jueves, 11 de septiembre de 2014

Movilizar pinos, plantar ancianas y otras hierbas

El debate social y político está aquejado de "tertulianismo", un síntoma de la simpleza con la que abordamos los asuntos ya que resulta imposible que esa gente sepa de todo lo que está hablando. Podrá opinar, no lo dudo, pero no se puede opinar de todo. No hay tiempo para prepararlo y menos en un formato en el que no se permite profundizar en los asuntos, sólo se permite abordarlos superficialísimamente.

Santos, J. (10/09/14) Crítica, espíritu crítico y estereotipos [Mensaje en su blog]

Esta no es otra entrada sobre Renta Básica, aunque la Renta Básica es un tema que me interesa bastante. Es más, intento leer todo aquello que me encuentro por la red sobre el particular, más aún si proviene de fuentes autorizadas. Hace unas semanas apareció un artículo del economista Eduardo Garzón (hermano del también economista y político Alberto Garzón) con el título Siete argumentos contra la Renta Básica Universal y a favor del Trabajo Garantizado, y, como de costumbre, me puse a leerlo con detenimiento. El artículo realiza una defensa del trabajo garantizado frente a la renta básica. El trabajo garantizado viene a ser la oferta de empleo en programas de interés social financiados por el estado, eso sí, con algunas particularidades (es mejor leer el artículo si se quiere profundizar en el concepto)

La lectura me suscitó dos sensaciones: en primer lugar, cierta perplejidad porque me pareció que el artículo, aunque interesante, cojeaba en algunos aspectos. De cualquier modo, mi ignorancia sobre economía me llevó a concluir que no lo había entendido bien. Posteriormente apareció otro artículo de Daniel Raventós, Jordi Arcarons y Lluís Torrens, que venía a desmontar parte de lo escrito por Garzón, con el título ¿Siete argumentos en contra de la Renta Básica? No exactamente.

Como respuesta al artículo de Raventós y Cía, Garzón publicó una contrarréplica que no he leído, ya que el asunto ha derivado en un Sálvame Deluxe académico, y no tengo yo nivel ni ganas de ponerme a desentrañar puyas entre economistas ¡pobre de mí, trabajadora social que a duras penas distingue a Keynes de Friedman!

A mí, como decía al principio, no me interesa en esta entrada disertar sobre Renta Básica. Lo que realmente me interesa es destapar los errores que, en mi opinión, Eduardo Garzón comete al incluir ciertas tareas dentro de lo que él entiende como trabajo garantizado y, por otra parte, señalar lo acomplejadas que estamos las mujeres, aunque tengamos estudios, máxime si ejercemos profesiones feminizadas. Ambas cosas guardan una relación que paso a explicar.

Antes decía que la lectura del artículo me generó sensaciones. La primera, cierta perplejidad. La otra sensación que me quedó al leerlo es de frustración. El autor incluye alegremente el servicio de ayuda a domicilio (no con estos términos) en el catálogo de trabajos garantizados, lo que indica que no tiene ni idea de las funciones que desempeñan las auxiliares de ayuda a domicilio. Garzón, como muchos hombres con estudios, sobre todo si se trata de estudios serios como económicas, medicina, ingenierías variadas, etc. se lanza a la piscina de la opinión general sin ningún tipo de complejos.

Si eres un hombre con estudios serios y te ha molestado mi sutil apreciación, te prevengo: puede que estés en el grupo de saltadores de trampolín ¡Hombre omni opinador, la culpa no es tuya! Al menos toda la culpa. Esta sociedad nos empuja a formarnos una opinión sólida sobre un tema cada media hora (los hombres os sentís aún más presionados), no te digo si se convierte en trending topic. Aunque anecdótico, me maravilla esa costumbre-obligación de dar el pésame en las redes sociales cuando se muere algún famoso. Que digo yo, un poner, que a la familia de Di Stefano le importará un carajo que Pepe López de Villabotijos de Abajo ponga en twitter "Nos ha dejado D.Alfredo. D.E.P."

Al margen del virus de la infoxicación, gran parte de la culpa es nuestra. De las mujeres, digo. Somos idiotas por autocensurarnos diariamente. No somos capaces de debatir en igualdad. Así de claro ¿o es que no hemos vivido situaciones en las que un hombre dice una pulmonía y mujeres mucho más inteligentes que él se callan y asienten? Yo misma, siendo menos inteligente que Garzón (que Eduardo, que Alberto ni te cuento), debería haber contestado a su artículo, aclarándole unas cuantas cosas sobre el trabajo de las auxiliares de ayuda a domicilio que él desconoce porque no es trabajador social y yo, en cambio, conozco muy bien porque sí lo soy.

