sábado, 17 de diciembre de 2016

Agresiones, dos: Cómo abordarlas

La semana pasada abordé la prevención de agresiones a profesionales de los servicios sociales. Hoy cierro tan desagradable cuestión con el análisis del tratamiento de la agresión, esto es, una vez recibido el sopapo, proferido el insulto, soltado el griterío, perpetrado el destrozo o una combinación de todo lo anterior. Como dirían las espigadoras de La Rosa del Azafrán ¡Qué trabajos nos manda el señor!


Recientemente el Código Penal ha sufrido modificaciones, ampliando los funcionarios protegidos como autoridad pública. Habría sido muy interesante, bien es cierto, que los profesionales de lo social hubiésemos sido incluidos, aunque en la entrada anterior planteaba que esta figura tiene sus luces y sus sombras ¿A qué me estaba refiriendo? A algo muy simple ¿Realmente ejerceríamos esa autoridad, de poder hacerlo?

Quiero decir que, en demasiadas ocasiones, escuchamos que ante agresiones de diversa índole la persona agredida ni siquiera se plantea denunciar, es más, en una suerte de Síndrome de Estocolmo mezclada con no sé qué paternalismo trasnochado, no solamente se descarta la denuncia sino que se justifica a la persona agresora: Que si su situación es muy complicada, que se ha arrepentido, etc. etc.

Este suele ser un noble pensamiento que no comparto: Es necesario saber separar el plano punitivo del terapéutico, por así decir. En sociedad, si una persona comete una infracción debe recibir un castigo, del mismo modo que si una persona tiene un problema, el que sea, debe poder recibir ayuda. Es decir, la persona agresora debe recibir un castigo y debe poder seguir recibiendo atención. Esto lo tienen muy claro las trabajadoras sociales de las prisiones. Por otra parte, al margen de la necesaria denuncia opino que es importante que la persona agresora pueda tener un espacio para la reparación ante la profesional, si es posible.

Esto es posible siempre y cuando existan protocolos de resolución de conflictos que contemplen, entre otras muchas cosas, el cambio de profesional o de servicio e incluyan el asesoramiento legal; el problema es que en la mayoría de instituciones no existen estos protocolos, al menos en las que yo conozco, y cuestiones tan delicadas como esta se dejan al buen hacer de los profesionales, que reaccionamos dependiendo de la casuística.

Por último, los seguros de responsabilidad civil son una novedad a tener en cuenta. En mi colegio profesional se nos ha ofrecido la posibilidad de contratar uno por doce euros al año. Está pensado sobre todo para acusaciones por mala praxis, pero también incluye el asesoramiento legal ante agresiones. Yo lo he suscrito aunque espero no tener que usarlo, por ningún motivo.

Y a tí ¿Se te ocurren más ideas para abordar las agresiones? ¿Tienes alguna experiencia que contar? Deja aquí tus comentarios.

Mi último descubrimiento musical me lo he encontrado en
facebook. Se trata de Bizimkiler, una orquesta de Azerbaiyán
que versiona clásicos del pop. Impresionante esta versión de
Pink Floyd: The Wall, aunque tienen muchas más. No te las pierdas

6 comentarios:

  1. He leido con atención estos dos post. Y estando deacuerdo en casi todo, lo que más me ha dejado refelexionando es la rte final. Lo de los protocolos.
    Echando la vista a trás viendo las situaciones en Las que me he visto,siempre después hablabamos de como eviatrlas. Pero claro trabajando con menores de la calle en Ceuta de Bazuko hasta las cejas, o viendote en medio de una trifulca que no has viendo venir entre sintecho, o en una excursión con los menores de tú centro y un padre queriendo "secuestrar" a su hijo en ella.
    Lo que quiero decir, es que nuestro trabajo, en según que circunstancias, la violencia es algo que sabes que va en el sueldo. Sobre todo cuando lo realizas en un entorno no controlado. Cuando sabes, que una vez te has llevado las leches, como tú dices, se debería denunciar, pero que le va a psar a un sin techo, creemos que las consecuencias le va acarrear le van a ayudar, y a un menor cuyo final sería su deportación y vuelta a empezar, en el tercer caso lo tengo más claro.
    Lo que tengo claro, es que en según que trabajos desempeñemos hay que ser conscienciente del riesgo. Exigir que esté valorado, que tengan respuestas para ellos y que nos sintamos con el apoyo, no solo de nuestros compñeros, que eso es por descontado, sino también de la insitución para la que trabajamos. Y sobre todo el colegio, que es lo que más me fastidia, porque siempre se encoge de hombros ante estos casos, al menos aquí en Valencia.

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    1. En primer lugar, muchas gracias por comentar porque así podemos reflexionar juntos. Vayamos por partes pues tu comentario tiene mucha miga: Yo quiero pensar que la violencia no va en el sueldo porque eso es una forma de normalizarla y por tanto de asumirla. Otra cosa es ser conscientes de que nuestras profesiones pueden entrañar un cierto riesgo, en eso estamos de acuerdo. Por otra parte es muy cierto que es mucho más difícil trabajar en entornos no controlados, pero eso me lleva al principio: Ahí también habrá que prevenir y gestionar los conflictos. Que se peleen dos personas es que es casi inevitable, pero si trabajamos con menores hasta las cejas de Bazuko por sistema digo yo que habrá que pensar cómo protegerse al margen de que intervengamos de una forma ética y respetuosa.

      Con respecto a la denuncia, las reglas siempre tienen sus excepciones, está claro, pero son eso, excepciones. La norma debe ser denunciar y la excepción debe ser no hacerlo. Y no denunciar debe ser el fruto de un trabajo profesional, subrayo profesional, muy meditado, no el producto de "la pena".

