sábado, 31 de enero de 2015

Gracias, Susana

Estimada Susana:

Me dirijo a tí en calidad de militante de Izquierda Unida, Los Verdes, Convocatoria por Andalucía, para darte las gracias por romper el pacto de gobierno y convocar un adelanto electoral. Me permito tutearte porque me da que te agrada y porque eres la presidenta de todas las andaluzas y de todos los andaluces, y por ende, la mía.

Es más, se podría afirmar sin pudor que tú misma eres Andalucía, a tenor de tus reacciones cuando se critica esta tierra nuestra. Bueno, realmente es más tuya que mía ya que Almería casi que ni se merece ser andaluza: votamos NO al referéndum, no bailamos sevillanas, nuestro río está seco, no comemos picos y además carecemos de ese acento andaluz ¡tan gracioso! con sus haches aspiradas. Un acento juntadeandalucía que con gran esfuerzo imitan algunos paisanos míos de tu partido. Es normal que le pongan empeño, a ver si así consiguen que alguna vez nombres para Sevilla a alguien de por aquí. Reconocerás, Susana, que te gusta tanto nombrar consejeros de Almería como que te metan un dedo en el ojo. A los hechos me remito.

Como te decía, te agradezco que hayas roto el pacto de gobierno, un pacto que ha sido lo mejor que le ha pasado a Andalucía y lo peor que le ha pasado a Izquierda Unida. El tiempo me dará la razón, aunque pensándolo bien, quizá no, y es que es imposible saber qué hubiéseis hecho en el gobierno sin nosotros, por más que le preguntemos a las miles de personas a las que hemos evitado que echen de su vivienda, a las familias que hubiesen podido sacar a sus muertos de las fosas comunes, o a las personas transgénero que han visto protegida su dignidad. Mejor habría que preguntarle a la familia Botín, que creo que estaban encantados con nuestro proyecto de banca pública.

Cuando llegó el momento de votar en referéndum sobre el pacto, yo opté por el sí. Lo hice porque por nada del mundo quería que el Partido Popular pusiese sus garras sobre esta tierra y lo hice pensando en que si se os votaba para formar gobierno en minoría, no tardaríais en pactar con el PP para seguir haciendo políticas económicas neoliberales y tapando la podredumbre, que para ello no tienen reparo estos últimos. No parece que estuviese muy equivocada teniendo en cuenta que a los cinco minutos de romper el pacto pactaste con ellos el blindaje de la cámara de cuentas, no fuese que a los rojos nos diera por continuar investigando la trama de corrupción de los cursos de formación, que, precisamente investigábamos a través de ese organismo ¡qué coincidencia!

Creía también, ilusa de mí, que nuestra organización podría forzar un giro a la izquierda de tu partido. Dios sabe que lo intentamos. En nuestras consejerías no podías frenar la acción de gobierno: desmantelamos el chiringuito de EPSA, sacamos un Plan de Construcción Sostenible (que no has dudado en presentar como propio), turismo sostenible, memoria histórica, Algarrobicos y mucho más, pero en el resto cada ley, cada decreto, cada orden, venía precedida de una ardua negociación, en muchas ocasiones, inútil. No hablo de oídas. El anteproyecto de ley de servicios sociales ha supuesto un infierno administrativo y político: 13 borradores, reuniones y más reuniones, negociaciones de nuestros parlamentarios, consultas a los colectivos implicados y trabajo nocturno (literal) elaborando enmiendas y propuestas, todo ello para encontrarnos en el punto de partida: negativa absoluta a frenar en seco la iniciativa privada, es decir, la mercantilización de los servicios sociales y negativa absoluta a desmantelar la agencia, dos líneas rojas que desde mi organización habíamos marcado.

Llegó la hora de negociar la Ley de Renta Básica: nosotros dábamos por sentado que no podríamos conseguir una renta básica pura pero luchábamos con denuedo para sacar a la calle una ley de garantía de ingresos mínimos como derecho subjetivo, una ley que es agua en el desierto. Ya sabes lo que ocurrió: negativa ante la consideración de derecho subjetivo (de tal forma que las personas pudiesen exigir este derecho en un juzgado). Para este viaje no hacían falta alforjas, te contestaron mis compañeros ante este nuevo portazo. Portazos estos que nos obligaron a darte un ultimátum: o el pacto de gobierno avanzaba a más velocidad o nos íbamos. Qué poco te gusta que te marquen el paso, Susana.

