viernes, 30 de mayo de 2014

A vueltas con la renta básica

De vez en cuando me gusta escribir sobre Renta Básica. Es un tema que me obsesiona; imagino que las mujeres y hombres ¡hombres, insólito hasta hace unos años! que me visitan a diario con caras de cansancio, ojos enrojecidos, dientes apretados, nudo en la garganta para contener el llanto y carpeta en mano repleta de recibos impagados, amenazas del banco, providencias de apremio, facturas de la farmacia, órdenes de corte de luz, de agua, de aire... algo tendrán que ver con esta obsesión.

En las elecciones europeas por fin la Renta Básica ha entrado en la agenda de campaña. Hay que felicitarse por ello, aunque pocos partidos han incluido la propuesta en sus programas electorales (puedes consultar un artículo al respecto aquí); este avance político contrasta con las opiniones técnicas de algunas compañeras y compañeros, aún reticentes a la instauración de una renta de ciudadanía. Quiero creer que las reticencias son fruto más de la desinformación que de un rechazo ideológico porque los prejuicios que existen son fácilmente desmontables a poco que uno lea posicionamientos científicos sobre el particular.

Esta vez la excusa para escribir sobre Renta Básica es también desarrollar el artículo de Manuel Aguilar Hendrickson Los servicios sociales en la tormenta, que abordé la semana pasada en la entrada del mismo título. En ese artículo su autor proponía tres líneas para redefinir los servicios sociales, una de ellas consiste en garantizar un sistema de rentas que garantice la supervivencia, de la misma manera que se garantiza la salud o la educación, es decir, propone la puesta en marcha de una genuina Renta Básica de Ciudadanía. Con esta medida se aseguraría un sustento mínimo y los servicios sociales no tendrían la función de dar de comer al hambriento, lo que abre un interesante panorama para los servicios sociales del que hablaré en mi próxima entrada.

Si hay alguien que sabe de qué va esto de la Renta Básica es Daniel Raventós. Daniel Raventós es, entre muchas otras cosas, presidente de la Red Renta Básica. Imagino que habrás leído artículos suyos en prensa o lo habrás escuchado en algún foro. De lo contrario, te recomiendo que lo sigas, es uno de los expertos mundiales. Ha publicado un librito en 2012 titulado ¿Qué es la Renta Básica? Preguntas y respuestas más frecuentes, que puedes comprar por la friolera de ocho euros. También hay infinidad de artículos suyos en dialnet (al pulsar, te aparece un listado), en los que explica qué es la renta básica (no todo el mundo entiende lo mismo), cómo se podría financiar y demás cuestiones.

Para quienes estén interesados en acercarse a la renta básica de una forma menos sesuda, aquí enlazo una de las entrevistas más recientes a Daniel Raventós. Se la hizo el Diario Público, es cortita y en ella desmonta los mitos y reticencias de los que hablaba antes: que si no es viable económicamente, que si desincentiva la búsqueda de empleo, etc.

Como profesional del trabajo social, me parece importante realizar una profunda reflexión sobre la redistribución de la riqueza, la división social del trabajo y cómo nuestras actitudes profesionales provienen a veces de la tensión dialéctica a la que el sistema somete a la ciudadanía. Me explico: hemos contribuido al mantenimiento de una sociedad en la que la identidad personal se construye cuasi exclusivamente en torno al trabajo y el empleo (que no son lo mismo). Se diría que del homo sapiens hemos ido derivando en una especie de homo laboris, que se define y es definido por los demás en relación con la posición que ocupa en el mercado laboral.

El problema es que, paralelamente, el mercado laboral genera una dinámica expulsiva que desemboca en que cada vez hay menos personas empleables: o se es demasiado joven o demasiado viejo (pero no tanto como para cobrar una pensión) o eres mujer y puedes quedarte embarazada o te falta cualificación o tienes una discapacidad o, o, o... En definitiva, lanzamos mensajes dirigidos a la búsqueda activa de empleo, a la inserción laboral, en una sociedad en la que el empleo es privilegio.

