sábado, 25 de octubre de 2014

Yo no juego al golf


A estas alturas imagino que todo el mundo habrá visto la famosa foto de la valla de Melilla en la que aparecen personas inmigrantes encaramadas para saltar, mientras otras, que han tenido la suerte de nacer a este lado de esa valla, juegan al golf. Si no es el caso, enlazo la noticia aquí. Una foto, la de la valla, que ejemplifica a la perfección el sistema del que nos hemos dotado los seres humanos de occidente para convivir, un sistema llamado capitalismo.

La foto produce rabia, repulsión, dolor, indignación...en fin, un largo etcétera de calificativos sobre los que no me quiero extender. Tampoco pretendo expresar mi rabia porque estoy segura de que no será muy distinta de quien me esté leyendo en estos momentos. Mi pretensión en la entrada de hoy es comentar una reflexión que me ronda al hilo de la foto. Antes, un detalle sin importancia: el campo de golf es público. Su construcción costó la friolera de dos millones de euros, financiados por la Unión Europea ¡para corregir desequilibrios territoriales! Minucias.

Estos días leo en los periódicos, en facebook, en twitter, etc. comentarios sobre la foto en la línea de que todos deberíamos sentirnos avergonzados. Pues yo digo que no. Yo no me siento avergonzada por esa foto. Para sentir vergüenza primero debería tener conciencia de culpa. Y no la tengo. En mi vida he votado al PP. No creo en el bipartidismo. No he especulado con la construcción. No he recibido sobornos. No he chantajeado a nadie. No he vivido por encima de mis posibilidades. No me he vendido al mejor postor para obtener trato de favor alguno.

No he tratado con desprecio a ninguna persona extranjera, al menos de forma consciente. No creo en las fronteras. Vivo en un municipio con graves problemas relacionados con la inmigración y no escondo mis opiniones. Conozco a muchas personas de otros países, aunque me gustaría conocer a más y conocerlas mejor. Opino que la inmigración enriquece los pueblos y me asquea el racismo y la xenofobia. Odio reconocer que hay personas racistas en mi pueblo y me rebelo ante lo injusto, por eso, modestamente, trato de hacer a través de mi profesión, de la militancia política y de mi vida un lugar mejor.

Hay mucha gente que no debería sentirse avergonzada por la foto. Gente de bien ¡pero de bien de verdad! no esa gente de bien de la que tanto habla Rajoy, la llamada mayoría silenciosa (que espero demuestren en las próximas elecciones que ni son mayoría ni son silenciosa). Porque la gente de bien no permite atrocidades con su silencio cómplice, la gente de bien se levanta ante la injusticia. Y de esa gente de bien yo conozco a mucha. Gente que no tiene la culpa de esta cadena de barbaridades y sinvergonzonerías que llevamos soportando desde la modélica Transición, gente que se levanta todos los días a dar lo mejor de sí mismas como personas, gente, con conciencia política o no, que trata de pasar por esta vida haciendo de la sociedad un lugar mejor del que se encontró y gente que te tiende la mano cuando te caes.

Toda esa gente de bien no ha montado este sistema, pero el sistema lo ha previsto todo para que las ruedas del engranaje sigan girando. En cuanto comiencen a chirriar, baste lubricarlas con algunos mensajes: hemos vivido por encima de nuestras posibilidades, hemos callado y hemos consentido la corrupción, trabajamos y cobramos el paro, defraudamos a hacienda, nos hemos embarcado en grandes hipotecas y así, suma y sigue. El caso es culpar a la ciudadanía mientras ellos se reparten los pingües beneficios de una economía podrida por la corrupción que ellos mismos han generado. Hasta ahora parece que les está saliendo bien la estrategia.

