sábado, 13 de febrero de 2016

Contra la visita domiciliaria

Me encanta la idea de que la intervención profesional deba regirse por el principio de intencionalidad, el primer principio que expone Sela B. Sierra en sus diez principios del trabajo social. El principio de intencionalidad dice así: Toda acción debe estar intencionalmente dirigida a transformar la realidad social, desde una perspectiva humana y liberadora. Yo suelo estirar el principio de intencionalidad (debe ser por mi pseudo-conocimiento sobre teoría sistémica) tratando de aplicarla a cada una de las acciones que desarrollo en mi trabajo diario, desde el modo de llamar a la gente para que entre al despacho hasta la hora de realizar una visita domiciliaria.

El principio de intencionalidad del que hablo me empuja, en esta entrada, a atentar contra la visita domiciliaria. Al menos, tal y como se entiende conmúmente, es decir, como LA TÉCNICA, la herramienta que proporciona un marchamo de diferenciación y proximidad al trabajo social, la bandera del trabajo social genuino, auténtico, junto con la bandera de la calle (eso para otra entrada).

En primer lugar, discrepo de la concepción de la visita domiciliaria como una técnica per se. En las visitas a domicilio desplegamos técnicas: la entrevista y, sobre todo, la observación. Nos adentramos en un lugar especial porque, a diferencia de nuestro despacho, los olores, colores y sensaciones nos son extraños. Son los colores, olores, temperaturas y sensaciones del otro. Jugamos, por usar un símil deportivo, fuera de casa, con toda la carga simbólica que ello supone. O debería.

El hogar es el espacio más íntimo del ser humano y por lo tanto la observación del mismo nos proporciona información, es obvio. Pero no sólo a nosotros, los trabajadores sociales. También a enfermeros, educadores, integradores sociales, médicos y un largo etcétera de profesionales que también realizan visitas a domicilio. Hago esta apreciación para constatar algo evidente, que la visita a domicilio no es exclusiva del trabajo social. Ni excluyente.

Esto me lleva a la segunda consideración errónea, en mi opinión: los trabajadores sociales REALIZAN visitas a domicilio. Por narices. He llegado a escuchar a mis alumnas de preparación de oposiciones decir que siempre hay que realizar una visita a domicilio porque somos trabajadores sociales y los trabajadores sociales realizan visitas a domicilio. Antes de ofrecerles una explicación más técnica, suelo responderles que desde ese punto de vista las trabajadoras sociales de prisiones no son trabajadoras sociales porque no realizan visitas a domicilio. Ni siquiera van al chabolo de las personas internas, que podría entenderse como el domicilio actual. Se supone que entonces no hacen trabajo social.

Por otra parte, la perspectiva del hacer por hacer, o más concretamente, de ir a los domicilios porque sí, me recuerda a la serie Manos a la Obra, en la que no sé si Manolo o Benito decía en cada episodio ¡si hay que ir, se va, pero ir por ir...! en una mezcla de pragmatismo y vagancia cañí costumbrista que arrancaba carcajadas a media España.


Y es que tenían razón los jodíos. Si hay que ir, se va, pero ir por ir, no. Al menos yo no incluyo la visita domiciliaria en el paquete básico. El domicilio es, como decía más arriba, un espacio demasiado íntimo como para tomármelo tan a la ligera. Muchas veces comentamos mis compañeros y yo cómo nos sentiríamos si un trabajador social acudiese a nuestro domicilio de la forma en la que muchas veces lo hacemos: a horas intempestivas (familias con cuchara en mano), sin avisar, casi sin pedir permiso para entrar, recorriendo la casa a toda velocidad, no quiero ni siquiera pensar en la posibilidad de abrir un frigorífico. Mi compañera conserje, que es mú rajá suele decir ¡yo te mandaría a la mierda! Y haría bien.

