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Los Jordis, segunda parte


Este verano escribí acerca de un caso que apareció de repente y que requería una intervención exprés. Titulé el caso Los Jordis porque se trata de una familia de Cataluña que ejemplifica muy bien el fenómeno que padecemos en servicios sociales de los emigrantes almerienses que retornan en verano y que pretenden arreglar todos sus asuntos administrativos en cero coma.

Este es uno de los casos de servicios sociales en los que conviene diferenciar lo urgente de lo importante. Refresco un poco los datos: se trata de un anciano con demencia mal atendido (supuestamente) por su hija separada, a la que llamaremos Juana. Este anciano tiene además dos hijas residentes en Barcelona. Las hijas de Barcelona demandaban el ingreso en residencia de su padre al observar la desatención que sufría y al no poder atenderlo ninguna de ellas. La problemática se agravaba por los consumos de drogas de Juana y la existencia de dos hijos de 16 y 14 años, que, al igual que su abuelo, sufrían las consecuencias del consumo de drogas de esta mujer.

Las hermanas de Juana acudieron muy sobrepasadas por la situación, ya que no esperaban encontrar tan mal a su hermana y a su padre, eso provocó que efectuaran una demanda masiva. El primer objetivo que me marqué fue tratar de separar cuestiones, establecer prioridades y ayudarlas a marcarse objetivos realistas, ya que ellas estaban tan emocionalmente bloqueadas que parecían incapaces de salir del bucle de la recriminación hacia Juana, las discusiones, los gritos y peticiones desesperadas de encerrar en un centro a la mitad de la familia.

Trabajé sobre la diferenciación de lo urgente y lo importante. Acordamos que lo urgente era el ingreso residencial del padre y conseguí que se centrasen en esta tarea, rogándoles que aparcasen el resto de problemas hasta que el padre estuviese ingresado y adaptado. Inicié trámites de ingreso urgente (ya tenía valoración de dependencia) y se le asignó plaza en un abrir y cerrar de ojos (unos quince días).

Aquí quiero hacer un paréntesis para destacar la fantástica labor que realiza la Delegación de Política Social de la Junta de Andalucía en materia de dependencia. Almería es una de las provincias de España que más rápidamente gestiona la ley y con más calidad e implicación profesional. Debo suponer que a estas alturas no seré sospechosa de hacerle la ola a la Junta de Andalucía, precisamente, pero si se critica lo que se hace mal, como en muchas de mis entradas ha quedado patente, también es justo señalar lo que se hace bien. Vaya pues mi reconocimiento al personal de esta institución y a quienes la dirigen.

Juana aceptó el ingreso de su padre y además reconoció que no estaba capacitada para su cuidado. Debo decir que en la residencia se sorprendieron del buen estado en que este señor ingresó. A pesar de sus problemas, Juana lo había atendido lo mejor posible e incluso lavó y preparó la ropa de su padre entre lágrimas por el desenlace de la situación.

Una vez que el padre estuvo ingresado y adaptado nos pusimos manos a la obra con el segundo problema: la situación de los menores. Aquí las cosas no fueron tan fáciles porque aunque el hijo menor se marchó con el padre, que lo atiende correctamente, el hijo mayor había forjado una fuerte alianza con Juana; adoptando un rol de defensor de su madre se negó a abandonar el domicilio, a pesar de la insistencia de todas las partes implicadas.

Las hermanas se marcharon (recordemos que se les casaba el Albert) muy enfadadas con Juana por su irresponsabilidad y Juana, muy enfadada también, se negó a seguir relacionándose con ellas por tratarla como a una niña. No consideré adecuado iniciar una reconciliación porque las partes estaban demasiado dolidas y crispadas. Tiempo al tiempo. Tras pedirles a las hermanas que dejasen espacio a Juana y a los sobrinos para tratar de resolver su dinámica, canalicé el caso al equipo de familia del centro (psicólogo y educadora social), que ha seguido trabajando con Juana, su exmarido y sus hijos. Evitar las injerencias de las hermanas con respecto a la problemática familiar de Juana con su exmarido e hijos nos ha costado un mundo, pero parece que lo hemos conseguido.

El equipo ha seguido trabajando con la familia; hace poco el hijo mayor agredió a la madre, que tiene una nueva pareja. El psicólogo y la educadora han posibilitado el ingreso del hijo mayor en un centro (donde creemos que mejorará) y continúan la intervención con Juana y el resto de la familia, con buenos resultados a excepción de los consumos de Juana, que no cesan, por desgracia.

Espero que la lectura del caso haya suscitado interés y sobre todo deseo que la familia encuentre el rumbo perdido. Estoy segura que, con el apoyo de mis compañeros, lo encontrarán.

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