 Aún así, yo insisto en que no. Yo seguiré diciendo a quien quiera escucharme que todo eso es, simple y llanamente, mentira. Toda esa gente de bien (de verdad) de la que he hablado no tiene la culpa de que haya inmigrantes arriesgando la vida en una valla. Toda esa gente no debería sentir vergüenza por la foto. Yo no la siento. Siento muchas cosas, pero vergüenza no. Yo no he creado este sistema, ni apoyo en modo alguno a sinvergüenzas, sea de la clase que sean. Yo no recojo sobres. Yo no tengo tarjetas black. Yo no como en restaurantes de cinco tenedores. Yo no juego al golf.

viernes, 17 de octubre de 2014

Diccionarios de Trabajo Social

Me gustan mucho los diccionarios. Desde niña suelo usarlos. Me aficioné porque me daba mucha rabia que apareciese una palabra en la tele o en un libro o en una revista y no saber lo que significaba. Aunque, ahora que lo pienso, quizá también tuvo que ver aquel maestro mío de sociales en 6º de EGB que llamaba a los diccionarios espabilaburros, o quizá aquella monja, profesora de latín, que había forrado todos los diccionarios de la clase (de latín, claro) con tela; unos forros que ella misma había cosido y que quitaba de vez en cuando para lavarlos, así los mantenía en perfecto estado a pesar de las numerosas manos adolescentes por las que los sufridos diccionarios Larousse pasaban...

En fin, maestras y maestros como la copa de un pino que han contribuido con su oficio entregado a hacer de aquellos niños y niñas adultos mejores de lo que cabría esperar ¡Qué cosas! Cada vez que rememoro mi infancia suelo irme por las ramas, debe ser que entro en una edad, digamos, respetable.

Hoy quiero mostrar los diccionarios que se han publicado en español sobre Trabajo Social. Antes de enumerar los existentes, es interesante recordar que la Real Academia tiene una versión online del Diccionario de la Lengua Española en su página web, así que no es necesario adquirir la edición en papel si nuestra economía es ajustada; yo suelo tener abierta la página cuando escribo en el blog y me es de gran ayuda.

Entrando en materia, imagino que la mayoría de profesionales conoceréis el Diccionario de Trabajo Social, de Ezequiel Ander Egg. Fue el primero en aparecer y en su momento resultó de gran utilidad, aunque los años no pasan en balde y es lógico que haya quedado desfasado.


Hace poco se han publicado varios diccionarios de Trabajo Social en español que han venido para llenar el vacío existente, concretamente se trata de tres. Aunque en la foto aparezcan cuatro, son tres, lo que ocurre es que el Colegio de Málaga ha realizado una segunda edición del suyo.


No voy a realizar un análisis pormenorizado de cada uno de los diccionarios ya que hay un artículo del profesor Pablo de la Rosa Gimeno dedicado precisamente a esto. Está muy bien explicado y documentado, así que animo a su lectura. Eso sí, no incluye el Diccionario internacional de Trabajo Social y Servicios Sociales. Por mi parte, opino que el número de voces que abarca este diccionario es limitado, supongo que es así porque se trata de un diccionario internacional.

Estos son los diccionarios actuales sobre Trabajo Social en español. Si hay alguno que se me haya olvidado incluir, por favor, hacédmelo saber. Por si alguien se decide a adquirir alguno (cosa que recomiendo) las referencias bibliográficas son las siguientes:

  • Ander Egg, E. (1987). Diccionario del Trabajo Social (11a ed., Vol. 25). Argentina: Humanitas.
  • Arredondo, R., Cosano, F., Gutiérrez, A. M., Morales, M., Ortiz, I., Rivas, M. (2010). Diccionario Práctico Trabajo Social. Málaga: Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social de Málaga.
  • Arredondo, R., Cosano, F., Gutiérrez, A. M., Morales, M., Ortiz, I., Rivas, M. (2013). Diccionario Práctico Trabajo Social (segunda edición). Málaga: Colegio Oficial de Diplomados en Trabajo Social de Málaga.
  • De Lucas, F., & Arias, A. (2010). Diccionario internacional de Trabajo Social y Servicios Sociales (Primera.). Buenos Aires: Miño y Dávila Editores.
  • García, T., de Lorenzo, R., & Vázquez, O. (Eds.). (2012). Diccionario de Trabajo Social. Madrid: Alianza Editorial.


