viernes, 25 de diciembre de 2015

Diseño de políticas sociales

Vuelvo a la carga tras un parón más prolongado de lo recomendable para mi salud mental: el blog me resulta una válvula de escape y la actividad política, que ahora ocupa casi todo mi tiempo libre (puesto que sigo trabajando en mi centro de servicios sociales), es una fuente de estrés, sobre todo después de los últimos resultados electorales, por ello uno de mis propósitos para el 2016 es retomar la escritura semanal, si es que me queda algún lector o lectora por ahí (ponedme cara de cachorrito abandonado)

Quería retomar el blog con un libro que leí este verano y no pude comentar, por lo que ya he explicado. Es, en mi opinión, una obra de obligada lectura para quienes pretendan estar al día en materia de políticas sociales y lleva por título Diseño de políticas sociales. Su autor es Fernando Fantova, y lo publicó la Editorial CCS el pasado año. El libro va por su segunda edición, lo que viene a decir que es un libro que interesa.

El libro está muy bien organizado y estructurado, lo que facilita mucho su lectura, sobre todo tratándose de una materia tan, a priori, árida. El autor hace además un esfuerzo por resultar ameno, que también se agradece ¡Nos tragamos cada ladrillo! ¡Luego nos quejamos de que la gente no lee ensayos!

La obra se estructura de la siguiente forma (más o menos):
  • En la primera parte contextualiza y aclara conceptos previos.
  • En la segunda parte ofrece un esquema de análisis, a modo de ECRO para desgranar cada política social y modelo por el que opta Fantova para ordenar las políticas sociales, que es el siguiente:
    • Política social general.
    • Políticas sociales sectoriales (entre las que se encuentran los servicios sociales)
    • Políticas transversales, como por ejemplo políticas de igualdad y atención a la diversidad)
    • Políticas intersectoriales (de coordinación entre políticas sectoriales)
  • Tras hacer una disertación pormenorizada de cada política social, la tercera parte trata sobre la financiación y las conclusiones. 

A mí el libro me ha gustado mucho por varias razones: en primer lugar, me ha ofrecido claves para entender y mejorar la intervención social, como trabajadora social que soy, aunque no es ese su propósito. Me explico: el autor parte del análisis de las políticas públicas atendiendo a tres niveles de análisis: gobierno, gestión e intervención. Observo que, en demasiadas ocasiones, los profesionales de lo social cometemos el error de analizar lo macro desde lo micro. Y no es lo mismo, obviamente. No podemos, por ejemplo, hacer un análisis, por ejemplo, de la ley de dependencia únicamente desde nuestra experiencia desde la intervención social sin tener en cuenta cifras macroeconómicas o el marco jurídico en el que esta se sitúa. No quiero decir que desde lo micro no podamos hacer análisis generales, solo digo que es importante conocer lo macro y analizar cada aspecto de las políticas públicas en su contexto. Y esto es válido también para la intervención social. 

En segundo lugar, quiero destacar como un elemento muy positivo que el libro haga un repaso de las diferentes políticas sociales y no se quede en las políticas de servicios sociales; es más, considero que tratar la política de servicios sociales junto con otras políticas sociales como la sanidad, la educación o la garantía de ingresos es situar a los servicios sociales a la altura que les corresponde y ofrece asimismo una perspectiva comparada muy interesante. El ECRO que Fantova propone facilita mucho la comprensión de cada una de las políticas sectoriales (sanidad, educación, garantía de rentas, servicios sociales...) tal y como el autor entiende que deberían organizarse. Añadir, además, las políticas transversales e intersectoriales enriquece la implementación de las políticas sectoriales.

En tercer lugar: los servicios sociales. Sin duda, su propuesta es, a mi juicio, la mejor que he leído hasta la fecha sobre cual debe ser nuestro cometido y como debemos resituarnos para el futuro. Fantova consigue acotar el objeto de los servicios sociales y librarnos de la pesada carga de ser los encargados de dar de comer al hambriento, un lastre que nos impide, en mi opinión, salir del asistencialismo o del archiconocido binomio necesidad-recurso. No quiero extenderme en explicarlo para animar a la lectura del libro en su totalidad.

Es una obviedad a estas alturas escribir que los servicios sociales se encuentran seriamente amenazados. Lo que no es tan obvio, lamentablemente, es insistir en que es necesario ofrecer propuestas que garanticen su pervivencia. Más nos vale proponernos para el 2016 dejar los lamentos y encontrar salidas. A lo Bruce Lee: Be water, my friend. Pues eso, seamos agua.

Feliz Navidad.

Entre dos aguas
Paco de Lucía (1976)

Entre dos aguas
Paco de Lucía (2010)
La calidad del vídeo no es muy buena, 
pero Paco de Lucía está impresionante.

domingo, 18 de octubre de 2015

El padre de Rajoy

Esta semana, justo esta semana, en la que la Alianza Española contra la Pobreza presenta por quinto año consecutivo la Semana contra la Pobreza, nos enteramos de que Mariano Rajoy carga al presupuesto de La Moncloa el coste de los cuidados de su padre, en situación de dependencia. Esta semana, justo esta semana, en la que nos enteramos de que el 27% de la población española está en riesgo de exclusión social, según datos del informe El Estado de la Pobreza de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. El 27% de la población española son 13 millones de personas, 13 millones.

No me sorprende el hecho de que las políticas neoliberales y austericidas del PP hayan traído la mayor tasa de desigualdad conocida en la historia reciente de nuestro país. España se sitúa a la cabeza de la desigualdad: la renta del 20 % más rico de los españoles es, actualmente, 6,8 veces superior a la renta del 20 % más pobre. O si lo quieren afinar más, la renta conjunta del 10% de la población con mayores ingresos es casi 13,5 veces superior a la renta conjunta del 10% más pobre. Cito textualmente un fragmento del grandísimo blog No me pidan calma, cuya entrada 10 claves sobre el record español de pobreza y desigualdad es de obligada lectura. No me sorprende porque es, simple y llanamente, el resultado de aplicar las doctrinas de la Escuela de Chicago, que tanto predican Rajoy y sus ppboys, con Cristóbal Montoro a la cabeza.

No me sorprende tampoco que de aplicarse el calendario previsto en la Disposición Transitoria Segunda de la Ley 27/2013 de 27 de diciembre, de racionalización y sostenibilidad de la Administración Local (la reforma local) la prohibición de que las Entidades Locales sigan prestando numerosos servicios sociales y la imposibilidad de las Comunidades Autónomas de asumirlos, abocará a unos recortes que pueden superar los 3.000 millones de euros en estas políticas sociales tan necesarias actualmente, y que se sumarían a los más de 5.000 millones que ya han recortado las Administraciones Públicas en esta materia en los últimos tres años.

Los servicios sociales más amenazados por la Reforma son los de atención a la dependencia y los de promoción social (que dejan de considerarse competencias propias de los municipios), y que suponen 2.348,5 millones de euros anuales, y el gasto que realizan los municipios con menos de 20.000 habitantes (993,4 millones de euros). En total 3.342 millones de euros anuales. (Fragmento de la nota de prensa de la Asociación Nacional de Directoras Gerentes de Servicios Sociales)

Ni siquiera me sorprende que el propio Ministerio reconozca en sus últimos datos que hay 433.852 personas en dependencia que están en lista de espera, un 37 % del total nacional, gracias a los continuos e inmisericordes hachazos que la Ley de Dependencia ha sufrido desde que el PP llegó al poder en 2011; un desmantelamiento progresivo de la Ley que es, en mi opinión, un crimen, perpetrado sobre todo a través del Título III del Real Decreto-ley 20/2012, de 13 de julio, de medidas para garantizar la estabilidad presupuestaria y de fomento de la competitividad, dedicado a las medidas de racionalización del sistema de dependencia. Concretamente, el Artículo 22.

