viernes, 19 de septiembre de 2014

Agresiones a funcionarios


Esta semana, yendo al trabajo, escuché en la Cadena SER la noticia de que el Gobierno reforzará las medidas de seguridad en las administraciones ante las agresiones a funcionarios. Yo soy funcionaria, bueno, realmente soy personal laboral, pero este matiz, tan importante para mí, no tiene ninguna relevancia para el tema que nos ocupa, así que a ojos de la ciudadanía soy funcionaria.

Trabajo además en servicios sociales comunitarios (o de atención primaria). Un lugar donde atendemos a gente con problemas, que responde, más o menos, a uno de estos perfiles: el primero, personas que buscan desesperadamente un cabo al que sujetarse tras la expulsión del sistema gracias a la crisis económica, el segundo, personas que toda su vida han acudido intermitentemente a bregar con las asistentas sociales y no saben hacer otra cosa (ni nadie les ha enseñado) y el tercero, gente que tiene problemas familiares con ascendientes o descendientes y busca asesoramiento o recursos para mejorar la convivencia familiar. Como se puede observar, en los tres casos la demanda viene acompañada de un amasijo emocional importante.

Que el trabajo en servicios sociales es ansiógeno, no es ninguna novedad. Que la crisis económica ha empeorado ostensiblemente los ánimos, tampoco. Venir a trabajar es más duro en 2014 que en 2007. Yo he llegado a experimentar la necesidad de ser agredida tras un mes de amenazas por parte de un ciudadano enfadado. Llegué a pensar: la próxima vez que me diga que me va a pegar, le voy a contestar que lo haga de una vez y acabamos por fin en el juzgado. También me han dicho que me vaya a recoger pimientos o directamente a la mierda, en fin, de todo.

Por todo ello, se supone que la noticia de que el Gobierno va a tomar cartas en el asunto me debería alegrar: es muy desagradable venir a trabajar con miedo. Es muy desagradable que la gente te grite, te amenace, te insulte o te ningunee. Hay veces en que sientes que la agresión es normal. Con todo, al escuchar la noticia no me alegré. Me entristecí mucho.

Me entristece desempeñar un trabajo vocacional con miedo, me entristece que la salida que la ciudadanía encuentre a su frustración sea la agresividad, me entristece no ser capaz de trasmitir que yo también siento rabia por la situación de emergencia social a la que este gobierno nos ha abocado y me entristece percibir que entre los funcionarios y los ciudadanos existe un nosotros y ellos.

Entiendo la frustración de la gente. Y su agresividad. No sé si es Síndrome de Estocolmo, empatía o qué, pero la verdad es que yo a veces también me siento agresiva, incluso violenta. Nosotros somos el muro de contención de la gente más vulnerable. Encajamos como podemos la desesperación de quienes no tienen nada, mientras Rajoy recorta, recorta y recorta y lo anuncia en ruedas de prensa desde una tele de plasma, Esperanza Aguirre huye de la policía y después se queda tan ancha, unos conducen borrachos, otras se autoconceden becas de guardería o enchufan al marido en empresas pagadas por la Junta de Andalucía.

Así las cosas, no me alegra que el gobierno impulse medidas contra las agresiones a los funcionarios, entre otras cosas porque dudo que sirvan para algo, al menos en servicios sociales. Me alegraré, y mucho, el día en que Rajoy levante el pie del cuello de la clase trabajadora, el día que la gente no necesite gritar para recibir migajas, y, sobre todo, el día en que los derechos de las personas estén por delante del puñetero déficit. Y si, además, quienes modificaron el Art. 135 de la Constitución piden perdón al país ¡ni te cuento!

4 comentarios:

  1. Realidad con transparencia, frescura y con "ovarios" (un par)!!
    Totalmente deacuerdo contigo....
    Saludos

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    1. Para sustos, los vuestros...Gracias por comentar!

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  2. ¡Qué bien escribes, muchacha! Me ha encantado la frase: "me entristece percibir que entre los funcionarios y los ciudadanos existe un nosotros y ellos". No sabía sobre estas nuevas medidas y me intriga saber cuál será la repercusión en los Servicios Sociales.

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    1. ¡Muchas gracias por tus amables palabras! Dudo mucho que esta norma se aplique a funcionarios en general, imagino que solo afectará al final a los del estado, en fin, habrá que seguir aguantando mecha ¡gracias por comentar!

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