sábado, 31 de diciembre de 2016

Por un obstinado 2017

Hoy Hilaria pasará la Nochevieja en el hospital. Hace unas semanas su perro, Pistolas, comenzó a ladrar desesperadamente, cosa que es rara en él. Pistolas vive en un corralón anexo a su casa, así que Hilaria tuvo que salir de la casa y entrar al corralón para ver que le pasaba a su amigo. Hilaria se cayó en el escalón de acceso y se fracturó la cadera derecha.

Teresa, la auxiliar de ayuda a domicilio de la franja de tarde se encontró el pastel. Hilaria estaba tumbada en el suelo y Pistolas sentado al lado lamiéndole brazos y cara. Llamaron al 061 y la llevaron al hospital. Los vecinos asistían al espectáculo con caras de cuñada satisfacción, sentados en el pollete del porche, mascullando para que la auxiliar lo oyera ¡Esto se veía venir, en una residencia es donde tendría que estar!

Teresa, que no tenía ninguna obligación de hacerlo, se fue con Hilaria en la ambulancia y me contó que durante el trayecto hacia el hospital, Hilaria no paró de rogarle hecha un mar de lágrimas que no permitiese que la llevasen a una residencia. Ahora Hilaria está pendiente de mejorar en su estado general para ser operada de la cadera. Los trabajadores sociales del hospital, unos profesionales como la copa de un pino por cierto, están interviniendo con Hilaria tratando de acelerar el proceso porque está muy, muy nerviosa. Nunca, es decir, nunca ha estado fuera de su casa, mucho menos en un hospital. Pregunta por Pistolas.

La búsqueda de un hogar para Pistolas ha sido digna de una entrada en este blog, pero esa es otra historia. El caso es que tanto Hilaria como Pistolas están atendidos por el momento, aunque el final de ambos es, por desgracia, muy incierto. Yo no sé si Hilaria saldrá del hospital y de no hacerlo no sé que vamos a hacer con Pistolas, pues su alojamiento es temporal. Lo que sí sé es que pase lo que pase habré respetado los deseos de Hilaria, tal y como reza el artículo 13 de nuestro Código Deontológico. Aún así tengo mucho miedo.

Tengo miedo de que Hilaria muera en el hospital y de que los vecinos me acusen de negligencia. Que me critiquen en el ayuntamiento, en la calle. Tengo miedo de que hayamos fallado fiándolo todo a la permanencia de Hilaria en casa y de haberla expuesto a situaciones de riesgo y tengo miedo de que el caso no tenga un final feliz, que sería tan perfecto como que dentro de mucho tiempo Hilaria fallezca plácidamente en su cama.

El miedo me genera mucha inseguridad, pero por suerte tengo la ciencia de mi parte, que ha conseguido torcer el brazo a la odiosa pareja formada por el miedo y el sentido común y me indica el camino a seguir. La ciencia del trabajo social es una amiga que me susurra cosas al oído: Hilaria también podría haberse caído en una residencia, me dice. Hilaria vive en un estado social y democrático de derecho que le otorga derechos, me dice. Hilaria está amparada por la Convención de Nueva York, me dice. Y me dice que es muy probable que su deterioro cognitivo se acelere en una residencia, porque es ciega y no conoce otra cosa que su casa y a su Pistolas, eso también me lo dice. Que yo sé que siempre hay tiempo de tomar otras medidas, me dice. Y me insiste en que no haga caso a los cantos de sirena del sentido común, que es un mal compañero de travesía y como Ulises me ate al palo mayor y los ignore.

Así que aquí estamos, mis compañeros y yo navegando en el proceloso mar de la incertidumbre que es este caso, sin más aperos que la obstinación. La obstinación, junto con la ciencia, es la mejor ayuda que se puede tener en este caso y en la intervención social en general, al menos en lo que a mí respecta, por eso yo no le pido al 2017 otra cosa que obstinación para seguir trabajando lo mejor posible a pesar del ascazo general que me produce la sociedad actual, obstinación para sujetarme con fuerza a la ciencia por encima de gurús de la autoayuda y demás mamandurrias del nuevo milenio y obstinación para perseverar en la idea de que mi grano no hace granero pero ayuda al compañero.