Lo que me sorprende es la total y absoluta falta de vergüenza de un señor que ejecuta todas estas políticas, neoliberales, individualistas, privatizadoras e insolidarias por las que percibe al año (que sepamos, puesto que es un misterio) 72.600 euros anuales más las dietas como diputado (12.187 euros), sin contar sus retribuciones provenientes de sus cargos en el PP más los beneficios de su oficina de Registro de la Propiedad y, sin embargo no tiene ningún reparo en cargar a La Moncloa, es decir a todos nosotros, los españoles, el coste de los cuidados de su padre; un tipo que afirmó sin ningún tipo de pudor: Si en los seis primeros meses no me montan tres huelgas generales, no lo estaré haciendo bien. 

Rajoy con su padre y uno de sus hijos en La Moncloa
Lo triste es que tiene razón. Ni le estamos haciendo una huelga general cada dos meses ni lo está haciendo bien ¡Qué demonios! Igual no lo está haciendo tan mal si le preguntamos al 23,4 % del electorado que piensa votar al PP en las próximas elecciones. O mejor preguntémosle a su padre ¡Porque los 433.852 familiares en situación de dependencia que se encuentran en lista de espera no son familiares de Rajoy, que si no...!

 Vídeo de EAPN
Semana contra la Pobreza 2015

Manu Chao
Soñé

lunes, 31 de agosto de 2015

Ayudas económicas ¡Os odio!

Fuente: http://www.eldiario.es/bbtfile/6_20120906lodStI.jpg

Ando este verano leyendo el libro de Fernando Fantova Diseño de políticas sociales que, como su propio nombre indica, trata sobre la parte macro de lo social y me está gustando mucho. Dedicaré una entrada a reseñarlo en cuanto lo acabe (que va lenta la cosa), pero lo traigo a colación porque una de sus aportaciones es el diseño de la necesaria correlación entre lo macro (políticas sociales) y lo micro, es decir la intervención social, de la cual una parte importante se la lleva la gestión de las denominadas ayudas económicas (ayudas económicas familiares, ayudas de emergencia social y ayudas de inserción social).

Hace tiempo que sufro en silencio como las hemorroides cierta quemazón profesional. Llevo catorce años trabajando en una zona muy castigada por políticas de pan y circo y, a su vez, azotada por el paro y la pobreza (sí, digo pobreza, no digo exclusión); la combinación de las dos problemáticas da lugar a que una parte significativa de la población demande con insistencia ayudas en servicios sociales. Vaya por delante que no les culpo. En sus circunstancias haría lo mismo que ellos. Dice Félix Castillo que el comportamiento no se puede cambiar y tiene razón.
(Soy consciente de que quien me esté leyendo se habrá quedado con las patas colgando con esta afirmación, por lo que animo al visionado del vídeo enlazado, advirtiendo, eso sí, que son 20 minutos del ala. Prosigamos...)
Entiendo que la gente demande con insistencia ayudas económicas. En primer lugar y lo más importante, porque la gente las necesita para sobrevivir. En Andalucía nos vanagloriamos de obtener notas estupendas en materia de dependencia, pero mantenemos un silencio cómplice ante la escandalosa situación de abandono en la que se encuentra la alternativa a las ayudas económicas para familias con cero ingresos: el denominado Programa de Solidaridad de los Andaluces o, como es más conocido, Salario Social.

El salario social: una renta de ¿inserción?¿de garantía de mínimos? (no lo sé, la verdad) por la que hay que esperar de 8 meses a un año. Una prestación que cada vez es más difícil de obtener por las trabas administrativas a las que la Junta somete a las personas solicitantes. Una situación que debería enrojecernos a los profesionales, a los colegios profesionales, a los partidos políticos y a los colectivos ciudadanos, sobre todo al comprobar como en otras comunidades autónomas nos hemos puesto en pie de guerra por lo mismo. Una negligencia de la administración que debería llevarnos a todos a las puertas de las delegaciones. En definitiva, una vergüenza. Pero aquí estamos. Aquí estoy yo, dándole vueltas a escribir sobre el salario, pero sin hacer nada más. Con un sistema de garantía de ingresos mínimos estas ayudas, simplemente, no tendrían por qué existir. Derechos, exijamos, frente a la beneficencia actual (y digo bien, ya que estas ayudas no están reglamentadas ni sujetas a derecho y el procedimiento administrativo es, digamos, escaso).

En segundo lugar, las ayudas económicas se asientan sobre un viejo modelo terapéutico consistente en la tramitación de estas prestaciones como apoyo a la intervención familiar.  La vieja estrategia del palo y la zanahoria. El problema es que la realidad no es tan sencilla y el modelo hace aguas en el momento en que una familia te interpela ¿Porque mi hija de 15 años se niega a ir al instituto me quitas una ayuda que es para comer?¿qué tiene que ver?¿qué culpa tienen mis otros niños?¿qué hago con la niña, la mato a palos? Verídico. Y cierto. Poner en marcha desde un contexto asistencial estrategias de control nunca dio buen resultado. No nos engañemos. Al menos yo no.

En tercer lugar, nos encontramos el problema de que hay gente que no tiene problemas. Me explico: que no tiene problemas más allá de los puramente económicos. Que no están averiados, vaya. Que lo hicieron todo bien: tenían trabajo, compraron una vivienda, dieron educación a sus hijos y ahorraron. Como premio, el sistema les obsequió con tremenda bofetada: perdieron el trabajo, se les acabaron los ahorros, les quitaron la vivienda y las redes familiares claudicaron ¿qué proyecto de intervención familiar les ofrecemos a estos?¿qué podrían hacer que no hayan hecho ya?¿qué tendrían qué cambiar? La letanía del despacho se hace insoportable: Apúntate al paro - Estamos apuntados. Haced cursos - hemos hecho cursos. Echad currículos - Los tenemos levantados ante el señor ¡Pues igualmente estamos obligados a diseñar un PIF! Será que hay algo que hicieron mal, seguro que hay por ahí algo por arreglar ¿no?

En cuarto y último lugar, la comprobación de ingresos...en dos palabras: el horror. En servicios sociales (al menos donde yo trabajo) no tenemos forma de cruzar datos con otras administraciones, así que pedimos documentación a las personas solicitantes, pero, además de los problemas de documentación nos encontramos con que muchas de ellas trabajan en economía sumergida ¿qué hacemos entonces?¿aprobamos? ¡Pero si Fulanito tiene unos ingresos de 900 euros al mes, les dan ayudas a cualquiera! ¿denegamos? ¿Con qué motivo?¿Que Menganita ha venido a vernos furiosa porque a su cuñado Fulanito le hemos aprobado una ayuda económica familiar a pesar de trabajar en los invernaderos sin dar de alta y a ella, que no trabaja ni en b, con 426 euros de ayuda se la hemos denegado?

Pues sí amigos, esta es la realidad de las ayudas económicas. Suele decir mi compañero Rafa que gestionamos miseria, y es que ni siquiera he tratado en esta entrada el tema de las cuantías. Miseria, sí, miseria gestionamos, una miseria que ocupa la mitad de nuestro tiempo de trabajo y que es pan para hoy y hambre para mañana, que es beneficencia y no es un derecho. Ayudas económicas ¡os odio con todas mis fuerzas!

La música africana, sobre todo de la parte occidental (Senegal, Mali, 
Marruecos, Argelia, Cabo Verde, Camerún...) es una de mis pasiones. 
Hoy comparto la canción Lampedusa, de Toumani Diabaté
y Sidiki Diabaté, su hijo. Toumani Diabaté es un músico de Malí que
interpreta la kora de forma magistral. En España lo conocimos porque
colaboró en el también magistral disco Songhai, de Ketama. Su hijo
Sidiki ha heredado el talento de su padre y está experimentando con
ritmos alejados de la tradición Griot. En fin, me encanta el sonido de 
la kora y me relaja mucho, sobre todo tras un día de valoración 
de ayudas económicas.

domingo, 23 de agosto de 2015

El buen profesional

¿A qué nos referimos cuando calificamos a alguien como un buen profesional?¿Qué condiciones deben producirse para que podamos considerarnos nosotros mismos como buenos profesionales? De esto y algunas cuestiones más trata el artículo de Damián Salcedo El buen profesional, publicado en la revista electrónica Cuadernos de Trabajo Social, de la Universidad Complutense.