No quiero decir con esto que no haya que animar a la gente a buscar trabajo, sólo que desde servicios sociales no podemos intervenir partiendo de esta visión homo laboris, idea que también desarrollaré en la próxima entrada; termino el argumento citando a Albert Einstein: "todos somos genios. Pero si juzgas a un pez por su habilidad de trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil"
La renta básica rompe este bucle perverso. Luchar por la renta básica es luchar por una sociedad más justa, es perseguir el derecho a vivir libremente y es decir no a este capitalismo de botellas de agua a trescientos euros y colas en los contenedores de los supermercados.

Para terminar, te animo a firmar la ILP por la renta básica y, si te apetece, a hacerte fedatario ¿No reivindicamos un trabajo social menos asistencialista y más transformador? Empoderar a la ciudadanía desde nuestros despachos poniendo el debate sobre la mesa y pedirles que apoyen la iniciativa es, a mi entender, una buena manera de atacar la ley de la gravedad, el orden de las cosas.


Ojos de Brujo
"Ley de Gravedad"

viernes, 23 de mayo de 2014

Los servicios sociales en la tormenta

La película de hoy no es mía, como tampoco el título. Se trata de darte a conocer, si no lo has leído, un artículo científico que me descubrió hace algún tiempo mi blaugrana amigo, Roger Brufau, profesor de la Universidad de Barcelona, consultor y supervisor. Lleva por título Los Servicios Sociales en la tormenta, y lo escribe Manuel Aguilar Hendrickson, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (creo que también es trabajador social) y profesor de la Universidad de Barcelona.

El artículo fue publicado en Documentación Social, la revista científica de Cáritas (año 2013, nº 166), que como sabes, es una revista de publicación trimestral sobre estudios sociales y sociología aplicada, dedicada a análisis monográficos. En mi opinión, la calidad de la revista de Cáritas está fuera de toda duda, ¡lástima que haya que suscribirse previo pago! ¡Blázquez, jomio, te estiras menos que el portero de un futbolín! (No sé de qué me extraño...)

Creo que si pidiésemos a los profesionales una definición sobre los servicios sociales, nos llevaríamos una desagradable sorpresa (o no tanto): cada uno de nosotros entiende el sistema de forma diferente, y si me apuras, antagónica. Esta dificultad es fruto de la requetesabida indefinición técnica y administrativa del sistema, un mal endémico de los servicios sociales que constituye, a todas luces, una grave amenaza para la pervivencia del sistema. Esto es evidente ¿verdad?

El verdadero origen del problema de los servicios sociales: Hale Berry es del PP...

Hasta que el artículo cayó en mis manos, no había leído hasta ahora reflexiones realmente esclarecedoras sobre las amenazas y debilidades del sistema, exceptuando el libro El Cuarto Pilar, de Joaquín Santos Martí, al que le debo una lectura reposada este verano ya que lo he leído a salto de mata por cuestiones académicas.

El artículo de Aguilar no solo señala la indefinición de los servicios sociales como uno de los riesgos del sistema, sino que analiza en profundidad las debilidades y amenazas actuales, que parten, según el autor, de etapas anteriores a la crisis financiera de 2008.
"Nuestra clave interpretativa es que el modelo de servicios sociales desarrollado desde la Transición ha supuesto una notable modernización del sector en términos de profesionalización y de renovación de lenguajes, así como una expansión de la oferta de servicios, pero lo ha hecho sin resolver algunos de los problemas importantes que arrastraba el régimen de la beneficencia pública"
A juicio del autor, son tres las grandes dificultades que presenta el sistema público de servicios sociales en España:

  • La (in)definición del objeto de su acción.
  • La relación entre servicios y ciudadanos.
  • La asignación de profesionales y la organización territorial.

No quiero extenderme explicando estas tres cuestiones, sobre todo para animarte a que leas el artículo, que es de lo que se trata. Me limitaré a señalar, que, con respecto a la indefinición de los servicios sociales, el autor afirma que los servicios sociales nacen con una fuerte ambigüedad en su definición derivada de la tensión entre el discurso teórico de la universalidad y la fuerte impronta de la beneficencia pública franquista en la práctica.

