miércoles, 19 de noviembre de 2014

Equipos de tratamiento familiar y contextos de intervención


(Desenlace de la entrada-ladrillo anterior)

La pasada semana introduje una herramienta de la intervención social que me resulta muy útil en el día a día: los Contextos de Intervención o Contextos Profesionales de Cambio. Expliqué la parte teórica del asunto y acordé completar mi exposición con un ejemplo práctico de su importancia: el diseño del Programa de Tratamiento Familiar.

Antes de comenzar, considero fundamental hacer una matización: esta entrada es una crítica al diseño del Programa de Tratamiento Familiar, no a los Equipos de Tratamiento Familiar. Los Equipos de Tratamiento Familiar (en adelante ETF) están formados por profesionales que realizan una labor impagable con familias que padecen un importante grado de desestructuración, y menores a su cargo en riesgo social.

En Andalucía (donde me sitúo) funcionan a través de un convenio-programa entre la Comunidad Autónoma y las corporaciones locales. Este churrigueresco mecanismo sitúa a estos equipos en una precariedad laboral de tal magnitud que muchos de ellos han desaparecido porque las corporaciones locales no quieren renovar el convenio (vigente desde el año 2000, si no me equivoco); véase la que hay liada en Sevilla. Los equipos, ante el rosario de despidos e impagos, se han movilizado y han creado una asociación, cuya cuenta en facebook puedes seguir aquí.

En mi opinión, los Equipos de Tratamiento Familiar son fundamentales para la protección de las niñas y niños, pero el diseño del Programa de Tratamiento Familiar es erróneo. En primer lugar, al ser creados, gestionados y financiados mediante un convenio de colaboración entre administraciones se encuentran en tierra de nadie, y lo peor: se han convertido en un arma arrojadiza perfecta para la guerra, ya clásica, Junta de Andalucía-Partido Popular.

En segundo lugar, al tratarse de equipos específicos, que no especializados, realizan tareas similares a las del equipo de familia de servicios sociales, aunque con una mayor intensidad. Por otra parte, están obligados a situarse a caballo entre los servicios sociales comunitarios y los servicios de protección de menores, en una especie de jamón york del sandwich. Reciben presiones de los servicios sociales comunitarios para que se queden los casos a toda costa o los deriven al servicio de protección de menores y éstos, a su vez, repelen los casos que en muchas ocasiones deberían ser objeto de desamparo. No les arriendo la ganancia.

Como observarás, el Programa de Tratamiento Familiar se sustenta sobre un armazón técnico y administrativo endeble. Sus bases teóricas, además (y esto es lo más importante), dan lugar a lo que Mara Selvini Palazzoli denomina deslizamiento de contexto. Veamos de qué se trata, a través de la lectura de un fragmento del artículo de Cardona y Campos que cité la semana pasada.

No definir adecuadamente un contexto da lugar a la probable confusión de los significados entre los participantes (trabajador/a social y sistema cliente), que pueden tener la vivencia de estar trabajando en contextos diferentes, con finalidades diferentes. Esta situación se verá más agravada si el profesional no se percata de que se ha producido una discrepancia de contexto, un cambio de contexto, y por tanto un cambio en las pautas de relación, dando lugar al fenómeno de “deslizamiento de contexto” descrito por Selvini. Sin un marco de referencia (contextual), compartido, al menos en mínimo grado, los malos entendidos y las discrepancias comunicativas son inevitables. La confusión se agrava si los participantes no son conscientes de haber encontrado un propósito o un marco de referencia comunes.

Carlos Lamas establecía seis contextos profesionales de cambio en servicios sociales:


La relación entre el mal planteamiento de los ETF y los contextos de intervención es la siguiente: anteriormente a los ETF existían los ETEM o Equipos de Tratamiento Especializado con Menores. Estos equipos se situaban en un contexto de control, que viene a ser: hay un menor/es que no está/n bien atendido/s por lo que se emite un mensaje de advertencia a los padres, en forma de intervención. De continuar la situación, el equipo tiene la capacidad de sancionar a través de la emisión de un informe al Servicio de Protección de Menores porque los padres no están respetando los derechos de sus hijos a una correcta atención y cuidado ¿me sigues?

