jueves, 28 de enero de 2016

Demasiado

Juana tiene 32 años y un hijo, Jonathan, de 14. Jonathan se encuentra en situación de dependencia en grado II. Juana tiene más hijos, uno de ellos un bebé. Jonathan no conoce a su padre. Juana lo tuvo con 18 años, y desde entonces no ha tenido ningún contacto con él. Jonathan no conoce a su padre, pero sí ha conocido a muchas parejas de su madre. Y muchos pueblos donde estas parejas residían. Muchos colegios, uno en cada pueblo. Siempre con su madre. De aquí para allá. Por eso Juana no puede percibir la prestación por cuidados en el entorno familiar: Jonathan carece de un entorno estable y de los cuidados adecuados. Juana es para el servicio de dependencia, en definitiva, una mala madre.

Juana tiene 32 años y un hijo, Jonathan, de 14. Jonathan se encuentra en situación de dependencia en grado II. Juana tiene más hijos, uno de ellos un bebé. Jonathan no conoce a su padre. Juana lo tuvo con 18 años, y desde entonces no ha tenido ningún contacto con él. Jonathan no conoce a su padre, pero sí ha conocido muchas parejas de su madre. Jonathan estuvo retirado, pero el servicio de protección de menores lo devolvió a su madre. Juana tenía un buen vínculo con su hijo. Se preocupaba por él: iba a visitarlo y seguía las indicaciones de los profesionales. Juana recuperó a su hijo. Volvieron los problemas: Juana de aquí para allá y de pareja en pareja, de subsidio en subsidio y de problema en problema. Los profesionales de servicios sociales de cada pueblo enviaban informes al servicio de protección de menores para que Jonathan fuese retirado de nuevo, pero Jonathan continúa viviendo con Juana porque según menores no es, en definitiva, tan mala madre.

Paco tiene 55 años y es encofrador. Tenía una empresa, pero los clientes le debían mucho dinero y tuvo que cerrar. Se separó. Tiene una hija. Debe cuotas a la seguridad social. Paco busca trabajo. Es tozudo. Insiste. No encuentra. No puede pagar la manutención de su hija. Ni la hipoteca. Posiblemente el banco lo desahucie. Paco acude al INEM, ahora SEPE. Paco acude al SAE. Paco hace cursos. Paco habla con empresarios y Paco se coloca todos los días en la plaza. Paco no encuentra trabajo porque Paco es, en definitiva, demasiado viejo. Los empleadores no lo quieren. Prefieren chavales.

Paco tiene 55 años y es encofrador. Tenía una empresa, pero los clientes le debían mucho dinero y tuvo que cerrar. Se separó. Tiene una hija. Debe cuotas a la seguridad social. Paco busca trabajo. Es tozudo. Insiste. No encuentra. Paco acude al INEM, ahora SEPE. No puede cobrar más prestaciones, las ha agotado todas. Paco entonces es enviado a servicios sociales: la trabajadora social le dice que aún es joven, que tiene que hacer todo lo posible por cotizar porque le quedan, en el mejor de los casos, 10 años para jubilarse y si no cotiza lo perderá todo. La trabajadora social le informa de que no reúne requisitos para ninguna ayuda porque no está enfermo, no tiene discapacidad, no se encuentra en situación de dependencia. Solo puede acceder al salario social, pero tendrá que esperar de 8 meses a 1 año. Que trate de aguantar. Que se busque la vida como pueda. Lo incluirá en el programa de garantía alimentaria. Paco es, en definitiva, demasiado joven para pensar en pensiones.

Aurelia tiene 87 años. Es viuda y sin hijos. Aurelia vive en una vieja casa construída a diferentes alturas, plagada de escalones. Aún así, se mañea. Su vecina acude a los servicios sociales para que le pongan una muchacha. Las han enviado del centro de salud. Aurelia es bastante autónoma y su médico de cabecera piensa que la mejor forma de evitar males mayores es que reciba ayuda, ya que el enfermero le ha dicho que la casa es un peligro.