El no avisar ¡Horreur! Directamente. O sea, no. Me parece un atentado contra el respeto a los demás. Y si no debemos avisar porque se trata de casos muy concretos en los que hay que hacerlo así, en mi opinión deberíamos avisar-de-que-no-avisamos, es decir, sentar a la persona en el despacho y explicarle que vamos a ir a su domicilio sin avisar por tal o cual razón. Lo demás yo lo descarto directamente, a menos que se trate de un caso de alto riesgo y haya enviado citaciones varias sin ningún éxito. O lo contrario, que se trate de una familia con la que tenemos muchísima confianza. Si y solo si.

¿Quiero decir con todo esto que no tengamos que hacer visitas a domicilio? Claro que no. Lo que trato de señalar, para finalizar, son tres ideas: la primera es que la visita a domicilio está sobrevalorada, la segunda es que la visita a domicilio tiene que seguir el principio de intencionalidad, es decir, que debe estar suficientemente fundamentada desde el plano metodológico, o dicho de otra manera, debe perseguir una intención muy concreta, y la tercera y última es que no es, en ningún caso, seña de identidad profesional. Si lo fuese ¡menudo armazón epistemológico el nuestro!

Ana Tijoux
1977

26 comentarios:

  1. Qué grande Belén.

    De la misma forma que el cirujano irrumpe en nuestras tripas, así irrumpimos los TS en las intimidades de las personas... pero con dos diferencias sustanciales:
    a) El CONSENTIMIENTO INFORMADO que en el caso de la cirugía es obligatorio (sé que va usted a dormirme, a abrirme y a hurgarme en las tripas, conozco los riesgos y los posibles beneficios y le autorizo a que lo hagas) y que en el caso del TS no nos lo hemos tomado en serio (creo yo).
    b) La ANESTESIA. En nuestro caso la anestesia está contraindicada porque para observar el comportamiento del organismo social este debe estar bien despierto y comportarse como suele. Precisamente porque irrumpimos necesariamente sin anestesia el corte de bisturí y los gestos y comentarios durante la "intervención" deben cuidarse en extremo.

    Los medios diagnósticos avanzados en la medicina permiten, eso sí, operar teniendo alguna certeza sobre lo que se van a encontrar. La INTENCIONALIDAD está orientada por pruebas diagnósticas fiables y validadas. Tampoco es siempre nuestro caso. Muchas veces abrimos "a ver qué nos encontramos" y eso tiene sus riesgos. Es por ello que la visita domiciliaria se ha podido convertir en demasiadas ocasiones en un medio diagnóstico y por ello se ha confundido con una técnica.

    Como bien dices, la técnica -en todo caso- es la "observación". No la "visita domiciliaria" en sí. Y comparto 100% lo que dices. Imagínate un cirujano que se dedique a abrir tripas "pa ná". Sería pasar de la medicina al crimen gore, pero que muy gore.

    Sabia tu compañera conserje. Me recuerda un chascarrillo de Gustavo García: "a mí me deriva un asistente social... y le meto".
    Bss

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    1. Gracias, Luis, por comentar. Hay cuestiones que, efectivamente, debemos tomarnos más en serio como profesionales, así nos tomarán más en serio a nosotros. Mi conserje: un pozo de sabiduría y de profesionalidad, otra figura a tomarse muy en serio.

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  2. Gracias Belén por ser tan "trabajosocialmente" incorrecta. Yo añadiría una intencionalidad de la visita a domicilio que yo uso muchísimo: para dar apoyo, cariño, ofrecer mi respeto,empatizar más todavía. A las familias con las que intervengo que las vaya a visitar "la Virginia" (qué grandes!! ya no soy ni la asistenta ni la tra ... como se diga!) es una fiesta y un honor (aunque siempre les recuerdo que el honor es mio ), es un momento en el que me ofrecen lo mejor que tienen:su intimidad (y un cafetito o lo que "la Virginia" quiera). De hecho, con la mierda de programa de Ley de Dependencia que llevo y que sigue con un limbo brutal encima de las mesas, apenas me queda tiempo para visitarles y me lo recuerdan y les pido disculpas soñando y esperando un tiempo mejor para esta Ley en el que podré dedicar el 50% de mi jornada laboral a quererles, visitándoles en casa, en su medio natural. Fuera despachos, leñe!!