Dame, 2017, obstinación para no dejar de creer que es preferible pensar que siempre hay elección. Dame 2017 el ánimo para seguir escribiendo aquí y así continuar conociendo a personas tan valiosas como la que ahora lee estas líneas.

¡Feliz Año Nuevo!


Hello
Adele por Mandinga

Get lucky
Daft Punk por Antony Nova

Lost on you
LP por Cubaneros

domingo, 25 de diciembre de 2016

¿Está la ministra? ¡Que se ponga!


Esta es una entrada no prevista. Hoy, Día de Navidad, pensaba aprovechar el espíritu navideño presente en lo más profundo de nuestros corazones, que invita a los buenos propósitos, para animar a quienes me leéis a participar en la consulta sobre el pilar europeo de derechos sociales, que la Comisión Europea ha puesto en marcha para preguntarnos como queremos que sean las políticas europeas que afectan a las personas. Pero no. Después de ver este tweet, definitivamente no.

La señora del tweet de arriba hace un emotivo llamamiento a la solidaridad en estas fechas tan entrañables, animándonos a participar en las campañas de recogida de juguetes y alimentos, imbuida también del espíritu navideño que seguro alberga en lo más profundo de su corazón. Un emotivo gesto que sería digno de reconocimiento si pasásemos por alto un insignificante detalle: Esta señora es la Ministra de Servicios Sociales.

Por lo que se observa en la imagen, la mujer anda un poco despistada. Es normal,  Dolors Montserrat se licenció en Derecho por la Universidad Abad Oliba de Barcelona, fue máster en la Escuela de Práctica Jurídica del Colegio de Abogados de Barcelona y ejerce desde 1997 con despacho propio especializado en Derecho Urbanístico, inmobiliario y ambiental. También realizó un Programa de Derecho Agrario Comunitario impartido por la Universidad de Ferrara (Italia), un posgrado en Derecho Urbanístico e Inmobiliario impartido por la Universidad Pompeu Fabra, un posgrado de Mediación y Negociación impartido por la Universidad de Barcelona, un programa de Derecho Inmobiliario y Urbanístico impartido por ESADE y un programa de Dirección de Empresas Inmobiliarias impartido por IESE.

Lo que son servicios sociales, más bien poco. Tampoco sería importante el currículo si esta buena mujer militase en un partido con propuestas en materia de servicios sociales, que además incluyan un mínimo de intervención estatal, pero no es el caso. Aún así, a mí este tweet me ha cabreado mucho así que yo voy a arriesgarme y la voy a llamar por teléfono para hacerle ver que está muy feo el tweet que ha puesto.


¿Está la señora Ministra...? Que se ponga...

Sra. Ministra, gracias por atenderme en este día tan señalado, mi nombre es Belén Navarro... ¿Que qué Belén? No importa, usted écheme cuentas... Que no entiende mi acento... (jodeeeer)... Quiero decir que me escuche, que no pierde usted nada. No, no llamo de Jazztel. Mire usted, que soy trabajadora social y me gustaría compartir una rápida reflexión con usted sobre... No, testiga de Jehová no, trabajadora social (¡Por dios, esta mujer está sorda como un tajo!).  Es sobre su Ministerio y un tweet que ha puesto usted, sobre...ya... Que el ministerio que le han endosado es un marrón. Sí, sí, es verdad, un marrón, por no decir una mierda, que me da como apuro. Un ministerio gafe... sí, también tiene usted razón, que se lo digan al ministro anterior (¡Se ríe!) ¿Que se joda el vasco igual que usted? Bueno, eso son cosas internas de su partido y yo no quiero entrar en eso... ¿Que le tendrían que haber dado Interior? ¡Mujer, no sea cándida, es usted catalana! ¿Qué esperaba? ¿Que no le gusta este porque es un ministerio María? ¿Que para eso, agricultura? ¡Toma, haberlo pensado antes de decirle que shi a shu jefhe! (Creo que no le ha hecho gracia que imite a Rajoy, glups...)