Por otra parte, la relación entre los servicios y los ciudadanos está marcada por por la discrecionalidad, tanto en lo referente a los procedimientos de tramitación de prestaciones como a la hora de planificar servicios, lo que genera una grave indefensión legal y administrativa de la ciudadanía.

Por último, la organización territorial es un verdadero desbarajuste; como imaginarás, no lo dice el autor, esto es de mi cosecha para abreviar.

Aguilar, tras hacer un análisis de las deficiencias del sistema, ofrece algunas propuestas, a mi juicio muy certeras, dirigidas a redefinir y reconstruir nuestro sistema público de servicios sociales:

  • Redefinición del objeto de los servicios sociales: Esto me gusta especialmente. El autor aboga por una definición de los servicios sociales "abandonando la lógica de ocuparse de determinados grupos" y en la línea de abordar las necesidades de la población. Dice Aguilar:
"Si queda claro que dar de comer al hambriento no es tarea de los servicios sociales, sino del sistema de garantía de rentas ¿cuál es la función propia de los servicios sociales? (...): ofrecer cuidados personales a las personas que no pueden desarrollar sin ayuda de terceros las actividades de la vida diaria, protección y sustitución de la tutela de las personas no plenamente capaces y el acompañamiento del desarrollo personal y la integración comunitaria".
  • Garantía de rentas: Al hilo de lo anterior, el autor apuesta por un modelo reformado de protección no contributiva contra la insuficiencia de recursos básicos, un sistema de garantía de rentas. En román paladino: renta básica.
  • Reorganización territorial: "Único pagador, único responsable". Según Aguilar, los ciudadanos deberíamos saber quien tiene las responsabilidad y la obligación de la prestación del servicio puesto que "las responsabilidades diluídas son demasiado fáciles de eludir". Esto no ocurre en sanidad o en educación ¡mmm, menuda cuestión...!

Hasta aquí mi resumen del artículo. Me propongo, a partir de las reflexiones aquí expuestas, escribir una entrada reflexionando sobre cada una de las propuestas de Aguilar; no pretendo encontrar la piedra filosofal, no podría ni sabría. Solo soy una más entre otros, sentados al fuego, avivando la hoguera mientras nos conjuramos contra la llegada de una tormenta en forma de reforma local y privatizaciones que nos eche a perder la moraga.

 "Rolling in the deep" de Adele
(¡Con auriculares ya es que es lo más!)

viernes, 16 de mayo de 2014

No votes

Hace tiempo decidí dar un giro al blog, consistente en hablar menos sobre política y más sobre trabajo social. Tomé esa decisión porque me dí cuenta que toda la energía que empleaba maldiciendo a quienes están arruinando este país terminaba, básicamente, encabronándome todavía más. Acababa sintiéndome como mi perra cuando comienza a morderse el rabo, ¡es una cosa digna de verse! empieza la tía jugando y termina pareciendo la perra del exorcista, ¡cuatro kilos y medio de furia rabiosa!

También creo que es importante no atascarse en la crisis y los recortes y tratar de continuar haciendo camino, paralelamente, eso sí, a la protesta social.

Hoy haré una excepción a la regla. El próximo día 25 se celebran las elecciones europeas, con lo que, como militante que soy de Izquierda Unida, estoy afanada colaborando en la campaña electoral. Ya he tenido las consabidas discusiones de barra de bar del tipo ¿para qué vamos a votar? ¡si todos los partidos son iguales! En las redes sociales veo continuamente fotos en las que aparece Cayo Lara con un rótulo que dice que cobra sesenta mil euros anuales (que sea verdad o mentira es irrelevante, claro está), otros mensajes dicen que en España hay setecientos mil políticos (disparate donde los haya), setecientos mil políticos que seguro que cobran cuatro mil euros y tendrán coche oficial; incluso he llegado a leer que es una desvergüenza que Alberto Garzón, tan comunista como él, tenga un iphone ¡habráse visto!