Una de las alegrías que proporciona este blog es ponerles cara a personas que lo siguen. Esta semana he tenido el placer de conocer a dos: he conversado telefónicamente con Nieves García, de Zaragoza y he conocido, por razones de trabajo, a Esther, de Almería. A ellas va dedicada esta entrada, que espero haya sido de vuestro interés, y tambien esta canción de un joven cantautor, Pedro Pastor.

 Pedro Pastor
Ayer también fue hoy

jueves, 9 de octubre de 2014

Cabeza de perro

La irresponsabilidad e incompetencia del Partido Popular al frente del gobierno de este país ha alcanzado cotas difícilmente superables, y todo ello gracias la gestión del traslado de los dos religiosos españoles en África enfermos de ébola y el posterior contagio de la auxiliar de enfermería, Teresa Romero Ramos.

Para comenzar, los enfermos nunca debieron trasladarse a España. No hay más que darse una vuelta por internet para leer la opinión de numerosos expertos que así lo aconsejaron, pero tratándose de religiosos todo esfuerzo es poco aunque suponga un riesgo sanitario para un país entero, por no hablar del coste económico: 500.000 euros por el primer religioso, coste que sufragó íntegramente el estado ya que se trataba de una cuestión de puro sentido común, tal y como manifestó el propio Rajoy.

Comparto el argumento de que si se trata de vidas humanas el dinero no debería ser un condicionante, por eso mismo me resulta tan difícil aceptar que el gobierno asumiese los gastos de repatriación de estos religiosos y, en cambio, se haya negado a financiar la totalidad de los gastos de evacuación del espeleólogo Cecilio López-Tercero, que quedó atrapado en Perú y cuyos gastos de salvamento han costado la mitad del coste del traslado del primer religioso, es decir, 250.000 euros obtenidos a través de donaciones y solidaridad popular. Quizá si además de espeleólogo fuese sacerdote habría conseguido que el gobierno lo rescatase por puro sentido común.

El caso es que los dos religiosos fueron trasladados para morir en España (lo demás son cuentos chinos), con un coste económico elevadísimo y, lo peor, un incalculable riesgo sanitario derivado del país de pandereta que somos; baste con analizar las medidas de seguridad que se adoptaron en el Hospital Carlos III: sanitarios cambiándose en plena calle, cursos de formación de 45 minutos, uso de trajes completamente inadecuados, aislamiento con sábanas y un largo etcétera de despropósitos que dan para montar la trama argumental de Torrente 6.

Es difícil señalar quien ha sido el peor ministro en este gobierno: Montoro, Cañete, Gallardón...la lista es larga y la lucha reñida, pero no hay duda de que Ana Mato ha subido el listón. Su carrera ha sido imparable: responsable directa de la demolición controlada de los servicios sociales, dejando la partida que los financia, el Plan Concertado, a cero euros, ¡cero! Abandono de un pilar básico de la protección social como es la Dependencia a la inanición financiera, grave retroceso de los derechos de las mujeres... La Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales se quedó corta concediéndole el Premio Corazón de Piedra.

Por si no fuese suficiente su incompetencia y crueldad manifiesta, Ana Mato es además una política corrupta, implicada de lleno en la trama Gürtel. No creo que sea necesario explicar asuntos tales como las andanzas de su ex marido, Jesús Sepúlveda, el Jaguar, las fiestas con confetti y otros despilfarros a costa de la putrefacción de la democracia y el sufrimiento de la gente.

Ahora ha aparecido una sanitaria contagiada por el Ébola (parece ser que no es la única) ¡ni aún así se plantea dimitir! Ni falta que le hace, no tiene más que seguir la línea argumental de su compañero de partido, el Consejero de Sanidad de Madrid, que en un ejercicio de sinvergonzonería sin precedentes, se atreve a culpar a la enferma del contagio. No he escuchado declaración alguna de boca de un político más cabrona hiriente en mis 42 años de vida.

