títulos de sus documentos son más largos que un intermedio de Antena 3. ¿Qué ha hecho tuiter para merecer esto, jomíos?)

Retomamos el asunto. Aquí está la lista:
  1. Azarbe, Universidad de Murcia. La revista es nueva pero la calidad de los números publicados está fuera de dudas. Periodicidad anual.
  2. Portularia, Universidad de Huelva. Esta revista ya lleva un largo recorrido a sus espaldas y ofrece un repertorio de artículos bien interesantes. Periodicidad semestral.   
  3. Alternativas, Universidad de Alicante. También suelo consultarla habitualmente. Periodicidad anual.
  4. Documentos de Trabajo Social, Colegio de Trabajo Social de Málaga. Periodicidad anual. Esta revista es todo un logro, viniendo de un colegio profesional. Sus artículos son fantásticos, no hay más que consultar el mío, publicado en el último número (ejem, ejem)
  5. Gizarteratuz, boletín documental sobre Servicios Sociales e Intervención Social editado desde enero 2010 por el SIIS en colaboración con el Departamento de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno Vasco. Periodicidad bimestral. Buena pinta, lo he consultado poco
  6. Zerbitzuan, revista especializada en el análisis de los servicios y las políticas de bienestar social. Promovida por la Viceconsejería de Asuntos Sociales del Gobierno Vasco, no es exactamente sobre trabajo social pero merece la pena. Periodicidad anual.
  7. Cuadernos de Trabajo Social, Universidad Complutense. Un clásico. De esta revista he sacado temas y temas para mis oposiciones. Periodicidad anual.
  8. Acciones e Investigaciones Sociales, Escuela Universitaria de Estudios Sociales de la Universidad de Zaragoza. Seamos francos: no la conocía. Enmendaré el error. Si la revista es maña, será estupenda.
  9. Trabajo social global, Universidad de Granada. No soy objetiva. Esta universidad me trajo al mundo como trabajadora social. ¡Qué tiempos aquellos, en los que era una pipiola y blabla...! Periodicidad semestral.
  10. Comunitania (que no Comunitaria), UNED. Periodicidad (creo que) anual. La he leído poco pero también parece muy interesante.
Edito: el Consejo General de Trabajo Social ha volcado todos los números de su Revista de Política Social y Servicios Sociales y se puede acceder libremente a ellos. Puedes encontrarlos aquí.
En fin, ya no tienes excusas para estar a la última. Decir que internet es un magnífico invento es como decir que Esperanza Aguirre tiene la cara más dura de España, una obviedad, pero cierta como la vida misma. La diferencia es que internet lo disfrutamos y a Esperanza Aguirre la sufrimos ¡qué hartazgo!

Hasta la semana que viene.

Lucinda Williams
Copenhagen
(el vídeo contiene una bonita historia)

viernes, 4 de abril de 2014

Algunos casos de riesgo en personas mayores

Hola, de nuevo:

El pasado 8 de febrero describí tres casos de personas mayores con las que vengo trabajando, en una entrada titulada No es Andalucía para viejos. Dos meses después, me ha parecido interesante traer de nuevo a nuestros protagonistas para dar a conocer la evolución de sus vidas.

El caso número 1, que titulé Fast and furious trataba sobre Pedro, un anciano que padece demencia y que deambula por Laujar poniendo en peligro su integridad física. El caso ha tomado un rumbo administrativo kafkiano: la Junta de Andalucía me ha pedido un informe sobre este caso (desconozco por qué, puesto que en teoría no tienen noticias del mismo al no haber sido derivado a esa administración). He emitido un informe explicando que no se ha realizado ninguna derivación a la Junta porque Pedro se niega siquiera a hablar con nosotros por lo que no se ha podido tramitar reconocimiento de grado de dependencia, que, como sabemos, no puede iniciarse de oficio. Todo depende, pues, de la actuación judicial en estos momentos. Si finalmente el Juez decreta el internamiento, es posible que la respuesta de la Junta es que no pueda ingresar porque no tiene reconocimiento de dependencia. Bonito bucle, ¿verdad? Pedro sigue deambulando y los vecinos están convencidos de que desde servicios sociales no estamos haciendo nada.

El caso número 2, que titulé Los lunes al sol, ha tenido un mejor desenlace. La familia, a instancia nuestra, presentó solicitud de incapacitación y la adopción de medidas cautelares, y Gádor, que ya padecía una desnutrición importante, ingresó en residencia hace unas semanas; sorprendentemente, se ha adaptado muy bien. Come mejor, ha permitido que la duchen y está tranquila e interactúa con el resto de residentes con normalidad.

El caso número 3, Atraco a las tres, me ha dejado completamente agotada y desesperanzada. Ha habido reuniones con juzgado, con guardia civil, se presentó informe tanto en juzgado como en fiscalía... El juez ha archivado la instrucción porque no considera que exista delito alguno ya que los hermanos no presentan déficits cognitivos, a pesar de lo expuesto en la Ley 6/99 y la Ley de Enjuiciamiento Civil, que vienen a decir todo lo contrario. El sobrino, ante este giro de los acontecimientos, ha agravado su conducta. Para colmo, hace poco asistí a un congreso sobre personas mayores en riesgo y tuve que soportar la bronca de un juez que aprovechó su ponencia para acusar a los servicios sociales de negligencia en la denuncia de situaciones de riesgo ¡aaarrghhh!

En fin, así son las cosas y así se las hemos contado. Si alguna de las situaciones descritas tuviese algún desenlace inesperado, la traeré de nuevo al blog, con la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal muy presente. Como siempre, los datos han sido modificados hasta hacer irreconocible el caso.

Hasta la semana que viene


Gnals Barkley
Who,s gonna save my soul?