viernes, 23 de mayo de 2014

Los servicios sociales en la tormenta

La película de hoy no es mía, como tampoco el título. Se trata de darte a conocer, si no lo has leído, un artículo científico que me descubrió hace algún tiempo mi blaugrana amigo, Roger Brufau, profesor de la Universidad de Barcelona, consultor y supervisor. Lleva por título Los Servicios Sociales en la tormenta, y lo escribe Manuel Aguilar Hendrickson, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología (creo que también es trabajador social) y profesor de la Universidad de Barcelona.

El artículo fue publicado en Documentación Social, la revista científica de Cáritas (año 2013, nº 166), que como sabes, es una revista de publicación trimestral sobre estudios sociales y sociología aplicada, dedicada a análisis monográficos. En mi opinión, la calidad de la revista de Cáritas está fuera de toda duda, ¡lástima que haya que suscribirse previo pago! ¡Blázquez, jomio, te estiras menos que el portero de un futbolín! (No sé de qué me extraño...)

Creo que si pidiésemos a los profesionales una definición sobre los servicios sociales, nos llevaríamos una desagradable sorpresa (o no tanto): cada uno de nosotros entiende el sistema de forma diferente, y si me apuras, antagónica. Esta dificultad es fruto de la requetesabida indefinición técnica y administrativa del sistema, un mal endémico de los servicios sociales que constituye, a todas luces, una grave amenaza para la pervivencia del sistema. Esto es evidente ¿verdad?

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Hasta que el artículo cayó en mis manos, no había leído hasta ahora reflexiones realmente esclarecedoras sobre las amenazas y debilidades del sistema, exceptuando el libro El Cuarto Pilar, de Joaquín Santos Martí, al que le debo una lectura reposada este verano ya que lo he leído a salto de mata por cuestiones académicas.

El artículo de Aguilar no solo señala la indefinición de los servicios sociales como uno de los riesgos del sistema, sino que analiza en profundidad las debilidades y amenazas actuales, que parten, según el autor, de etapas anteriores a la crisis financiera de 2008.
"Nuestra clave interpretativa es que el modelo de servicios sociales desarrollado desde la Transición ha supuesto una notable modernización del sector en términos de profesionalización y de renovación de lenguajes, así como una expansión de la oferta de servicios, pero lo ha hecho sin resolver algunos de los problemas importantes que arrastraba el régimen de la beneficencia pública"
A juicio del autor, son tres las grandes dificultades que presenta el sistema público de servicios sociales en España:

  • La (in)definición del objeto de su acción.
  • La relación entre servicios y ciudadanos.
  • La asignación de profesionales y la organización territorial.

No quiero extenderme explicando estas tres cuestiones, sobre todo para animarte a que leas el artículo, que es de lo que se trata. Me limitaré a señalar, que, con respecto a la indefinición de los servicios sociales, el autor afirma que los servicios sociales nacen con una fuerte ambigüedad en su definición derivada de la tensión entre el discurso teórico de la universalidad y la fuerte impronta de la beneficencia pública franquista en la práctica.

Por otra parte, la relación entre los servicios y los ciudadanos está marcada por por la discrecionalidad, tanto en lo referente a los procedimientos de tramitación de prestaciones como a la hora de planificar servicios, lo que genera una grave indefensión legal y administrativa de la ciudadanía.

Por último, la organización territorial es un verdadero desbarajuste; como imaginarás, no lo dice el autor, esto es de mi cosecha para abreviar.

Aguilar, tras hacer un análisis de las deficiencias del sistema, ofrece algunas propuestas, a mi juicio muy certeras, dirigidas a redefinir y reconstruir nuestro sistema público de servicios sociales:

  • Redefinición del objeto de los servicios sociales: Esto me gusta especialmente. El autor aboga por una definición de los servicios sociales "abandonando la lógica de ocuparse de determinados grupos" y en la línea de abordar las necesidades de la población. Dice Aguilar:
"Si queda claro que dar de comer al hambriento no es tarea de los servicios sociales, sino del sistema de garantía de rentas ¿cuál es la función propia de los servicios sociales? (...): ofrecer cuidados personales a las personas que no pueden desarrollar sin ayuda de terceros las actividades de la vida diaria, protección y sustitución de la tutela de las personas no plenamente capaces y el acompañamiento del desarrollo personal y la integración comunitaria".
  • Garantía de rentas: Al hilo de lo anterior, el autor apuesta por un modelo reformado de protección no contributiva contra la insuficiencia de recursos básicos, un sistema de garantía de rentas. En román paladino: renta básica.
  • Reorganización territorial: "Único pagador, único responsable". Según Aguilar, los ciudadanos deberíamos saber quien tiene las responsabilidad y la obligación de la prestación del servicio puesto que "las responsabilidades diluídas son demasiado fáciles de eludir". Esto no ocurre en sanidad o en educación ¡mmm, menuda cuestión...!

Hasta aquí mi resumen del artículo. Me propongo, a partir de las reflexiones aquí expuestas, escribir una entrada reflexionando sobre cada una de las propuestas de Aguilar; no pretendo encontrar la piedra filosofal, no podría ni sabría. Solo soy una más entre otros, sentados al fuego, avivando la hoguera mientras nos conjuramos contra la llegada de una tormenta en forma de reforma local y privatizaciones que nos eche a perder la moraga.

 "Rolling in the deep" de Adele
(¡Con auriculares ya es que es lo más!)

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