Luchábamos, entre otros muchos frentes, por sacar adelante una ley de servicios sociales y de renta básica decentes, pero había quien en la calle y en las redes sociales enarbolaba el consabido ¡casta, sillones! ¡Sillones, Susana, con tres en Almería, que han ocupado compañeros que ya tenían empleo estable! Compañeras y compañeros cuyo trabajo en las consejerías pasaba de largo mientras se nos acusaba de no conseguir el ansiado giro a la izquierda. Te confesaré que algunos días ni siquiera entraba en facebook para no soportar la bronca del troll o hater de turno.

Así las cosas, Susana, como trabajadora social y como persona me echo a temblar por esta ruptura. Como militante de IU me siento aliviada y te agradezco la patada: me has evitado muchas horas de trabajo nocturno, muchas discusiones en la red, mucha lucha en la calle y mucha reflexión en días de insomnio; tiene razón Antonio Maíllo, no eres de fiar. Me queda, eso sí, la satisfacción del trabajo bien hecho en nuestras consejerías y la certeza de habernos dejado el alma en el camino por Andalucía. Tú has hecho lo peor para Andalucía y lo mejor para tí misma. Nosotros, en cambio hemos hecho lo mejor para Andalucía, aunque no fuese lo mejor para Izquierda Unida. Muchas andaluzas y andaluces lo saben. Mis compañeros, mis compañeras y yo lo sabemos. Con eso nos basta.

PD.: La izquierda es feminista, Susana (muy mal Tsipras) pero la izquierda también es laica y republicana. No te pongas trajes que te quedan grandes.

Rosana
"Pa tí no estoy"

viernes, 23 de enero de 2015

Ehquidad, nueva revista de ciencias sociales y trabajo social

En alguna ocasión recuerdo haber escrito en este blog sobre lo mucho que me preocupa el parón con respecto a la producción de conocimiento científico que han traído consigo los recortes en materia de investigación. Por ello, la aparición de una nueva revista científica en el ámbito de las ciencias sociales y trabajo social es hoy día una muy buena noticia, al menos en mi opinión.

La revista en cuestión es EHQUIDAD, revista científica e internacional, que cumple con los principales criterios de calidad editorial que requiere la comunidad científica (comités, consejo, periodicidad, evaluaciones). Se publicarán artículos relacionados con la investigación o la innovación en el Trabajo Social y las Ciencias Sociales, con un doble enfoque: por un lado, acercarnos al estudio, reflexión, conocimiento y la intervención social; y por otro; obtener y transferir los resultados de las investigaciones a la sociedad.

Esta revista es editada por la Asociación Internacional de Ciencias Sociales y Trabajo Social. Es una asociación que también se ha fundado hace poco y que se presenta en su página web de esta forma: El Trabajo Social y las Ciencias Sociales surgieron para explicar y actuar en una sociedad que estaba siendo más consciente de sus necesidades y sus derechos. La responsabilidad de estas disciplinas está en su ADN y a lo largo de su trayectoria han cumplido la función de analizar y explicar la realidad, previniendo situaciones problemáticas donde la intervención se ha hecho necesaria para mejorar las condiciones de vida de los ciudadanos.

AICTS forma parte de estas premisas y asume su compromiso hacia la sociedad y las generaciones futuras. Comenzando desde el ámbito universitario, AICTS es una entidad abierta a las agencias e instituciones públicas y privadas. No podemos entender nuestra labor sin las relaciones que se construyen mediante colaboraciones con el mundo asociativo, y por este motivo, sus representantes más relevantes han estado con AICTS desde su inicio. Lejos de aislarse, AICTS trabaja en las calles, a través del estudio, la investigación y la intervención.


Esta asociación, además de publicar la revista Ehquidad y de realizar la labor investigadora que explica en su presentación, administra este blog y permite la suscripción a su boletín. Yo ya lo hice y es una manera muy cómoda de recibir información acerca de sus actividades.