Traigo este artículo hoy al blog porque su autor plantea en él algunos razonamientos que vienen especialmente a cuento en estos tiempos. Damián Salcedo es profesor de ética, autor del libro Autonomía y Bienestar: la ética del trabajo social y ha escrito numerosos artículos al respecto. Yo tuve la suerte de tenerlo como profesor en la Universidad de Granada y desde entonces voy siguiéndole la pista ya que, además, la ética es una materia que me interesa mucho, no sólo en el plano profesional.

La idea central del artículo (cuya lectura recomiendo para entender los detalles) es mostrar una nueva manera de entender la identidad profesional, correlacionada con la moral personal. Para ilustrarla, el autor expone el concepto derecho a fracasar de Soyer, que me ha encantado. Pero vayamos por partes. El hilo argumental es el siguiente: lo que hace moral la conducta de un profesional no es la vocación ni los bienes que procura a la sociedad, sino el cumplimiento del conjunto de principios que su colectivo declara como constitutivos de la profesión y que la sociedad reconoce como tales.

Salcedo afirma que muchos profesionales no somos conscientes de hasta qué punto depende nuestra calificación del grado de cumplimiento de los principios y normas de la profesión. Podríamos poder como ejemplo el cumplimiento del secreto profesional (aunque en este caso es también un imperativo legal). Así, la integridad profesional es una pista para analizar si se es buen o mal profesional (si se es íntegro o corrupto). La integridad profesional se entiende no como el mero seguimiento de las normas sino como la asunción de las mismas como parte de la cultura de la profesión, como parte del orgullo de ser profesional.

¿Qué quiere decir todo esto en la práctica? Que quienes se identifican con los valores de la profesión, en palabras de Salcedo desarrollan hábitos altruistas,
Por el contrario, la falta de identificación profesional puede ser el primer paso de un camino hacia una práctica acomodaticia y, finalmente, corrupta, sobre todo cuando ésta tiene que realizarse en organizaciones ya degradadas por el ejercicio de una autoridad anacrónica y la falta de recursos.
Al darle vueltas a esta idea me surgen varias reflexiones. En primer lugar, que la práctica profesional corrupta o, sin llegar a tal extremo, acomodaticia, es un proceso que comienza con una interpretación laxa de las normas y los valores, lo que me lleva a pensar en la importancia de no perder de vista ambas cosas; nuestros códigos deontológicos, nuestros compromisos éticos, nuestros principios profesionales, en definitiva, son nuestra tabla de salvación ante la degradación como profesionales en un sistema ya degradado. Aquí, los colegios profesionales tienen un papel central, tanto en el refuerzo de la identidad profesional como en la promoción y difusión de nuestros valores y, por qué no, en la resolución de dilemas éticos a través de comités de ética, grupos de trabajo, etc.

Por otra parte, como decía, vivimos en un momento de total degradación del sistema público de servicios sociales unido a la más que evidente falta de recursos, dos factores, como sabemos, generadores de mala praxis. Tal y como escribe Pedro Celiméndiz, languidecemos.
Languidece el Sistema de Servicios Sociales. Incapaz de definirse y de posicionarse, golpeado por la realidad que tiene que afrontar, desarmado y vencido. Fracasado entre lo que quiso ser, lo que supo ser, lo que le exigieron ser y lo que al final fue.
Es momento, quizá, de aferrarnos a lo único que el sistema no nos puede robar: a nosotros mismos, a nuestro ser profesional, a nuestra capacidad de acompañar a los usuarios, de proporcionarles un punto de apoyo. En esta línea, el autor afirma
De los profesionales se espera que construyan su identidad profesional en torno a la adhesión íntima a los valores profesionales. Ahora bien, un profesional que ha vivido dramáticamente un dilema entre sus convicciones personales y sus convicciones profesionales, es alguien que se ha roto por dentro.
Para evitar esta fractura, Salcedo propone una nueva manera de entender la identidad profesional, que compatibilice los valores profesionales y personales. Termina su artículo ilustrando el argumento con el concepto derecho a fracasar de Soyer. Un concepto elaborado ¡en 1963! No me he podido resistir a finalizar mi entrada con un fragmento del final del artículo, a mi entender, demoledor por lo real.
(...) es un principio esencial de la práctica de la profesión el respeto al derecho de autodeterminación del cliente. Si bien, también se sabe que no hay que respetarlo cuando, de su ejercicio, se derive un peligro grave para otras personas o para el propio cliente. Luego, quizás, se pase a creer que tampoco habría que respetarlo cuando las decisiones del cliente sean irracionales o erróneas. Por último, se termina adoptando, como una conducta rutinaria, la protección del cliente de cualquier elección que pueda realizar y que, a juicio del trabajador social, pueda implicar una experiencia penosa. El resultado es conocido.
Seré sincera: siempre que me preguntan si la profesión del trabajo social sigue adoleciendo de tics asistencialistas, yo respondo quizás, quizás, quizás. Y así pasan los días...

Gaby Moreno
Quizás, quizás, quizás
(Gracias, Cristina Castellano
por darme a conocer a Gladys)


miércoles, 5 de agosto de 2015

Trabajadores sociales en la gestión pública


En esto de los servicios sociales y el trabajo social estamos tan escasos de buenas noticias que cuando se producen casi que ni reparamos en ellas. El nombramiento de trabajadores sociales como altos cargos en gobiernos locales o autonómicos es, creo, una buena noticia. En esta nueva legislatura han aterrizado en puestos de responsabilidad autonómica varios compañeros y compañeras: Joaquín Santos, Gerente del Instituto Aragonés de Servicios Sociales, Mercè Martínez Llopis, Directora General de Servicios Sociales y Autonomía de la Generalitat Valenciana o Carmen Núñez Cumplido, Directora General de Políticas Sociales, Infancia y Familia en la Junta de Extremadura. En Andalucía ya fue nombrada Consejera en la anterior legislatura María José Sánchez Rubio, quien a su vez nombró Director de la Agencia de Servicios Sociales y Dependencia a Manuel Martínez Domene y Secretaria General de Políticas Sociales a Ana María Rey.

A estas alturas está de más explicar la importancia que tiene la presencia de trabajadores sociales en puestos de responsabilidad política, tanto para nuestro colectivo como para los propios partidos, pero sobre todo para la ciudadanía. Aunque no soy de las que creen en la tecnificación de la política, es innegable que no es lo mismo gestionar una consejería de políticas sociales siendo abogada que trabajadora social. Digo esto con tristeza porque si los partidos políticos integrasen en su ADN líneas ideológicas claras y meridianas en materia de política social que se viesen concretadas en los programas electorales, la profesión de quien tiene que hacer realidad estos programas no tendría tanta relevancia. Y líneas programáticas claras en materia de política social no las tiene ningún partido político de este país. Ninguno. Recordemos como ejemplo la perla de Zapatero: bajar impuestos es de izquierdas.

Sea como fuere, es una buena noticia la progresiva incorporación de compañeras y compañeros a la gestión pública, máxime en un momento, el actual, en que todo lo que huele a política es señal de corrupción y arribismo. Es por ello que será muy positivo que estos compañeros y compañeras cuenten con el apoyo de la profesión, independientemente de las críticas que puedan recibir por su gestión política, que, como es normal, las habrá y ellos tendrán que asumirlas con la actitud reflexiva y demócrata que seguro les avala.

En esa línea, considero fundamental que la implicación política y colegial respectivamente estén absolutamente separadas. En mi opinión, los colegios profesionales (no solo los de trabajo social) durante un tiempo han estado excesivamente politizados y esa politización ha mermado su capacidad de reivindicación, contribuyendo así a generar(se) un cierto descrédito acerca de su papel. Hay que instaurar también la separación de poderes, por así decirlo, en el ámbito del trabajo social y los presuntos implicados en política debemos mantenernos en un discreto segundo plano colegial, por ética y estética, durante nuestra etapa política activa.

