miércoles, 26 de octubre de 2016

¿Pero qué demonios nos pasa con la legislación?

Comienzo mi entrada con una pregunta a bocajarro si eres una persona y más concretamente una persona empleada pública en el territorio español: ¿Te has leído la nueva Ley 39/2015 del Procedimiento Administrativo Común de las Administraciones Públicas? No ¿Cierto? ¡Muy mal por ti! Y muy mal por mí porque yo tampoco me la he leído, ejem, ejem... ¡Castigados sin cenar ambos! ¡Y sin tablet!


Como sabrás, se aprobaron dos leyes que vienen a sustituir a la archiconocida Ley 30/1992, de 26 de noviembre, de Régimen Jurídico de las Administraciones Públicas y del Procedimiento Administrativo Común, que ha estado vigente hasta el 2 de Octubre de 2016. Las leyes en cuestión son la ley 39/15 que acabo de mencionar y la Ley 40/2015, de 1 de octubre, de régimen jurídico del sector público.

No te me vayas de aquí presa del pánico, que no es mi intención analizar estas dos disposiciones legales ¡Qué más quisiera yo! Si ya te digo que ni me las he leído. Mi propósito hoy es reflexionar sobre la relación tan, digamos, curiosa que tenemos muchas personas trabajadoras sociales, entre las que me incluyo, con el derecho administrativo. Al menos es lo que observo entre las colegas que conozco.

Digo que es curiosa la relación trabajo social - derecho administrativo por varias razones. Me explico: En teoría, nuestra profesión incluye, entre sus fines, la búsqueda de la consecución de derechos de ciudadanía, y todos sabemos que la construcción de derechos subjetivos se realiza a través de las leyes y demás disposiciones normativas, lo que debería implicar que las leyes son nuestras amantísimas aliadas.

Y sí, por lo general somos un colectivo que reclama leyes que garanticen derechos, pero cuando estas leyes son aprobadas ¡Ay! Damos por sentado que nuestro trabajo ha terminado y es justo donde empieza, porque las leyes se promulgan para cumplirlas y es nuestro deber, en la medida de nuestras competencias, velar porque así sea. Debemos conocer en profundidad las leyes objeto de nuestra competencia para poder informar a la gente de los derechos que les asisten y, lo más importante, orientarles adecuadamente cuando estos derechos son vulnerados, en lugar de ponernos como basiliscos en la media hora del desayuno, tostada en mano.

Pero lo que más me sorprende es la postura de algunas compañeros y compañeras de considerar las leyes como corsés que limitan. Me preocupa mucho porque pareciera que nosotros en pro de una supuesta ética superior estamos por encima de la ley; en la práctica esto se traduce en muchas cosas, al margen de cercenar el principio constitucional de igualdad y los principios contenidos en las leyes de procedimiento administrativo: Asistencialismo en cuanto a los procedimientos técnicos, saltos a la torera y/o aceptación atajos de otras administraciones (mándame un informe y listo) que lo único que aportan a la postre es la incursión en situaciones de alegalidad, cuando no de ilegalidad y la percepción de arbitrariedad por parte de la ciudadanía. Todo ello en lugar de exigir y exigirnos procedimientos legales ágiles.

Si no es tu caso, vayan mis disculpas por delante, pero si como yo, odias el derecho administrativo, hay salida. Haz como yo, reconoce el error y comienza los doce pasos. Yo, por lo pronto, he dado el primero: Ya tengo la ley 39/15 fotocopiada y encuadernada.

DJ Snake & Justin Bieber
Let me love you

sábado, 15 de octubre de 2016

5 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales


Una vez más me propongo meterme en un jardín, en este caso el de establecer cinco diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales ¿Por qué esta entrada? ¿A qué viene este ataque de academicismo? ¿Acaso no está claro que no son la misma cosa? ¿Es parte esta entrada de una tesis doctoral? ¿Qué importancia tiene la mecánica cuántica dentro de la física y la ciencia?

Al grano. Me he decidido a escribir esta entrada porque opino, como muchas otras compañeras y compañeros, que existe una gran confusión entre una cosa y la otra. El motivo es evidente, no creo que deba detenerme a explicarlo más allá de recordar lo consabido: Que los servicios sociales son nuestro sector por antonomasia y ello ha generado un cierto magma teleológico.

Al margen de disquisiciones académicas, esta confusión produce efectos en la práctica que son los que me preocupan en realidad. Espero contribuir desde este microscópico bit en el ciberespacio a pensar en ello con este corta-pega, así, a lo bruto, basado en artículos académicos que citaré al final y que son los verdaderos artífices de esta reflexión.