Desde este pequeño espacio virtual quiero dar la bienvenida a la Asociación y a la revista, deseándoles un trabajo fructífero que seguro redundará en la mejora de nuestra sociedad ¡bienvenidas y bienvenidos!

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Vídeo presentación de la asociación
(pido disculpas, me ha sido imposible enlazar 
directamente desde el canal en youtube, aquí)

lunes, 19 de enero de 2015

Si no existiesen los servicios sociales


Suelo evitar escribir entradas acerca de las pulmonías que suelta de mucho en cuando la clase política peperiana porque, a pesar de lo importante que es denunciar las burradas que hacen y dicen, me pongo tan nerviosa que acabo perdiendo los papeles. Con todo, la última frase lapidaria peperiana que he escuchado es de tal calado que no me he podido contener, allá voy.

Me cuenta una compañera trabajadora social que el otro día estaba reunida sobre un caso con el alcalde de su pueblo porque éste le había hecho llamar para recriminarle que no estaba tratando bien a una familia, buena gente. Tan buena gente es esta familia que la trabajadora social había tenido que citar a los hermanos para recordarles que tienen un padre de 80 años abandonado en un cortijo donde Cristo tiró el alpargate, que decimos por aquí.

No voy a detenerme a reflexionar sobre lo que se entiende en los pueblos por buena gente porque daría el tema para una entrada, ni a la intervención del alcalde. Sigo con la reproducción de conversación. Bien, después de las advertencias sobre la confidencialidad, mucho debate y aclaraciones, este buen hombre, bastante contrariado por el giro de los acontecimientos, a modo de conclusión va y suelta: si no existiesen los servicios sociales, no tendríamos estos problemas.

Impresionante. A estas alturas yo creía haberlo escuchado todo: que los servicios sociales fomentan la vagancia, que suponen un despilfarro para las arcas públicas, que solo ayudan a moros y gitanos... pero decir que la sola existencia de los servicios sociales es generadora de problemas sociales ha batido el récord, amigos. Esta afirmación es en mi opinión de una gravedad extrema, porque lo que hay detras de esa frase es, simple y llanamente, la firme creencia de que los problemas familiares o sociales no son asunto de la administración pública y abordarlos lo único que conlleva son quebraderos de cabeza.

Se le podría contestar a este alcalde que pensar eso es lo mismo que pensar que si no existiesen los centros de salud, la gente no se pondría enferma, pero yo preferiría contestarle explicándole que si no existiesen los servicios sociales:

  • No se habría detectado la situación de abandono que este anciano está padeciendo.
  • No se atenderían a menores que son desatendidos por sus padres.
  • No se abordarían actuaciones de prevención de exclusión social de niñas y niños y de colectivos en situación de vulnerabilidad.
  • No se ayudarían a las cuidadoras de personas en situación de dependencia.
  • No existirían personas en situación de dependencia porque tal ley no se habría puesto en marcha.
  • No se fomentarían grupos de autoapoyo.
  • No se apoyaría la permanencia en el medio de personas con trastorno mental.
  • No se trabajaría para fomentar la autonomía personal de las personas con diversidad funcional.
  • No se intervendría en dinámicas familiares disfuncionales.
  • No se implementarían proyectos de desarrollo comunitario.
  • No se informaría a la población de los derechos sociales que (aún) les asisten.
  • No se potenciaría la reinserción en el medio de personas exreclusas.
  • No se lucharía contra la exclusión social.
  • No se atajarían problemáticas individuales de emergencia social.

Y así podría continuar, aunque lo que realmente me apetecería es explayarme con un ¡Juan, bienvenido al país sin problemas sociales, el país feliz, del mundo de la ilusión de la casa de la gominola de la calle de la piruleta, mírame, soy una trabajadora social mágica! Por cierto, pretendía ser sarcástica.

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sábado, 10 de enero de 2015

Indies, hipsters y gafapastas


Hoy mi entrada persigue animar a la lectura de un libro que acabo de terminar. Se trata del libro Indies, hipster y gafapastas. Crónica de una dominación cultural. Lo escribe Víctor Lenore, periodista y crítico musical y lo edita Capitan Swing, una pequeña editorial que está publicando grandes libros. 