Hay que decir, en descargo de quienes han desempeñado ambas responsabilidades, que no siempre hay o ha habido personas dispuestas a asumir cargas colegiales. En nuestra profesión parece no haber término medio: o estamos en veinte fregados a la vez o no se nos ve el pelo fuera del trabajo. Afortunadamente hoy día hay muchas maneras de participar en la vida pública, sea esta política, colegial o de otra índole, por lo que insisto en animar a las compañeras y compañeros a que se impliquen allá donde se encuentren más cómodos, porque hoy más que nunca es necesario (aquí he intentado por todos los medios meter uno de los chistes de Amanece que no es Poco, pero no ha habido forma).

Por último, quiero pedir disculpas si me he olvidado de alguien que también haya sido nombrado recientemente y desear a las personas que han sido nombradas la mayor de las suertes. Sois unos valientes. Seguro que vuestros territorios lo agradecerán.

Peliculón...

jueves, 16 de julio de 2015

Fragmentación en servicios sociales ¡mi tesorooo!

La BlogoTSfera, espacio del Consejo General del Trabajo Social, no nació exclusivamente como lugar de alojamiento de blogs de trabajadoras sociales. Desde su nacimiento, sus integrantes tuvimos claro que queríamos ir más allá, ofreciendo cuestiones para el debate, generando opinión o simplemente animando a nuestras colegas a usar las TIC en esto de la intervención social.

A mí me parece especialmente interesante la experiencia de tocar un mismo tema desde diferentes blogs y esto acaban de hacerlo Nacho Santás y Pedro Celiméndiz en sus respectivos blogs Pasión por el Trabajo Social y Las tribulaciones de un chino en servicios sociales. El tema en cuestión es la fragmentación de la intervención en servicios sociales. Nacho denuncia la preocupante práctica de que una familia pueda ser atendida por hasta seis equipos de profesionales de servicios sociales y Pedro explica los efectos devastadores para la familia de esta fragmentación de la intervención social.

Por poner un ejemplo que complemente lo dicho por Pedro, seguro que más de una colega que me esté leyendo ha experimentado la sensación de burócrata que se te queda cuando una familia te cuenta un acontecimiento trágico (como una violación) casi de memoria, como recitando una vieja receta de cocina, de tan repetido por aquí, por allá, servicios sociales de atención primaria, centro de salud, equipo de tratamiento familiar, casa de acogida, laraliiii, laralaaaa...

Pero no quiero extenderme en las consecuencias de la fragmentación de la intervención social porque ya lo han explicado mis compañeros. Sus entradas me han hecho pensar en que, en más ocasiones de las que quisiéramos reconocer, somos los propios profesionales quienes abogamos por organizar nuestro trabajo de una manera tan inadecuada. Me explico: la fragmentación de la intervención existe hasta dentro de los servicios sociales de atención primaria o servicios sociales comunitarios, como los denominamos en Andalucía, y en la mayoría de los casos no se trata de una planificación impuesta desde arriba sino producto de la propia organización interna.

El caso de fragmentación de la intervención más escandaloso que he visto es la atención desde comunitarios por programas, es decir, la persona llega al centro de servicios sociales y dependiendo de la demanda que exprese será atendida por esta o aquel trabajador social ¿que son dos demandas? pues será atendida por dos personas distintas. En mi opinión este modelo de atención es, simplemente, disparatado por muchas razones: en primer lugar, choca frontalmente con el principio de globalidad, en segundo lugar, orienta la acción profesional hacia lo prestacional porque hace que la intervención social se construya sobre la premisa de la prestación y, en tercer y último lugar, en esos compartimentos estancos lo relacional tiene muy poca cabida.

No digo que no haya grandes profesionales que trabajen de maravilla en este modelo, lo que quiero subrayar es que la atención por programas no ayuda a trabajar sobre los casos con una óptica integral y mucho menos contribuye a dar el tan ansiado salto hacia la perspectiva comunitaria. En Diputación de Almería trabajamos por zonas, lo que nos permite tener un conocimiento muy profundo de los pueblos, de los barrios y de quienes los habitan. La gente del Cerro de San Roque, por ejemplo, sabe que puede acudir a mí para cualquier demanda de servicios sociales y me considera su asistenta social.

Opino que quienes optan por el trabajo en comunitarios por programas, lo hacen más bien por mantener la zona de confort, lo que me recuerda el desmedido interés de algunos compañeros y compañeras por no soltar trabajo administrativo. A poco que leamos a quienes escriben sobre los servicios sociales del futuro nos percataremos de que todos coinciden en que éstos pasan por una atención basada en lo relacional y de que pasan también por soltar lastre administrativo y procedimental. Recomiendo leer esta conferencia de Fernando Fantova al respecto y prometo escribir una entrada sobre su nuevo libro, que tengo pendiente de lectura.

Y para finalizar, dejo en el aire una pregunta ¿cómo casa la atención por programas con la figura de la trabajadora social de referencia que el enésimo borrador de la nueva ley andaluza de servicios sociales pretende implantar? ¡Ay, la nueva ley! tema que será, de nuevo, objeto de este blog (soy de naturaleza obsesiva, por si aún no se me había notado).

El domingo cumplí mi sueño de ver a Sting en directo, así que
comparto una de mis canciones favoritas suyas, que es esta
¡Ojalá nunca perdamos la fe en la intervención social!

martes, 16 de junio de 2015

Mi nueva etapa política

Recién investida concejal.
Acabo de ser investida concejal en el ayuntamiento de mi pueblo, El Ejido, por Izquierda Unida, organización en la que llevo militando 5 años. Es, como profesional, frustrante que en el momento en el que te afilies a un partido o simplemente señales inclinación por alguna tendencia política, se te acuse de perder objetividad. Tus opiniones en los ámbitos profesionales quedan relegadas porque estás contaminada por tu partidismo.

Discrepo de este planteamiento por varias razones. En primer lugar, nadie es objetivo porque el ser humano es, en esencia, subjetivo. La idea de la objetividad es un planteamiento de la ilustración que hoy está desterrado hasta en gran parte del ámbito científico. Es más, la profesión del trabajo social es, por definición, subjetiva porque uno de nuestros cometidos es interpretar una realidad dada y esa realidad es interpretada con criterios subjetivos, que no arbitrarios. También se nos paga por emitir valoraciones que son, asimismo, subjetivas, aunque basadas en criterios científicos (no necesariamente cuantitativos)

En esta línea, supongo que una trabajadora social que acaba de ser madre no experimentará las mismas emociones ni abordará un caso de abandono a un bebé de la misma manera que yo, que no tengo hijos, ni un oncólogo tendrá la misma percepción del cáncer si lo ha padecido su esposa, pero estas personas no serán acusadas de perder objetividad, seguramente.

No quiero decir con esto que pertenecer a un partido político no cambie la percepción de las cosas, es innegable que se tiende a verlas de un determinado modo, lo que quiero decir es que también un madridista tiene una percepción concreta de un partido de fútbol de su equipo, pero, sobre todo, que el sesgo es individual, que depende del hincha madridista en cuestión ¿o es que todos los madridistas son igual de ciegos al hecho de que el Madrid ha jugado horrible esta temporada?¿Todas las personas militantes de IU somos ciegas al hecho de que la situación de la organización en la Comunidad de Madrid es una vergüenza y nos hemos ganado a pulso desaparecer del parlamento madrileño?

La respuesta, en mi caso, es no, como madridista que soy y como afiliada a IU. Distinto es que haya personas tan seguidistas dentro de los colectivos que no tengan ni criterio propio, pero eso se lo encuentra una en la política, en el fútbol, en los sindicatos, en las AMPAS, en las plataformas ciudadanas y hasta en los Colegios de Trabajo Social.

Cuando se me pregunta por mi afiliación política me gusta responder que viene a ser lo mismo que cuando tienes pareja: haces una opción de vida al lado de alguien ¿Ese alguien es perfecto? Sabes que no, es más, conoces mejor que nadie sus defectos porque vives con esa persona, pero las virtudes y los valores de esa persona que tú percibes inclinan la balanza hacia el amor y la convivencia. Igual es un ejemplo cogido con pinzas, pero a mí me suele valer para explicarme.