Trabajar en contextos de control es puñetero, para qué lo vamos a negar. A ninguna de nosotras nos gusta parecernos a la trabajadora social de Ladybird, Ladybird ni a la que salía en Estrenos TV (los menos jóvenes se acordarán). A las administraciones tampoco les gusta hacer de malos de la película, así que en el año 2000 la Junta de Andalucía reconvierte los ETEM en Equipos de Tratamiento Familiar a través del Programa de Tratamiento Familiar.

El manual de referencia de los equipos de tratamiento familiar establece como modelo teórico el modelo ecológico-sistémico y en su marco teórico afirma que existe un falso dilema entre el control y la ayuda, con lo que enreda la función de los equipos al tratar de mantener el rol de los antiguos ETEM e introducir una vertiente terapéutica que incluye ¡la voluntariedad en el tratamiento! Es más, el propio manual establece que:

Existen situaciones en las que la actuación del ETF se debe obviar en aras de proporcionar cuanto antes a los menores otro recurso más adecuado para garantizar su bienestar y seguridad. Entre estas situaciones se pueden destacar las siguientes:
  • Negativa de la familia: después de haber sido informada de la existencia del ETF y de la finalidad del tratamiento, a ser atendida por éste: No obstante, la negativa de la familia no debe ser el criterio determinante para excluirla del programa. En estos casos, el ETF debe tratar de trabajar la motivación de la familia para el cambio. Si aún así persiste la resistencia a colaborar, habría que plantear otras alternativas.
 
Es llamativo lo contradictorio del mensaje: tratamos con familias que maltratan o no atienden a sus hijos y esperamos que acudan voluntariamente a ser tratados por un problema del que no tienen conciencia, tratamiento que posiblemente les acarree otros problemas con los servicios sociales. Si se niegan a venir, trabajamos sus resistencias desde el buen rollo terapéutico, pero si el buen rollo no funciona entonces nos convertimos en los servicios sociales de Ladybird Ladybird (deslizamiento de contexto terapéutico-contexto de control)

También podemos echar mano del plan B, que tanto nos gusta utilizar en servicios sociales comunitarios: el palo y la zanahoria, o lo que es lo mismo, engatusar a la familia con la tramitación de una ayuda económica. Ellos acuden pensando que les vas a ayudar a pagar el agua, la luz o la factura de la farmacia y tú les hablas de la educación de los niños y de la necesidad de llevar a la niña pequeña a la guardería y acudir a las tutorías del niño mayor. En el mejor de los casos, mientras dure la ayuda, durará la intervención con la familia. En el peor de los casos, si hay que tomar medidas drásticas, la familia se sentirá engañada (deslizamiento de contexto asistencial-contexto de control)

En ambos casos, no existe un marco de referencia compartido, por lo que las discrepancias y los malos entendidos son frecuentes. En servicios sociales comunitarios no estamos ni mucho menos exentos de generar estos problemas, que quede claro. En cambio, cuando el marco de referencia es claro y los objetivos se ponen sobre la mesa, sin agendas ocultas, la intervención mejora ostensiblemente a largo plazo ¡aunque sea impuesta! No comparto, por lo tanto, la afirmación del manual sobre el falso dilema entre la ayuda y el control en la línea de compatibilizar ambos. Opino que los contextos de control pueden generar cambios, que es distinto.

Para finalizar ¿como creo yo que deberían funcionar los ETF? En primer lugar, es imperativo que las compañeras y compañeros de los equipos dejen de soportar esta precariedad laboral que los mantiene permanentemente en la cuerda floja. Su labor es fundamental, en cualquiera de estas dos opciones: o se les integra en los equipos de servicios sociales comunitarios, dependiendo de las corporaciones locales y reforzando las plantillas o que se les asuma por parte de la Junta de Andalucía y ésta los reconvierta en lo que nunca debieron dejar de ser: equipos de trabajo específico con menores, ejerciendo el control, con todas las letras y con las cartas sobre la mesa, de la infancia en riesgo de Andalucía.

domingo, 9 de noviembre de 2014

Contextos de intervención social

(Aviso a navegantes: entrada-ladrillo)


La pasada semana traje un caso en el que vengo trabajando, caso al que titulé Paco. El relato me sirvió como excusa para explicar la importancia que tiene, a mi juicio, hacer un buen análisis de la demanda, que es una de las tareas a realizar en los primeros contactos entre la profesional y el sistema cliente.

