jueves, 26 de mayo de 2016

El indigno salario social

El defensor del pueblo andaluz ha presentado este martes 24 de mayo su Informe Anual 2015, en el que se refleja todo el trabajo realizado y le brinda la ocasión de tirar de las orejas a las administraciones públicas, es decir, a quienes las formamos, que nos lo merecemos más de lo que nos gusta reconocer ¿Cierto?

El informe contiene datos bien interesantes sobre servicios sociales y dependencia (que manía separar ambos conceptos), pero voy a centrarme en el epígrafe relativo al Programa de Solidaridad de los Andaluces o salario social, que es como lo conocemos. Bien, el salario social es la renta mínima de inserción que padecemos en Andalucía. Al margen de consideraciones académicas sobre las rentas condicionadas o no, el modelo sobre el que se sustenta nuestro salario social es cutre-pero-cutre porque no se sabe si es una renta condicionada exclusivamente a ingresos o una renta de inserción. Su pilar jurídico es además un decreto de chichinabo, el Decreto 2/1999, de 12 de enero, que regula tan poco que convierte la prestación en algo cuasi alegal.

Es el salario una prestación de mierda verdaderamente insuficiente en una comunidad, Andalucía, con la mayor tasa de riesgo de pobreza de España (un 37%), donde el 55,0% de la población no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos en 2015, solo por detrás de Canarias y en la que somos campeones en pobreza infantil, datos para la vergüenza todos ellos, recién sacados de la Encuesta de Condiciones de Vida del INE

Si será Andalucía una comunidad pobre que los profesionales de servicios sociales no conocíamos el índice AROPE y cuando hemos empezado a usarlo hemos comentado que no nos sirve para hacernos una idea porque la inmensa mayoría de las familias a las que atendemos son, según este índice, pobres de solemnidad.

La verdad es que no sé por qué me preocupo, Susana Díaz, nuestra presidentísima, es una mujer de recursos y ¡Alehop! saca de la chistera soluciones creativas que ya ha aplicado en sanidad y está preparando con cariño para servicios sociales a través del proyecto de ley, esa otra joya legislativa de nuestra Andalucía y olé ¡Ay qué coraje más grande!

¿Por qué es, en definitiva, tan malo el salario social? Porque tarda una media de 9 meses en ser aprobado, con retrasos que han llegado hasta el año, porque su regulación deja fuera a una importante masa de población, porque solo puede percibirse 6 meses al año, porque su regulación y tramitación es de una complejidad sospechosa y en definitiva, por las palabras del defensor del pueblo andaluz que lo dicen todo:
"El Ingreso Mínimo de Solidaridad o Salario Social no responde a las necesidades de la población demandante. Los retrasos en el pago, los recursos destinados, a todas luces insuficientes, el nivel de cobertura y los cambios producidos en la población no cubren las expectativas que existían sobre este Programa. Es por ello que se considera un programa obsoleto que no da respuesta a las necesidades de la población y escasamente cubre los objetivos con los que se concibió, por lo que se considera agotado en estos momentos y necesaria su sustitución".
Una prestación indigna es el salario, nada extraño en estos tiempos de indignidad, por ello quiero finalizar esta entrada haciendo un modesto llamamiento a salir a las calles el sábado con las Marchas de la Dignidad a luchar por todo lo que nos han robado. 

PD. Todo mi respeto y apoyo a los / las profesionales que tramitan el salario social. No tienen ninguna culpa de gestionar miseria y lo hacen con la mejor de las disposiciones. Me consta.


En comunidades pobres como Andalucía y Castilla la Mancha
afortunadamente tenemos talentos como estos dos músicos:
El Kanka (Málaga) con Rozalén (Albacete)
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sábado, 21 de mayo de 2016

Hipólita. Segunda Parte.

No suelo escribir sobre mis intervenciones profesionales exitosas. Por desgracia son muchas menos de las que me gustaría atribuirme. También debe ser porque siento que es más terapéutico hablar sobre las intervenciones en las que fracasé, o quien sabe, también influirán las enseñanzas de mi madre y los curas sobre la humildad. Recuerdo una frase que escuchaba en catequesis y yo no entendía: Que tu mano izquierda no sepa lo que hace la derecha. Una frase de lo más apropiada para una niña de 8 años y una enseñanza a todas luces errónea sobre todo si pretendes comerte un chuletón de Ávila.

El caso es que ahora que soy adulta y desaprendí como se deshacen las cosas me propongo mostrar una intervención complicada con una evolución bastante satisfactoria, al menos por el momento. Tocaré madera. Se trata de Hipólita, una anciana cuya problemática expliqué en esta entrada, hace cuatro meses. Estamos en el ajo el psicólogo del equipo y yo.