Vamos allá:

1. El trabajo social es una profesión y una disciplina científica (*): Los servicios sociales constituyen uno de los sectores de la política social (**): Esta obviedad no lo es tanto, en realidad, porque es la diferenciación de la que hay que partir para entender todo lo demás

2. El inicio de los servicios sociales es antiguo, el del trabajo social es reciente: De Lucas sitúa la emergencia de los servicios sociales a partir de los siglos XVI-XVII y sin embargo no es, según este autor, hasta el s.XIX que podemos hablar de trabajo social propiamente dicho.

3. Principios:

Puedes consultar el Código Deontológico en la página del Consejo General del Trabajo Social.

4. El trabajo social es transversal. Los servicios sociales son sectoriales:

El trabajo social, tal y como es definido por la FITS promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social y el fortalecimiento y la liberación de las personas. La misión que se nos encomienda es amplia y para tratar de alcanzarla es necesario poner en marcha mecanismos desde diferentes políticas públicas (en un sentido amplio) porque el desarrollo humano depende de factores diversos. Pondré un ejemplo: el fortalecimiento de una persona con diversidad funcional dependerá, entre otras cosas, de su salud, de su formación, de sus posibilidades de acceso al empleo y de los apoyos con los que cuente ¿Cierto?

Todos estos ámbitos de la vida de esta persona con diversidad funcional son bienes a proteger desde diferentes sectores de la política social: su salud, del sistema sanitario, su formación, del sistema educativo, sus posibilidades para trabajar, del sistema de empleo y los apoyos, de los servicios sociales.

Así, podemos concluir que si la misión de las trabajadoras sociales es, entre otras, el fortalecimiento de las personas, podemos insertarnos en los distintos ámbitos de la política dirigidos directamente a las personas para contribuir a ello, pero en cambio los servicios sociales solo se ocuparán de uno de esos ámbitos, en este caso todo el universo relacionado con el apoyo social (en teoría, por desgracia en la práctica los servicios sociales son víctimas del magma teleológico que antes mencionaba).

No voy a profundizar en el asunto del objeto de los servicios sociales y del trabajo social porque ya lo he tratado en otras entradas y porque para ello hay fuentes mucho más fiables que la mía como son Fantova y Hendrickson (servicios sociales ) o Zamanillo, Martín Estalayo y Moix Martínez (trabajo social) entre muchas y muchos otros.

5. Los servicios sociales tienen sus necesidades predefinidas. Desde el trabajo social construimos y de-construimos necesidades:

El objeto del Sistema de Servicios Sociales en el Modelo Concertado se define en torno a cuatro necesidades básicas, lo que conforma su «ámbito específico». Gustavo García señala como necesidades sociales específicas las siguientes:
a) necesidad de acceder a los recursos sociales,
b) necesidad de convivencia personal,
c) necesidad de integración social,
d) necesidad de solidaridad social.

A tal o cual necesidad (hasta cuatro) le corresponderá tal o cual respuesta o respuestas. Gustavo García también señala las siguientes prestaciones básicas dentro del Modelo Concertado:
a) información y orientación,
b) alojamiento y ayuda a domicilio,
c) inserción social,
d) cooperación Social.

Se establece así una relación ajustada entre necesidades y recursos. En torno a este «binomio» se crean estructuras o equipamientos comunitarios.  El objeto del Sistema de Trabajo Social, y cito textualmente a Teresa Zamanillo, viene dado por «todos los fenómenos relacionados con el malestar psicosocial de los individuos relacionados según su génesis estructural y su vivencia personal» (Ariño Altuna) En la relación profesional, juntas, persona profesional y persona /s atendidas construimos un relato que incluye unas necesidades y deconstruye otras.

El trabajo social y los servicios sociales provienen de una bonita historia de simbiosis, pero me pregunto si esta simbiosis no ha tornado en relación tóxica, en la que la dependencia mutua no deja crecer a ninguna de las partes. Si permitimos que uno siga agarrado al cuello del otro ¿No crees que acabarán ahogándose mutuamente? ¿No debería ser tiempo de que cada uno escriba su propia historia?