Pero no fui capaz y me sentí frustrada por no ser capaz. El artículo de Joaquín Santos, con su referencia al tertulianismo, me ha retrotraído al de Eduardo Garzón, así que, aunque tarde, he decidido matizar algunas de las consideraciones de Garzón en relación con los empleos en el sector social, y es que, como bien señala Joaquín Santos, no se puede opinar de todo aunque el opinador sea doctoris causa (que es como llamaba el abuelo de mi cuñado a la gente con toga)

Veamos alguna de sus argumentaciones apoyando lo que él denomina Trabajo Garantizado:

(...) Si bien es cierto que hoy día en nuestras sociedades hay muchísimas personas que no están trabajando y nuestro deber como sociedad es evitar que por culpa de ello pasen penurias, también es cierto que hay mucho trabajo por hacer en nuestras comunidades. No tiene sentido que mantengamos inactivas a personas que pueden y desean trabajar mientras las necesidades de nuestros conciudadanos no estén cubiertas. En la actualidad necesitamos que cuiden de nuestros mayores, de nuestros hijos y de nuestros enfermos, que aumenten los servicios de ocio y cultura, que se cuiden las infraestructuras, pavimento y fachadas de muchos barrios de nuestras ciudades, que se reforesten enormes extensiones de terreno, que se cuide la fauna y la flora de nuestro entorno, que aumenten y mejoren los servicios sanitarios, que se defienda a los grupos discriminados y a los más vulnerables, etc…

(...)

El Estado podría financiar y planificar este TG a través de programas concretos, aunque en última instancia podrían ser las organizaciones no gubernamentales, las cooperativas o cualquier otro tipo de organización las que gestionaran las actividades en cuestión debido a que son las que tienen experiencia sobre el terreno.

(...)

En épocas de boom económico aparecerán en el sector privado muchos puestos de trabajo mejor pagados que los ofrecidos por el TG, de forma que muchos trabajadores del TG se trasladarían al sector privado. De esta forma se estaría introduciendo mucho menos dinero “extra” en los bolsillos de los ciudadanos, y por lo tanto no se estaría calentando tanto la economía. En épocas de recesión ocurriría lo contrario: muchos trabajadores despedidos en el sector privado pasarían a trabajar en los programas de TG, logrando que no se enfriase tanto la economía y evitando así la amenaza de la deflación (caída generalizada de los precios)

(...)

Los conocimientos y habilidades adquiridas por el trabajador del TG lo preparan para encontrar trabajo en el sector privado o para iniciar sus propios proyectos en un futuro.

Las personas que nos dedicamos a lo social, especialmente trabajadoras sociales, llevamos muchísimo tiempo luchando para que el servicio de ayuda a domicilio (lo que Garzón denomina cuidado de personas mayores o enfermas) se considere empleo cualificado, estable, de calidad y, a ser posible, público; empleo, por otra parte, cuyo desempeño exige ahora titulación y en aquellos casos de trabajadoras antiguas que no tenían formación, se les obliga a que pasen por un proceso de acreditación de competencias (al menos en la administración donde yo trabajo)

Y se exigen esos requisitos porque el trabajo como auxiliar de ayuda a domicilio incluye un complejo catálogo de competencias, habilidades y destrezas tales como movilizacion de personas en situación de gran dependencia que están encamadas, cambios posturales, preparación de alimentos a personas con patologías específicas, supervisión de la toma de medicación, acompañamiento y gestión de conflictos con personas con trastorno mental; tareas educativas como mejora de hábitos higiénicos en personas que padecen trastornos tipo diógenes, apoyo a la alimentación adecuada, administración económica... en familias desestructuradas y un largo etcétera que sobrepasa el "cuidado" que una persona no cualificada pueda realizar.

Además, se trata de que estas personas, en su inmensa mayoría mujeres, disfruten de cierta estabilidad laboral (sería horroroso que se nos marchasen al sector privado una vez formadas); su derecho como trabajadoras es, además, la forma de crear vínculos con las familias que atienden y la única manera de que desde servicios sociales podamos crear equipo para conseguir que desempeñen su labor de acuerdo con los objetivos de la intervención y con la calidad que la atención a personas vulnerables requiere. La exigencia ética es otro aspecto que consideramos fundamental y solo después de mucho trabajo con las auxiliares conseguimos alcanzar resultados.

