domingo, 15 de mayo de 2016

Las mentiras de los usuarios de servicios sociales

Hace unos años una compañera trabajadora social, que administra el blog No soy asistenta, escribió una entrada titulada ¿Qué hacer ante las mentiras de los usuarios? refiriéndose al malestar que le produce que las personas a las que atiende mientan en las entrevistas. Yo discrepé en su día del contenido de dicha entrada, pero no quise dar a conocer mi opinión porque hace muchos años (demasiados, por desgracia) yo pensaba lo mismo que la compañera y confío en que, al igual que me ocurrió a mí, el transcurrir del tiempo modifique su percepción.

Acabo de ver recientemente rebotado dicho artículo por algún que otro colegio profesional, y es por ello que quisiera ofrecer un punto de vista diferente. No es mi ánimo enmendar la plana a la compañera, cuyo blog aprovecho para recomendar por su honestidad y frescura, sino contribuir a analizar el trabajo social desde distintos puntos de vista.

Mentir está mal, nos lo han enseñado desde nuestra más tierna infancia. Nuestras madres nos reprendían por mentir al tiempo que ellas mentían a la vecina ante nuestra infantil estupefacción y su posterior mirada psicópata, temerosa de que descubriésemos el pastel. Los usuarios también mienten, sí. Por mi parte lo encuentro lógico, España es, por definición, trolera. Nuestro contexto cultural alienta el engaño y nuestro sistema productivo se basa en la trola en cadena, ejemplos, miles: facturas sin IVA, subsidios de miseria a cambio de cerrar los ojos (el gobierno) ante el trabajo irregular, también de miseria, etc. Incluso en otros planos el troleo es norma: me voy de viaje con mi novio-novia pero le digo a mis padres que voy con amigos. Yo miento, ellos no se lo creen pero hacen como que sí y todos tan felices. Cosas del judeocristianismo, supongo. Hay un libro que explica muy bien todo esto: Historia de España contada para escépticos, de Juan Eslava Galán.


Nuestro caduco sistema público de servicios sociales junto con el inexistente sistema de garantía de rentas también fomenta el engaño. Es muy interesante la entrada al respecto del compañero Pedro Celiméndiz, que lleva por título La Danza de la Demanda. Lo explica tan acertadamente que me limito a hacer mías sus palabras.

Lo llamativo en esto de las trolas es que los trabajadores sociales también mentimos. La trabajadora o trabajador social que no haya mentido a sus usuarios que tire la primera piedra ¿Quien no ha culpado a la institución de una decisión desestimatoria que dependía exclusivamente de nosotros mismos? Dicho en Román Paladino: te deniego la ayuda porque no hay dinero o porque el ayuntamiento o la diputación o el mono Amedio no la ha aprobado. Pues sí. Mentimos. En este engranaje absurdo de precariedad no siempre sabemos situarnos en el marco ético adecuado. No siempre respetamos el Código Deontológico. No somos modélicos. No somos tan diferentes a nuestros usuarios. Digo yo.

Tears for Fear
Everybody wants to rule the world

8 comentarios:

  1. Hola compañera. Gracias por nombrar esa entrada de mi blog. Estoy de acuerdo en casi todo lo que dices. En su momento escribí otra entrada sobre el tema "Mentiras privadas" http://tribulacioneschino.blogspot.com.es/2013/11/mentiras-privadas.html , porque el tema me enfadaba lo suficiente. En cuanto al blog del que has sacado el tema, yo no lo recomiendo, representa una manera de entender nuestra profesión con la que no me identifico.
    Saludos.

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    1. Gracias a tí. Yo tampoco me identifico con el blog de la compañera porque mi hacer es distinto, pero entradas como la suya dan lugar a debates como este. Un abrazo.

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  2. Estoy totalmente de acuerdo con lo q dices. Las personas tenemos el derecho a mentir, es más yo diría q la obligación de mentir cuando con una verdad vas a generar más daño q beneficio. Pero esto solo lo llegas a comprender cuando llevas algunos años de profesión. Yo ya hace muchos años q he dejado de actuar como cazadora de mentiras y aun a sabiendas q los usuarios de servicios sociales no me cuentan toda la verdad lo respeto y siempre les digo q si no me facilitan la informacion real probablemente no pueda ayudarles o asesorarles correctamente. Pero allá cada uno, no pretenderemos q las personas nos cuenten su vida y obra y por encima q todo sea cierto

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  3. Estoy totalmente de acuerdo con lo q dices. Las personas tenemos el derecho a mentir, es más yo diría q la obligación de mentir cuando con una verdad vas a generar más daño q beneficio. Pero esto solo lo llegas a comprender cuando llevas algunos años de profesión. Yo ya hace muchos años q he dejado de actuar como cazadora de mentiras y aun a sabiendas q los usuarios de servicios sociales no me cuentan toda la verdad lo respeto y siempre les digo q si no me facilitan la informacion real probablemente no pueda ayudarles o asesorarles correctamente. Pero allá cada uno, no pretenderemos q las personas nos cuenten su vida y obra y por encima q todo sea cierto

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    1. ¡Qué bueno, Montse! Un buen amigo mío dice que la sinceridad está sobrevalorada, jjajajjaja, por lo demás, de acuerdo contigo, actúo muy parecido. Muchas gracias por comentar.

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  4. Interesante. El asunto -creo yo- no es tanto el hecho en sí de "la mentira". El asunto, en clave profesional, es la "lectura que hacemos de ello". Cualquier enganchada del TS (cabreado/a porque le mienten) es,creo, un comportamiento fuera de lugar, más propio de la intervención intuitiva arcaica que de una intervención profesional. La mentira es, en muchas ocasiones, una ESTRATEGIA DE SUPERVIVENCIA por parte del usuario-experto. desde un enfoque apreciativo deberíamos valorar esta habilidad.
    Además, dentro de los "efectos secundarios" de la intervención social de los que hablaba Pedro Celeméndiz en su BLOG, está precisamente el de favorecer en ocasiones esa falta de veracidad... No son pocas las ocasiones en las que es el sistema mismo el que impulsa a mentir...
    Pero no es eso lo que más me preocupa. Lo peor de todo es que como profesionales pudiésemos colaborar (y creo que lo hacemos en más ocasiones de las que creemos) en la criminalización de los usuarios/as, apoyándonos en su pecado (mentira) leído como traición y no como síntoma. El siguiente paso (irracional) al descubrimiento de la mentira es culpabilizar al usuario -exigirle penitencia-. ¿No sería más científico preguntarse por qué tuvo que mentirme?

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    1. Sí. La clave es la lectura que se hace de la mentira. De acuerdo en todo, me detengo en la parte en la que hablas de la criminalización de los usuarios: por eso mismo he expresado el troleo de los profesionales, creo que la criminalización es parte de la "cosificación": ellos hacen esto o lo otro...Muchas gracias, como siembre, por comentar, por cierto, a ver si te animas y escribes alguna entrada en este blog. Sería recibida con los brazos abiertos.

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  5. Tomo nota. Y gracias a ti por mantener vivo el blog, el debate y por hacernos pensar.

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