He conocido Capitan Swing a través del librero de mi pueblo (Librería Sintagma); el dependiente de la sección de libros de El Corte Inglés, que lo tengo también a mano, no tendría esta información, dicho sea de paso. Pequeña librería la de mi pueblo que recomienda una pequeña editorial gestionada con talento.

Prueba del acierto del editor es el éxito que ha cosechado publicando el ensayo de Owen Jones, Chavs, la demonización de la clase obrera. También lo he leído y también lo recomiendo; en principio no me planteé dedicarle a Chav una entrada en el blog (y debería) porque aborda la realidad cani o poligonera británica (allí se les denomina despectivamente Chavs), pero verdaderamente es extrapolable a la española. Una realidad, la de los canis, que los profesionales de la intervención social deberíamos conocer más allá de los abominables estereotipos por la que se los define en la calle, entre otras cosas porque son usuarias y usuarios de nuestros servicios y solemos aplicarles las mismas etiquetas.

En este sentido, opino que los profesionales de la intervención social en general y los trabajadores sociales en particular debemos estar más atentos a los fenómenos sociales macro porque nos ofrecen las claves para abordar correctamente la realidad micro que trabajamos desde la intervención social. Además, dotarnos de una visión crítica y analítica de la realidad social nos previene de aquellas políticas sociales supuestamente bienintencionadas que se basan en lecturas sesgadas de la realidad o, lo peor, en agendas ocultas. Pondré un ejemplo al término de la entrada para hacer inteligible este hilo argumental.

Los dos libros, Hipsters y Chavs, me han resultado bien interesantes porque parten del análisis crítico de estas tribus urbanas bajo la lente del contexto social y político actual, por encima de aspectos folklóricos o meramente anecdóticos. Ambos libros coinciden, así, grosso modo, en definir a unos y otros como un subproducto de la sociedad neoliberal que padecemos y yo añadiría que unos y otros parecen la cara y la cruz de la misma moneda.

Los hipsters constituyen el lado hedonista y esnob del capitalismo. Son, según el autor del libro, una tribu que reniega de su propia colectividad (curiosamente cada individuo persigue ser especial) y que pretende situarse en la cima de la pirámide social, aunque tan solo sea en cuestión de buen gusto y estilo cool; los canis o poligoneros, el resultado de la creciente estratificación social que expulsa a la infraclase a cada vez un mayor número de personas y a mayor velocidad. El sistema solo necesita una excusa, en este caso, la vulgaridad en el vestir y hablar, la falta de formación académica y una supuesta indolencia que les impide progresar.

Centrándome en el libro sobre los hipsters, motivo de la entrada, cito literalmente un fragmento del libro que me ha resultado revelador:
Cuando alguien habla hoy de hipsters se refiere a la subcultura nacida a comienzos del siglo XXI en Brooklyn, barrio de Nueva York convertido en patio de recreo para jóvenes blancos acomodados que aspiran a triunfar en las industrias creativas. El daño colateral de la operación fue expulsar de la zona a negros, latinos y «sin techo» mediante una combinación de represión policial y subida de los alquileres. Este proceso de transformar un barrio en decadencia en parque temático del cool recibe el nombre de gentrificación. Mark Greif, director de la revista n+i, nos ofrece una primera descripción de la tribu: «Los valores del movimiento hipster ensalzan la política reaccionaria, pero disfrazados de rebelión. (...) Los hipsters se declaran antiautoritarios pero no es más que una treta mediante la cual los jóvenes de clase media se perdonan a sí mismos por haber dado la espalda a las reivindicaciones de la contracultura, al mismo tiempo que conservan el atractivo de la contracultura (...)». La primera idea clave es que los hipsters son una falsa subcultura, practicada esencialmente por miembros blancos de la clase dominante o de clases más modestas identificados con sus valores. 
Como acabamos de leer, la idea clave del libro es que los hipsters son una falsa subcultura practicada por miembros blancos de la clase dominante o de clases más modestas identificadas con sus valores. Los valores a los que Lenore se refiere son:

  • Interés por el consumo, disfrazado de consumo alternativo (tiendas vintage, de comida ecológica...) que no barato (afición por los gagdets Mac)
  • Un estilo de vida fuertemente individualista, que se traduce en las letras de las canciones, la temática de los libros, de las películas.
  • Nulo sentido de la colectividad (no se habla, por ejemplo, de comunidad indie, sino de escena indie), lo que nos lleva a
  • Un fuerte rechazo hacia la política en general, rechazo que curiosamente no pone en tela de juicio los valores de la sociedad capitalista dominante (consumismo, individualismo, apolítica...) sino que los ensalza.
  • El hedonismo, la banalidad como motor existencial (Simone lo denominó la carnavalización de la sociedad) que lleva a hacer este tipo de arte:

Fuente: http://simenmeyer.com/portfolio/adolf-hipster-3/
En palabras del autor, habría que preguntarse ¿a quién beneficia el crimen? o lo que es lo mismo ¿quién apoya esta subcultura? Por no extenderme y sobre todo por no destripar el libro, me limito a ilustrar la idea con esta foto:

Fuente: http://blogs.20minutos.es/rosyrunrun/2012/06/21/esperanza-aguirre-se-hace-intima-de-alaska-y-mario/

Hace tiempo que vengo observando con amarga tristeza el giro ideológico de Alaska, una diva de mi juventud, que comenzó en grupos tan irreverentes como Kaka de Luxe y ahora hace alegatos a la banalidad, casada además con un artista que interpreta bodrios dirigidos por Amenábar como Me encanta. No quiero decir con esto que los artistas no tengan derecho a escribir letras banales (y nosotros a disfrutar con ellas, no todo va a ser leer a Sartre), pero sí llamo la atención sobre el hecho de que Alaska se fotografíe sonriente al lado de la representante de la derecha más liberal y privatizadora y cómo encaja todo esto con su carrera.

Esto de la cultura e incluso las tendencias de moda ha de ser revisado con mirada crítica porque guarda una estrecha relación con lo que decía al principio de la entrada referiéndome a la intervención social y la política social. El ejemplo que tenía guardado es la tendencia en ciudades de todo el mundo: Barcelona, Madrid, Valencia, Gamonal ¡e incluso Almería! a reconvertir barrios populares en zonas culturetas y cool: peatonales, con comercios molones y donde nos sentimos modernos. A mí también me gusta pasear por esas calles, visitar esos museos y ver esos molones escaparates, el problema es que ese inocente y supuestamente bienintencionado proceso de gentrificación, ya definido en la cita textual, pasa por echar a patadas de los barrios a sus antiguos moradores, no tan modernos y cool (y que luego vendrán a servicios sociales a pedir un techo, los muy caraduras), subir los precios de los terrenos y, en definitiva, reconvertir la zona en una zona exclusiva.

Se estará de acuerdo con las tesis de Lenore o no (el libro se lee casi de un tirón, está muy bien escrito), con las tesis de Jones o no, con las tesis de Simone o no (crítica de su libro, aquí) pero lo que realmente importa es mirar todos estos fenómenos con un punto de escepticismo y preguntarse si contribuyen a hacer de esta sociedad una sociedad más justa, igualitaria y digna para vivir. Para todo lo demás, Master Card.

Bailando
Enrique Iglesias

Dramas y Comedias
Fangoria

Dos canciones que me encantan para bailar con amigos, de fiesta. Lo digo en serio. Las dos tienen una letra insulsa, pero una es cani y la otra es moderna. Yo no observo ninguna diferencia.

domingo, 4 de enero de 2015

Tribuna: algunos riesgos en la intervención social, por Rosa Gómez Trenado

La llegada de un nuevo año te empuja a marcarte nuevos propósitos, nuevos retos, nuevos desafíos. La verdad es que no sé si me gusta esta costumbre, me pregunto si este afán es producto de una sociedad que te empuja a competir, a consumir, a crecer (¿nunca se puede parar de crecer?) o es tan solo producto de la inquietud que viene de fábrica en nuestro adn.

Por mi parte, he cumplido con la tradición haciéndome propósito de llevar el blog más allá de esta página, así que he creado una página de facebook en la que iré colgado aquellos documentos o noticias que me parezcan interesantes sobre el mundo del trabajo social, los servicios sociales y la política social en general. Esta es la dirección https://www.facebook.com/trabajosocialytal. Si pulsas me gusta podrás seguirla. Gracias de antemano.