Esta disertación, quizá algo larga, pretendía contextualizar mi doble condición de concejal y trabajadora social. Defiendo que, lejos de resultar un obstáculo, una enriquece a la otra. Normalmente me encuentro a muchas colegas que defienden que los cargos públicos de contenido social deberían ser ostentados por trabajadoras sociales o al menos por profesionales de lo social, porque mejoraría el desempeño de la función política. No es mi intención aquí opinar sobre si estoy de acuerdo o no (porque me llevaría a otra pesadísima disertación), mi objetivo es señalar que de la misma forma que la mayoría de profesionales piensan que un perfil académico enriquece la función política, yo observo que la condición política también ofrece una nueva e interesante perspectiva a los colectivos profesionales.

He repetido hasta la saciedad una obviedad: si queremos cambiar este país, hay que arremangarse, sea en política, en plataformas ciudadanas, vecinales, colectivos de afectados, etc. etc. Yo he optado, tras muchos años de activismo en otros foros, por la política ya que considero que desde el trabajo social se puede (y se debe) aportar a la función política e, insisto, creo firmemente que el trabajo social no es ideológicamente neutro, lo que no significa que yo considere que todos los profesionales tengamos que decantarnos por este o aquel partido político. Para nada.

En esta nueva etapa como concejal pretendo trasladar todos estos debates al blog y dar a conocer mi experiencia política. Obviamente mis opiniones son las que son; no importa, confío en la inteligencia de los lectores, que sabréis situar mis puntos de vista en el lugar que le correspondan. Termino esta entrada (arriesgada) lanzando una cuestión a debate: Ciudadanos ha pactado con el PSOE en Andalucía. Entre sus 70 propuestas, tan solo encontramos una medida referida a servicios sociales, más concretamente a Dependencia (que no es cosa de chusma). Ni Renta Básica, ni Exclusión Social, ni Ley de Servicios Sociales. Nada. Nada de lo que sorprenderse, por otra parte. Lo extraño, también en mi opinión, es que haya trabajadores sociales que voten opciones de derechas como Ciudadanos o PP, y aquí va la pregunta:

¿Es coherente como trabajadores sociales votar a opciones de derecha?

Reto a mis compañeras y compañeros de la BlogoTSfera a responder a la cuestión.

Hasta la semana que viene.


¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo?
¿Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo?
 Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan,
Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
"Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos."

Fragmento del poema Hojas de hierba
Walt Whitman

jueves, 4 de junio de 2015

Meritene

Todos los días escucho un anuncio en la radio, de camino al trabajo, que me pone de los nervios. Se trata de un anuncio de Meritene, un complejo vitamínico para nuestros mayores. En el anuncio, una joven telefonea a su madre para saber como están sus dos hijos, al cuidado de la abuela. La anciana le responde que muy bien, que están jugando con ella (uno enganchado a la pierna y otro en brazos, cito textualmente), pero ella puede responder gracias al complejo vitamínico que la hija le ha comprado. La mujer mayor finaliza la conversación señalando que si pudo con su hija puede con los nietos, todo esto en un tono distendido y jovial.

El anuncio no deja de sacarme de quicio por más veces que la SER lo emita y mis sufridos oídos lo escuchen. Tiene la cuña su miga: el producto se publicita para poner a las abuelas como aizkolaris, que los niños, ya se sabe, son incansables y además de arrastrarlos (mochila al hombro del abuelo o abuela en cuestión) a multideporte, flauta dulce, kárate y/o inglés, también merecen su rato en el parque, su pertinente bolsa de gusanitos (o la chuchería trending topic del momento, desconozco cual) y su vuelta en el columpio, mientras el abuelo / a empuja, sonriendo con seguridad gracias al pega dientes Corega Ultra, que también hace su servicio en esto del abuelismo actual.

Porque las abuelas actuales pueden con todo (o deberían), ya lo dice la buena señora: si pudo con la hija, puede con los nietos. Para eso le ha comprado la hija el producto de marras. Claro que el anuncio omite el detalle banal de que la abuela pudo con la hija precisamente porque no era abuela sino madre, porque no tenía 75 años sino 35 (un poner), que para eso la naturaleza es sabia y nos dota del inmenso honor de la procreación a edades en las que nuestras fuerzas nos permiten tamaña empresa y cuando nuestras fuerzas flaquean se nos retira, a dios gracias, el período.

Aunque, pensándolo bien, para el capitalismo la naturaleza no es sabia, sino todo lo contrario, la naturaleza es tonta de solemnidad, y, sobre todo, improductiva, ya que nos resta las fuerzas a edades tempranas tales como los 65 años, cuando el dios mercado exige precisamente lo contrario, que las fuerzas aguanten para trabajar hasta la hora, el minuto y segundo de irnos al otro barrio, o si no trabajamos, al menos no resultar un desecho, ejerciendo como abuelas modernas, mano de obra barata que anule la capacidad de protesta de sus hijas trabajadoras por cobrar un sueldo de vergüenza, la mitad destinada al pago de la guardería concertada de turno. Hay que seguir lubricando los engranajes del sistema ¿o si no de qué vamos a ser rentables, competitivos? ¿ser únicamente un gasto para la sociedad en medicamentos y pensiones? ¡No, hombre, no! Abuelas ciborgs al servicio de la economía capitalista.

Que conste que no estoy por la abolición del Meritene. Muy al contrario, soy partidaria del Meritene, del Corega Ultra y de todas aquellas prótesis, órtesis y demás -esis que supongan un elemento emancipador de las personas mayores. Que viva el Meritene si mi madre se lo toma para ir a gimnasia, a bolillo o simplemente porque le sale del mismísimo. Larga vida al Corega Ultra para que mi padre enseñe los piños riendo con los amigos en su partida diaria de dominó y para que pueda masticar con fruición su tapilla de tocino mientras ve la Ruleta de la Fortuna. Que vivan los productos que contribuyan a hacer de la vejez una etapa de bienestar, pero, Nestlé, no me vendas un Meritene para que la abuela cuide de los nietos porque me haces llegar al trabajo con un humor de perros.

Y, por favor, hija / hijo, no me vengas con la milonga de que a tu madre le gusta cuidar de sus nietos y eso la mantiene en forma. A mí no. No quieras, encima, responsabilizarlos de su sobrecarga. A tu padre, pero sobre todo a tu madre no le gusta ser una esclava, lo que ocurre es que no se atreve a decírtelo a la cara porque les han vendido la moto gripada de ser útil, ellos la han comprado y nosotros se la hemos financiado. A mí sí me cuenta tu madre en el despacho que está cansada, que los niños no le hacen caso y que lo que realmente le gustaría es estar sola y ver a sus nietos solo cuando le apetezca. Esa es la verdad. Lo otro es, simplemente, publicidad engañosa.

lunes, 13 de abril de 2015

De trapaceros y trapaceras

Limpia, fija y da esplendor. Ese es el lema de la Real Academia Española de la lengua. Significa, entiendo, que la RAE tiene como misión garantizar el uso adecuado de la lengua española y promover su difusión. Si la misión de la RAE es, como reza su lema, limpiar y fijar, no se entiende que ensucie la imagen de algunos colectivos a través de ciertas acepciones de vocablos que se recogen en el Diccionario.

Me refiero a la polémica suscitada el pasado 8 de abril, DíaInternacional del Pueblo Gitano, referida a una de las acepciones recogidas en la definición que el Diccionario establece del término gitano, concretamente la referida a trapacero, que quiere decir que estafa u obra con engaño. El Consejo Estatal del Pueblo Gitano emitió una queja formal a la RAE el pasado noviembre y la RAE se limitó a eliminar ...que estafa u obra con engaño y sustituirlo por trapacero/a en la versión impresa (23ª edición). En la versión online (22ª edición) continúa apareciendo ...que estafa..., como se puede apreciar en la imagen. Para el caso es lo mismo:

  
Así las cosas, el Consejo Estatal del Pueblo Gitano, aprovechando el día internacional, ha puesto en marcha una campaña cuya etiqueta para redes sociales es #yonosoytrapacero #yonosoytrapacera. El vídeo de la campaña, que puedes visionar aquí, es muy recomendable, al igual que la página web de sus autores,la Fundación Secretariado Gitano, con material bien interesante para su descarga.