      Con respecto a los colegios hay que insistir en los comités de ética. En el mío tenemos suscrito un seguro, como he dicho, y estamos creando un comité de ética para, entre otras cosas, estos dilemas. Yo no tengo queja ahora (antes sí las tenía).

      Un abrazo muy fuerte y, de nuevo, gracias.

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  2. Hola Belen me da un poco de pena participar en esta entrada, te cuento, sigo tu blog me encanta y ha habido muchas veces en las que he querido participar y me ha podido la pereza.
    Pero en esta ocasión me llama de forma muy profunda el tema: las agresiones como prevenirlas y por supuesto como abordarlas, una vez se han producido.
    Yo he sufrido una agresión (hace solo unos meses y estoy en espera de juicio) por parte de una "clienta" "usuaria" o como demos en llamar al final se trata de una señora para mí R. a la que he atendido, tratado y con quien he intervenido anteriormente y hasta el día de la agresión nunca habiamos tenido ningún problema de "relación".
    Tengo que confesar que he pasado de sentir "verguenza" a sentir "dolor" así que he leído tus entradas con mucha atención y aprovechado para ver si con este pequeño relato puedo "exorcizar los demonios".

    Verguenza, por que lo primero que piensas es que algo has tenido que hacer mal en todo ésto para que esta señora y después su marido reaccionen de este modo tan violento, después repasas una y mil veces que has podido hacer tú que la hiriera de ese modo, qué fue lo que abrío la espita que desencadenó todo el conflicto, qué pude hacer para parar la escalada....
    Aun estando totalmente de acuerdo contigo en cómo podemos abordar la prevención de las agresiones, yo sigo repasando: nuestro centro de servicios sociales está ubicado en una zona de las llamadas de especial "transformación social", este tipo de agresiones físicas y verbales no son frecuentes, pero tampoco es la primera vez que ocurren, aunque tenemos un sistema de cita previa, sí que atendemos las urgencias cuando llegan y no somos nada inflexibles ni con las citas ni con el trato a las personas con las que trabajamos; en mi caso he llegado a pensar que incluso ha podido ser por un exceso "atención", (esa mañana había atendido a R. sin cita en la entrada del centro donde me abordó con urgencia y posteriormente le atendí durante otra media hora al teléfono cuando me llamó). Llevo 27 años trabajando, aunque aún hoy confieso que tengo grandes lagunas como profesional, personales ni te cuento, sí que puedo decir que suelo ser bastante amable con los usuarios y creeme nada inflexible, quizás tenga que controlar más mis emociones, pero también son mías y no me molestan que fluyan (no respondí a ninguno de sus insultos y fueron muchos y tampoco me defendí), compagino mi trabajo como trabajadora social con otros estudios y aficiones como la música, durante estos años he aprendido de los usuarios en ocasiones tanto como de los buenos amigos. Aunque a veces tengo ganas de mandarlo todo a hacer "puñetas" sigo pensando que el ejercicio de esta profesión me permite expresarme y ser mejor persona, en un mundo en el que confio que podamos dejar un poco mejor que como lo encontramos.

    Aunque duele, he denunciado y en el juzgado todo apunta a que sí que se va a juzgar como atentado contra la autoridad publica, (no como delito leve) también pienso si las consecuencias no pueden llegar a ser excesivas para ellos (R. su marido).

    Ahora también puedo pensar que quizas solo ocurrió y ya está. Quiero quedarme con los múltiples apoyos que he recibido; la actitud de coraje y la generosidad del compañero, conserje del Centro que me defendió ( y se llevó la peor parte, a él también le agredieron cuando intentó defenderme) y el apoyo de la compañera que acude conmigo al juicio en calidad de testigo.
    Bueno quizas a partir de este momento, me convierta en una asidua participante de este blog, cualquiera sabe....
    Termino con este Haiku

    ¡Cómo me gustaría
    lavar el polvo del mundo
    con estas gotas de rocío¡
    BASHó

    ¡¡¡¡Felices Fiestas¡¡¡¡

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    1. Hola Ángeles, me he quedado muy impresionado por tu relato, me parece que haces un análisis impecable de la situación, con todos los matices que puede haber. Tras una situación como la que has vivido, ser capaz de analizar lo que ocurrió y de afrontarlo, tiene gran valor. Yo te agradezco además que lo compartas, pues todos/as podemos aprender. Y a Belén, muchas gracias por abordar este tema tan poco habitual y tan necesario. Un abrazo a ambas.

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    2. Hola guapísima. Tu comentario me dejó tan impresionada que he querido esperar a tener tiempo para contestar. En primer lugar ¡No sabes cómo lo siento! Sabía que hubo una agresión en Almería, pero no sabía que habías sido tú.

      Sé muy bien el tipo de profesional y de persona que eres porque nos conocemos en ambos aspectos. Estoy segura de que has atendido correctamente a esta familia, fíjate, el exceso de atención me da que pensar, pero no quiero que mis entradas o mis comentarios parezcan juicios de valor hacia el resto de compañeras. A mí no me han agredido físicamente porque salí corriendo y he recibido múltiples insultos, lo que quiero decir es que no pretendo dar lecciones sino tratar de abrir camino.

      Debe ser una experiencia horrible y más aún interponer la denuncia, pero has hecho bien Ángeles, esto no se puede consentir, tengamos la relación que tengamos con la familia en cuestión.

      Ese día te tocaba la papeleta sí o sí, Ángeles, seguramente nada de lo que hubieses hecho diferente habría detenido la agresión.

      Lo siento muchísimo. Aquí me tienes para lo que haga falta. Un fuerte abrazo y otro para Eladio, por cierto, si os conociéseis os caeríais muy bien.

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