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    1. No sé por qué no sale mi nombre en este primer comentario. Cosas de Google y de mi ignorancia digital. Soy Virginia, la misma del comentario de abajo ;)

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    2. No sé por qué no sale mi nombre en este primer comentario. Cosas de Google y de mi ignorancia digital. Soy Virginia, la misma del comentario de abajo ;)

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    3. ¡Hombre, Virginia, buen apunte! Toda la razón te doy, sí señor.

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  3. Por cierto, no es por caer en la actitud infantil de "mi conserje es más mejor", pero mi conserje, Carmen, es la hostia, el Oráculo. Por eso me voy cada año con ella al Camino de Santiago y todos los días almorzamos juntas, desde hace 8 años. Me rio yo de los Masters de la UNIR!

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  5. Desde luego,si hay compañeros y compañeras que conciben la visita a domicilio porque si, no han aprendido nada en sus estudios. A mi me enseñaron ( y ya ha llovido desde entonces 1990) que la visita a domicilio se concebía en el marco de una intervención y para que ayudará tanto en el diagnóstico como en la intervención posterior, y siempre desde el respeto y la cita previa o el aviso de que ibas a acudir al domicilio. Lo demás que has explicado Belén, entiendo que no proviene de una buena praxis profesional.

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    1. Hola, compañera, he eliminado el comentario anterior porque estaba repetido. Has puesto el dedo en la llaga con respecto a la mala praxis. Un abrazo.

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  7. Me gusta tu post Belén, estoy muy de acuerdo contígo,pero también con Virginia. Creo que tomar una postura un otra depende de " a quién vamos a visitar y por qué " es decir, no es lo mismo hacer visitas rutinarias a una señora beneficiaria de la ley de dependencia q a una familia que está siendo intervenida por un programa de familia la cual tiene q cumplir unas normas de higiene, educación, horarios de cole, alimentación, etc...y que las visitamos "sin aviso" para verlas actuar como tal...
    Un saludo!

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    1. Claro, Elisabeth, esa es la idea, visitar con una clara intencionalidad. Gracias por comentar. He eliminado tu comentario anterior porque estaba repetido. Mi blog tiene duendes últimamente. Un abrazo desde la esquina de la península.

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  8. En mi caso, cuando trabajé como TS en el programa de acogimiento familiar, el estudio- diagnóstico a la familia a la que le había sido retirado el menor, concluía con la visita domiciliaria, y ahí se le devolvía a la familia cuál sería el resultado de dicho estudio. Se supone que debía ir el TS solo pero, por prevención, nos acompañaba el psicólogo.
    Yo sí abrí una nevera, pues era la casa donde se supone que vivían y estuvieron esperando la llegada de un bebé, pero todo indicaba que allí no vivían desde hace tiempo, pues no había nada preparado para un bebé... La nevera, por supuesto, estaba vacía desde hacía tiempo, e incluso olía mal.
    Creo también que debe avisarse de que la intervención supondrá una visita domiciliaria que no tiene por qué ser planificada con la familia, siempre que el trabajo lo requiera.
    Un saludo, y gracias por tu visión :)

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    1. Mª Cristina, tu comentario es muy interesante. En primer lugar, fíjate, a mí no se me ocurriría dar una noticia como el resultado de una valoración de un acogimiento en un domicilio, entre otras cosas por miedo a no salir de allí (es una broma), pero seguro que teníais una buena razón para hacerlo.

      Con respecto al frigo, yo lo que suelo hacer en los pocos casos en que necesito verlo es que pido que lo abran, aunque normalmente no es necesario porque ya me dicen ¡ves, no tenemos nada! (qué pena de situaciones que llevan a esto)

      Muchas gracias por comentar y contribuir al debate, que es siempre enriquecedor.

