martes, 16 de junio de 2015

Mi nueva etapa política

Recién investida concejal.
Acabo de ser investida concejal en el ayuntamiento de mi pueblo, El Ejido, por Izquierda Unida, organización en la que llevo militando 5 años. Es, como profesional, frustrante que en el momento en el que te afilies a un partido o simplemente señales inclinación por alguna tendencia política, se te acuse de perder objetividad. Tus opiniones en los ámbitos profesionales quedan relegadas porque estás contaminada por tu partidismo.

Discrepo de este planteamiento por varias razones. En primer lugar, nadie es objetivo porque el ser humano es, en esencia, subjetivo. La idea de la objetividad es un planteamiento de la ilustración que hoy está desterrado hasta en gran parte del ámbito científico. Es más, la profesión del trabajo social es, por definición, subjetiva porque uno de nuestros cometidos es interpretar una realidad dada y esa realidad es interpretada con criterios subjetivos, que no arbitrarios. También se nos paga por emitir valoraciones que son, asimismo, subjetivas, aunque basadas en criterios científicos (no necesariamente cuantitativos)

En esta línea, supongo que una trabajadora social que acaba de ser madre no experimentará las mismas emociones ni abordará un caso de abandono a un bebé de la misma manera que yo, que no tengo hijos, ni un oncólogo tendrá la misma percepción del cáncer si lo ha padecido su esposa, pero estas personas no serán acusadas de perder objetividad, seguramente.

No quiero decir con esto que pertenecer a un partido político no cambie la percepción de las cosas, es innegable que se tiende a verlas de un determinado modo, lo que quiero decir es que también un madridista tiene una percepción concreta de un partido de fútbol de su equipo, pero, sobre todo, que el sesgo es individual, que depende del hincha madridista en cuestión ¿o es que todos los madridistas son igual de ciegos al hecho de que el Madrid ha jugado horrible esta temporada?¿Todas las personas militantes de IU somos ciegas al hecho de que la situación de la organización en la Comunidad de Madrid es una vergüenza y nos hemos ganado a pulso desaparecer del parlamento madrileño?

La respuesta, en mi caso, es no, como madridista que soy y como afiliada a IU. Distinto es que haya personas tan seguidistas dentro de los colectivos que no tengan ni criterio propio, pero eso se lo encuentra una en la política, en el fútbol, en los sindicatos, en las AMPAS, en las plataformas ciudadanas y hasta en los Colegios de Trabajo Social.

Cuando se me pregunta por mi afiliación política me gusta responder que viene a ser lo mismo que cuando tienes pareja: haces una opción de vida al lado de alguien ¿Ese alguien es perfecto? Sabes que no, es más, conoces mejor que nadie sus defectos porque vives con esa persona, pero las virtudes y los valores de esa persona que tú percibes inclinan la balanza hacia el amor y la convivencia. Igual es un ejemplo cogido con pinzas, pero a mí me suele valer para explicarme.

Esta disertación, quizá algo larga, pretendía contextualizar mi doble condición de concejal y trabajadora social. Defiendo que, lejos de resultar un obstáculo, una enriquece a la otra. Normalmente me encuentro a muchas colegas que defienden que los cargos públicos de contenido social deberían ser ostentados por trabajadoras sociales o al menos por profesionales de lo social, porque mejoraría el desempeño de la función política. No es mi intención aquí opinar sobre si estoy de acuerdo o no (porque me llevaría a otra pesadísima disertación), mi objetivo es señalar que de la misma forma que la mayoría de profesionales piensan que un perfil académico enriquece la función política, yo observo que la condición política también ofrece una nueva e interesante perspectiva a los colectivos profesionales.

He repetido hasta la saciedad una obviedad: si queremos cambiar este país, hay que arremangarse, sea en política, en plataformas ciudadanas, vecinales, colectivos de afectados, etc. etc. Yo he optado, tras muchos años de activismo en otros foros, por la política ya que considero que desde el trabajo social se puede (y se debe) aportar a la función política e, insisto, creo firmemente que el trabajo social no es ideológicamente neutro, lo que no significa que yo considere que todos los profesionales tengamos que decantarnos por este o aquel partido político. Para nada.

En esta nueva etapa como concejal pretendo trasladar todos estos debates al blog y dar a conocer mi experiencia política. Obviamente mis opiniones son las que son; no importa, confío en la inteligencia de los lectores, que sabréis situar mis puntos de vista en el lugar que le correspondan. Termino esta entrada (arriesgada) lanzando una cuestión a debate: Ciudadanos ha pactado con el PSOE en Andalucía. Entre sus 70 propuestas, tan solo encontramos una medida referida a servicios sociales, más concretamente a Dependencia (que no es cosa de chusma). Ni Renta Básica, ni Exclusión Social, ni Ley de Servicios Sociales. Nada. Nada de lo que sorprenderse, por otra parte. Lo extraño, también en mi opinión, es que haya trabajadores sociales que voten opciones de derechas como Ciudadanos o PP, y aquí va la pregunta:

¿Es coherente como trabajadores sociales votar a opciones de derecha?

Reto a mis compañeras y compañeros de la BlogoTSfera a responder a la cuestión.

Hasta la semana que viene.