Al escuchar afirmaciones de este tipo una y otra vez, he llegado a la conclusión de que lo más sensato es pedirte directamente que no votes.


No votes. Queda claro que todos los políticos son iguales, desde el alcalde de Villatortas de Abajo, que no cobra ningún sueldo y compatibiliza la alcaldía con su trabajo como carpintero, pasando por el concejal de la oposición en Zarza la Mayor, al que el puesto le cuesta dinero de su bolsillo, hasta Francisco Álvarez Cascos o Rosa Díez, ¡si es que son lo mismo!

No votes. Todos aquellos que nos dedicamos a la política, sea desde la militancia de base o desde los cargos públicos, estamos aquí buscando el enriquecimiento personal. Somos todos unos corruptos, y los que no lo seamos no será por falta de ganas, sino de oportunidades. El que quiera dedicarse a la política, que lo haga gratis. ¿Para qué pedir que los sueldos de los políticos tengan un límite razonable y que no puedan subírselos a su antojo?¿Para qué reivindicar que un político incurso en un caso de corrupción sea cesado de forma cautelar de sus cargos y suspendidas sus retribuciones? ¡No, hombre, no! Es mejor luchar por conseguir que los políticos no cobren, y así sólo podrán representarnos los ricos, que pueden permitírselo. Una enfermera, una jornalera, un albañil o un maestro no podrían dedicarse a la política ¡qué más da!

No votes. Todos los partidos la terminan pifiando en alguna ocasión. No será con tu voto. No con tu apoyo. Claro que con tu voto tampoco podrán evitar los desahucios, frenar los recortes en sanidad, dejar de rescatar bancos o autopistas, salvar lo que queda de la ley de dependencia o poner freno a la pobreza energética. Es mejor no arriesgarse. Serás libre de criticarnos a todos, aunque también habrás puesto tu pequeño grano de arena para no frenar la hemorragia social que sufre este país, no te quepa la menor duda.

No votes. La política no es asunto tuyo. Que pagues por circular por una autopista o no, no es asunto tuyo. Que la escuela infantil de tu hija te cueste cien o cuatrocientos euros no es asunto tuyo. Que tu madre pague o no por sus medicamentos tampoco lo es.

No votes. Ningún partido tiene soluciones para los problemas de España. Tu sí, pero claro, a ti no te gusta la política, así que dejas el fregado en manos de otros, esos otros que en el momento en que pasamos a formar parte de un partido entramos en la categoría de corruptos.

No votes. PSOE y PP la misma mierda es, y claro, el resto de formaciones políticas, tres cuartos de lo mismo, aunque no hayan tocado bola.

No votes. No se va a arreglar nada importante. Quizá en alguna reunión en Bruselas se acuerde alguna directiva europea que impida que las eléctricas suban (todavía más) la luz, o puede que se frene la entrada de productos hortofrutícolas de terceros países, lo mismo se obliga a los estados miembros a instaurar políticas educativas mejores, igual hasta se retiran las concertinas de las fronteras o se prohíbe retirar la sanidad a la población inmigrante. Temas, todos ellos, menores.

No votes. No te equivoques. No te ensucies, ya nos ensuciamos otros. Lávate las manos y sigue dando lecciones de moral desde la barra del bar. No servirá para nada tu perorata. Igual tampoco sirve mi voto, igual me equivoco. Eso sí, nadie podrá acusarme jamás de no haberlo intentado.

Hasta la semana que viene.

Aerosmith & Run DMC
"Walk this way"
¡me encanta!

sábado, 10 de mayo de 2014

El fracaso de una intervención con éxito

El otro día recibí una llamada del Juzgado, en la que me informaban de que, tras el examen del forense, Pedro, un anciano con graves problemas de demencia, iba a ser ingresado en residencia por orden del juez. Asimismo, me ordenaba a mí acompañar a las fuerzas del orden en el transporte de Pedro desde el juzgado hasta la residencia. Pedí a un compañero, que no ha trabajado el caso, que viniese por si Pedro se negaba a hablar conmigo si es que era necesario.