De todo este asunto me llaman la atención dos cuestiones. En primer lugar, la respuesta de la RAE a la queja del consejo del pueblo gitano, en la que contestan, entre otras cosas (cito textual):
Como la RAE reitera una vez más en el preámbulo de la 23ª edición del Diccionario recientemente presentada, ante las frecuentes demandas que recibe para eliminar de él ciertas palabras o acepciones que, en el sentir de algunos, o reflejan realidades sociales que se consideran superadas, o resultan injustificables para determinadas sensibilidades, la corporación examina con cuidado todos los casos que se le plantean. Pero no siempre puede atender a algunas propuestas de supresión, pues los sentidos implicados han estado hasta hace poco, o siguen estando vigentes en la comunidad social.

Al plasmarlos en el Diccionario, el lexicógrafo está haciendo un ejercicio de veracidad; está reflejando usos lingüísticos efectivos, pero no está incitando a nadie a ninguna descalificación ni presta su aquiescencia a las creencias o percepciones correspondientes.
Es decir, que si la gente piensa que los gitanos estafan u obran con engaño, la RAE se limita a reflejar una percepción popular. Pues vaya. En mi opinión no experta como lingüista pero sí experta en intervención social, este razonamiento está cogido por los pelos porque en el momento en que se incluye la acepción trapacero / a, sin más, se está prestando aquiescencia del mismo modo que se prestó aquiescencia (¡menudo término!) al definir homosexual como persona que practica la sodomía, por mucho que haya quienes perciban a los homosexuales como sodomitas. Es más, es que la propia definición de sodomía es de traca:

Queda claro que para la RAE el coito anal no es una práctica sexual sino un acto deshonesto.
Y si, desde el punto de vista lingüístico, es tan necesario incluir en la definición de gitano una acepción que es a todas luces sesgada, basta con incluir la coletilla que se incluye en otras definiciones usado como insulto, despectivamente, etc. todo menos definir a un colectivo desde el prejuicio, sin más ¿O es que eliminar prejuicios en el lenguaje no es también limpiar, fijar y dar esplendor? Yo opino que sí.

La segunda cuestión que me ha llamado la atención es que haya pasado desapercibida otra de las acepciones del término gitano. Me refiero a esta:


No siendo una mujer gitana no me hace ninguna gracia que mis congéneres sean definidas como alguien con arte para ganarse las voluntades de otros, por mucha connotación de elogio que incluya el término, la verdad. No sé si aquí el Consejo Estatal del Pueblo Gitano ha pecado de obra (machismo) u omisión (despiste), pero esta tontería también debería ser denunciada y tampoco debería aparecer en el Diccionario, entre otras cosas, porque ignoro de donde saca la RAE estas percepciones populares.

Si de percepciones populares se trata, yo puedo recomendar a la RAE que incluya algunas bien conocidas, como por ejemplo político / a: persona corrupta, banquero / a: persona que se dedica a la profesión que tiene como objetivo robar el dinero de la gente pobre o policía: fuerza de seguridad, cómplice de los bancos en los desahucios. Incluso se podría incluir académico / a: intelectual experto en lengua española, amante de los prejuicios y lerdo en respeto. 
 
 Las Migas
Perdóname, luna 

Dedicada a esa maravilla de escritor, que tanto bueno ha hecho 
por la literatura y por mejorar el mundo en el que ha vivido,
Eduardo Galeano. Que la tierra te sea leve.

lunes, 6 de abril de 2015

Incógnito (Segunda Parte)

Esta semana cedo la palabra a Elena Salinas, quien aceptó el encargo de leer el libro Incógnito de David Eagleman, comentado la semana pasada. Ella, como trabajadora social en prisiones, ofrece un punto de vista más experto que el mío en lo referente al tema de la responsabilidad penal, última parte del libro. Para leer la entrada, pulsa aquí (te llevará a su blog Preventiva Reincidente). Te dejo con esta canción de Genara Cortés, Un lugar casi vacío, título que, hablando de cerebros, me evoca el de algún ministro que otro. Hale.


Un lugar casi vacío
Genara Cortés

lunes, 30 de marzo de 2015

Incógnito (primera parte)


¿Qué tiene que ver esta imagen con la Odisea de Ulises?¿Y con un Mel Gibson detenido por antisemitismo? Mucho más de lo que podamos imaginar. Eso y mucho más es lo que aborda David Eagleman en su libro Incógnito. Las vidas secretas del cerebro, que acabo de terminar, con un buen sabor de boca. Aprovecho para agradecer la recomendación.

David Eagleman
Los libros de divulgación científica no suelen convertirse en best-seller, pero este en concreto sí lo ha sido en EE.UU. (en España lo edita Anagrama). A pesar de la temática, el libro se lee con mucha facilidad ya que Eagleman tiene un estilo fresco y divertido ¿De qué va, pues, el libro? Como imaginarás, es un viaje al interior del cerebro humano. La tesis principal, que da título a la obra, es que la mente consciente es solo la punta del iceberg y la mayoría de nuestras acciones se gestan fuera del alcance de la conciencia. Es decir, el cerebro trabaja de incógnito.

Durante los cinco primeros capítulos, el autor explora hasta qué punto tenemos el control de nuestras acciones y decisiones y la verdad es que es descorazonador comprobar que, en realidad, en mucha menor medida de lo que nuestro ego racional cree. La neurociencia está obteniendo informaciones sorprendentes sobre el cerebro humano y lo interesante es que estos descubrimientos tienen un importante correlato en lo referente, por ejemplo, a la responsabilidad penal, que es de lo que trata la última parte del libro.

Puesto que el libro dedica sus últimos capítulos a relacionar los avances en neurociencia con un nuevo modelo de responsabilidad penal, he pedido a Elena Salinas, autora del blog sobre trabajo social penitenciario Preventiva Reincidente, que lea el libro y dedique una entrada en su blog a abordar esta cuestión, así, su entrada será la segunda parte de esta que lees.

Quiero finalizar animando al colectivo de profesionales de lo social a la lectura de libros sobre temática biológica. Me consta que a las trabajadoras y trabajadores sociales nos cuesta acercarnos a ellos. Atrevéos. En infinitas ocasiones las respuestas aparecen donde menos se las espera.


Objetivo Birmania
Incógnito
¡Me encantaban, así que 
no me resisto a compartir otra!
No te aguanto más
 

lunes, 23 de marzo de 2015

Niños que tiran piedras a los trenes


Ayer fue un día negro para mí. La pérdida de escaños de Izquierda Unida en las elecciones andaluzas cayó como un jarro de agua helada sobre las cabezas de la militancia, entre la que me incluyo ¡Habíamos trabajado tanto! Nuestra parlamentaria, Rosalía Martín, ¡había trabajado tanto!

Al inicio de la campaña sabíamos que los resultados podían sernos desfavorables, pero los dos debates electorales, el acto de Anguita y nuestro programa electoral, realizado con la complicidad de tantos y tantos colectivos (todo ello traducido en cierto repunte en las encuestas) nos supuso un chute de moral.

A medida que comenzaron a aparecer los sondeos a pie de urna, los resultados corrían como la pólvora por nuestros grupos de watsapp y el desánimo hacía francamente difícil el recuento. Al terminar en nuestras mesas, cansados y cabizbajos, nos marchamos con la carpeta bajo el brazo a nuestra sede.

Gota a gota iban llegando compañeras y compañeros, con rostro sombrío y brazos caídos. Soltaban con desgana la carpeta en la mesa, suspiraban y se sentaban, desfondados. Carmen, una militante a la que admiro mucho, cuya familia lleva luchando en el PCE desde la clandestinidad, en el centro de la sala, con los ojos húmedos, nos miró a todos y dijo con rabia: ¿qué más tendríamos que haber hecho? Porque yo no sé qué más tendríamos que haber hecho.