(*) El trabajo social es una profesión basada en la práctica y una disciplina académica que promueve el cambio y el desarrollo social, la cohesión social, y el fortalecimiento y la liberación de las personas. Los principios de la justicia social, los derechos humanos, la responsabilidad colectiva y el respeto a la diversidad son fundamentales para el trabajo social. Respaldada por las teorías del trabajo social, las ciencias sociales, las humanidades y los conocimientos indígenas, el trabajo social involucra a las personas y las estructuras para hacer frente a desafíos de la vida y aumentar el bienestar (Definición Federación Internacional del Trabajo Social) 


(**) Los servicios sociales son aquella rama o pilar que se interesa específicamente por la autonomía de las personas para su desenvolvimiento cotidiano y por los apoyos naturales o informales que las personas tienen a su disposición en las redes familiares, convivenciales o comunitarias. Los servicios sociales brindan apoyos para proteger y promover tanto la autonomía funcional y el desarrollo personal como la socialización, integración o inclusión relacional o comunitaria y, a través de ellas, la calidad de vida de las personas (Fernando Fantova)

Artículos víctimas del corta pega:

  • Ariño Altuna, Miren: El trabajo social y los servicios sociales, aquí.
  • De Lucas y Murillo, Fernando: Trabajo Social y Servicios Sociales, confusiones y desconocimientos, aquí.
  • Moix Martínez, Manuel: El Trabajo Social y los Servicios Sociales, su concepto, aquí.
Otro artículo interesante que encontré después:
  • Pelegrí Viaña, Xavier: Trabajo social y servicios sociales: una complementariedad diferenciada. Notas para el cambio de época, aquí.

Una entrada dedicada a separar trae un cantante aficionado a
mezclar, Toni Zenet. Es un cantante de Málaga (Andalucía) al que le
interesa mucho la fusión con músicas latinas y de otras culturas
en general. De su nuevo disco Si sucede, conviene,, traigo hoy Fuiste Tú 
y se la dedico a quienes me leeis desde el otro lado del Océano Atlántico
Si os apetece escuchar el álbum entero, podéis hacerlo aquí.

sábado, 8 de octubre de 2016

Encuentre las 7 diferencias


Esta es una entrada no prevista sobre la riqueza y la belleza. Salta a la vista. Es producto de una búsqueda de imágenes para la entrada que tenía a medias: 7 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales.

Estaba intentando encontrar imágenes que ilustrasen el concepto siete diferencias y google me plantó en los morros esta imagen de Cristiano Ronaldo, por lo que me vino a la mente la entrada del blog de Pedro Celiméndiz titulada Olimpiadas y Pobres, cuya lectura recomiendo.

Cristiano Ronaldo es uno de los ejemplos que suelen utilizar quienes cacarean las consignas neoliberales o, en palabras de Pedro (más amables que las mías), quienes opinan que nacer en un entorno complicado, con unas circunstancias difíciles de pobreza o violencia, es algo que se puede superar con el esfuerzo personal ¡Por supuesto que no! Pedro lo expresa muy bien:
Vivir en la pobreza o con violencia tiene gravísimas condiciones que el énfasis de éstas noticias me parece que banalizan. Nacer y crecer en un entorno pobre y deprivado es algo que no se puede superar fácilmente, y mucho menos fiándolo al esfuerzo personal.
Una vez que aparecen las excepciones que confirman la regla anteriormente escrita, como es el caso de Cristiano Ronaldo, lo siguiente es pensar que el famoso en cuestión es guapo por arte de birlibirloque. Analicemos las siete diferencias que he observado entre las dos fotografías:
  1. Los dientes: Es quizá la diferencia más notoria. Es evidente que Cristiano ha tenido que hacerse un carísimo tratamiento dental para lucir esas perlas del caribe que tiene por piños.
  2. Los ojos: Hay un presunto estrabismo en la primera foto que ha desaparecido en la segunda. Lo digo porque yo misma padecí estrabismo y tuve que ser operada tres veces de niña, por cierto, en una famosa clínica de Barcelona, gracias a un enchufe de mi tía Angelita (a la que nunca estaré lo suficientemente agradecida). No habría podido de otro modo.
  3. La piel: Que en la segunda foto luce tersa y suave como el culito de un bebé (bueno, casi). Eso son muchos euros en cremas, amigos y amigas míos.
  4. La depilación: Reto a cualquiera a que encuentre en la segunda foto o en algún momento un antiestético vello en el cuerpo de este Adonis de Lusitania.
  5. El pelo: Un corte de pelo impecable, el de la segunda foto, que invita a creer que el peluquero de Cristiano es parte del personal doméstico.
  6. El afeitado: Idem.
  7. La ropa: Que es una licencia que me permito, más que nada para que me salgan 7 diferencias, y porque aunque no aparece en la foto, es de suponer que no será exactamente la misma ¿Cierto?
¿Cuántas chavalas-chavales de entornos marginales conocemos que podrían, con un tuneo general, ser unas Afroditas-Adonis? Y lo más importante: ¿Cuántas chavalas-chavales de entornos marginales conocemos que podrían, con apoyos externos, en cantidad y con la calidad adecuada ser grandes profesionales del deporte, de la ciencia...?