¿Que yo me contradigo?
Pues sí, me contradigo. Y ¿qué?
(Yo soy inmenso, contengo multitudes.)
Me dirijo a quienes tengo cerca y aguardo en el umbral:
¿Quién ha acabado su trabajo del día? ¿Quién terminó su cena?
¿Quién desea venirse a caminar conmigo?
¿Os vais a hablar después que me haya ido, cuando ya sea muy tarde para todo?
 Ya he dicho que el alma no vale más que el cuerpo,
Y he dicho que el cuerpo no vale más que el alma,
Y que nada, ni Dios, es más grande para uno que uno mismo,
Que aquel que camina sin amor una legua siquiera, camina amortajado hacia su propio funeral,
Que tú o yo, sin tener un centavo, podemos adquirir lo mejor de este mundo,
Que el mirar de unos ojos o el guisante en su vaina confunden el saber que los tiempos alcanzan,
Que no hay oficio ni profesión tan bajos que el joven que los siga no pueda ser un héroe,
Que el objeto más frágil puede servir de eje a todo el universo,
Y digo al hombre o mujer que me escucha:
"Que se eleve tu alma tranquila y sosegada ante un millón de mundos."

Fragmento del poema Hojas de hierba
Walt Whitman

jueves, 4 de junio de 2015

Meritene

Todos los días escucho un anuncio en la radio, de camino al trabajo, que me pone de los nervios. Se trata de un anuncio de Meritene, un complejo vitamínico para nuestros mayores. En el anuncio, una joven telefonea a su madre para saber como están sus dos hijos, al cuidado de la abuela. La anciana le responde que muy bien, que están jugando con ella (uno enganchado a la pierna y otro en brazos, cito textualmente), pero ella puede responder gracias al complejo vitamínico que la hija le ha comprado. La mujer mayor finaliza la conversación señalando que si pudo con su hija puede con los nietos, todo esto en un tono distendido y jovial.

El anuncio no deja de sacarme de quicio por más veces que la SER lo emita y mis sufridos oídos lo escuchen. Tiene la cuña su miga: el producto se publicita para poner a las abuelas como aizkolaris, que los niños, ya se sabe, son incansables y además de arrastrarlos (mochila al hombro del abuelo o abuela en cuestión) a multideporte, flauta dulce, kárate y/o inglés, también merecen su rato en el parque, su pertinente bolsa de gusanitos (o la chuchería trending topic del momento, desconozco cual) y su vuelta en el columpio, mientras el abuelo / a empuja, sonriendo con seguridad gracias al pega dientes Corega Ultra, que también hace su servicio en esto del abuelismo actual.

Porque las abuelas actuales pueden con todo (o deberían), ya lo dice la buena señora: si pudo con la hija, puede con los nietos. Para eso le ha comprado la hija el producto de marras. Claro que el anuncio omite el detalle banal de que la abuela pudo con la hija precisamente porque no era abuela sino madre, porque no tenía 75 años sino 35 (un poner), que para eso la naturaleza es sabia y nos dota del inmenso honor de la procreación a edades en las que nuestras fuerzas nos permiten tamaña empresa y cuando nuestras fuerzas flaquean se nos retira, a dios gracias, el período.

Aunque, pensándolo bien, para el capitalismo la naturaleza no es sabia, sino todo lo contrario, la naturaleza es tonta de solemnidad, y, sobre todo, improductiva, ya que nos resta las fuerzas a edades tempranas tales como los 65 años, cuando el dios mercado exige precisamente lo contrario, que las fuerzas aguanten para trabajar hasta la hora, el minuto y segundo de irnos al otro barrio, o si no trabajamos, al menos no resultar un desecho, ejerciendo como abuelas modernas, mano de obra barata que anule la capacidad de protesta de sus hijas trabajadoras por cobrar un sueldo de vergüenza, la mitad destinada al pago de la guardería concertada de turno. Hay que seguir lubricando los engranajes del sistema ¿o si no de qué vamos a ser rentables, competitivos? ¿ser únicamente un gasto para la sociedad en medicamentos y pensiones? ¡No, hombre, no! Abuelas ciborgs al servicio de la economía capitalista.

Que conste que no estoy por la abolición del Meritene. Muy al contrario, soy partidaria del Meritene, del Corega Ultra y de todas aquellas prótesis, órtesis y demás -esis que supongan un elemento emancipador de las personas mayores. Que viva el Meritene si mi madre se lo toma para ir a gimnasia, a bolillo o simplemente porque le sale del mismísimo. Larga vida al Corega Ultra para que mi padre enseñe los piños riendo con los amigos en su partida diaria de dominó y para que pueda masticar con fruición su tapilla de tocino mientras ve la Ruleta de la Fortuna. Que vivan los productos que contribuyan a hacer de la vejez una etapa de bienestar, pero, Nestlé, no me vendas un Meritene para que la abuela cuide de los nietos porque me haces llegar al trabajo con un humor de perros.

Y, por favor, hija / hijo, no me vengas con la milonga de que a tu madre le gusta cuidar de sus nietos y eso la mantiene en forma. A mí no. No quieras, encima, responsabilizarlos de su sobrecarga. A tu padre, pero sobre todo a tu madre no le gusta ser una esclava, lo que ocurre es que no se atreve a decírtelo a la cara porque les han vendido la moto gripada de ser útil, ellos la han comprado y nosotros se la hemos financiado. A mí sí me cuenta tu madre en el despacho que está cansada, que los niños no le hacen caso y que lo que realmente le gustaría es estar sola y ver a sus nietos solo cuando le apetezca. Esa es la verdad. Lo otro es, simplemente, publicidad engañosa.