Este caso es uno de esos con alarma social, que en servicios sociales comunitarios rurales suele materializarse en excursión vecinal o de voluntarias de ONG o una combinación de ambas especies al despacho del alcalde, manos a la cabeza y vena patiño
¡Haced algo por dios! ¿Es que no se dan cuenta las asistentas de que esta mujer donde mejor está es en una residencia? ¡Que cualquier día aparece muerta en un balate! (Que significa: si aparece muerta en un balate es por culpa de los servicios sociales)
Hay dos matices que me gustaría señalar antes de continuar, uno: no cuestiono las redes vecinales ni critico las excursiones al despacho del alcalde cuando la preocupación es genuina (a continuación me explicaré mejor), y dos: intervenir respetando las decisiones de la persona conlleva riesgos emocionales que hemos de gestionar de una manera profesional.

La intervención que estoy desarrollando ejemplifica por qué se necesita formación para ser trabajadora social y no basta con tener buena intención, al contrario de lo que viene pareciendo en estos tiempos de bancos de alimentos. Lo fácil y lo cómodo aquí es ingresar a Hipólita a través del juzgado. Seguro que no aparecería muerta en un balate, pero sin la mirada experta para comprender la complejidad del ser humano la implicación suele terminar dañando a la persona sujeto de la intervención, en este caso Hipólita, a la que le horrorizan las residencias y cuya ceguera empeoraría aún más la adaptación. Recordemos que esta mujer ha vivido siempre en su cortijo, en el campo, donde se desenvuelve perfectamente.

Decía que no cuestiono las implicaciones vecinales cuando la preocupación es genuina. En este caso no lo es, los vecinos tienen una agenda oculta, relacionada con tierras, acequias, horas de agua y demás. En este punto, sintiéndolo mucho, se les acaba la legitimidad para opinar pero, lo más importante, la intervención se complica aún más porque desde el equipo nos vemos obligados a remar contra corriente, es decir, nada menos que contra los intereses de los vecinos de la anciana con todo lo que ello supone. Dejo el suponer a la imaginación del lector o lectora.

¿En qué se concreta este remar contracorriente? Desoyendo el clamor popular, hemos descartado por el momento el ingreso residencial y hemos respetado el deseo de Hipólita de quedarse en casa, a pesar del deterioro cognitivo, incipiente. Para llegar a esta decisión hemos valorado los riesgos que supone para Hipólita la permanencia en el medio y las consecuencias que acarrearía una intervención tan agresiva como un ingreso residencial involuntario. Hemos entendido el deterioro cognitivo como un proceso gradual y hemos valorado como un elemento central la ceguera de Hipólita.

En intervención social, la suerte juega un papel crucial. Hipólita tiene dinero ahorrado y propiedades, lo que facilita ostensiblemente poder permanecer en casa ¿Qué hemos hecho? En primer lugar, le hemos buscado un abogado a Hipólita de fuera de la localidad (conocido nuestro y buena persona), con el que ha hecho muy buenas migas. El abogado ha conseguido espantar a vecinos desaprensivos, reorganizar sus propiedades y vender una de las tierras para poder tener liquidez, finca que Hipólita accedió sin problema a vender y eligió en presencia nuestra. El abogado tiene la misión de proteger sus intereses. La vertiente judicial del caso la obvio para no alargarme más.

Hemos reorganizado el servicio de ayuda a domicilio, para que abarque distintas franjas horarias y hemos buscado una persona particular para las noches (también conocida) que duerme con Hipólita y evita que presuntamente pueda escaparse, lo que los vecinos dicen aunque no nos lo creemos. Contamos con la valiosísima ayuda de la auxiliar de ayuda a domicilio, una persona muy formada y de plena confianza, que nos informa regularmente de la situación.

Los vecinos están muy enfadados con nosotros, pero Hipólita se encuentra bien por ahora y es feliz. Cuando se le pregunta por la situación ella dice que no entiende a qué tanto jaleo si ella donde quiere estar es en su casa. No descartamos el ingreso residencial involuntario, pero siempre y cuando sea la única salida. Estamos contentos, la verdad.

Me siento reforzada además porque hace poco tuve la oportunidad de conocer la interesantísima línea de investigación sobre toma de decisiones de la Universidad de Deusto y la teoría va muy en la línea de lo que estamos haciendo en la práctica con Hipólita. Aprovecho para felicitar a la profesora Usue Beloki Marañon por su trabajo acerca de la vulnerabilidad social en la toma de decisión y animo a la Universidad de Deusto a continuar por este camino. Muchas Belenes y muchas Hipólitas lo agradecerán.


PD para quienes leen desde Latinoamérica: Desenseñar a desaprender como se deshacen las cosas es una frase de un programa infantil muy subversivo que se emitía en España en los años 80 (La Bola de Cristal). Vena patiño se refiere a María Patiño, una periodista española de prensa rosa que cuando se enfada se le hincha la vena del cuello. Balate es un muro de piedra para allanar los campos y poder cultivar.