Aún así, es usted la Ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, doña Dolors ¡Disimule un poco su desgana, leñe, que la han puesto ahí para eso! Ahora está usted ahí para hacer...algo y la definición de algo no es precisamente endilgarnos el muerto de la comida y los juguetes a la gente de a pie ¡Que está muy feo el tweet que ha puesto, mujer, perdone mi atrevimiento! ¿Que qué va a hacer con el ridículo presupuesto que tiene? Eso es verdad, pero digo yo que algo podrá usted hacer y es precisamente lo que yo le quería expl... ¿Que si conozco la campaña "Un juguete, una ilusión"? Sí, sí... Los socialistas, sí, hombre, es verdad, ellos no la quitaron de en medio cuando pudieron y nadie se quejó, ya, ya... (tengo que darle la razón...) ¡No se queje usted de los socialistas que en el fondo no se llevan ustedes tan mal! (Esto sí le ha hecho gracia, mira tú...)

¿Que se le ha ocurrido una idea mejor?¿Cuál?... ¡Nooo, no, espere! ¡Ordenar a su ministerio que compre y reparta la comida y los juguetes, tampoco! ¿Que entonces no le dé más la tabarra? Que no es eso, de verdad ¡Deje que se lo explique! ¿El pollo en el horno? ¡Sra. Ministra, sra. Minis...! Tututututú... ¡Que me ha colgao!

¡Despierta al Niño Jesús!
Anawin

sábado, 17 de diciembre de 2016

Agresiones, dos: Cómo abordarlas

La semana pasada abordé la prevención de agresiones a profesionales de los servicios sociales. Hoy cierro tan desagradable cuestión con el análisis del tratamiento de la agresión, esto es, una vez recibido el sopapo, proferido el insulto, soltado el griterío, perpetrado el destrozo o una combinación de todo lo anterior. Como dirían las espigadoras de La Rosa del Azafrán ¡Qué trabajos nos manda el señor!


Recientemente el Código Penal ha sufrido modificaciones, ampliando los funcionarios protegidos como autoridad pública. Habría sido muy interesante, bien es cierto, que los profesionales de lo social hubiésemos sido incluidos, aunque en la entrada anterior planteaba que esta figura tiene sus luces y sus sombras ¿A qué me estaba refiriendo? A algo muy simple ¿Realmente ejerceríamos esa autoridad, de poder hacerlo?

Quiero decir que, en demasiadas ocasiones, escuchamos que ante agresiones de diversa índole la persona agredida ni siquiera se plantea denunciar, es más, en una suerte de Síndrome de Estocolmo mezclada con no sé qué paternalismo trasnochado, no solamente se descarta la denuncia sino que se justifica a la persona agresora: Que si su situación es muy complicada, que se ha arrepentido, etc. etc.

Este suele ser un noble pensamiento que no comparto: Es necesario saber separar el plano punitivo del terapéutico, por así decir. En sociedad, si una persona comete una infracción debe recibir un castigo, del mismo modo que si una persona tiene un problema, el que sea, debe poder recibir ayuda. Es decir, la persona agresora debe recibir un castigo y debe poder seguir recibiendo atención. Esto lo tienen muy claro las trabajadoras sociales de las prisiones. Por otra parte, al margen de la necesaria denuncia opino que es importante que la persona agresora pueda tener un espacio para la reparación ante la profesional, si es posible.

Esto es posible siempre y cuando existan protocolos de resolución de conflictos que contemplen, entre otras muchas cosas, el cambio de profesional o de servicio e incluyan el asesoramiento legal; el problema es que en la mayoría de instituciones no existen estos protocolos, al menos en las que yo conozco, y cuestiones tan delicadas como esta se dejan al buen hacer de los profesionales, que reaccionamos dependiendo de la casuística.

Por último, los seguros de responsabilidad civil son una novedad a tener en cuenta. En mi colegio profesional se nos ha ofrecido la posibilidad de contratar uno por doce euros al año. Está pensado sobre todo para acusaciones por mala praxis, pero también incluye el asesoramiento legal ante agresiones. Yo lo he suscrito aunque espero no tener que usarlo, por ningún motivo.

Y a tí ¿Se te ocurren más ideas para abordar las agresiones? ¿Tienes alguna experiencia que contar? Deja aquí tus comentarios.

Mi último descubrimiento musical me lo he encontrado en
facebook. Se trata de Bizimkiler, una orquesta de Azerbaiyán
que versiona clásicos del pop. Impresionante esta versión de
Pink Floyd: The Wall, aunque tienen muchas más. No te las pierdas

viernes, 9 de diciembre de 2016

Agresiones, uno: Cómo evitarlas

¿Has sentido miedo alguna vez durante el desempeño profesional? ¿Has tenido que interceder para evitar la agresión a algún compañero o compañera? ¿Te han llegado a agredir a tí? ¿Física, verbalmente? ¿Interpusiste denuncia? ¿Has declarado en un juzgado por ello?

