viernes, 6 de junio de 2014

María y las multinacionales en servicios sociales

Ayer leí una entrada en el blog de Joaquín Santos, titulada Un baño de realidad en materia de dependencia. Al terminar me entró tal cabreo (para qué andarme con eufemismos) que decidí escribir hoy sobre lo que Aurelia Jerez, a través de Joaquín, relata; aunque te la resuma, te recomiendo que la leas, ya sabes que al pulsar sobre el título te lleva en un abrir y cerrar de bits.

María es una mujer con una enfermedad degenerativa que le ha causado una dependencia grave (grado III, supongo) por lo que recibe el servicio de ayuda a domicilio para su aseo personal, ya que ni siquiera algo tan íntimo puede hacer por sí sola. Tras varios años con una auxiliar de ayuda a domicilio con la que había creado un fuerte vínculo, la empresa le cambia la auxiliar porque deben rotar para no encariñarse con los usuarios. Ese criterio de la empresa ha provocado un daño psicológico a María difícil de describir (como te decía, es mejor que lo leas directamente)

 Fuente: http://www.crececontigo.gob.cl/adultos/nadie-es-perfecto/padres-madres-cuidadores/
Si no conoces la gestión de la Ayuda a Domicilio, la Ley de Dependencia lo contempla como un servicio del catálogo. Lo prestan las corporaciones locales normalmente a través de gestión indirecta, es decir, lo sacan a contrato y ¡sorpresa! casi siempre se lo llevan empresas como CLECE, ASER, EULEN, etc. multinacionales que lo mismo te pasean una carretera que te asfaltan una anciana. Ya se sabe, el negocio del ladrillo se acabó y ahora lo que toca es sacarle el jugo a lo público, no estoy descubriendo América.

Es importante para el tema que nos ocupa subrayar el hecho de que, aunque la gestión del servicio de ayuda a domicilio sea indirecta, la titularidad y por tanto la responsabilidad son públicas, razón por la que la empresa debería cumplir las condiciones del pliego de contratación que la administración le impone; el correlato en el nivel operativo es que los responsables del servicio de ayuda a domicilio somos (todavía) los trabajadores sociales de los servicios sociales comunitarios de las corporaciones locales, al menos en Andalucía.

Dicho esto, analicemos la desastrosa intervención perpetrada con María. En primer lugar ¿qué coño es eso de que las auxiliares no pueden encariñarse con los ciudadanos que atienden? ¿tiene algún sentido cargarse uno de los elementos más importantes de la relación de ayuda como es el vínculo? Rotundamente, no. Mejor dicho: sí y solo sí, si ese vínculo deriva en alianzas que pervierten la relación profesional: personas que prestan dinero a auxiliares, auxiliares que se ausentan del trabajo con la connivencia de la persona atendida, que realizan servicios ajenos a lo prescrito, etc. Creo que con estos ejemplos te haces una idea.

Pero es que voy más lejos: sospecho que detrás de la rotación anticariño que la empresa plantea, se esconde la intención de no hacer fijas a las trabajadoras (es que lo otro me parece una excusa, la verdad) trabajadoras que, de entrada, tienen unas condiciones laborales que ninguna administración pública debería tolerar, lo tiene fácil: condicionarlo en sus pliegos. Me da igual que se trate de gestión indirecta. Las auxiliares realizan un servicio público, muy sensible, por cierto.

No me sirve que la administración se limite a exigir a la empresa que cumpla con el servicio por el que ha sido contratada. En ningún area de la administración, y menos en servicios sociales se puede obviar la exigencia de estándares de calidad; uno de ellos es, en mi opinión, la profesionalización de las auxiliares y ciertas condiciones laborales, una de ellas, la estabilidad.

Dejemos por ahora a la empresa y hablemos de los servicios sociales ¿qué papel han jugado en este caso? No acierto a comprender cómo la persona responsable del servicio ha permitido esto, es que no lo entiendo. No pretendo tirarme el rollo pero en el municipio donde trabajo (no ya en la Unidad de Trabajo Social que yo gestiono) esto no hubiese pasado jamás. Ninguno de los trabajadores sociales lo hubiésemos permitido.

No hubiese ocurrido, además, por varias razones: la coordinadora de la empresa es también trabajadora social porque el pliego de condiciones de Diputación de Almería así lo establece. Hablamos el mismo idioma. Por otra parte, al prescribir cada caso contactamos: yo intento que todas las auxiliares tengan la jornada laboral completa, encajando los horarios sin menoscabar los derechos de la ciudadanía a recibir el servicio en un horario adecuado a sus necesidades y ella suele escuchar mis indicaciones en cuanto al perfil de auxiliar a designar según mi criterio profesional (no el de la familia), por ejemplo, si se trata de una persona con trastorno mental, tratar de enviar a alguien con formación o experiencia sobre la problemática en cuestión. También cualquier cambio de auxiliar es comunicado por la empresa, previamente ¡Que somos sus clientes, coñe!¡Un poquito de exigencia y de narices, hombre!

El caso es que aquí se ha vulnerado un principio clásico en medicina y en terapia familiar: Primun, non nocere (primero, no hacer daño). Se ha hecho daño, y mucho, a María. La empresa (no me extraña) y los servicios sociales (me escandaliza) han actuado con una mala praxis indigna. No había ningún motivo para romper la relación que había forjado con su auxiliar, no había razón para dañarla ¿o quizás sí?  

¿Cuantas Marías necesitamos para darnos cuenta de que la iniciativa privada no tiene ninguna cabida en la prestación de servicios sociales?

Creo que no he captado bien el rollo del Welfare Mix que tan de moda está últimamente. Debe ser eso o cosas de mi rojez. Me lo tendré que estudiar este verano a ver si de una vez consigo masticar, tragar y digerir el rumbo al que se dirigen los servicios sociales.

Esta es mi última entrada de la temporada. Me retiro a leer, aprender, observar... para poder seguir escribiendo, es la gasolina que cualquier bloguero necesita. Volveré en agosto, soy así de exótica.
Me despido dándote las gracias infinitas por leer las reflexiones de esta simple trabajadora social todas las semanas y, sobre todo, te pido que a mi vuelta sigas por aquí.

Hasta pronto.

Entrada dedicada a Aurelia Jerez Medina por relatar esta historia y a Luisa Rodríguez Sánchez, trabajadora social y coordinadora del servicio de ayuda a domicilio de CLECE, por su profesionalidad y su afán de mejora y entendimiento mutuo.


Buscaba una canción que destilase cuidado, fragilidad y complejidad 
dentro de la sencillez, que es como entiendo la relación de ayuda 
y creo que Alessio Arena pone música a lo que siento
"El mar sobre Barcelona"