A modo recordatorio, en la entrada anterior detallaba los aspectos que contemplo cuando hago el análisis de la demanda que el sistema cliente trae al despacho:

  • Cómo llega la familia en cuanto a su estado emocional.
  • Qué lenguaje utiliza para efectuar la demanda.
  • Quien realiza la demanda y por qué.
  • Qué tipo de demanda realiza (económica, afectiva…)

Y con toda esta información, decía, es posible contextualizar la demanda, aspecto al que le dedico esta entrada.

Los contextos de intervención o contextos profesionales de cambio son una herramienta que nos permite crear el marco adecuado para intervenir. Es una aportación del modelo sistémico que se ha aplicado a la intervención social en general (en España) por autores como Carlos Lamas y al trabajo social en particular por la prof. Josefa Cardona. Su tesis doctoral trata sobre el tema y puedes descargarla aquí. La importancia que la autora otorga a los contextos de intervención queda plasmada en este párrafo

(...) el nexo de unión entre las teorías, la operacionalización de las mismas a través de modelos, y las características de los problemas y demandas que presentan los clientes o usuarios de los servicios sociales, descansa sobre la formulación del contexto de intervención, mediante el cual, trabajador social y cliente van a trabajar juntos para generar cambios.

Este es un extracto de un artículo suyo, coescrito con José Francisco Campos, titulado cómo determinar un contexto de intervención. También lo enlazo ya que resume las 500 páginas de la tesis. Dicho esto, vayamos al grano: ¿qué son los contextos de intervención social?

Se denomina contexto profesional de cambio al marco que se establece entre cliente y profesional que permite dar significado a una serie de intercambios comunicacionales orientados a introducir cambios en el cliente.

Esta definición es de Carlos Lamas, coautor del libro La intervención sistémica en los servicios sociales ante la familia multiproblemática, un libro antiguo que no ha perdido su vigencia. En el capítulo que él escribe, titulado Los primeros contactos, explica el asunto de los contextos. Los define tal y como he reflejado arriba y establece una clasificación de seis contextos de intervención en servicios sociales, que es la siguiente (el cuadro está incompleto ya que continúa en páginas siguientes pero esta parte ya me vale para explicarlo):


Veamos algunos ejemplos:

  • Contexto asistencial: Familia con todos sus miembros en paro y cero ingresos que acude a los servicios sociales para solicitar ayuda económica.
  • Contexto de consulta: Cuidadora que acude a servicios sociales porque tiene dudas sobre si llevar a su madre, enferma de alzheimer, al centro de día.
  • Contexto terapéutico: Joven con consumos abusivos de cocaína que acude al centro de tratamiento de drogas porque no puede controlar la conducta.
  • Contexto de evaluación: Equipo de menores que realiza informe de idoneidad para padres adoptantes.
  • Contexto de control: Equipo de servicios sociales al que se le deriva un caso de expolio patrimonial de una persona mayor.
  • Contexto in-formativo: Padres que solicitan ayuda ante problemas escolares del hijo. 
 
Recientemente se habla también de contexto de mediación y han aparecido otras clasificaciones, tal y como explican Cardona y Campos en su artículo, de obligada lectura. Aunque este tema parezca abstracto, el contenido del artículo arrojará bastante luz sobre el tema, más que la que yo pueda ofrecer en esta entrada. De cualquier modo, para mostrar la importancia de establecer contextos de intervención o contextos profesionales de cambio, me propongo dedicar la próxima entrada a ejemplificarlo con un tema práctico: los Equipos de Tratamiento Familiar en Andalucía. Espero no haberte aburrido y que sigas el hilo argumental hasta la próxima semana.

sábado, 1 de noviembre de 2014

Paco

En la entrada de hoy abordo, de nuevo, uno de los casos que atiendo en mi centro de servicios sociales comunitarios. Pretendo con el relato de este caso abarcar varias cuestiones diferentes, dirigidas a distintos lectores (a ver si me sale el ejercicio): en primer lugar mostrar, una vez más, cuán fuerte puede golpear el sistema a personas que lo único que han hecho en su vida es trabajar, pagar sus impuestos y criar a sus hijos. En segundo lugar, señalar la importancia de hacer un buen análisis de la demanda, que es, en mi opinión, un pilar básico para poder iniciar la intervención adecuadamente. En tercer lugar, ofrecer un botón que sirva de muestra y dignificación del trabajo que realizamos en servicios sociales comunitarios en estos tiempos de incertidumbres y recortes.