Aurelia tiene 87 años. Es viuda y sin hijos. Aurelia vive en una vieja casa construída a diferentes alturas, plagada de escalones. Aún así, se mañea. Su vecina acude con Aurelia a los servicios sociales para que le pongan una muchacha. Solicita dependencia, pero no obtiene grado alguno. Es normal, es autónoma. La vecina dice que si sigue subiendo a tender la ropa se va a caer y le va a pasar algo, pero no puede recibir ayuda a domicilio a través de la dependencia porque es autónoma, ni tampoco a través del plan concertado porque no es un caso de urgencia. Pasará a lista de espera. Igual cuando, al fin, se caiga, se pondrán en marcha los servicios oportunos, que incluirán, posiblemente, una carísima medicación, una carísima grúa o una carísima plaza residencial.

Jennifer tiene 23 años. No tiene estudios. Vive con Diego, de 22. Está embarazada. Los padres de Diego han habilitado un almacén para la pareja que tienen al lado de su vivienda. No tiene cuarto de baño, claro. Tienen que hacer las necesidades en casa de los padres de Diego. Están muy preocupados porque el almacén no tiene ventilación y no es sitio para la bebé. La trabajadora social les ha dicho en varias ocasiones que ese no es lugar para la niña. Ellos lo saben. Si consiguiesen ahorrar un poco de dinero con la venta ambulante y la trabajadora social les ayuda se marcharían de allí.

Jennifer tiene 23 años. No tiene estudios. Vive con Diego, de 22. Está embarazada. Los padres de Diego han habilitado un almacén para la pareja que tienen al lado de su vivienda. No tiene cuarto de baño, claro. Tienen que hacer las necesidades en casa de los padres de Diego. Están muy preocupados porque el almacén no tiene ventilación y no es sitio para la bebé. Ellos se buscan la vida vendiendo fruta de forma ambulante con una vieja furgoneta que el padre de Jennifer les dió. La furgoneta se ha roto. No pueden pagar la reparación. No tienen dinero. No tienen apoyos económicos más allá del plato de comida. Tampoco pueden pedir un préstamo. No se lo concedería ningún banco.

Jennifer acude a los servicios sociales a solicitar ayuda para reparar la furgoneta. Es su medio de vida. La trabajadora social les informa de que no hay ayudas para la reparación de la furgoneta, sobre todo teniendo en cuenta el presupuesto que han presentado. Mejor que piensen en comprar otra. Pero no tienen dinero. Quizá si la trabajadora social tramita el salario social de forma urgente y se solicita un pago único se podría asumir la reparación. El problema es que les van a denegar el salario porque no están empadronados en esa vivienda y es condición sine qua non. Han intentado empadronarse, pero el ayuntamiento no lo permite porque esa vivienda no es una vivienda, es un almacén. No reúne condiciones de habitabilidad, y menos para una bebé.

Trabajar en los servicios sociales es ahora demasiado duro, pero abandornarlo todo es demasiado utópico y demasiado cobarde. Este país es demasiado inhóspito para sus habitantes y quienes manejan los hilos, demasiado egoístas para cambiar nada. Las instituciones no funcionan. Son demasiado burocráticas, demasiado decimonónicas y demasiado rígidas. Esto es, en definitiva, demasiado.

5 comentarios:

  1. Ésta es la realidad que conocemos. La que los políticos/as se empeñan en esconder bajo la alfombra. Miles de voces que claman cada día esta verdad a través de las redes sociales, los medios de comunicación... y son invisibles. Su dolor es invisible. Nuestra impotencia es invisible.
    Pero no seremos cobardes, lo seguiremos denunciando. Yo no me rindo.

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  2. ¡Eso siempre es una gran noticia! Gracias por comentar y, sobre todo, por no rendirte.

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  3. Admirable tu capacidad de poner en palabras y por escrito lo que sentimos y vivimos las y los torabajadora/es sociales dia a dia.Efectivamente demasiado dolor, demasiada injusticia, demasiadas trabas, demasiado desinterés de la clase política....

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    1. Gracias por tus palabras y por leer el blog. Un abrazo...

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  4. Me ha gustado leerte. Por desgracia me siento identificada en mi dia a dia

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