Además, me ha parecido una estupenda forma de comenzar el año recuperar el espacio Tribuna, invitando a una compañera y amiga a compartir sus reflexiones con nosotros,
Rosa Gómez Trenado, Trabajadora Social. Desde su inicio profesional ha trabajado en los Servicios Sociales Públicos y actualmente despliega su profesión (en sus palabras) en un programa de Atención Social a un colectivo profesional específico. Gracias, Rosa. 

Define Fantova la intervención social como “aquella actividad que se realiza de manera formal u organizada, intentando responder a necesidades sociales y, específicamente, incidir significativamente en la interacción de las personas, aspirando a una legitimación pública o social.” Desde la proximidad de la interacción, a esta definición, le añadiría: “con el fin de favorecer el cambio, manteniendo la autonomía”.

El proceso de cambio es el objetivo, la autonomía es el derecho intrínseco del usuario, debe subyacer bajo las formas de hacer, en la medida que cuando los profesionales establecemos una relación orientada al cambio desde cualquier metodología de Trabajo Social, la desvinculación “consciente” ha de ser otro elemento a tener en cuenta en la planificación: Situada la necesidad desde otra perspectiva que permita el afrontamiento de la misma, la presencia profesional finaliza. Cristina de Robertis se refiriere a ello cuando dice “nuestro propósito declarado es el fin de nuestra intervención, el momento en que el asistido habrá adquirido –gracias a los cambios que se han producido en su situación- las actitudes suficientes para prescindir de nuestra presencia, de nuestra mediación, de nuestro apoyo. “ La clausura está presente desde el comienzo; el trabajador social debe pensar en ella a lo largo de su intervención, pues se prepara desde la primera entrevista o la primera intervención.”

Pero ¿Qué sucede cuando al finalizar la intervención que ha cubierto el objetivo planificado-el proceso de cambio- el usuario te pide con insistencia que por favor no lo dejes?

Con independencia de los perfiles con los que podamos trabajar, que inciden sobre las formas en que los usuarios se posicionan en los procesos, y, teniendo presente que en el establecimiento de la relación la influencia mutua es axiomática, y, que el posicionamiento profesional es del instruido, el cuestionamiento de la intervención realizada ante esta petición del usuario se hace indiscutible. Cabe señalar que los destinatarios de nuestra intervención son en su mayoría profesionales con cierto grado adquirido de habilidades sociales. Este dato es importante tenerlo en cuenta para poder entender alguno de los argumentos expuesto a continuación. Huelga decir que el análisis más completo lo hubiese dado el cotejo de los elementos contextualizados en la demanda implícita y explicita y en el perfil del beneficiario. Por confidencialidad no se ha procedido a ello. No obstante estamos exponiendo una fase más, de la intervención social, tan importante como las demás, en las que los profesionales no profundizamos.: EL CIERRE y el PROCESO que ha marcado el cierre.

Veamos algunos planteamientos en la acción-relación que pueden haber incidido en la consecución del objetivo generando dependencia en la intervención:

Las expectativas: La intervención social de ayuda a la persona, no se reduce a una ayuda relacional y no se define únicamente en términos de carencia- necesidad, sino que tiende a la autonomía, centrándose en las capacidades y potenciales de la persona como hemos comentado. Las habilidades sociales adquiridas a lo largo de una historia de vida, y de una profesión especializada, en este caso del usuario, han enmascarado la situación real, adelantando un proceso de autonomía centrado en habilidades de comunicación, más que en acciones concretas de autodeterminación. Se ha visualizado a la persona como sujeto capaz de mantener la acción planificada. Por lo que la argumentación en las entrevistas, en cualquiera de las fases del proceso, se ha llegado a instalar en una situación de simetría entre los participantes. Nuestro objetivo es revisar esta visión para restituir la búsqueda de la modificación de actitudes, hábitos o conductas a parámetros que incluyan no solo la cooperación, sino el cambio autónomo. En esta intervención se ha dado una competencia modal del usuario no un proceso de autodeterminación. El proceso de intervención se ha ejecutado entre la inducción, la deducción, y la “abducción” en el proceso. Las expectativas han transformado el proceso de autodeterminación: hemos confundido expectativas de resultados con expectativas de eficacia. No cabe duda que los usuarios atribulados y habilidosos, son todo un reto profesional.