Para ello, contaré la historia de Paco, cuyos datos, como siempre, se han distorsionado hasta hacer el caso irreconocible. Nuestro protagonista tiene 44 años, un hijo de 14 y es carpintero metálico. Paco regentaba una pequeña empresa de ferralla con cuatro empleados y todo marchaba bien hasta que llegó la odiosa crisis y las otras empresas con las que trabajaba comenzaron a no pagarle los encargos y a no solicitarle más. A partir de ahí, puedes imaginar: despido de los trabajadores, impagos a hacienda, a la seguridad social y el fin de la empresa: la quiebra. Eso, en relación con su vida laboral. Por entonces, Paco, tras unos meses de gritos, recriminaciones y silencios, se separó.

Su mujer se quedó la vivienda de ambos, situada un pueblo cercano, también asumió la custodia del hijo. La hermana de Paco tenía una vieja casita en el pueblo donde trabajo, que le cedió y es donde Paco vive. La ex mujer comenzó a trabajar en el manipulado hortofrutícola que, para quienes no lo sepan, es un trabajo asociado a la agricultura intensiva, consistente en el envasado de la verdura para su transporte y venta. 

El manipulado se realiza exclusivamente por mujeres, está muy mal pagado y realizado en condiciones penosas: las mujeres no tienen un horario fijo (saben cuando entran pero no cuando salen porque depende del género que llegue) pasan una media de 10 horas de pie sin moverse del sitio, delante de una cinta que transporta la verdura a toda velocidad, supervisadas por una férrea cadena de mando, masculina, que grita, acosa y vigila hasta el tiempo que ocupan haciendo sus necesidades (tal cual). Es un trabajo que deja muchas secuelas físicas: varices, tendinitis, túnel carpiano, problemas de vejiga, ansiedad... Me avergüenza explicarlo porque se trata de mi tierra, pero esa es la verdad.

Con este panorama laboral de la exmujer, el hijo de Paco permanecía muchas horas solo en casa, así que acordaron que se trasladase con su padre. Paco ahora se encuentra sin trabajo y sin ingresos, pero con un hijo del que ocuparse; está comenzando a mostrar signos de depresión.

Todo esto no me lo ha contado Paco así de sopetón. Él pidió cita porque en el INEM le dijeron, como a tantas y tantas personas este último año, que ya no tenía derecho a más ayudas y que bajase a los servicios sociales. Entró al despacho con la cabeza baja ¡cuantas cabezas bajas he visto estos últimos años! 

Paco está muy delgado y tiene las manos agrietadas, toscas y las uñas destrozadas, con toda la pinta de comérselas (suelo fijarme mucho en las manos de la gente). Llevaba en esas manos una carpeta fuertemente sujeta, llena de facturas impagadas, pagarés, cartas de hacienda, de la seguridad social que después me enseñó. Traía también una cara que denotaba vergüenza por venir a pedir. Porque Paco a lo que venía únicamente era a solicitar alguna ayuda familiar (que es como se le llama habitualmente al subsidio por desempleo)


Abandonemos por un momento el relato de Paco y detengámonos en la teoría de la que me he pertrechado para poder enterarme de todo esto y dar una vuelta de tuerca a la petición de Paco. Esta parte va especialmente dirigida para los estudiantes de trabajo social que sé que me leen (como Sofía, de Oviedo)
 