Cada vez que algún ayuntamiento nos ha pedido crear una "bolsa de mujeres" para "limpiar a los abuelos y en las casas" (se les ocurre de vez en cuando) y que las mujeres del pueblo "roten", a los profesionales de los servicios sociales se nos ha puesto el vello erizado, por lo que hemos tenido que dedicar mucho esfuerzo en explicar a los responsables políticos de los ayuntamientos que el servicio de ayuda a domicilio no puede ser un P.E.R. (plan de empleo rural). No es comparable plantar pinos o pavimentar calles con atender a personas, máxime si se encuentran en situación de vulnerabilidad. No lo es y, por tanto, esta labor no puede entrar en el saco del trabajo garantizado, tal y como Garzón lo plantea. Voy más allá, es infinitamente más complejo desempeñar un trabajo como auxiliar de ayuda a domicilio que uno como peón agrícola, por lo que el trabajo como auxiliar debería estar mucho mejor remunerado, aunque se trate de empleo feminizado ¡Machistas del mundo, si os pica, rascaros!

Si todo lo dicho hasta ahora no ha servido para ofrecer una idea aproximada del valor del trabajo que realizan las auxiliares de ayuda a domicilio, recomiendo la lectura de Un baño de realidad en materia de dependencia (también del blog de Joaquín Santos). El testimonio de María es el mejor argumento para economistas poco informados como Garzón, que sabrá muchismo de economía, pero de servicios sociales no tiene ni idea.

11 comentarios:

  1. Chapò (o chapeau, como sea :P ). Es más, la gente de tu ayuntamiento sigue manteniendo esa feminización de la ayuda a domicilio cuando dice "vamos a crear una bolsa para mujeres". Siempre cuento el caso de mis tiempos de mal estudiante, cuando el bachiller me iba de culo y no sabía si entraría en trabajo social...precisamente en 2006, recién estrenada la ley de AUTONOMÍA PERSONAL (que no DEPENDENCIA).

    Yo, con mis 19 añitos que tendría, fui a mi ayuntamiento a informarme de unos cursos de auxiliar de ayuda a domicilio, y mi sorpresa fue que una señora de la delegación de igualdad me dijo no con cara de buenos amigos: "en el curso no se aceptan hombres jóvenes; sólo hay plazas para dos, y tienen que ser mayores de 45 años".

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    1. Es que los hombres "no sirven para ir a las casas", que dice un usuario mío... ;-)

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  2. Es peligroso hablar sin conocer un tema. Pero si además vas de "moderno", "progresista", "avanzado" y demás, terminas por hacer muchísimo daño a un sector maltratado ya de por sí...
    Fantástico artículo, Belén, me ha encantado!

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    1. ¡Muchas gracias por comentar y compartir, David!

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  3. A menudo nos encontramos "opinadores" que saben mucho de economía, política, derecho... "pero de servicios sociales no tiene ni idea."Tu lo has dicho, Belén. Y ahora, me vas a perdonar, pero creo que si no se sabe más de servicios sociales en general y de trabajo social en particular, es por la falta de "replicadores”: …/… debería haber contestado a su artículo, aclarándole unas cuantas cosas sobre el trabajo de las auxiliares de ayuda a domicilio que él desconoce porque no es trabajador social y yo, en cambio, conozco muy bien porque sí lo soy.
    Es verdad que alzáis la voz, y se de profesionales que lo hacen constantemente, pero en mi opinión no se escuchan mas allá de los foros propios y amigos.
    No me mates, lo veo así.

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    1. ¡Cómo iba a matarte! Tienes más razón que un santo. Las trabajadoras sociales no tenemos afán de opinar, es rarísimo encontrarte una columna en un periódico local escrito por una trabajadora social. Estoy muy de acuerdo con tu crítica.

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  4. Como dicen por ahí... ZAS EN TODA LA BOCA!!! Una explicación fácil, sencilla y para toda la familia. Para que así se entere hasta el mismísimo Garzón aunque no tenga ni idea.

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    1. Esa es la idea, que se enteren...gracias por comentar.

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  7. Te recuerdo.
    Mi abuelo decía "una campina" refiriéndose a la beca que se pone sobre la toga. Esa que es de colores en función de la licenciatura, la mía celeste claro. Somos estudios serios

    En tu época lxs graduadxs sólo os permitían hacerse la foto solo la toga esa negra, sin capina de color -he visto a tu madre echando cucal a tu orla- eso por ser "estudios cachondos"

    Me ha gustado mucho que te acuerdes de lo de acreditar competencias, la formación asociada a planes de empleo debe esforzarse en certificarlas.

    Sabes que te sigo de cerca, no obstante "mantenme al margen"
    Un abrazo
    Quique

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