Anunciado el escrutinio final, mi pareja, que me cuida, me arrastró a casa. Opté por acostarme porque hoy había que levantarse para venir a trabajar. La vida continúa. Esta mañana, eso sí, he tenido la precaución de no poner la radio camino al trabajo para no hacerme más mala sangre. Durante la ruta me he limitado a repetirme, como un mantra: los usuarios no tienen la culpa, los usuarios no tienen la culpa, hoy es un día como otro cualquiera. No te enfades, aunque tus compañeros se metan contigo.

Pero mis compañeros de trabajo no solo no se han metido conmigo, sino que me han dado un caluroso recibimiento al llegar y han expresado un reconocimiento sincero, aunque algunos de ellos no hayan votado a Izquierda Unida. Les consta cuanto esfuerzo, trabajo e ilusión hay detrás de mi militancia (menor, por otra parte, que el de la gran mayoría de mis compañeras y compañeros de la organización) y me han expresado que les parece injusto el resultado que hemos tenido en IU.

La militante ha dejado paso a la trabajadora social, no sin antes tranquilizar a mi madre, que me ha llamado preocupada ¡la tensión, hija, no vaya a darte una subida por la política! Después de la llamada, he realizado una visita domiciliaria a una anciana, en situación de dependencia severa, que tiene ocho hijos, pero vive completamente sola y aislada. En la entrevista me ha confesado, entre lágrimas, que sus hijos, aunque no la atienden, no paran de pedirle dinero. Me ruega que le ponga una mujer cuanto antes porque los hijos, dice, son como los cuervos, los crías y te sacan los ojos.

Al llegar al centro me ha preguntado en el mostrador, Jesús, un ex toxicómano rehabilitado, si hay ayudas para los medicamentos porque tiene gripe y no se los puede costear. Su residencia en una infravivienda húmeda y fría no es precisamente un apoyo en su convalecencia.

Me he sentado en el despacho a realizar el informe de arraigo de Said, un inmigrante que lleva 5 años sin ver a su familia. El certificado de penales está a punto de caducarle así que hay que darse prisa en la emisión del informe. Lo imprimo y se lo doy con la secreta esperanza de que muy pronto pueda regresar a su tierra y abrazar a su madre.

He tenido una reunión de equipo en la que hemos tratado el caso de Jorge, un menor de 9 años, al que vamos a tener que enviar a un centro de protección porque su madre lo ha abandonado y ningún miembro de la familia extensa lo quiere acoger. Así de claro. Así de estremecedor.

Y poco a poco, el sabor amargo de la derrota electoral ha ido perdiendo intensidad. Esta noche me reúno para analizar los resultados. Será una reunión dura, pero, juntos, nos levantaremos de la caída porque esta organización es la casa cien veces derrumbada y cien veces construida. En nuestro spot electoral la voz en off también susurra: Nunca fuimos héroes, no seremos héroes. Si acaso, niños que tiran piedras a los trenes. Ahora solo espero que no me abandonen las fuerzas para seguir tirando piedras a los trenes muchos años más. Por la mañana, en el centro de servicios sociales con los héroes que sí son nuestros usuarios y usuarias. Por la tarde, con compañeras, compañeros y camaradas en un piso en cuyo portal hay un viejo rótulo que dice: Izquierda Unida El Ejido, Oficina 6.

lunes, 16 de marzo de 2015

Programa de Servicios Sociales de IU Andalucía

(Por si estás por Almería y te animas...)

¿Aún sigues aquí tras leer el título de la entrada y ver el cartel? Me siento aliviada. Te confesaré que he escrito esta entrada con miedo, bueno, miedo quizá no sea la palabra... Vergüenza. Sí. Esa es la palabra. Por desgracia. Lo digo porque desgraciadamente no es fácil defender una opción política en los tiempos que corren, normal ¡Válgame Marx! La clase política se encuentra, en su mayoría, tan enfangada que cualquiera que se acerque a un partido corre el riesgo de ser salpicado por el lodo.

¡Bah, el mundo no es de los cobardes! Ya dedicaré otra entrada a explicar qué cable hizo contacto en mi cabeza para militar en IU. Me limitaré a decir que siempre he mantenido la importancia de que haya profesionales del trabajo social o profesionales de lo social en general inmersos en los partidos políticos, sean del color que sean, y, asimismo, me gustaría que compañeras y compañeros de lo social de otros partidos defendieran su programa porque es un sano ejercicio de democracia.

Hoy me limitaré a trasladarte mi programa electoral en materia de servicios sociales para las elecciones andaluzas, elecciones que Susana Díaz ha decidido convocar porque para eso es ella la presidenta de la Junta y olé. Eso sí, la ocurrencia tiene más bien poca gracia, la verdad, vamos a terminar todos hasta el moño de elecciones, sobre todo aquellos que tienen la mala suerte de tener amigos en política (aprovecho para pedir disculpas con el corazón en la mano y cara de perro adóptame en facebook)

Te cuento, de entrada, que en IU existen órganos denominados Áreas de Elaboración Colectiva, una de ellas sobre servicios sociales. Puedes encontrar el Área Autonómica de Servicios Sociales en facebook aquí, y en twitter somos @AreaAndaluzaSS. Las áreas están abiertas a personas y colectivos de fuera de la organización y tienen importantes funciones, entre ellas, asesorar a la dirección en la materia, así que si nuestro programa no te convence, somos en parte responsables. Espero que no sea el caso.

Hemos estructurado nuestro programa (que puedes consultar completo, aquí) en lo referido a servicios sociales partiendo de propuestas generales que se concretan en los siguientes apartados:
  1. Cohesión social: Renta básica y otras prestaciones sociales
  2. Lucha contra la pobreza y la exclusión social
  3. Dependencia
  4. Tercera Edad y envejecimiento activo
  5. Diversidad funcional / discapacidad
  6. Drogodependencia y otras adicciones
Además, dedicamos apartados a estos colectivos:
  1. Propuestas sobre personas migrantes
  2. Propuestas sobre comunidad gitana
Nosotros partimos del siguiente diagnóstico del sistema andaluz de servicios sociales, así, en resumen:
  1. Graves problemas en cuanto a financiación, ya que no está adecuadamente garantizada.
  2. Marco legal desfasado, que no responde a la realidad social actual en Andalucía.
  3. Falta de mecanismos de coordinación entre los Servicios Sociales Comunitarios y otras estructuras, especialmente Sanidad, Educación y Justicia.
  4. Baja dotación de las estructuras comarcalizadas y mancomunadas tanto en Servicios Sociales Comunitarios como Servicios Sociales Especializados.
  5. Procesos de externalización y privatización de servicios.
  6. Lentitud en la aplicación de la Ley de Autonomía Personal y Atención a la Dependencia con excesiva burocratización de los procesos.
  7. Políticas centradas en el asistencialismo y con escasa participación de la ciudadanía.
  8. Falta de participación de las y los profesionales en el diseño y evaluación de las políticas.
A partir de ahí, elaboramos las medidas que evitarán que los servicios sociales sigan siendo un mecanismo funcional al sistema capitalista, un sistema que, en nuestra opinión, favorece la existencia de un ejército de reserva de excluidos sociales, reflejo de un modelo basado en la beneficencia. Somos izquierda, como ves, y no lo vamos a esconder.

No quiero extenderme más. Te animo a que consultes nuestro programa y los programas del resto de partidos. Así podrás tomar una decisión meditada. Eso sí, no me resisto a compartir nuestro spot de campaña porque, al margen de que nos elijas o no, contiene un bonito mensaje: Construir la Luz. Gracias por tu atención y ¡feliz día mundial del Trabajo Social!