Imagino que si eres profesional de lo social a alguna de estas preguntas habrás contestado con un sí. Así está el patio. El malestar psicosocial, que diría Teresa Zamanillo, a veces se canaliza con violencia. No es de extrañar: El contexto actual da para esto y mucho más. Muchas veces pienso que nos pasa poco teniendo en cuenta la trinchera en la que nos han colocado, sorteando tiros de aquí y de allá.

Dedico pues dos entradas a ofrecer mi punto de vista sobre la problemática de las agresiones: La primera trata de ofrecer alguna pista desde mi experiencia profesional, para intentar evitarlas. La segunda, que publicaré el próximo viernes, abordará el tratamiento de la agresión a mi manera de hacer.

Dos apuntes previos: En primer lugar, si a alguien se le ha metido entre ceja y ceja propinarnos un bofetón, muy poco podemos hacer por evitarlo (más allá de esquivarlo y evitar que te vuelen las gafas). En segundo lugar, estas entradas no tienen por objeto justificar las agresiones, pero sí comprenderlas para poder prevenirlas, siempre y cuando sea posible.

Parto del convencimiento de que una agresión, sobre todo si es física (y proveniente de alguien que no padezca graves trastornos mentales), no es fruto de un arranque de ira espontáneo sino que, por el contrario, es producto de una acumulación de rabia contenida que explota, otra cosa es que hayamos podido o sabido notar esa escalada emocional, precisamente por eso creo que las agresiones se pueden prevenir si tratamos de evitar que estas escaladas se produzcan.

Prevenir las agresiones requiere de nuestro saber hacer, del propio modelo organizacional de la institución y también de cambios en el contexto legislativo. Con respecto a este último, sería interesante que las personas profesionales de lo social fuésemos consideradas personal de autoridad, aunque esta figura legal tiene sus sombras como veremos en la próxima entrada.

En lo referente al modelo organizativo, si bien es cierto que no depende directamente de nosotras, opino que en muchas ocasiones nosotras mismas nos atrincheramos en los procedimientos y se genera cierta rigidez que no ayuda, por ejemplo ¿Tenemos en cita previa huecos para casos urgentes o todo tiene que pasar por cita previa en el mismo orden? En mi centro existen huecos para casos urgentes y lo llevamos bastante bien, para ello previamente hemos formado al personal auxiliar y hacen el filtraje estupendamente, respetando la confidencialidad de las personas atendidas. 

Es sólo una idea, un ejemplo como cualquier otro. Hay muchas otras cuestiones que se podrían y, sobre todo, que se deberían trabajar desde el modelo de organización de los centros, pero como ya he dicho no depende directamente de nosotras, así que voy a explicar aquellas cuestiones que sí podemos mejorar nosotras mismas como profesionales.

En primer lugar, el trato diario. Una profesional amable y también pedagógica tiene menos papeletas para la rifa del bofetón en un momento de acaloramiento. Lo digo por experiencia: La amabilidad y las explicaciones generan respeto. Sé que es difícil a veces, pero es importante ser amable, incluso cuando te introducen la carta que han recibido entre tu boca y el primer bocado de la media tostada del desayuno. Se les puede orientar a cita previa sin ser borde (aunque lo que te pida el cuerpo sea pegarle un tirón a la carta, convertirla en confeti chiquitillo chiquitillo y lanzárselo al portador de la misiva)

En segundo lugar, la rigidez. Soy consciente de que me expongo a críticas, pero yo opto por ser flexible, como decía en el párrafo de arriba. Ante una señora o un señor que se te pone delante en el mostrador sin cita con los ojos arrasados en lágrimas, yo no dudo: la atiendo. Otra cosa es que se trate de Periquita Plórez, de profesión plañidera. Quiero decir, en resumen, que los procedimientos, de los que soy firme defensora, no pueden ser férreos, y que siempre hay tiempo de reconducir una urgencia si no lo es.