Cristina de Robertis plantea que en el léxico profesional se utilizan habitualmente tres palabras como sinónimos: problema, necesidad y demanda. Considera que es necesario definirlas porque no tienen la misma significación a pesar del uso intercambiable abusivo que se hace en el lenguaje profesional:
  1. Problema: Dificultad que hay que resolver para obtener un cierto resultado. Situación inestable o peligrosa que exige una decisión
  2. Necesidad: Exigencia nacida de la naturaleza o de la vida social. Aspiración natural y a menudo inconsciente.
  3. Demanda: Acción de pedir, de hacer saber lo que uno anhela o desea. Hacer una demanda al T.S. implica una movilización de la persona o grupo con el fin de encontrar una solución al problema que quiere resolver y así reducir la frustración y el sufrimiento que entraña la necesidad.
Se podrían establecer diferentes clasificaciones sobre la demanda pero a mí me interesa distinguir a efectos prácticos tres variables:
  • Demanda directa e indirecta.
  • Demanda explícita e implícita.
  • No hay demanda.
Demanda directa o indirecta: Hablamos de demanda directa cuando es la persona que acude la que reclama algo para sí, y se trata de una demanda indirecta cuando la petición se realiza para un familiar o para otra persona en general.

Demanda explícita e implícita: Hablamos de demanda explícita cuando la persona establece claramente qué quiere (por ejemplo solicitar una ayuda familiar) y hablamos de demanda implícita cuando ésta no se formula abiertamente.

No hay demanda: Mucho ojo con esta situación que es muy común y nos puede llevar a error. Cuando la demanda es formulada por otra institución, por ejemplo, la policía local, no hay demanda ya que la persona no ha pedido nada, ¡estaba tranquilamente en su casa hasta que los servicios sociales hemos llamado a su puerta para, normalmente, tirarle de las orejas!

Dicho esto, para analizar la demanda debemos establecer en cual de estas variables encuadramos lo que la familia pide, si es el caso y, una vez hecho este análisis, pasaremos a considerar otras cuestiones, que podemos resumir en:
  • Cómo llega la familia en cuanto a su estado emocional.
  • Qué lenguaje utiliza para efectuar la demanda.
  • Quien realiza la demanda y por qué.
  • Qué tipo de demanda realiza (económica, afectiva…)
Y con toda esta información, estaremos preparados para contextualizar la demanda. El contexto en servicios sociales es una parte del análisis de la demanda tan importante que le dedicaré la próxima entrada.

Volvamos a Paco. Paco tiene un grave problema económico, que le está generando secuelas diversas, aunque su demanda es exclusivamente económica porque Paco desconoce lo que hacemos en servicios sociales. Paco tiene necesidades no sólo económicas sino emocionales, ya que presentaba signos de depresión que observé en la entrevista (porque soy una profesional). 

Al contarme su situación, observé que la demanda económica era la punta del iceberg. Comencé a preguntarle más cosas, con mucho cuidado para que no se sintiese invadido (por eso nos forman en la técnica de la entrevista), y, asumiendo una posición de respeto y empatía, conseguí que Paco me contara que está muy preocupado ya que se ha tenido que llevar a su hijo varias veces del instituto porque el chico decía que le dolía el corazón. El médico le ha dicho que el niño está muy nervioso por la situación que hay en casa.

Si Paco hubiese acudido a una ONG (me refiero a ONG,s sin profesionales) o a un banco de alimentos, le habrían proporcionado comida o dinero, pero no le habrían dicho que entienden por lo que está pasando, que están allí para escucharlo y que por mucha gente que pase contando lo mismo, tú sabes que cada dolor es diferente y único. 

No le habrían asesorado acerca del salario social, tampoco le habrían tramitado una ayuda de emergencia social durante dos meses, ni le habrían incluido en el programa de contratación de la Junta de Andalucía, es muy difícil que hubiesen detectado que Paco necesita atención psicológica y médica, al igual que su hijo, al que no habrían podido canalizar al equipo de familia, para tratarlo y mejorar su adaptación escolar. Y si hubiesen intentado conocer su situación más a fondo, posiblemente Paco se hubiese marchado enfadado porque no habrían sabido preguntar adecuadamente.

Afortunadamente, los servicios sociales aún estamos aquí para ofrecer toda nuestra ayuda profesional a la gente, gente entre la que se encuentran miles de personas que lo único que han hecho en su vida es trabajar, pagar sus impuestos y criar a sus hijos. Gente decente. Como Paco.

Fito y Fitipaldis "Entre la espada y la pared"
(de su nuevo disco "Huyendo conmigo de mí")