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    2. De estas visitas, recuerdo unos señores que querian acoger perfil niña de unos 10 años. Brutal!, caserón en la montaña aislado , todo acristalado , cerrado, sucio, a tope de comida congelada, muñecas del siglo XIX che ché...
      El sobrino buscándome desesperado para contarme que son mala gente, que lo que quieren es una criada...
      Muy fuerte
      Me encantan las visitas

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  9. Hola Belén, el post es muy acertado en varias cuestiones, independientemente de estar más deacuerdo o no en la realización de visitas domiciliarias, que lo estoy al 100%. Solamente discrepo en la parte "penitenciaria", pues tengo que decirte que sí hacemos visitas domiciliarias y si me apuras, visitas al "chabolo" (celda) también alguna he hecho. Es cuestión de la opción personal de cada profesional.
    Lo normal es conocer esta información a través de los Comunitarios, pero en ocasiones se ha hecho y se hace (hablo en primera persona) por nuestra cuenta.
    A la hora de poner los dispositivos telemáticos también acompañabamos a los técnicos que se la instalaban y aprovechábamos para conocer de primera mano la vivienda y el ambiente referencial del interno o interna. Con las maravillosas privatizaciones, ahora la colocación de estos dispositivos la hace una empresa privada y hemos dejado de realizar estas visitas, que a mí personalmente me despejaban muchas incógnitas. Alguna vez he estado incluso en el "cerrillo del Hambre", que seguramente te suene, jajajaja...

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    1. Hola, en primer lugar gracias por comentar. Sabía lo que me cuentas, lo que ocurre es que no me pareció que fuese yo la que tuviese que destripar los por qué de no hacer visitas domiciliarias desde penitenciarios. Creo que la necesidad de hacer visitas las compartís todos los profesionales de prisiones, al menos los que yo conozco. Y el Cerrillo, me suena, vaya que si me suena. Ay, señor, llévame pronto.

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    2. O que me levante mañana y todo el cerrillo se encuentre en condiciones dignas, casi mejor...

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  10. Hola Belen! en primer lugar decirte que los trabajador@s sociales de las prisiones SI hacemos visitas a domicilio, siempre con aviso,claro, haciendo una buena praxis profesional, y en segundo lugar que una visita a un "chabolo" termino no utilizado por nosotr@ sino Celda, no nos indica nada sobre el interno, ya que en la mayoría de los casos comparten celda y lógicamente no es su espacio mas íntimo y no nos va a aportar nada de cara a un diagnostico posterior.
    Un saludo

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    1. Hola, disculpa si he hecho una generalización. En la realidad que conozco los trabajadores sociales de prisiones apenas hacen visitas, es algo anecdótico (no por su voluntad), por otra parte soy consciente de que el término chabolo no es un término técnico, era simplemente un guiño. Siento haber usado el término si no era adecuado. Saludos cordiales

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  11. Lo he comentado y se me ha borrado. Cachisss!. Bueno, pues yo soy partícipe a tope de la visita,y no miro neveras ni habitaciones precisamente, sino que tengo bonitas u profundas conversaciones con las personas, que se sienten agradecidas por hacerles caso. Estoy harta de ver ttss y educadores que se pasan dos horas preguntando en el despacho y mirando al ordenador cuando entrevistan, por Dios. Y ahorro tiempo. Y tengo esa sensación de "sentir el relato", enseñan documentos, fotos, trabajos...
    He hecho cientos y cientos, por ayudas económicas, rentas, dependencia, extranjeria, por avisos, porque pasaba por ahí ( de estas mi amiga Merce me dice que le encantan ).
    Por algo estamos en los barrios.

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    1. Desde esa perspectiva yo también. Mil gracias por comentar.

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    2. Desde esa perspectiva yo también. Mil gracias por comentar.

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  12. Excelente exposición la de la principal del blog. De hecho, quienes nos movemos a nivel vecinal, oímos conversaciones de vecinas que han solicitado ayudas sociales y se quejan de visitas molestas de tal o cual Asistenta Social (que les abre la nevera, que se cuela en los dormitorios y les abre los armarios y los cajones).
    Francamente, sin ánimo de ofender, no me parece correcta esa forma de actuar -salvo que sea en casos muy justificados-. Y, realizar visitas e incluso registros así porque si, más bien me parece que ese asalto a la intimidad, es un método dirigido a que los usuarios desistan de recibir ayudas.

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