Y continuando la cadena de despropósitos, la Comunidad de Madrid decide que hay que sacrificar a Excalibur, el perro de la sanitaria infectada. Su marido no está infectado (afortunadamente, sobre todo para su propia integridad física), el perro tampoco lo estaba, o al menos no había pruebas concluyentes que así lo determinasen, pero han tenido que sacrificarlo ¿es también de sentido común? Yo creo que no. El PP necesita una cabeza de turco y cualquiera vale. Aunque sea la de un perro.


viernes, 3 de octubre de 2014

Stop Rumores

Tengo que confesar que soy bastante escéptica con respecto al boom de la innovación que estamos viviendo de un tiempo a esta parte en el mundillo de la intervención social. Lo soy, en primer lugar, porque observo que muchas iniciativas sociales que lucen el marchamo de la innovación no significan, en la práctica, nada nuevo bajo el sol, y, en segundo lugar, porque muchas de esas iniciativas me parecen mucho ruido y pocas nueces.

Afortunadamente hay iniciativas en el ámbito de la intervención social, como la que traigo hoy al blog, que desmontan mi prejuicio; precisamente eso es lo que persigue Stop Rumores, de la Federación Andalucía Acoge. Se trata de la creación de una Agencia Antirumor, cuyo objetivo es combatir los rumores negativos e inciertos sobre la población inmigrante que dificultan la convivencia en la diversidad en nuestros entornos más cercanos. Con la financiación del Ministerio de Empleo y Seguridad Social y del Fondo Europeo para la Integración, Andalucía Acoge busca con este proyecto promover una ciudadanía activa formada e informada para combatir rumores.

¿Quién no ha escuchado alguna vez que los chinos no pagan impuestos?¿que a los marroquíes les dan pisos?¿que colapsan las urgencias hospitalarias? Seguro que más de una vez nos hemos visto envueltos en una conversación salpicada de algún que otro despropósito hacia la población inmigrante; sin ir más lejos, el otro día tuve que emplearme a fondo para convencer a mi madre de que las tiendas de chinos de mi pueblo no están exentas de pagar impuestos en el ayuntamiento ¡me costó lo mío! Pues resulta que, sin saberlo, estaba actuando como agente anti rumor, que es, según la agencia una figura llamada a adoptar una actitud activa para combatir rumores en tres dimensiones diferenciadas: la sensibilización a través del dialogo interpersonal, la sensibilización en su propio entorno y el trabajo en red.

Si hay un colectivo que tiene que soportar diariamente estos prejuicios es el colectivo de trabajadores sociales. No solo en el marco del desempeño profesional, donde se nos suele acusar de favorecer a la población extranjera, sino en la calle. En más de una ocasión, me he arrepentido de decir que soy trabajadora social ya que algunas personas poco informadas y cero sensibilizadas hacia la población inmigrante o gitana suelen aprovechar la cerveza o el café para denunciar este supuesto trato de favor, como ejemplo valga esta entrada del compañero José Ignacio Santás, en su blog Pasión por el Trabajo Social.

A pesar de lo tedioso que pueda resultar el ejercicio de desmontar un rumor, en mi opinión, los trabajadores sociales tenemos el deber ético de desmontar estos rumores dentro y fuera del trabajo, y para ello los consejos que da la agencia son muy útiles. Si además, quieres adherirte a la Agencia Anti Rumor, como yo, visita la página Stop Rumores y ahí encontrarás toda la información.

La iniciativa, como explicaba al principio de la entrada, es de la Federación Andalucía Acoge; los andaluces, ya se sabe: gente vaga, fiestera, subvencionada, mentirosa y mucho más... Rumores, rumores, rumores...

Raffaela Carrà
"Rumore"
(Madonna ¡no le llegas a Raffaela ni al tacón!)