Démosle la vuelta al discurso, por favor: No se trata de los pocos que llegan arriba sin apoyos, se trata de los muchos que llegarían arriba con apoyos. Habría que detenerse en qué entendemos por arriba y si el objetivo es llegar hasta allí, pero al margen de ese importante matiz, que daría para otra entrada, lo que me interesa subrayar ahora es que si las chavalas o chavales de entornos marginados comienzan a llegar habría menos sitio para otros

¡Ay!

La semana que viene, sí, 7 diferencias entre el trabajo social y los servicios sociales.

Sona Jobarteh es mi último descubrimiento musical. Se trata de una 
cantante nieta de uno de los más famosos griots de Gambia, Amadou Bansang. 
Los griots suelen ser hombres. Os dejo, en primer lugar, esta maravilla: Saya. 

Sona es además la primera intérprete femenina de kora
un instrumento también tradicionalmente reservado a los hombres,
aquí podemos ver su virtuosismo interpretando Jarabi.

domingo, 2 de octubre de 2016

La carta que nunca leerás

El otro día viniste a cita después de mucho tiempo.

Me alegró. Hace por lo menos seis meses que no te había visto, ni por la calle, y en tu caso suele ser mala señal, espero que no te moleste que te lo diga. Son muchos años los que llevamos tratándonos, no sé si eso es bueno o malo, aunque lo peor es que sospecho que ni siquiera nos conocemos realmente.

La primera vez que te atendí, tenía 32 alegres años. Sabía de ti porque el equipo de menores había escrito informes donde explicaba los problemas que habéis tenido en casa.  Yo había leído esos informes antes de atenderte, ahora no lo haría, pero entonces lo hacía porque era como se suponía que había que proceder.

La lectura de esos informes fue desagradable. En ellos se detallaba el sufrimiento padecido por toda la familia, pero especialmente por los niños, tus niños ¡Qué guapos eran y qué guapos continúan siendo de adultos! Te acompañaban a los servicios sociales y cada vez nos robaban el corazón a los profesionales, con esos ojazos verdes y ese pelo rubillo. Además se portaban bien: no desordenaban la sala de espera ni gritaban. A todos nos entraban unas ganas tremendas de llevárnoslos a casa.

Esa necesidad de llevárnoslos a casa, de protegerlos era un arma de doble filo porque no entendíamos por qué no había ningún adulto que los protegiese, hablando en plata, no entendíamos por qué no los protegías tú, por qué no hacías nada. No entendíamos ¡Qué demonios! Yo no entendía tu actitud y eso me cabreaba mucho. Ese es el motivo por el que hoy te escribo una carta que nunca leerás.

Supongo que te parecerá absurdo que te escriba una carta a sabiendas de que no la leerás. El daño está hecho. No fui la profesional que tú necesitabas, parapetada tras la seguridad, es decir, el atrevimiento de la ignorante. Solo escribo este ejercicio de expiación con la esperanza de que otras como tú no sufran mi incompetencia de ayer. No supe entenderte. No supe superar mi rabia hacia ti por tu supuesta pasividad. No supe desplegar una cosa que se llama la mirada experta, es decir, dejar atrás mi prejuicio y tratar de entenderte, de ver, al menos, las cosas de otra manera, tan simple y tan complejo a la vez. Y yo tan novata. Creyéndome tan lista y siendo tan tonta no supe ayudar.

El otro día viniste a cita después de mucho tiempo.

Viniste a preguntar por un asunto trivial. Me contaste, así, sin ruido, sin dramas, con la media sonrisa con la que sueles tú decir las cosas, que te habían detectado un bultillo. Que no querías darle importancia, pero que estabas preocupada. Que no sabías cómo ibas a apañártelas si finalmente te tenían que operar. Y para colmo en casa te dicen que eres una exagerada, me dijiste en un susurro.

En ese momento el despacho se me hizo muy pequeño al recordar lo estúpida que fui por culparte de todo y no tratar de entenderte. Y sobre todo,  recordé que a quien habría que culpar es al cabronazo que hizo de vuestra vida un infierno. A ese que, con 32 años, no se me ocurrió citar al despacho y al que, si de mí dependiera, le habría salido el bultillo. Pero la vida no es justa, claro. Y menos para ti.

¡Qué ojazos tienen tus hijos! Fíjate, el otro día me percaté de que son exactamente iguales a los tuyos.