lunes, 23 de marzo de 2015

Niños que tiran piedras a los trenes


Ayer fue un día negro para mí. La pérdida de escaños de Izquierda Unida en las elecciones andaluzas cayó como un jarro de agua helada sobre las cabezas de la militancia, entre la que me incluyo ¡Habíamos trabajado tanto! Nuestra parlamentaria, Rosalía Martín, ¡había trabajado tanto!

Al inicio de la campaña sabíamos que los resultados podían sernos desfavorables, pero los dos debates electorales, el acto de Anguita y nuestro programa electoral, realizado con la complicidad de tantos y tantos colectivos (todo ello traducido en cierto repunte en las encuestas) nos supuso un chute de moral.

A medida que comenzaron a aparecer los sondeos a pie de urna, los resultados corrían como la pólvora por nuestros grupos de watsapp y el desánimo hacía francamente difícil el recuento. Al terminar en nuestras mesas, cansados y cabizbajos, nos marchamos con la carpeta bajo el brazo a nuestra sede.

Gota a gota iban llegando compañeras y compañeros, con rostro sombrío y brazos caídos. Soltaban con desgana la carpeta en la mesa, suspiraban y se sentaban, desfondados. Carmen, una militante a la que admiro mucho, cuya familia lleva luchando en el PCE desde la clandestinidad, en el centro de la sala, con los ojos húmedos, nos miró a todos y dijo con rabia: ¿qué más tendríamos que haber hecho? Porque yo no sé qué más tendríamos que haber hecho.

Anunciado el escrutinio final, mi pareja, que me cuida, me arrastró a casa. Opté por acostarme porque hoy había que levantarse para venir a trabajar. La vida continúa. Esta mañana, eso sí, he tenido la precaución de no poner la radio camino al trabajo para no hacerme más mala sangre. Durante la ruta me he limitado a repetirme, como un mantra: los usuarios no tienen la culpa, los usuarios no tienen la culpa, hoy es un día como otro cualquiera. No te enfades, aunque tus compañeros se metan contigo.

Pero mis compañeros de trabajo no solo no se han metido conmigo, sino que me han dado un caluroso recibimiento al llegar y han expresado un reconocimiento sincero, aunque algunos de ellos no hayan votado a Izquierda Unida. Les consta cuanto esfuerzo, trabajo e ilusión hay detrás de mi militancia (menor, por otra parte, que el de la gran mayoría de mis compañeras y compañeros de la organización) y me han expresado que les parece injusto el resultado que hemos tenido en IU.

La militante ha dejado paso a la trabajadora social, no sin antes tranquilizar a mi madre, que me ha llamado preocupada ¡la tensión, hija, no vaya a darte una subida por la política! Después de la llamada, he realizado una visita domiciliaria a una anciana, en situación de dependencia severa, que tiene ocho hijos, pero vive completamente sola y aislada. En la entrevista me ha confesado, entre lágrimas, que sus hijos, aunque no la atienden, no paran de pedirle dinero. Me ruega que le ponga una mujer cuanto antes porque los hijos, dice, son como los cuervos, los crías y te sacan los ojos.

Al llegar al centro me ha preguntado en el mostrador, Jesús, un ex toxicómano rehabilitado, si hay ayudas para los medicamentos porque tiene gripe y no se los puede costear. Su residencia en una infravivienda húmeda y fría no es precisamente un apoyo en su convalecencia.

Me he sentado en el despacho a realizar el informe de arraigo de Said, un inmigrante que lleva 5 años sin ver a su familia. El certificado de penales está a punto de caducarle así que hay que darse prisa en la emisión del informe. Lo imprimo y se lo doy con la secreta esperanza de que muy pronto pueda regresar a su tierra y abrazar a su madre.

He tenido una reunión de equipo en la que hemos tratado el caso de Jorge, un menor de 9 años, al que vamos a tener que enviar a un centro de protección porque su madre lo ha abandonado y ningún miembro de la familia extensa lo quiere acoger. Así de claro. Así de estremecedor.

Y poco a poco, el sabor amargo de la derrota electoral ha ido perdiendo intensidad. Esta noche me reúno para analizar los resultados. Será una reunión dura, pero, juntos, nos levantaremos de la caída porque esta organización es la casa cien veces derrumbada y cien veces construida. En nuestro spot electoral la voz en off también susurra: Nunca fuimos héroes, no seremos héroes. Si acaso, niños que tiran piedras a los trenes. Ahora solo espero que no me abandonen las fuerzas para seguir tirando piedras a los trenes muchos años más. Por la mañana, en el centro de servicios sociales con los héroes que sí son nuestros usuarios y usuarias. Por la tarde, con compañeras, compañeros y camaradas en un piso en cuyo portal hay un viejo rótulo que dice: Izquierda Unida El Ejido, Oficina 6.

6 comentarios:

  1. Sin más comentarios, te envío un fuerte abrazo, Belén.

    ResponderEliminar
  2. Animo compañera!!! Es un privilegio formar parte de Izquierda Unida, y compartir militancia con vosotros en el Área andaluza de Servicios Sociales de Izquierda Unida. Menudo grupo de trabajo formamos..Un besote...

    ResponderEliminar
  3. Me uno a los abrazos que hoy te damos, en persona y virtuales. Usando un lenguaje demasiado coloquial, quienes cuidamos también necesitamos que nos cuiden. ¡Y a seguir tirando piedras a los trenes!

    ResponderEliminar