En tercer lugar, la gestión de las emociones, que incluye el control de nuestro propio cuerpo. Estoy segura de que todas las personas que nos dedicamos a esto tenemos incorporadas técnicas de comunicación o de gestión de conflictos (como queramos llamarlas) que sabemos manejar; el problema es el secuestro emocional, o dicho en términos simples, dejarnos llevar por las tripas. Hay una conocida frase en trabajo social que viene a decir que la persona atendida es dueña de la tarea pero la trabajadora social es dueña de la relación. Por eso mismo, porque estamos entrenadas para ello no debemos dejarnos secuestrar y debemos atender al principio de no reciprocidad que explicaba el compañero Javier Espinosa en su blog Jábega Social.

En este sentido, el control de nuestro propio cuerpo también es importante ¿Cómo miramos al otro?¿Cuál es nuestra expresión facial? ¿Nuestro cuerpo está tenso como las cuerdas de un piano?¿Nuestros brazos están cruzados en posición de defensa? ¿Señalamos con el dedo continuamente? Recordemos que el dedo que señala indica disparo. ¿Hemos hecho alguna vez el ejercicio de autoobservarnos o indicar que lo hagan otras personas? Prueba a grabarte y verás qué sorpresa…

Por último, una confesión muy personal: Yo he mejorado en el manejo de los conflictos desde que compagino mi trabajo con ocupaciones que nada tengan que ver con los servicios sociales; llego más tranquila a la oficina y me encuentro más equilibrada (dentro de lo que cabe teniendo en cuenta el escaso equilibrio mío).

¿Y tú, tienes otros trucos para evitar las agresiones? ¡Pues que rulen!

Después de una entrada  como esta, nada mejor para relajarse
que escuchar esta joya cantada maravillosamente por Mayte Martín
que lleva por título Por la Mar Chica del Puerto
¡Qué grande eres, Mayte Martín!

viernes, 2 de diciembre de 2016

Complicidades: Pelegrí, Xavier

Hoy inauguro una sección nueva en este blog, a la que he denominado Complicidades y en ella trataré de mostrar el trabajo que hacen nuestras compañeras y compañeros titulados en Trabajo Social que ejercen como profesores universitarios y por extensión, como investigadores. Cansada como estoy del repetido mantra de la distancia entre la teoría y la praxis, convertido en lugar común del Trabajo Social en España, me dije ¡Menos lamentos y más soluciones!

La idea me vino al publicar la entrada sobre trabajo social versus servicios sociales: Un profesor ¡de Lérida! (a tomar viento de Almería o viceversa) me escribió muy amablemente para indicarme que él investigaba sobre el particular. Este profesor es Xavier Pelegrí. Leí su artículo y lo anexé a la entrada en cuestión, pero entendí que su gesto merecía una respuesta más intensa, así que me decidí a escribir sobre él; le pedí que me mandase unas líneas y él me las remitió. Aquí están. Al final de las mismas anexo dos enlaces a sus publicaciones.

¡Moltes gràcies, Xavier!

Me llamo Xavier Pelegrí Viaña y desde hace más de 25 años me dedico exclusivamente a la docencia. Actualmente soy profesor del Grado de Trabajo Social de la Universidad de Lleida (Facultad de Educación, Psicología y Trabajo Social).

Mi trayectoria empezó a finales de los setenta cursando lo que entonces se llamaba estudios de Asistente Social, posteriormente reconvertidos en diplomatura en Trabajo Social. Ya en los noventa, hice la licenciatura y el doctorado en Antropología Social y Cultural. Durante los primeros años, trabajé en el sector de las personas con discapacidad intelectual. Ya en los primeros años de democracia, contribuí a la creación de los servicios sociales de atención primaria del Ayuntamiento de Lleida y, finalmente, fui responsable del área de  infancia de la Diputación de Lleida.

En la universidad, mi campo de especialización –tanto en docencia como en investigación– gira en torno a los servicios sociales. Sobre ellos he impartido asignaturas relacionadas con el marco legal, la estructura de recursos, su organización y gestión, etc. También he investigado y escrito sobre diferentes sectores (personas con trastorno mental, protección de la infancia, pobreza, inmigración), pero también sobre el propio sistema de servicios sociales (en especial el de Cataluña), su estructura y gestión, sus profesionales, así como otros aspectos colaterales y más generales como el emprendimiento, la participación, el poder profesional o la ética de las organizaciones.

Sus artículos: Mayoría en catalán, aquí. También en dialnet, aquí.

Vanesa Martín
Complicidad