Este caso ha sido abordado en las entradas No es Andalucía para viejos y Algunos casos de riesgo en personas mayores, con la denominación Fast and Furious. La cuestión es que llevábamos mucho tiempo detrás del juzgado para que se pronunciara con respecto al penoso estado de este hombre: los vecinos estaban muy alarmados por el olor que su casa desprendía, la policía local lo había tenido que llevar a su domicilio en las numerosas ocasiones en que éste se había perdido, una sobrina había venido varias a veces a comunicarnos que su tío se encontraba en una situación lamentable pero no quería recibir su ayuda, el alcalde y la concejal nos habían mostrado su preocupación por el caso en varias reuniones... Todo el mundo, en definitiva, estaba muy pendiente de la problemática de Pedro.

Al recibir la noticia del juzgado me puse muy contenta. Este es uno de los casos que te quitan el sueño hasta que se resuelve de alguna manera; temía llegar cualquier mañana al trabajo y enterarme de que Pedro había sido atropellado por un coche la noche anterior. Era probable que eso ocurriese porque Pedro se pasaba las noches deambulando cerca de una carretera con mucho tráfico. Incluso un día, este compañero que me acompañaba tuvo que dar un volantazo para no atropellarlo.

En el juzgado, vimos a Pedro sentado en una silla a la que le habían colocado un plástico, tal era el estado higiénico en que Pedro se encontraba. Estaba tranquilo. Los funcionarios del juzgado cuchicheaban y él miraba a su alrededor sin comprender lo que estaba pasando. Miré a Pedro, sentado en la silla con el plástico, sucio, solo, desorientado y comencé a experimentar una mala sensación, por lo que opté por marcharme de la sala sin mediar palabra.

La policía sacó a Pedro y éste no opuso resistencia. Ojalá lo hubiese hecho. Tras infinitas entrevistas en las que Pedro siempre mantenía una actitud hostil, su mansedumbre, lejos de tranquilizarme, me causó una terrible desazón. Vi como lo subían en el coche policial desde mi propio coche, sin atreverme siquiera a ser vista. Me sentí terriblemente avergonzada, traidora, estúpida por no haber sido capaz de tocar el resorte adecuado en su cabeza que impidiese su encierro o, al menos, que me hubiese permitido una intervención menos coercitiva.


Llegamos a la residencia antes que la policía, que no tuvo otra ocurrencia que hacer sonar el claxon repetidamente para que les abrieran la puerta a la mayor brevedad (no entiendo a qué esas prisas). Bajaron a Pedro. Se quedó parado, sin saber qué hacer, hasta que una de las auxiliares de enfermería lo condujo hacia el interior. Yo continuaba observando la escena, furtiva, desde mi coche. Al entrar Pedro en la residencia, reuní fuerzas para hacer lo propio y explicar a la trabajadora social de allí algunos aspectos relativos a su situación que me parecían importantes. Pedro estaba parado en el pasillo de acceso a los despachos mientras las auxiliares preparaban el baño. Pasé por su lado y él no me reconoció, pero bajé la cabeza porque no me sentí con fuerzas para mirarle a la cara. Le comenté a la compañera cuatro detalles y nos marchamos rápidamente.

Llegamos al centro y todos preguntaron cómo había ido. El equipo estaba contento porque, por fin, este hombre estaría atendido. Habíamos hecho todo lo humanamente posible hasta llegar hasta aquí, pero la pena y la impotencia no me dejaban alegrarme por el ingreso; aún se me hace un nudo en el estómago al recordar a Pedro parado en la puerta de la residencia. La intervención, dice todo el mundo, ha sido un éxito.

Habrá sido un éxito pero no sé cómo sacarme de dentro la sensación de fracaso.

Hasta la semana que viene.

 Luz Casal y Concha Buika
"Sombras"