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Cabeza de perro

La irresponsabilidad e incompetencia del Partido Popular al frente del gobierno de este país ha alcanzado cotas difícilmente superables, y todo ello gracias la gestión del traslado de los dos religiosos españoles en África enfermos de ébola y el posterior contagio de la auxiliar de enfermería, Teresa Romero Ramos.

Para comenzar, los enfermos nunca debieron trasladarse a España. No hay más que darse una vuelta por internet para leer la opinión de numerosos expertos que así lo aconsejaron, pero tratándose de religiosos todo esfuerzo es poco aunque suponga un riesgo sanitario para un país entero, por no hablar del coste económico: 500.000 euros por el primer religioso, coste que sufragó íntegramente el estado ya que se trataba de una cuestión de puro sentido común, tal y como manifestó el propio Rajoy.

Comparto el argumento de que si se trata de vidas humanas el dinero no debería ser un condicionante, por eso mismo me resulta tan difícil aceptar que el gobierno asumiese los gastos de repatriación de estos religiosos y, en cambio, se haya negado a financiar la totalidad de los gastos de evacuación del espeleólogo Cecilio López-Tercero, que quedó atrapado en Perú y cuyos gastos de salvamento han costado la mitad del coste del traslado del primer religioso, es decir, 250.000 euros obtenidos a través de donaciones y solidaridad popular. Quizá si además de espeleólogo fuese sacerdote habría conseguido que el gobierno lo rescatase por puro sentido común.

El caso es que los dos religiosos fueron trasladados para morir en España (lo demás son cuentos chinos), con un coste económico elevadísimo y, lo peor, un incalculable riesgo sanitario derivado del país de pandereta que somos; baste con analizar las medidas de seguridad que se adoptaron en el Hospital Carlos III: sanitarios cambiándose en plena calle, cursos de formación de 45 minutos, uso de trajes completamente inadecuados, aislamiento con sábanas y un largo etcétera de despropósitos que dan para montar la trama argumental de Torrente 6.

Es difícil señalar quien ha sido el peor ministro en este gobierno: Montoro, Cañete, Gallardón...la lista es larga y la lucha reñida, pero no hay duda de que Ana Mato ha subido el listón. Su carrera ha sido imparable: responsable directa de la demolición controlada de los servicios sociales, dejando la partida que los financia, el Plan Concertado, a cero euros, ¡cero! Abandono de un pilar básico de la protección social como es la Dependencia a la inanición financiera, grave retroceso de los derechos de las mujeres... La Asociación de Directoras y Gerentes de Servicios Sociales se quedó corta concediéndole el Premio Corazón de Piedra.

Por si no fuese suficiente su incompetencia y crueldad manifiesta, Ana Mato es además una política corrupta, implicada de lleno en la trama Gürtel. No creo que sea necesario explicar asuntos tales como las andanzas de su ex marido, Jesús Sepúlveda, el Jaguar, las fiestas con confetti y otros despilfarros a costa de la putrefacción de la democracia y el sufrimiento de la gente.

Ahora ha aparecido una sanitaria contagiada por el Ébola (parece ser que no es la única) ¡ni aún así se plantea dimitir! Ni falta que le hace, no tiene más que seguir la línea argumental de su compañero de partido, el Consejero de Sanidad de Madrid, que en un ejercicio de sinvergonzonería sin precedentes, se atreve a culpar a la enferma del contagio. No he escuchado declaración alguna de boca de un político más cabrona hiriente en mis 42 años de vida.

Y continuando la cadena de despropósitos, la Comunidad de Madrid decide que hay que sacrificar a Excalibur, el perro de la sanitaria infectada. Su marido no está infectado (afortunadamente, sobre todo para su propia integridad física), el perro tampoco lo estaba, o al menos no había pruebas concluyentes que así lo determinasen, pero han tenido que sacrificarlo ¿es también de sentido común? Yo creo que no. El PP necesita una cabeza de turco y cualquiera vale. Aunque sea la de un perro.


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