El piano es el gran desconocido en la música flamenca,
aunque existen maravillosos pianistas flamencos como este.
David Dorantes
Batir de Alas.

domingo, 15 de mayo de 2016

Las mentiras de los usuarios de servicios sociales

Hace unos años una compañera trabajadora social, que administra el blog No soy asistenta, escribió una entrada titulada ¿Qué hacer ante las mentiras de los usuarios? refiriéndose al malestar que le produce que las personas a las que atiende mientan en las entrevistas. Yo discrepé en su día del contenido de dicha entrada, pero no quise dar a conocer mi opinión porque hace muchos años (demasiados, por desgracia) yo pensaba lo mismo que la compañera y confío en que, al igual que me ocurrió a mí, el transcurrir del tiempo modifique su percepción.

Acabo de ver recientemente rebotado dicho artículo por algún que otro colegio profesional, y es por ello que quisiera ofrecer un punto de vista diferente. No es mi ánimo enmendar la plana a la compañera, cuyo blog aprovecho para recomendar por su honestidad y frescura, sino contribuir a analizar el trabajo social desde distintos puntos de vista.

Mentir está mal, nos lo han enseñado desde nuestra más tierna infancia. Nuestras madres nos reprendían por mentir al tiempo que ellas mentían a la vecina ante nuestra infantil estupefacción y su posterior mirada psicópata, temerosa de que descubriésemos el pastel. Los usuarios también mienten, sí. Por mi parte lo encuentro lógico, España es, por definición, trolera. Nuestro contexto cultural alienta el engaño y nuestro sistema productivo se basa en la trola en cadena, ejemplos, miles: facturas sin IVA, subsidios de miseria a cambio de cerrar los ojos (el gobierno) ante el trabajo irregular, también de miseria, etc. Incluso en otros planos el troleo es norma: me voy de viaje con mi novio-novia pero le digo a mis padres que voy con amigos. Yo miento, ellos no se lo creen pero hacen como que sí y todos tan felices. Cosas del judeocristianismo, supongo. Hay un libro que explica muy bien todo esto: Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galán.


Nuestro caduco sistema público de servicios sociales junto con el inexistente sistema de garantía de rentas también fomenta el engaño. Es muy interesante la entrada al respecto del compañero Pedro Celiméndiz, que lleva por título La Danza de la Demanda. Lo explica tan acertadamente que me limito a hacer mías sus palabras.

Lo llamativo en esto de las trolas es que los trabajadores sociales también mentimos. La trabajadora o trabajador social que no haya mentido a sus usuarios que tire la primera piedra ¿Quien no ha culpado a la institución de una decisión desestimatoria que dependía exclusivamente de nosotros mismos? Dicho en Román Paladino: te deniego la ayuda porque no hay dinero o porque el ayuntamiento o la diputación o el mono Amedio no la ha aprobado. Pues sí. Mentimos. En este engranaje absurdo de precariedad no siempre sabemos situarnos en el marco ético adecuado. No siempre respetamos el Código Deontológico. No somos modélicos. No somos tan diferentes a nuestros usuarios. Digo yo.

Tears for Fear
Everybody wants to rule the world

jueves, 5 de mayo de 2016

Vagos, maleantes, putas e inmigrantes

No, no es una concatenación de insultos o una forma sui generis de describir a estos colectivos. Se trata de un blog que he descubierto muy recientemente y vengo a recomendar en esta entrada. Se trata de un blog creado por los sociólogos Albert Sales y Carlos Delclos, profesores de la Universidad Pompeu Fabra.

Es que ando buscando últimamente textos y referencias de todo tipo que hagan análisis sociológicos con un enfoque anticapitalista, altersistema o crítico (llamémosle como queramos), que a la vez sean lo suficiente rigurosos como para no resultar panfletarios. Al primero de los administradores del blog, Albert Sales, ya lo conocía por el libro El delito de ser pobre, que Elena Salinas recomendó en su blog Preventiva Reincidente. Aprovecho para recomendar la colección ASACO de la Editorial Icaria, a la que el libro pertenece, por su calidad y por sus precios a prueba de bolsillos precarios.

Volviendo al blog, pretende desmontar los mitos que justifican la guerra contra los pobres. Sus entradas suelen ofrecer una interesante perspectiva e incluyen certeros análisis sobre el sinhogarismo. En fin, que lo voy a incorporar a mi lista de blogs, esa que puedes consultar a tu derecha.

Finalizo esta brevísima entrada con dos peticiones de ayuda. La primera, si encuentras material interesante sobre trabajo social crítico o sociología en la línea del blog recomendado, por favor, házmela llegar a la dirección bnavarrollobre@gmail.com. Asimismo, si conoces algún blog sobre feminismo, me interesa mucho también. Mi lista de blogs está vergonzosamente masculinizada ¡Eso no puede ser!

Que también me puedes mandar lo que quieras, vaya. Soy una diógenes de los PDF. Agradezco cualquier texto que echarme a los ojos.

La guitarra flamenca tampoco es patrimonio de los hombres,
el sonido limpio de Las Migas así lo atestigua. Mientras esperamos
el nuevo disco, nos conformaremos escuchando esta joya llamada
Perdóname Luna.