Construir la Luz
Spot Electoral Izquierda Unida Andalucía

viernes, 6 de marzo de 2015

El Síndrome Katrina


¿Por qué no sentimos la desigualdad como un problema? Es un interrogante apasionante al que trata de dar respuesta Joaquín Santos en su libro El Síndrome Katrina, libro que presentó ayer en Almería en un acto organizado por el Colegio de Trabajo Social; yo, como Sofía Mazagatos, he tenido la suerte de leerlo, así que ofrezco hoy mi punto de vista sobre la publicación y sobre el acto de ayer.

El autor, Joaquín Santos, es trabajador social y ensayista: dos libros publicados son argumento suficiente como para poder denominarlo así. Esta doble faceta de Joaquín lo convierte en una rara avis de nuestra profesión. Los trabajadores sociales operamos en intervención social, por lo que somos expertos en el ámbito micro social y solemos ceder el espacio macro social a otras disciplinas como la sociología o la economía. Esta manía nuestra de no salir del espacio micro tiene, en mi opinión, dos nefastas consecuencias: en primer lugar, nos impide construir un relato propio sobre la realidad social y, en segundo lugar, la realidad social es explicada por otros, por eso me parece tan importante que un trabajador social, como es Joaquín, se atreva a dar el paso de escribir y hacerlo además sobre un tema tan macro como es la desigualdad.

El libro de Joaquín, como digo, trata de explicar por qué la sociedad ha asumido la desigualdad como un fenómeno natural. A este fenómeno el autor lo denomina el Síndrome Katrina, pero no voy a explicar en qué consiste para que leas el libro y así saldrás de dudas. El libro, pues, se estructura en varias partes: en la primera Joaquín explica el por qué del título. La segunda parte es un análisis sobre la desigualdad, que sirve de introducción a la tercera parte, dedicada al meollo del asunto, es decir, a explicar (muy acertadamente) por qué no percibimos la problemática de la desigualdad como un problema.

La tercera parte analiza la manipulación que nos lleva a ignorar la problemática de la desigualdad a través de tres mecanismos: el poder, el miedo y el discurso, que no es lo mismo que el relato (para comprender las diferencias entre discurso y relato recomiendo la entrada de Joaquín al respecto en su blog, aquí)

Por último, Joaquín plantea una serie de alternativas al discurso neoliberal, alternativas que se proponen como punto de arranque para una reflexión colectiva. En definitiva, un libro redondo al que solo le pongo un pero: la maquetación, que no facilita su lectura. Por lo demás, El Síndrome Katrina es un tratado sobre desigualdad que todas las trabajadoras sociales deberíamos leer con mucho detenimiento.

Joaquín ha acometido la tarea de escribir una trilogía sobre los valores republicanos tradicionales: libertad, igualdad y fraternidad, emulando, no sé si con intención o no, a la trilogía Azul, Rojo, Blanco de Krzysztof Kieślowski (he pegado el nombre, no había...forma humana de escribirlo). El Síndrome Katrina aborda los valores de la igualdad. Esperamos con ansiedad el segundo libro, sobre la libertad, que, según me comentaba Joaquín, anda muy avanzado. 

Acabo mi entrada con algunas fotos del acto y agradezco al Colegio de Trabajo Social de Almería la iniciativa. Espero que sea la primera de muchas, la afluencia de público fue una prueba de que iniciativas como esta son demandadas y aplaudidas.


Comienza la presentación del libro.

Joaquín, como buen mañico, supo hacer de la presentación un acto con gracejo...


Yo, yo misma y Joaquín.

Algunas miembras de la Asociación de Directoras Gerentes con nuestro socio más ilustre.





viernes, 27 de febrero de 2015

Esperar la muerte

http://www.asturiasmundial.com/blogs/saludando/338/ancianos-enfermos/

La radio-despertador me ha dado los buenos días con la noticia de que dos ancianos han fallecido en Canarias tras varios días sin comer ni beber. La policía local y los bomberos acudieron al domicilio, alertados por la médica de cabecera y la trabajadora social del centro de salud, puesto que, según parece, no habían acudido a la cita semanal que tenían concertada. Dice el periódico que la esposa tenía graves problemas de movilidad y el esposo debió sufrir algún problema sanitario. Los encontraron a los dos acostados, juntos, entre vómitos. Ella estaba inconsciente y él apenas tuvo fuerzas para relatar lo ocurrido. Fallecieron al llegar al hospital.

Estoy sobrecogida desde que escuché la noticia. Es desgarrador imaginar como pudieron soportar el transcurrir de las horas, conscientes de que nadie iba a acudir en su ayuda. No tenían hijos ni apoyos externos, y si los apoyos existían, eran puntuales puesto que nadie se percató de lo que estaba sucediendo. Tampoco tenían teléfono. Solo podían esperar. Esperar ayuda o esperar la muerte, juntos.

¿Cómo pudo suceder algo así? Se entiende que esta pareja de ancianos no contaba con ningún apoyo familiar ni vecinal. Es posible que se tratase de dos personas con aversión a la relación social, pero la realidad es que no había nadie que se preocupase por ellos o que al menos pasase por la vivienda a echarles un ojo, una costumbre habitual entre vecinos, al menos en los pueblos, al menos en el mío. Una costumbre maravillosa, signo de un tejido social denso, de una comunidad unida por los lazos del apoyo y la solidaridad. Una costumbre, como digo, todavía vigente en el ámbito rural. Si residían en una ciudad, la cosa está clara: nadie conoce a nadie por lo que nadie echa un ojo a nadie.

Tampoco parece que estuviesen apoyados por recursos profesionales. No tenían teléfono fijo (eso ha dicho la radio), por lo que no pudieron hacer algo tan sencillo como pulsar el botón de teleasistencia, un recurso que, literalmente, salva vidas. Por desgracia, cada vez hay más personas mayores que anulan su línea telefónica por no poder asumir el coste. No sé si sería el caso, pero la realidad es que cada vez hay menos teléfonos fijos y cada vez hay menos terminales de teleasistencia de carácter público. Un servicio, el de teleasistencia, que debería tener un carácter eminentemente preventivo y extensivo al conjunto de población mayor que reside sola o con otras personas mayores.

Si hubiesen sido usuarios del servicio de ayuda a domicilio, la auxiliar se habría percatado de que algo no marchaba bien si no podía acceder al domicilio. Yo soy bastante reacia a prescribir servicios de ayuda a domicilio que no se realicen diariamente precisamente por esta razón. La auxiliar de ayuda a domicilio es un pilar de apoyo básico para personas mayores que residen en casa y ellas, al igual que el servicio de teleasistencia, también salvan vidas, además de garantizar la permanencia en el medio, la autonomía personal y, lo más importante, hacer la vida mejor a quienes atienden.

Pero ningún recurso se activó. Nunca sabremos si la muerte de estas dos personas fue causada por las políticas criminales que rescatan bancos sin ningún pudor, escudándose en inescrutables y mentirosos dogmas económicos y condenan a la población a la pobreza y la exclusión, si fue causada por una sociedad insolidaria, compuesta por hombres y mujeres que apartamos la mirada del bulto de cartones bajo el que se esconde otro hombre, otra mujer, o si, en definitiva, entre todos los matamos y ellos solos se murieron.

Solo hay una cosa clara en este trágico suceso. La policía y los bomberos acudieron porque dos funcionarias públicas, una médica de cabecera y una trabajadora social tuvieron la sensibilidad de reparar en que estas dos personas no habían acudido a la cita programada y se preocuparon de poner en marcha los dispositivos oportunos para averiguar si algo pasaba, aunque no era parte de las responsabilidades profesionales ni de la una ni de la otra . Dos funcionarias que hicieron lo que humanamente pudieron. Dos funcionarias, entre las miles que diariamente dan lecciones de dignidad a un gobierno indigno. 

Un gobierno indigno que, mientras recorta en derechos básicos para la ciudadanía, se permite poner a los pies de los caballos a las mujeres y hombres que formamos el cuerpo de empleados públicos un día sí y el otro también. Un gobierno indigno, el que soportamos en este país, porque está formado por mujeres y hombres indignos. Desde el jergón en el que insinuáis que dormito siete horas y media diarias, yo, funcionaria, os maldigo.


Los Enemigos
"Desde el jergón"