La experiencia profesional: Cabe en este punto hablar sobre finalismo. Hablar de finalismo significa plantear que nosotros, para actuar de una manera éticamente aceptable tenemos que fijarnos en los fines, y que, si el fin es bueno, entonces todos los caminos que conduzcan a ese fin son también aceptables- el cambio es bueno, es el objeto de la profesión -dicho de otra forma, hemos avalado el logro de un fin con el saber hacer de años, partiendo de la presunción de que si el fin planificado es bueno, los medios son también buenos, claro que la experiencia profesional puede implicar que si los medios son malos, el fin no puede ser bueno, (hablo de medios en su globalidad no de recursos sociales). Llamaremos a este proceder en la intervención social: ética de la convicción, recordando a Weber. David Hume sostenía la imposibilidad de llegar a la verificación definitiva del conocimiento humano, pues este era incapaz de pasar  más allá de lo que puede adquirirse experimentalmente de las ideas e impresiones. Podríamos determinar que ha faltado la diversificación de elementos diagnósticos que hicieran prever la dependencia que se estaba generando en la intervención fundamentado en la experiencia de las ideas e impresiones, o lo que es lo mismo, en el recorrido del profesional. En este caso debíamos haber sido más sabios por diablos que por viejos.

La planificación: Dice Mintzberg que la idea de que cualquier entorno se mantiene en permanente turbulencia es tan absurdo como decir que se mantiene en permanente estabilidad. La planificación según Friedman es una actividad mediante la cual el hombre en sociedad se esfuerza por dominarse así mismo y dar forma a su futuro colectivo, a través del poder de su razón. Si lo trasladamos a un nivel micro, la mayoría de los profesionales planificamos para llegar al control de las acciones y comportamientos intentando reducir el grado de incertidumbre que nos pueda provocar la situación detectada y la interacción del individuo en ella: La ilusión del control. Los que planificamos la acción social consideramos que aportamos orden y racionalidad al hecho de intervenir; que aportamos coordinación al proceso. En este caso, ¿Tendríamos que haber planificado las fases de supervisión en ese proceso de la adquisición de la autonomía antes que las del cambio? ¿Debíamos haber experimentado primero e integrado después? Hemos generado una distorsión de prioridades en la planificación pensando que el propio proceso de planificación hacia el objetivo era un estímulo en sí. Una adecuada planificación pueden servir de estímulo pero también una inadecuada planificación puede paralizar el proceso. Menos mal que dicen, que la historia de los que prevén, se reduce a que se han equivocado siempre.

La visión. No se puede medir con precisión el impacto de lo que no se ha descrito, o de lo que no se ha contemplado. La misión del profesional ha desenfocado la visión de la acción en la medida que no se ha dado una visión macro: han habido elementos que no se han previsto-la dependencia del proceso-. Nos hemos centrado en exceso en el trabajo social individualizado descontextualizando la intervención del espacio que ocupa, del tiempo en que se daba, de la disponibilidad y de la capacidad de retirada del usuario en cada fase. Se ha realizado la misión sobre la existencia de recursos y su adecuación para el estímulo y la motivación hacia el cambio .Una adaptación del usuario a su medio y no del medio al usuario. Lo hemos abstraído e identificado a- parte.

Son muchas las personas atendidas durante años, pero no es el tiempo lo que te da el aprendizaje, es la reflexión sobre cada usuario, y, cada experiencia, lo que te hace cuestionar que estás haciendo y cómo lo estás haciendo con miras a una acción consecuente. Todos tenemos nombres (Gr, Vi, Ca, Is, Mi, Jo,…), la mayoría de ellos han provocado reflexiones que me han llevado a escribir y concluir que sin “usuarios consultados”, hubiese sido imposible crecer-decrecer en este continuo proceso de acción- experiencia-reflexión. Así que… gracias a los que han tenido una necesidad social y me lo han puesto difícil porque sin duda el proceso de cambio y de autodeterminación ha sido mutuo.

En las cosas practicas se encuentra mucha incertidumbre, porque el actuar sobre situaciones singulares y contingentes, por su misma variabilidad, resultan inciertas” seguro que Santo Tomás llegó a esta conclusión después de algún cierre… “divino”.